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“Quedan restos de machismo en la televisión, en los bares, en la calle… ¡Y en la novela negra, ni le cuento!”

Marta Robles tiene 14 libros y 31 años a sus espaldas en televisión, radio y prensa. Multimedia y multicabeceras. Escritora desde antes de empezar Periodismo. Su última novela es negra como La mala suerte

Marta Robles vuelve a las librerías con “La mala suerte”, su libro 14, otra muesca en su pasión por la novela negra. Foto: Carolina Roca
photo_cameraMarta Robles vuelve a las librerías con “La mala suerte”, su libro 14, otra muesca en su pasión por la novela negra. Foto: Carolina Roca

Escritora antes de la adolescencia. 14 libros maduros. Las tres décadas de la vida de Marta Robles, que dan para una asignatura de Historia Contemporánea del Periodismo Español, han venido después. A su lado, gente como Hermida, Gabilondo, Prego, Íñigo, Preciado, Maraña, Piqueras, Ramírez, Herrera o Griso. Versátil y móvil. Con carácter. Seria. Una periodista de Tiempo, asentada en la Cadena SER y convertida en icono con A toda Página en Antena 3. Ha hecho todos los formatos televisivos, aunque lo suyo son las entrevistas. Disfrutona. Culta. Ha sido la mujer araña y la voz de A vivir que son dos días. Escribe de muertes. Columnista de La Razón y filósofa in pectore. La primera biógrafa de Pedro J. Ramírez no puede vivir sin Borges. Harta de ser rubia de tópicos, pisa fuerte y pelea en el ring del trabajo. Entusiasta de las oportunidades. Ahora, en sus librerías, con La mala suerte. El detective Roures está en su ADN y ya es un Planeta de saga.

En un bar en negro y rojo. Oscuro. Un miércoles de Halloween. Con la garganta con pinzas, una profesional del directo se pide un té verde en la penumbra de Rosales, 20. Todo el perímetro de la escena de esta conversación con Marta Robles está rodeado de locales con telarañas, adolescentes tintados con sangre de los chinos, cuernos, rabos con punta, y señoras y señores del Madrid de toda la vida que suspiran porque Argüelles se ha convertido en un Wisconsin de todo a cien.

Hemos quedado con una escritora consumada, que, además, es periodista, aunque quiso ser filósofa y, de paso, lo ha sido casi todo en la radio y en la televisión. Hemos quedado con ella para investigar la extraña desaparición de una joven en Mallorca de la que los medios dieron muchos titulares hasta que pasaron página. Marta Robles es periodista contumaz y sigue al pie de la noticia en La mala suerte, el planeta de Roures y su nueva muesca en la culata de la novela negra española.

Hablamos haciendo travelling y enfocando hasta el primerísimo primer plano. Conversamos atravesando el campo arado a pulso de su currículo profesional, sin elipsis, aprovechando su buena memoria para aprender de las cosas y de la gente del periodismo que florece en este árbol robusto de hoja perenne.

Congestionada y con profesionalidad, mirando de frente sin querer saber que su lado bueno es el izquierdo, en mesa baja y sillas de cuero rojo-sangre, destripamos su historia como si fuéramos forenses. Sin lupas. Con guantes y pinzas.

Empezó a escribir desde pequeña, sus redacciones escolares ya eran negras y con 15 años plantó su primera novela.

Antes de los 15 participé en certámenes literarios y alguno, incluso, lo gané. Aquella primera novela era malísima, y nunca tuve intención de publicarla, pero la escribí, y tenía mucho que ver con la escritora que quería ser.

Pero, en vez de lanzarse directamente a la literatura, prefirió el periodismo…

Son muy pocas las personas privilegiadas que pueden decidir dedicarse en exclusiva a la escritura y punto pelota. Yo era consciente de que tenía que ganarme la vida, y no me imaginaba con 16 años yéndome a una isla desierta a inspirarme entre musas para escribir para siempre. En realidad, yo quería estudiar Filosofía, que era lo que me apetecía, pero tuve un novio por entonces al que le debo toda mi carrera. Si no hubiera sido por él, no sería ni periodista, ni escritora, ni nunca habría confiado en mí. Él decía que era buena comunicadora, y me convenció para matricularme en Periodismo. Después, como soy muy entusiasta y muy disfrutona, me interesó la carrera, y desde el principio se me metió el veneno del periodismo en las venas.

Y eso que su carrera tuvo más de un obstáculo…

Cursé la carrera mientras trabajaba en una empresa minera. Mi padre no quería que hiciera Periodismo, y me dijo que no me pagaría los estudios de ninguna manera. Además, justo cuando llegaron los exámenes del primer año me atropelló una moto y me rompió las dos piernas: una en seis trozos, y otra, en tres. Tuve que estar un tiempo de baja, pero aproveché para hacer dos cursos en uno.

En esos años de facultad empezó ya a escribir en medios.

Colaboré con El Magisterio Español y con el departamento de Estructura de la Información de la facultad. Después, me llamaron para trabajar en una revista de golf –yo no tenía ni idea de golf- que se llamaba Dos bajo par. Ahí me dediqué a hacer absolutamente de todo, hasta los horóscopos… Esa revista se vendió al Grupo Zeta, donde hice prácticas por entonces.

Antes de terminar la carrera entró en Tiempo. Esa revista –dice- siempre será una de sus referencias profesionales…

Sí, es uno de mis medios de referencia, porque es donde empecé a ser periodista. Me pasaron muchas cosas que no son habituales. Estando de prácticas publiqué dos temas de portada: la publicidad encubierta en televisión, y las novias del Príncipe… Cuando hice el reportaje sobre la publicidad encubierta, pensé que nunca podría ya trabajar en televisión… En Tiempo conocí a gente muy importante en mi vida, como Nativel Preciado, que ya era una periodista muy reputada. Jesús Maraña fue mi primer jefe y con él aprendí muchísimo.

Justo en el año en el que Tiempo ha echado el cierre: ¿Por qué se muere el papel? ¿Por qué se mueren las referencias? ¿Por qué las audiencias no quieren pagar el periodismo?

Cuando acostumbras a alguien a lo gratis, después es dificilísimo que pague por lo mismo, porque parece que no tiene valor. Además, vivimos una revolución tecnológica que va más deprisa que nuestra manera de aprender, y hasta que no nos situemos y pongamos las cosas en el sitio que les corresponde…

Cuando estaba en Tiempo se embarcó en su primera aventura televisiva en Canal 10, un proyecto que no cuajó pero que fue pionero en el ámbito de las televisiones privadas…

Una amiga dejó el currículo, y yo di el paso porque estaba segura de que no me iban a coger. Me llamaron y fui a un chalet en Boadilla del Monte. Allí me hicieron una prueba en la que tenía que presentar la película Gandhi, de Richard Attenborough. Yo, entonces, tenía la melena por la cintura y había un viento tremendo. Me equivoqué, no quise repetir, porque tenía que entregar un reportaje urgente, y cuando vieron la prueba alguien debió de ver que debajo de esa melena larga y revuelta había algo. En una semana tuve que embarcarme en esa aventura. Nunca pensé que la televisión tenía un hueco para mí.

¿Habría sido saludable ese proyecto en el mapa audiovisual actual?

Tengo mis serias dudas, porque firmé un contrato en Boadilla del Monte, fechado en Andorra la Vella y a recurrir en Panamá… Con ese contrato, trece valientes, entre ellos gente como Daniel Écija o Mon Santiso, nos fuimos a trabajar a un Londres inhóspito dentro de una Europa de la que no formábamos parte. Emitíamos 24 horas al día. Estaba feliz con aquella experiencia maravillosa. Además, al lado de nuestra oficina veíamos pasar a los Rolling Stones o a los Pretenders, y yo soy una loca de la música. Pero lo cierto es que nos pagaban con maletín, y aquello era un entramado de empresas de gente importante [dirigido por José María Calviño, ex presidente de TVE entre 1982 y 1986, y padre de la actual ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño]. No sé cómo hubiera sido de saludable todo aquello para nuestra tele…

El año en el que cayó el muro de Berlín usted empezó en radio. Primero, Caliente y frío, en Radio Intercontinental. Después, De la noche a la mañana, en la Cadena SER. ¿Ser solo voz habría merecido la pena?

A lo largo de mi vida he compaginado televisión y radio. Cuando me metí en Periodismo, solo pensaba que me dedicaría a escribir. Cuando llegué a la SER, era para hacer una cosita en Informativos, y después me soltaron un programa de cuatro horas. Toda mi carrera profesional se ha ido construyendo casi por casualidad.

En la Cadena SER hizo De la noche a la mañana, El serial, Si amanece nos vamos y A vivir que son dos días. Después pasó por Onda Cero, en A toda Radio, y colaboró con Herrera en la Onda. Luego vino Punto Radio. Tres cadenas, movilidad y libertad. ¿Esa versatilidad es propia de una profesión sin peajes? ¿Echa usted en falta esa variedad, en un periodismo cada vez más empresarial, en ocasiones más precario, y, quizás, menos libre?

Siempre presumo de haber estado tres años seguidos trabajando a la vez en la Cadena SER y en Antena 3 en el peor momento de su relación, porque hubo un momento en que ambas entidades se aborrecían. En mitad de ese fuego cruzado, fui capaz de estar en los dos campos con naturalidad, defendiendo mi imparcialidad y mi independencia, algo que parece que ahora no se lleva. Me sienta fatal que en una tertulia me pongan en un extremo u otro de la mesa. Yo he respetado las líneas editoriales de cada medio, porque si voy a tu casa no pongo los pies encima de la mesa, pero otra cosa es que yo me ponga los zapatos que tú me digas.

No sé si esa versatilidad era más común entonces…

No se crea…

Otra cosa interesante de su biografía profesional es que dejó y volvió después a varios medios de comunicación, como Telemadrid o Antena 3.

En Prisa no, porque es muy complicado. Cuando te vas de Prisa por tus propios medios, te ponen una cruz. Ya no vas ni a que te entrevisten…

No es fácil irse y encontrar después las puertas abiertas. ¿Significa eso que es una profesional valorada y que la quieren en su equipo?

Me he sentido muy querida en todos los sitios en los que he trabajado, y en general me he llevado bastante bien con mis compañeros, estando en la dirección de un programa, en la presentación, o en la redacción. Salvo alguna excepción, tengo buen recuerdo de toda la gente con la que he trabajado. Y mantengo esa buena relación con el paso de los años. A finales de septiembre presenté mi última novela de la mano de Susanna Griso y Berna González Harbour. En el público estaba todo mi equipo de la última época en Telemadrid, gente con la que había coincidido en los informativos de Telecinco… Todo ese espectro de compañeros y amigos para mí es un orgullo.

Pasó usted por Telecinco y por Antena 3. ¿Se siente cómoda en una tarta televisiva privada bipartidista (Mediaset-Atresmedia)?

Me resulta muy extraño cómo anda el mundo de la televisión en España. Para empezar, siempre me ha llamado la atención que Mediaset sea italiana. No soy consciente de que algo así suceda en otros países. No me gusta que haya dos televisiones iguales, aunque ahora hay muchas opciones con otra suerte de canales que enriquecen las parrillas…

Y ha estado también en TVE y Telemadrid. Me interesa su reflexión en voz alta sobre las televisiones públicas. ¿Compensan lo que cuestan?

Los cargos directivos de las televisiones públicas acaban siendo cargos poco asociados a la profesionalidad del medio, porque tienen más que ver con la política. Para mí, ese es el problema principal, porque conduce a verdaderos disparates. Hay que ser muy responsable para estar al frente de un medio público y saber que el dinero, que no es tuyo, debes utilizarlo como si lo fuera.

Telemadrid parece que consolida un cambio interesante de televisión autonómica independiente, más profesional.

Sí. Está en la línea de su primera etapa, en la que fue una televisión de referencia durante muchos años y se hicieron cosas que no habían hecho en ningún sitio. Lo recuerdo como lo mejor de mi carrera. Ahora está recuperando el espíritu de entonces, y me alegro muchísimo.

Jesús Hermida le echó el ojo para Antena 3 y de aquella colaboración nació después su éxito televisivo más sonoro: A toda Página.

Jesús Hermida me echó el ojo antes de irme a Canal 10. Estando en la Cadena SER, me llamó para presentar una sección dentro de su programa en Antena 3. Lo estuve haciendo una temporada. Después, participé en algunas de sus tertulias. Tras mi paso por los informativos de Antena 3, me propusieron A toda Página, pero creo que aquello no tenía nada que ver con Jesús Hermida. No me considero una chica Hermida…

Desde A toda Página hasta ahora, ¿qué ha pensando sobre el éxito profesional una periodista que ha pasado por casi toda la escaleta multimedia?

La profesión del periodista es, gráficamente, una línea de dientes de sierra. Nadie está permanentemente en el mismo sitio. Si permaneces mucho tiempo, es que estás haciendo algo con una importancia justa. Es posible que ahora las carreras se alarguen un poco más, pero el periodismo es subir y bajar, subir y bajar, subir y bajar. El que piense que es dios porque está en la cresta de la ola, o que el medio es suyo, o que todo depende de él, se equivoca de manera considerable.

Yo he vivido temporadas de éxito –con programas de máximas audiencias en España en televisión y en radio- y aquel momento se me desvaneció, por decirlo de alguna manera, porque nació mi primer hijo y lo tuve bastante complicado. Probablemente, desde el punto de vista profesional di pasos atrás y mi carrera se ralentizó, pero sabía que algo así ocurriría cuando me quedé embarazada. Sé que esta profesión es así. Como escritora, tengo claro que nada es lineal en la escritura. Que ni siquiera el mejor de los escritores españoles tiene todos sus libros de la misma calidad, ni todos geniales…

Ni siquiera Julia Navarro…

A Julia Navarro le pueden ir bien todos los libros, pero eso no significa que todos sean igual de buenos. Otra cosa es que consolides a tus lectores y tengas un poso garantizado que siempre te respaldan, como le pasa a ella, o a Arturo Pérez-Reverte.

En esa primera etapa periodística coincidió, en diferentes grados, con profesionales reconocidos en el sector. Qué recuerdo le han dejado periodistas como:

José María Íñigo:

Coincidí con él en algunas tertulias y en un programa que hicimos antes de lo que tocaba, y que no funcionó. Se llamaba ¡Qué memoria la mía!, y estábamos Íñigo, Victoria Prego y yo. La idea era reflejar la España de la nostalgia, pero llegamos con un poco de adelanto, porque luego la nostalgia se ha llevado muchísimo, pero entonces no se entendió. José María Íñigo era un tipo con un sentido del humor extraordinario, muy capaz en todo, brillante, con mucho carácter. Me hubiera gustado haber tenido la oportunidad de aprender más cosas a su lado, pero me enseñó algo que ya es consustancial a mí: todo lo que hagas, que esté muy trabajado.

Pedro Piqueras:

Le sustituí en los informativos de Antena 3. Él tenía el proyecto de hacer el primer Espejo Público. Más que trabajando, hemos coincidido de amigos, de cruzarnos por un pasillo y hablar.

Carlos Herrera:

Carlos Herrera estuvo colaborando en mi programa cuando hacíamos A toda radio y él estaba en Miami. Le conocía desde hacía tiempo. Siempre me había divertido muchísimo, pero los dos somos como agua y aceite. Yo soy mucho más seria. En periodismo, como en literatura, como en la vida, hay que tener algo que contar y una manera personal de hacerlo, y Carlos Herrera siempre tiene cosas que contar y una forma muy propia de retransmitirlo. Es algo que valoro mucho en los profesionales. El sello de Carlos es inconfundible, por eso tiene tanto valor.

Iñaki Gabilondo:

Con él he coincidido muchísimo en la Cadena SER, y es una de las personas que más admiro. Tiene una capacidad de trabajo extraordinaria. Cuando me marchaba de Si amanece nos vamos, él llegaba antes que todo su equipo para hacer Hoy por hoy. Es una persona con un prestigio y un compromiso solidísimo.

Jesús Hermida:

Otro profesional con un sello indiscutible. Fue un genio, capaz de construir formatos y de inventarse cosas nuevas para la televisión cuando todo era más lineal.

Nativel Preciado:

Fundamental en mi manera de entender la profesión. Es una persona que opina en directo con brillante sensatez y sin perder nunca la educación.

Jesús Maraña:

Un profesional honrado hasta el infinito y más allá, y muy capaz para organizar equipos, porque sabe preocuparse siempre por todos.

Victoria Prego:

Coincidí con ella en una tertulia en la radio. Es una periodista maravillosa por la que tengo un gran aprecio personal. Es una mujer que lo ha dado todo por su profesión.

En 1991 nació su primer libro: El Mundo en mis manos, una biografía de Pedro J. Ramírez. ¿Por qué debutó en literatura con una biografía? ¿Por qué sobre Pedro J.?

La idea no fue mía. Estando en Caliente y frío le hice una entrevista a Pedro J. justo el día que le echaron de Diario 16. Cuando terminé la entrevista, le dije: “Bueno, si no hay un Diario 16, siendo Pedro J. Ramírez siempre habrá un Diario 17”… Me miró sorprendido, porque aquel día él y Alfonso Rojo habían conseguido el cheque para la financiación de El Mundo. Por entonces, empezaba yo El Ruedo en Telemadrid y hacíamos algo muy innovador en aquella época: invitar a periodistas a que participaran con nosotros. Yo era la presentadora y entre los periodistas de la mesa estaba Pedro J. Un día me dijo que Laura Freixas acababa de llegar de Estados Unidos con un proyecto de periodistas que hacían biografías de otros personajes, y quería desarrollarlo en España con personas de 40 años que habían alcanzado el éxito. “Quieren empezar conmigo, y yo quiero que el libro lo escribas tú”, me dijo. Como yo siempre había querido escribir, y me parecía que era un reto, me puse a ello. Y fue un reto, porque estuve un año y medio pegada a Pedro J., tuve que aprender a escribir en ordenador, que todavía no sabía, e hice 500 entrevistas más en torno a su figura.

Cuando salió el libro –él no había escrito ni una línea-, fuimos juntos a firmar a la Feria del Libro. Al llegar, una señora cogió un libro, se lo pasó a Pedro J. para que se lo firmara, y después me lo pasó a mí mientras me dijo: “¿Y tú, bonita, me lo envuelves?”. Esa fue mi primera Feria del Libro…

¿Sigue manteniendo buena relación con Pedro J.?

Pedro Páramo decía que Pedro J. Ramírez sería una gran persona si no fuera porque tiene el alma de papel de periódico… Es un tipo brillante y con unas características excepcionales, pero hace un periodismo con el que no comulgo. Para mí, no todo vale. Aunque él tenga unas dotes extraordinarias, que no he visto en nadie, su periodismo no es mi cup of tea. Con el paso de los años, Pedro J. ha hecho daño con mentiras a gente que yo quiero, y pienso que él mismo sabía que sus acusaciones no eran ciertas. En periodismo, esas cosas no las perdono. Aun así, le tengo cariño, porque le conozco mucho.

Ahora que El Mundo ya no está en sus manos, según él, por culpa del tándem Rajoy-Soraya…

Yo no me lo creo…

¿Los políticos enredan más de lo que parece con los medios? ¿Cuál ha sido la experiencia personal?

Los políticos enredan en los medios de una manera que ahora explico. Con respecto a Pedro J., con la admiración que le tengo, insisto, él decía que le habían echado de Diario 16 por la publicación de la historia de los GAL, pero tuve la oportunidad de conocer a los hermanos Salas: Alfonso se fue con él a El Mundo, y Juan Tomás era el dueño de Diario 16. La realidad es que Pedro J. salió de Diario 16 porque Juan Tomás de Salas tenía el mismo ego que él. Dos egos de esa magnitud era difícil que convivieran… En su salida de El Mundo hay muchas versiones: la de Pedro J. es que fue una imposición de Soraya y Rajoy, y la otra versión es que su empeño en sacar adelante toda la parte digital del grupo sin conseguir rentabilizar la inversión produjo un agujero de mucho dinero, y el accionariado y los socios no quisieron seguir manteniéndole al frente del proyecto. Pedro J. tuvo el mérito de sacar adelante un periódico como El Mundo, incluso consiguió cargarse un Gobierno, que era su sueño americano, y entiendo que justifique su salida, pero estoy harta de ver y escuchar cómo algunos compañeros echan la culpa de sus problemas a los políticos…

¿Su experiencia es que la injerencia política no es tan protagonista como parece?

Mi experiencia es que dentro de una cadena te vetan temas, o hay listas negras de personas que no pueden hablar en una determinada emisora y ni siquiera pisar un plató. Eso es lo que yo he visto más de cerca. Además de la selección de temas que se cubren en un informativo, por ejemplo.

En televisión hizo informativos, programas de reportajes, magazines, late shows… ¿Cuál es su formato ideal?

Me divierten los informativos y estar al pie del cañón de la noticia mucho más que opinar. Me siento mejor conduciendo que opinando. A veces veo que nos pasamos opinando de todo. Pero lo que más me divierte es la entrevista, porque es el género más literario, incluso en televisión. El mayor regalo para un periodista es aprender de otras personas, porque todo el mundo tiene cosas que decir. Puedo escuchar al Rey o a un fontanero: todos tenemos una historia que contar. Donde más he disfrutado ha sido en Verano en El Escorial. Allí puede entrevistar al coronel general del ejército rojo, al jefe de transmisiones de la plaza de Tiannamen, a María Kodama, a Desmond Tutú, a Michael Ende, a Bill Clinton… Era un enorme privilegio sentarme a escuchar y que me atendieran a mí sola. Me parece un regalo casi exclusivo de nuestra profesión.

Su segundo libro fue sobre la primera mujer de Felipe González, justo en el año de la Expo de Sevilla y los Juegos de Barcelona. En sus páginas, Carmen Romero era La dama del PSOE. Ahora, visto con la perspectiva de una trayectoria periodística amplia, los políticos, las damas, los influencers y los gerifaltes, ¿envejecen mal?

Todos envejecemos mal… Carmen Romero siempre me pareció misteriosa, presente en el cocimiento del PSOE desde el clan de la tortilla, con una familia militar, su relación con Felipe González y Alfonso Guerra, y su interés por la poesía de Salinas… Me llevé una cierta desilusión con el personaje, porque no me pareció tan interesante en las distancias cortas; quizás por eso se mantenía a la sombra de las cosas.

De aquella época política, ¿quién ha dejado, de verdad, poso?

Como periodista he conocido a casi todos: a Carrillo, a Suárez, a Felipe González, a Fraga, a Guerra… Cuando hablabas con ellos -te cayeran mejor o peor, fueras más o menos afín-, lo cierto es era impresionante. Eso no me pasa con los políticos de ahora.

¿Los políticos de ahora son mala suerte?

La suerte es tener oportunidades, y los políticos de hoy tienen muchas oportunidades. La mala suerte es que no entienden que el arte de la política es construir, no enfrentarse unos a otros constantemente dejando la organización del país en segundo término. Me parece que pierden mucho el tiempo.

Usted, que presentó en Canal 7 La noche de la mujer araña, después de tanto ir y venir, ¿qué tiene de Spiderwoman?

Sigo disparando telarañas y tengo mucho poder de atracción, no se crea…

Marta Robles. Foto: Carolina Roca

¿Qué mujeres le han marcado más en su manera de hacer periodismo?

A Susanna Griso la conozco desde hace tiempo y ahora trabajo con ella: es una bestia, no se puede ser más curranta, no se puede trabajar mejor, y no se puede ser más generosa con sus colegas de profesión. De mi generación admiro mucho a Luz Sánchez Mellado, con la que también he coincidido. Es una mujer excepcional, con una mirada profesional muy particular que la hace bastante única. Otra periodista con la que he podido trabajar y de la que he podido aprender es Julia Navarro, que es estupenda. Le podría sacar una larga lista de mujeres periodistas que me han tocado de cerca: Montse Domínguez fue compañera mía de facultad y es extraordinaria; Gemma Nierga, a la que quiero mucho y con quien coincidí en la radio…

46 premios, entre Antenas de Oro (2000 y 2011), Antenas de Plata (1995 y 2006), TP de Oro a la Mejor Presentadora (1995)… ¿Para qué le han servido los premios? ¿Sin premios es más difícil que haya futuro en el periodismo televisivo?

Mis premios no son solo de periodismo televisivo. Tengo premios en todas las facetas de mi profesión. Los premios te aportan solidez, reconocimiento, y a mí me han ayudado a domesticar las inseguridades.

Más libros: Los elegidos de la fortuna (1999), Las once caras de María Lisboa (2001), Diario de una cuarentona embarazada (2008), Luisa y los espejos (2013), Haz lo que temas (2015), A menos de cinco centímetros (2017)… ¿Cuánto cuesta entrar en el mundo de los escritores de verdad sin que te vean como una intrusa?

Hay muchos periodistas que hacen televisión, no han escrito un artículo en su vida, y de pronto sacan una novela. Ese no es mi caso. Yo estoy publicando libros desde 1991, antes que Lorenzo Silva. He escrito biografías, relatos, ficción, no ficción, novela negra… Los que más han querido separarme del mundo literario estableciendo diferencias son mis propios colegas periodistas. Es curioso que seáis vosotros los que me habláis de este tema. Yo llevo toda la vida escribiendo, y pienso que ese afán por separar mis facetas profesionales tiene mucho que ver con ser rubia… No creo que pase lo mismo con Pérez-Reverte o Julia Navarro.

Y ahora nos trae La mala suerte: egoísmo, madres, padres, novela negra, y su obra número 14. ¿Un tráiler?

Es una historia que comienza con la desaparición de una chica de 18 años de la que no se sabe absolutamente nada. Cuando empieza a decaer el interés mediático por su desaparición, la investigación se ralentiza, y su madre, desesperada, segura de que su hija debe de estar viva, busca un detective, Roures, que es el mismo que creé en A menos de cinco centímetros: un ex corresponsal de guerra. A partir de ahí, Roures inicia una investigación en la que se encuentra con un entramado de turbiedades, de malos tratos, de abusos durante la adolescencia y muchos problemas habituales en nuestra sociedad, que le conducen, inevitablemente, a hacerse dos preguntas bastante particulares: ¿Qué estamos dispuestos a hacer para conseguir ser padres o madres? ¿Ser padre o madre es un acto de generosidad o de egoísmo?

Ha convertido en Roures ya en un personaje de saga.

Se ha convertido él mismo, yo no he tenido nada que ver…

Por cierto, que Roures no tiene nada que ver con el empresario audiovisual. Es más, detrás de su Roures hay parte de usted.

Roures es “robles” en catalán y “carvallo” en gallego y portugués. Roures, en realidad, se llama como mi padre. A la vez, su nombre es un guiño a Carvalho, que es el hombre de mi vida, un detective que me cambió la vida a partir de Los mares del sur. Tuve la suerte de conocer a Manolo Vázquez Montalbán y hasta me citó en un libro, gracias a lo cual siento haber llegado un poco apadrinada al género negro.

¿Una escritora de novela negra es más sensible a los sucesos?

En estos momentos tenemos unos grandísimos profesionales en periodismo de crónica negra. Además del interés de las audiencias de siempre, veo una especial sensibilidad en el abordaje mediático de los sucesos. Recientemente hemos visto cómo hay una persona implicada en la desaparición de un niño, lo saben todos los periodistas, y nadie dice ni mú para no entorpecer la investigación policial, como ha sucedido con Ana Julia en Almería.

¿Escribir novela negra ayuda, incluso, a ser más sensible ante las tragedias y el sufrimiento ajeno?

Soy una persona sensible de fábrica, y una lectora de género desde que empecé a leer. He leído todo el género negro habido y por haber, entremezclándolo con muchos otros géneros, estilos, nacionalidades… Para todos los escritores el mundo de los sucesos, en general, el mundo del mal supone una atracción irresistible. Quizás el ejemplo más clásico es el de Rojo y negro, la novela de Stendhal, que nació de una crónica de tribunales.

¿Cuál es su 11 ideal de escritores imprescindibles que asoman en su escritura?

Más que 11 ideal, destaco algunos, pero sin colocarlos en ningún sitio. No puedo vivir sin Borges: es imprescindible en mi vida. El Quijote para mí fue un descubrimiento, y aun hoy sigo dando conferencias sobre Cervantes, uno de los tipos más fascinantes de la historia como personaje, más allá de todos sus escritos. García Márquez es fundamental en mi vida y en mi historia, y Poe, y Raymond Chandler, y Patricia Highsmith… En una época de mi vida lo fueron también Orwell, Ray Bradbury… Más imprescindibles: Stendhal, Thomas Mann… Galdós me sorprendió desde el principio, y también he leído a un coetáneo suyo, Blasco Ibáñez, que me divierte bastante. Me gusta muchísimo Virginia Woolf… ¿Ya salen más de 11, no?

Sí, tenemos suplentes…

Además de eso, todos los días leo poesía.

¿Y escritores de hoy?

Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Carmen Posadas, Julia Navarro son grandísimos escritores. Y hay escritores menos conocidos, como Carlos Zanón, que dentro del género negro, posiblemente, es el autor de nuestro tiempo que más me gusta. Además, va a resucitar a Carvalho, así que imagínese…

¿La mala suerte se cultiva? ¿La buena suerte la agradecemos?

La suerte es tener oportunidades. Si las aprovechas o no, depende de ti. Cuando escribí Los elegidos de la fortuna, entrevisté a 19 empresarios y todos coincidían en que, si tienes una buena idea, talento, te esfuerzas, trabajas, te arriesgas, inviertes, pero la buena suerte te da la espalda, no tienes nada que hacer. No creían tanto en la suerte, como en la mala suerte. A veces la mala suerte cerca a las personas.

A usted una vez le sugirieron que se cortara la melena para tener más credibilidad al presentar un informativo. ¿Ve restos de machismo en la televisión?

Por favor… Quedan restos de machismo en televisión, en los medios, en los bares, en la calle, y en la novela negro ni le cuento… No digo de broma que soy rubia y vengo de la tele, aunque lleve más años que mucha gente escribiendo... A mí me miran con cuatrocientas mil lupas más. Quedan rastros de machismo, sí, pero se han conseguido muchos avances. Yo ya era feminista en aquel tiempo en el que el término solidaridad no existía y ser feminista no estaba bien visto. Había un grupo de feministas que, si te pintabas lo labios de rojo, ponían el grito en el cielo… Me gustaría que no diéramos pasos atrás dividiéndonos entre los feministas, hombres y mujeres de bien que buscamos lo mismo. ¿Es que se puede buscar otra cosa que no sea la equiparación de derechos? Espero que no vayamos hacia atrás, haciendo clasificaciones de quién es más o menos feminista, decidiendo los gustos que debe tener una persona feminista, estableciendo un modo uniforme de vestir o de comportarse. El feminismo es algo más serio que decir “nosotros y nosotras”.

La mujer madura conquista su espacio en los medios –Soledad Gallego, nueva directora de El País, nació en 1951; y Rosa María Mateo, jefa de TVE, en 1942-. ¿Esto ya es irreversible?

Espero que sí, pero no tengo una bola de cristal… En general, hemos avanzado mucho, pero, ante cualquier dificultad o cambio de paradigma, los derechos que antes se caen son los de las mujeres.

Marta Robles tiene una relación especial con Madrid. Una ligazón que se hizo esencial con los años de la movida.

Bueno, en los años de la movida era yo muy pequeña…

Más que con esos años, con lo que culturalmente supuso todo aquello.

Sí.

¿Qué tiene usted de Alaska, además de su edad y del prólogo de su Madrid me Marta?

Tenemos la misma edad, el mismo anillo especial que nos regalaron nuestros maridos cuando cumplimos 50 años, y muchas más cosas. Alaska tiene una forma de pensar muy moderna, es una mujer muy respetuosa, culta… Me gustaría que coincidiéramos en más cosas, porque me atrae mucho el personaje.

¿Y de Loquillo?

Hemos sido muy amigos, y la verdad es que ahora le veo menos. Era un tipo cuyo discurso siempre me ha gustado. Un señor que había salido del lumpen más lumpen, como él mismo ha dicho muchas veces, y fue construyendo su propio personaje con las dotes de un gran artista.

¿Le gustaría ver a su Roures en el cine?

Me encantaría, pero vivimos en un momento en el que parece que cualquier cosa que se escribe es para llevarla a la televisión o al cine. Yo, cuando escribo, lo hago porque lo que más amo en el mundo es la literatura, y porque lo que más feliz me ha hecho en la vida ha sido leer. Contando historias soy feliz. Pero, sí, me encantaría, claro. Y que además fuese una coproducción internacional que me hiciera rica…

¿Qué suerte la ha hecho más fuerte?

La mayor suerte que tengo es que me ilusionan todas las cosas que hago.

Después de tanta tele y tanto ruedo, ¿le entran ganas de darle a la tecla de “escape”?

Me suelo escapar muy habitualmente. No me cuesta nada estar sola, aunque estoy rodeada de gente porque tengo un familión. Pero me escapo mucho por los renglones de otros. Mi escapismo, desde niña, ha sido a través de la lectura.

¿Algún “suprimir” en su trayectoria?

Sí, hay alguna cosilla en mi trayectoria profesional que no repetiría, pero no suelo mirar hacia atrás. Lo hecho, hecho está, aunque algún programa especial, por ejemplo, en Telemadrid, no me habría importado no hacerlo…

¿Cómo empieza el siguiente párrafo de su vida a partir de ahora?

La mala suerte está en las librerías, pero yo no he dejado lo demás. Sigo con mis colaboraciones en prensa (La Razón, La Gaceta de Salamanca), grabo entrevistas para el canal digital de La Razón, estoy en Espejo Público, me llaman de las tertulias de TVE, doy conferencias y promociono mi novela.

¿Y literariamente?

Roures está investigando un caso. Pero tengo que leer mucho, investigar mucho, y tener muchas conversaciones, antes de ponerme a escribir. Sé de dónde vengo, sé hacia dónde voy, y después tiro puentes, como me ha enseñado Borges.


 

REBOBINANDO

“Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros” (Jorge Luis Borges).

El periodismo agradece a sus profesionales evadirse entre letras en vez de mirar para otro lado. El disco duro lleno de libros leídos, autores pensados, vidas vividas, historias, almas y mundos, es un buen bagaje para ejercer esta profesión con responsabilidad social. Sin dejar que las audiencias, los clicks y los fuegos artificiales la enfanguen de superficialidad, levedad y otras formas de convertir en prescindible un derecho básico.

La formación cultural abre los ojos y los oídos de los periodistas. Reduce el peso de la vanidad. Relativiza los fracasos. Empodera sus opiniones. Ralentiza la caducidad. Favorece el discurso constructivo. Establece puentes y entierra cruces.

Los periodistas que leen, escriben (piensan, buscan, aprenden) y escuchan tienen más fácil no caer en la tentación de ser abanderados de posturas cerradas, opiniones cerriles, verdades en segundo plano, noticias sin luz, intereses personales y corrientes ajenas a la información.

Los periodistas que leen tienen más fácil no ser ovejas de una cadena, revisar la ruta, ojear otros horizontes, no empecinarse en el mismo camino hacia el cielo en un mundo opinable abierto y lleno de posibilidades. Y se puede ser versátil y roble. Igual que se puede pasar por la redacción de más de diez medios diferentes sin perder la identidad.

Roble: un árbol que crece en suelos húmedos, que crece lento, pero seguro; de tronco grueso, altura y madera dura. Útil y bello. Símbolo de fortaleza.

Hay hasta robles siempreverdes que calzan tacones.

Marta Robles. Foto: Carolina Roca

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