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Por qué triunfa ‘La Isla de la Tentaciones’: relaciones tóxicas, infidelidad y analfabetismo emocional

Los expertos coinciden en que el formato de Telecinco engancha a la audiencia por un casting de personajes ‘pornificados’ a los que solo les importa el aspecto físico

La Isla de las Tentaciones
photo_camera La Isla de las Tentaciones

El éxito del formato ‘La Isla de las Tentaciones’ sigue creciendo semana a semana. Su consolidación es un hecho en esta segunda temporada. Es la conclusión que se extrae del análisis de audiencias de televisión que ha realizado para el Confidencial Digital la agencia audiovisual Dos30’.

En principio parecía un formato complejo para España al carecer de “vida en directo” como “Gran Hermano”. No estaba del todo claro que fuese a funcionar y, aunque tuvo un precedente con éxito, ‘Confianza Ciega’, había dudas de si el nuevo formato iba a cuajar entre el público.

La realidad ha desbordado todas las expectativas. Actualmente ya va por su segunda edición, se ha grabado la tercera temporada en el mismo viaje y se confirma como un ‘reality show’ que funciona realmente bien, según confirma la agencia Dos30’.

“Aunque en las primeras galas no tuvo la audiencia que puede tener un GH, ha despuntado desde el principio y va creciendo cada vez más”.

Los datos de fidelidad

El miércoles de estreno el programa alcanzó un 19,5% de cuota de pantalla y el miércoles siguiente los seguidores aumentaron hasta un 21,9%.

Pero hay otro dato interesante: la fidelidad de la audiencia durante la emisión del espacio, que contrasta con la de los participantes en sus relaciones personales. Dos30’ confirma a ECD que el programa posee una fidelidad altísima por parte del público.

Así lo muestran las cifras. De los seis millones de telespectadores que comienzan a ver el programa, un 42% se queda de principio a fin. “Eso es una barbaridad”, apunta Dos30’. Algo muy poco común.

“Para un programa de dos horas es mucho”. Esto se debe a que el espectador lo vive como si viese una serie de televisión, con un hilo narrativo continuo, donde el público puede observar la vida e infidelidades de los personajes sin interrupciones.

No es de extrañar que, con estos datos, el programa se sitúe un 34,6% por encima de la media de Telecinco en los días en los que se emite.

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Seguidores jóvenes y compradores

Un 42% de sus seguidores son jóvenes, con edades comprendidas entre los 13 y los 24 años. Pero un 29,4% de share más son individuos que están entre los 25 y 44 años.

Se trata de un público verdaderamente atractivo para los anunciantes. Esta franja de edad que se encuentra enganchada al programa “al final son los que compran, y los que compran caro”, de ahí su alto target comercial: el programa tiene para los anunciantes un 23,3% de share. “Son unos datos bestiales y el formato comercialmente es un bombazo”, explica la agencia.

Analizando un poco más el perfil se detecta que el 63% del público son mujeres y el 37% son hombres y de promedio tiene 2.591.000 espectadores.

Los datos muestran que desde que empieza la emisión hasta que termina logra triplicar la audiencia de inicio y provoca un ‘efecto arrastre’ “impresionante” para el programa posterior.

Los espectadores no se van ni en las pausas

Otro dato llamativo. Durante la publicidad los espectadores de ‘La isla de las tentaciones’ siguen ahí. Un 18% sigue viendo Telecinco, “eso es una barbaridad” y para los anunciantes es realmente positivo.

Por todo ello, concluye la agencia de medición a ECD, este programa puede tener un gran recorrido a largo plazo en las pantallas.

“La Isla de las Tentaciones somos todos”

Diana Aller, experta en televisión y guionista de formatos como ‘Maestros de la costura’ o ‘La última cena’, tiene claro que el formato triunfa porque existe una identificación total por parte del espectador. “Todos hemos estado alguna vez en algún punto del triángulo amoroso: cornudo/a, tentador/a e infiel”.

‘La Isla de las Tentaciones’ habla “de todos nosotros”, explica. Además, son personajes “hetero-normativos”, con una apología clara de la monogamia y la idea de concebir las relaciones como posesiones.

En el formato se unen todos los clichés tóxicos del amor romántico, añade Aller, y en mayor o menor medida, “todos hemos pasado por ahí”. Esta identificación del espectador hace que todo el mundo pueda situarse a favor o en contra de cada personaje, según la experiencia de cada uno de ellos.

Por ello, a juicio de esta analista el éxito del espacio se basa en conceptos amorosos muy primarios como ver a la pareja como una posesión y la “pornificación” de la belleza. No es casualidad que las tentadoras vayan vestidas todo el rato con transparencias.

Todas las relaciones son tradicionales, continúa Diana Aller, “y a pesar de que aparentemente en España somos muy abiertos, somos a la vez una sociedad en la que la democracia llegó hace poco, a mediados de los 70”.

“A nuestros padres todavía les cuesta, aún ahora, pensar en el divorcio. Venimos de una sociedad que ha aguantado mucho para seguir en pareja”. Y concluye: “habiendo tanta gente joven con relaciones abiertas e incluso que practican el poli-amor, aparecen todavía relaciones tóxicas como tótems de todo lo que en teoría ya está superado”. Aquí estaría el secreto del éxito del ‘reality’.

Gran pobreza de recursos emocionales

Los protagonistas, explica Aller, tienen “una pobreza de recursos emocionales tremenda”, y en eso también radica su éxito: se les ve con una educación de valores muy escasos donde el aspecto físico es lo único que importa e invalida todo lo demás.

Asegura que si no fuese así no funcionaría. El éxito está ahí y es lo que se busca en el casting porque “hace que el espectador automáticamente se sitúe por encima de ellos a nivel intelectual”.

El éxito de cualquier serie o formato de telerrealidad es que el espectador se sienta por encima, como también pasa en el ámbito del humor o en una serie de ficción. “Cuando intuimos quién es el asesino, nos hace pensar que somos inteligentes”.

Esto sucede también en los ‘realitys’ porque “si pones gente más lista que tú se produce un desafío intelectual que nos desconcierta, nos hace desconectar y pensar que es un rollo”.

Los chicos de la isla tienen unos puntos que son tan primarios que hacen referencia a todos y todo el mundo los puede entender, si ellos tuvieran más recursos emocionales, el programa no tendría tanto éxito. Esa es la gracia: ver gente que no sabe gestionar sus emociones en pareja.

El programa es consciente de lo que funciona y son las relaciones tóxicas, cuánto más lo sean, más enganchan. Parece que las parejas se odian y prueba de ello es que la mayoría sufren y se enfadan cuando el otro se divierte o lo pasa bien. Para Diana Aller eso es la definición contraria al amor: “cuando quieres a alguien quieres que sea feliz, aunque no sea contigo”.

Lo que lo convierte en un ‘killer format’

Se entiende por ‘killer format’ un programa que arrasa en audiencia, que no permite que crezca nada a su alrededor, que asfixia a la competencia. ‘La Isla de las Tentaciones’ lo es, aseguran los expertos, por varias razones.

Además de promocionar las relaciones tóxicas, el programa muestra lo que en la vida normal no veríamos: las infidelidades. Ese efecto “voyeur” nos convierte en testigos de algo prohibido y a su vez, esa prohibición y represión que impera en ‘La Isla de las Tentaciones’ también atrae a los participantes a “pecar” y caer en la tentación prohibida.

“Si tu no ves a tu pareja y encima ves a gente que te gusta, el hecho de que te reprimas porque sabes que no puede pasar nada hace que una persona que no te gustaría a priori te pueda atraer más”.

Diana Aller concluye que en sus vidas reales habría que llevar a los participantes a un campo de re-educación sentimental. Pero, al fin y al cabo, se trata de un show de televisión y ‘La Isla’ es un modelo cómico, “risible”, que funciona en televisión precisamente porque en la vida real la monogamia es costosa.

‘La Isla de las Tentaciones’ vendría a demostrar que el modelo de relaciones de “amor romántico” y de la monogamia no funciona. Por eso Aller augura que ninguna de las parejas terminarán juntas.

“Están destinadas al fracaso porque se entienden con una lógica capitalista y unos principios de apología de los celos”.

La lectura final que hace Diana Aller es la siguiente: “igual lo que nos está diciendo el programa es que, en lugar de llevarnos las manos a la cabeza como moralistas, tenemos que entender las relaciones y los sentimientos de una forma mucho más abierta y diversa”.

Conflicto, relaciones y lo prohibido

El escritor Pablo Piñeiro, definido como el “gurú del amor” por la revista Cosmopolitan, sostiene que el éxito del programa se basa en la mezcla de tres ingredientes ‘estrella’ que suelen funcionar en cualquier éxito de ficción: conflicto, relaciones personales y sexo prohibido. “Lo prohibido siempre atrae”. 

Coincide también con Aller en la idea de que nuestra sociedad parte de un analfabetismo emocional terrible y esto hace que nos identifiquemos con los personajes que corresponden a este perfil. “Es una herencia latente que todavía pervive”, asegura Piñeiro. 

Añade que son necesarias unas claves de educación emocional para gestionar todo lo que ocurre por dentro desde la niñez y que “como esto no suele darse, normalmente tenemos muchos problemas para gestionar relaciones de calidad”. 

El programa, en este sentido, consigue mostrarnos aspectos de nuestra personalidad que nosotros no sabemos muy bien cómo identificar o nombrar. Al verlas reflejadas en otros, es algo que “normalmente gusta, engancha e incluso ayuda”. 

No hay que olvidar y, así lo subraya Piñeiro, que “las mejores relaciones son las que se cimientan en el amor, aquellas que construyen una buena comunicación, respeto, tolerancia, cariño y admiración”. Lo valioso es “cuidar a otra persona y ayudarla a que se desarrolle personalmente, independientemente de mí”. 

Piñeiro concluye afirmando que le gustaría que ‘La Isla de las Tentaciones’ tuviese otras bases más eficientes a nivel educacional, para construir otro tipo de realidad relacional. Pero eso, admite, “no vendería” en televisión. 

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