Pere Navarro
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La Mirada Crítica

Nuevo director general de Tráfico Vuelve a la DGT el polémico Pere Navarro

Pere Navarro ocupó el cargo de director general de Tráfico desde 2004 hasta 2012.

En este periodo de 8 años redujo de forma drástica la siniestralidad en las carreteras españolas, pasando los fallecidos en accidente de tráfico de 4.741 en 2004 a 1.903 en 2012. Pero su gestión fue bastante polémica. Ahora, por segunda vez, Navarro vuelve a hacerse cargo de la dirección de la DGT en sustitución de Gregorio Serrano.  


Hay que ser justo con la historia, pero sobre todo con los acontecimientos, con los hechos. Por encima de verdades, medias verdades o mentiras,  un hecho es lo que acontece o ha acontecido.

Cuando Pere Navarro se hizo cargo en 2004 de la Dirección General de Tráfico (DGT) casi 5.000 personas perdían la vida en la carretera todos los años. Una cifra que contrasta con los 1.903 fallecidos en accidente de tráfico en 2012, año en el que  abandona la DGT. Frente a estos datos hay que congratularse.

Pero a la hora de buscar respuestas objetivas a qué tipo de medidas o agentes contribuyeron a esta reducción de forma tan drástica, no cabe duda que van mucho más allá de la mera introducción del carné por puntos, auspiciada por el propio Navarro.

Para muchos el nombre de Pere Navarro va íntimamente ligado a la introducción del carné por puntos  (el 1 de julio de 2006) y a la disminución de las muertes en carretera.

Mientras que una gran parte de los automovilistas le recuerda por la tremenda presión que ejerció sobre los conductores, amén de ciertas actuaciones cuanto menos contradictorias o rodeadas por la polémica.

No es malo su currículum. Sin embargo la llegada de Navarro a la DGT también significó incrementar hasta límites insospechados la presión sobre los automovilistas. Empezó una etapa de acoso un poco gris en la que casi se consideraba a los conductores potenciales delincuentes. Se podrá pensar  que el fin justifica los medios y que los objetivos se han conseguido.

Objetivos muy nobles, sin lugar a dudas. Ahora bien, hay que hacer algunas matizaciones. No es necesario ir a la Sorbona y hacer un máster en Seguridad Vial (pero de los de verdad, no falseado), para llegar a la conclusión de que la política del palo sin zanahoria tiene fecha de caducidad. Hay que buscar otras fórmulas. Por otro lado en la disminución de la siniestralidad en la red viaria española han intervenido otros factores, y de mucho peso.

Pese a que a los políticos les interese colgarse la medalla de tan loable gesta.

No se sabe todavía cuales serán las directrices de Pere Navarro. Los más críticos pensarán que segundas partes nunca fueron buenas. Con independencia de tan proverbial frase, puesto que hay que dar un margen de confianza, considero que la primera parte dejó mucho que desear. Demasiadas sombras, empezando por lo formal, por las formas. Las hemerotecas son bastante indiscretas, incomodan sobremanera a los distintos cargos públicos.

Pero no he tenido que acudir a ellas en este caso concreto porque todavía recuerdo con estupor o, mejor dicho, con indignación unas palabras de Pere Navarro en el medio televisivo durante la presentación de una campaña de Semana Santa.

A los distintos dispositivos de vigilancia y control se sumaron para la ocasión una serie de vehículos camuflados.

Don Pere escenificó las bondades, el funcionamiento de estos vehículos delante de las cámaras de televisión más o menos de esta guisa: “Cuando el conductor vea que le rebasa un vehículo de cuya luneta surge el luminoso, guardia civil de tráfico deténgase, de inmediato pensará, la he cagado”. Un nuevo tipo de extraña diarrea, en este caso verbal.

Dejando al margen el fondo de la cuestión, nunca habría que perder las formas. Y más un cargo público que se dirige a la ciudadanía. El español es una lengua muy rica en palabras, giros, matices y una innumerable ristra de tacos y expresiones (a veces vulgares) que utiliza Raimundo y todo el mundo sin distinción de credo, clase social, nivel económico y formación académica.

Todos o casi todos decimos tacos o hemos echado mano alguna vez de expresiones vulgares por su gran fuerza expresiva, pero en el ámbito privado. Delante de las cámaras de televisión puede hacer gracia un showman, un director de cine mediocre que aspira a un Oscar o un político cuando está en campaña electoral, donde todo se admite (incluido el insulto al adversario).

Hablar de algo tan serio como es la Seguridad Vial requiere utilizar otros modos, para no “cagarla”. Deberían los cargos públicos dirigirse con respeto a la ciudadanía, lo que asimismo incluye evitar el tuteo institucional. Estuvieron de más, en los paneles luminosos informativos de la red viaria, mensajes difundidos desde la DGT como: “Si corres gastas más”. Con lo fácil que resulta eliminar dos eses.

Además del carné por puntos, en el tiempo que Navarro estuvo al frente de la DGT confluyeron otros agentes de gran calado a la hora de rebajar la siniestralidad en las carreteras.

A lo largo de ese periodo de 8 años se desdoblaron muchos kilómetros de carreteras convencionales, lo que elimina de raíz una de las maniobras de mayor riego, el adelantamiento. Por otro lado no deja de ser paradójico que se sembraran de radares fijos las autovías, donde menos accidentes se producen.

Ahora la propia DGT reconoce que el problema está en la red secundaria. Algo que es de libro. La crisis económica que nos visitó en 2008 y se quedó a vivir con nosotros una temporada para mostrarnos toda su virulencia en los siguientes años, también contribuyó a rebajar la siniestralidad.

Con limitados recursos económicos echar combustible al coche suponía un lujo que muchos tenían que dosificar.

Pero uno de los agentes que más ha contribuido y está contribuyendo a rebajar tanto el número de accidentes como de víctimas mortales es la gran batería de elementos de seguridad que portan los  automóviles.

Ya en 2003 era obligatorio que todos los automóviles nuevos matriculados en la UE montaran de serie el ABS. Les cuesta  mucho a los políticos reconocer que los numerosos sistemas de seguridad, tanto activa como pasiva, que incorporan los vehículos de un tiempo a esta parte propician literalmente  salvar vidas.

Si la seguridad activa o preventiva no fuera capaz de evitar el accidente, tomaría de inmediato el relevo la pasiva para procurar, en un alto porcentaje, que no haya víctimas mortales en el siniestro.

Como conclusión, no todo el mérito de esta drástica reducción de la siniestralidad en las carreteras españolas  puede achacársele al carné por puntos y a sus mentores.

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