Las ayudas a la conducción
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Las ayudas a la conducción. Un gran plus de seguridad

El envejecimiento del parque automovilístico español es un hecho preocupante porque afecta de forma muy directa a la seguridad.

Un vehículo nuevo, por modesto que sea, incorpora tecnologías que hacen más segura la conducción, contribuyendo a evitar el temible accidente. La reducción de la siniestralidad pasa necesariamente por la renovación del parque de automóviles, y así deberían entenderlo los distintos poderes públicos.

 

Manuel Reyes

La antigüedad del parque de automóviles en España es un hecho irrefutable. La edad media de los turismos alcanza los 12 años, mientras los vehículos comerciales ligeros salen aún peor parados, pues llega hasta los 12,5 años, llevándose la palma los industriales (14 años).

Procesados estos datos dan como resultado que hay más de 7 millones de vehículos de más de 10 años circulando por toda la red viaria española. Estos vehículos carecen de la mayor parte de los dispositivos en materia de seguridad así como de ayudas a la conducción que si poseen los actuales, estando en franca desventaja tanto en seguridad activa como en pasiva.

Hoy, hasta el más modesto de los utilitarios que sale de un concesionario incluye en su equipamiento de serie tanto el sistema antibloqueo de frenos, conocido como ABS, como el control dinámico de estabilidad, al que se identifica mayoritariamente por las siglas  ESP o DSC, entre otras.

Ambos dispositivos son obligatorios desde hace algunos años en todos los vehículos nuevos vendidos en la UE. El ABS puede evitar un choque o una salida de la vía, pues al no bloquearse las ruedas directrices permite al vehículo mantener la dirección. Girar el volante y comprobar que el coche no sigue la trayectoria que se le marca, sino que tiende a seguir recto, es una de las peores experiencias que puede sufrir el conductor. Con respecto al ESP, ayuda al vehículo a mantener la trayectoria en curva, previniendo el derrapaje.

Pero aparte de estos importantísimos y obligatorios sistemas, con los que ya están más o menos familiarizados los usuarios, en los últimos años se han sumado cantidad de ayudas a la conducción o dispositivos que incrementan notablemente la seguridad activa, la que contribuye directamente a la prevención del accidente además de facilitar la conducción.  

Cuando se trata de evitar el atropello de ese peatón despistado que, de repente, irrumpe en la calzada o bien no impactar con el vehículo que circula delante por despiste del conductor, nada mejor que contar con el asistente anticolisión (Front Assist). Este dispositivo si detecta una colisión inminente avisa en una primera fase al conductor para que frene mediante una serie de avisos acústicos, visuales o mediante tirones del cinturón de seguridad. En caso de que no reaccione, el vehículo aplica frenos automáticamente para evitar el choque o minimizar sus consecuencias, en función de la velocidad a la que se circule.

Los programadores de velocidad permiten mantener una velocidad de crucero constante sin necesidad de pisar el acelerador, lo que contribuye a hacer menos estresantes los largos trayectos. Sin embargo, el control de crucero adaptativo (ACC) posibilita no solo programar la velocidad sino también la distancia que se quiere mantener con el coche que circula delante. Así pues, regula velocidad y distancia, es capaz de acelerar y desacelerar, e incluso alguno aplica frenos.

De esta manera si se circula a una velocidad determinada y delante va un vehículo más lento, adapta la velocidad a la de éste manteniendo la distancia que previamente se haya seleccionado.

Cuando se vuelve a tener vía libre, por ejemplo, si en caso de circular por autovía se decide adelantar, entonces recupera la velocidad inicialmente seleccionada. El ACC suele funcionar en un rango de velocidades comprendido entre 30 y 200 Km/h, si bien hay una variante para hacer más llevaderos los atascos. Se trata del Taffic Jam Assist, que automáticamente es capaz de detener el coche por completo y reanudar la marcha. Regula tanto la velocidad como la distancia e, incluso, si se dispone de cambio automático, puede cambiar de marcha.

El asistente de mantenimiento de carril (Lane Assist) avisa al conductor con vibraciones en el volante, en el cinturón de seguridad, en el asiento o acústicamente en caso de que las ruedas pisen las líneas que delimitan el carril si previamente no se ha conectado el intermitente correspondiente, pues solo entonces este dispositivo interpreta que se trata de un cambio de carril involuntario.

En algunos modelos también puede actuar sobre la dirección para mantener el vehículo en el centro del carril, si bien, transcurridos unos segundos, un aviso recuerda al conductor que debe tomar el volante porque no se trata de un sistema de conducción autónoma. No hay que confundir este sistema con el de detección del ángulo muerto o el más avanzado asistente de cambio de carril.

Dependiendo de su nivel de sofisticación, un testigo luminoso se enciende en una esquina del retrovisor o bien en la carcasa del mismo cuando se aproxima un coche por detrás por cualquiera de los dos flancos. Cubre una distancia de unos 10 metros para vigilar esa zona crítica, llamada ángulo muerto,  que se escapa de la visión a través de los retrovisores.

Otros más avanzados alargan esa distancia hasta 100 metros. Además, si en ese momento se activara el intermitente, el testigo luminoso parpadearía en vez de permanecer fijo, con independencia de que también pueda sumarse un aviso acústico.

La pesadilla que para algunos conductores constituye el aparcamiento a la hora de calcular los espacios, quedó bastante atenuada con los sensores de aparcamiento y más aún con la inclusión de cámaras.

Pero el asistente de aparcamiento (Park Assist) es capaz de estacionar de forma semiautomática tanto en línea como en batería. Una vez activado el dispositivo, mediante el intermitente se le señala el lado en el que se quiere estacionar, y empieza a medir los huecos. Cuando encuentra uno de las dimensiones adecuadas, el conductor lo único que debe hacer es manejar el cambio y los pedales siguiendo las indicaciones que aparecen reflejadas en el cuadro de instrumentos.

De mover el volante se encarga el Park Assist, aunque hay sistemas más avanzados que también aplican frenos. De aplicar frenos automáticamente también se ocupa el conocido como freno multicolisión en caso de que se produzca un impacto. Con esta acción se pretende  evitar o al menos reducir las consecuencias de un posible impacto secundario contra otro vehículo u objeto que se encuentre junto a la vía. Pero si el conductor tuviera capacidad para percatarse después del choque principal que frenar pudiera resultar peligroso, por ejemplo si hubiera riesgo de una colisión por alcance, es posible anular el freno multicolisión con solo pisar el acelerador.

Estos son algunos de los principales sistemas de seguridad o ayudas a la conducción que incluyen, bien de serie o como opción, los actuales automóviles. Contribuyen a incrementar notablemente la seguridad vial, sin olvidarse de uno de los más económicos a la par que eficaces, el detector de fatiga.

Por medio de los sensores del control dinámico de estabilidad este asistente es capaz de descubrir periodos de inactividad en la dirección acompañados de un movimiento brusco. A estos indicadores se unen la velocidad, la hora y el tiempo de conducción para decidir si es necesario avisar al conductor de su excesivo cansancio y, en consecuencia, recomendarle un descanso.

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