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Los cuidados de la carrocería en primavera y verano. Insectos y excrementos de aves, principales enemigos de la pintura

Con la llegada del buen tiempo, suben las temperaturas.

Los a veces despiadados rayos solares que imperan durante el periodo estival en algunas latitudes de la geografía española, no son precisamente muy amigables con la carrocería del automóvil,  en concreto de la pintura. A veces la búsqueda de esa ansiada sombra resulta contraproducente, si se aparca bajo un árbol. Además, la aparición de otros agentes, como los insectos y los excrementos de ave resultan bastante perjudiciales para la pintura del vehículo.

 

Manuel Reyes

El periodo estival llega acompañado de la subida de las temperaturas. Los automovilistas empiezan a recordar los típicos inconvenientes, las molestias que generan la primavera y el verano tanto desde el punto de vista de la limpieza de la carrocería como de la circulación. Aunque las plagas de insectos suelen estar controladas, si se recorren muchos kilómetros en zonas con abundancia de estos impactarán una gran cantidad en el frontal del vehículo. La huella más evidente son los que se quedan pegados en el parabrisas, en tanto afecta a la visibilidad. No utilizar nunca la acción combinada del lavaparabrisas y del limpiaparabrisas para retirarlos, aparte de poco efectiva se deterioran las gomas de las raquetas.  Lo mejor es parar en una estación de servicio para limpiar manualmente el cristal. Tampoco está de más en dicha parada efectuar una inspección visual por si hubiera un exceso de insectos adheridos en los radiadores, en especial en el del sistema de refrigeración.

Los insectos interfieren en la visibilidad y, por lo tanto, en la seguridad, además de atacar la pintura. Pero hay otros agentes que tanto en primavera como en verano hacen horas extras para ensuciar la carrocería, a la vez que también perjudican notablemente  la visibilidad. La savia, la resina de los árboles así como los excrementos de las aves son unos grandes enemigos de la pintura de los vehículos, además de impedir una correcta visión al conductor cuando se depositan sobre el parabrisas. Estos restos nunca hay que retirarlos con el limpiaparabrisas, a base de sucesivos barridos.

Problemas verano

Sin embargo no hay que olvidar que aunque estos agentes dañen la pintura del automóvil, la radiación solar y las altas temperaturas también degradan con el paso del tiempo la pintura y el interior del vehículo, llevándose la peor parte el recubrimiento del salpicadero y el tapizado de los asientos. Cuando llega el momento de aparcar, la búsqueda de la ansiada sombra se transforma en un objetivo prioritario para los usuarios, pero por otros motivos. No resulta nada saludable ni recomendable, y a veces constituye toda una gesta acceder a un vehículo cuyo habitáculo es lo más parecido a un horno, con temperaturas superiores a los 40º C.  

Pero a veces el remedio es peor que la enfermedad. Aparcar bajo la apacible sombra de un árbol traerá consigo que su savia impregne en forma de minúsculas y pegajosas gotas toda la carrocería y superficie acristalada del coche. En esta misma línea los alados inquilinos que pueblan sus ramas, a buen seguro dejarán su firma en forma de corrosivas deposiciones que, sobre el parabrisas, además restarán visibilidad. Al final la decisión pasa por evaluar si hace un calor tan insoportable que la lógica recomiende estacionar cobijado bajo cualquier tipo de sombra, teniendo en cuenta que antes de arrancar habrá que limpiar el parabrisas, o bien aparcar al sol si el termómetro no registra temperaturas extremadamente altas. En este caso bastará con airear y refrigerar el habitáculo antes de emprender la marcha. Es el usuario el que al final tiene la palabra, en función de las circunstancias.

Ante lo expuesto, queda claro que la primavera y el verano acarrean una serie de problemas relacionados con la conservación de la pintura del vehículo, que además interfieren en la visibilidad y, en consecuencia, afectan a la seguridad. Ahora bien, todos los problemas tienen solución. En este caso no es tan complicada. Los expertos en el lavado y cuidado de vehículos recuerdan que la suciedad acumulada deteriora la pintura, afecta al tono del color, provoca una pérdida de brillo y dificulta la visibilidad, por lo que recomiendan realizar una limpieza semanal para eliminar cuanto antes la presencia de insectos, resina y excrementos de aves. Hay que tener muy en cuenta que el calor acelera el proceso de corrosión, pudiendo producir daños irreversibles en la pintura.

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