fotografia desde helicóptero de la DGT
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Motor

La mirada crítica

Un helicóptero de la DGT sorprende a una conductora cepillándose los dientes. Con lente de aumento

En los últimos días ha causado cierto revuelo, aderezado con cierta dosis de estupor, un video difundido por la Dirección General de Tráfico (DGT).

En dicho video, realizado por un helicóptero de vigilancia, se podía ver a una conductora cepillándose los dientes mientras conducía. Este tipo de conductas son totalmente reprobables, sancionables, por la situación de riesgo que conllevan tanto para el protagonista como para el resto de usuarios de la vía pública. Aunque asimismo también encierren algo de esperpéntico.


Lo curioso de casos como éste es que, paradójicamente, cada vez tienen menos repercusión, producen menos impacto en la opinión pública. Porque para bien o para mal la opinión pública ya se ha acostumbrado, se ha vacunado contra todo tipo de noticias, que más que noticias parecen una especie de “vamos a jugar a los disparates”. Lo de la conductora cepillándose los dientes mientras conduce, dejando a un lado la peligrosidad o las desgraciadas consecuencias que se hubieran podido derivar de su irresponsable acción, hay que reconocer que raya en lo esperpéntico. Pero también muchos ciudadanos se preguntarán qué hace un helicóptero filmando las intimidades de los conductores o, mejor, dicho de ciudadanos al volante de un automóvil que se supone tienen derecho a la intimidad.

Si un helicóptero procede a filmar a un vehículo que no circula con la debida corrección, va dando bandazos o percibe algún tipo de anomalía es lógico que desde las alturas se trate de averiguar qué pasa ahí abajo. Bien distinto es que se proceda de forma aleatoria. En cualquier caso, más que sancionar y quitar puntos del carné, habría que preguntarse qué lleva a la gente a cometer este tipo de acciones y si realmente son conscientes de ellas. El epicentro de la cuestión radica en si se comenten porque tienen la constancia de que no les van a pillar o porque realmente no calibran el riesgo que conllevan. Una sanción ejemplar puede hacer recapacitar a una persona que ha cometido un error, aunque lo haya cometido con alevosía y premeditación. Pero, desgraciadamente, la figura del descerebrado existe. El descerebrado no entiende de responsabilidades, ni de sanciones ni sabe qué es o en qué consiste la reeducación.

Sin embargo la DGT tiene un problema de credibilidad a la hora de hacer cumplir ciertas normas y, lo que es más importante, de  convencer a la ciudadanía.   De vez en cuando trata de sorprender con un video, como éste, o con el de un automóvil circulando a 250 km/h. Es de suponer que el mensaje que quieren o pretenden transmitir es: ¡ojo, le tenemos vigilado! Según reza el dicho popular, “el miedo guarda la viña”. En fin, todo sea por la seguridad vial.  Aunque, con toda probabilidad, sea una cortina de humo o maniobra de distracción para desviar la atención de otros temas, como las polémicas que han rodeado las últimas nevadas. Pero volviendo al caso de la conductora cepillándose los dientes, tiene ciertas connotaciones con el  hablar por el móvil. Ambas acciones implican retirar las manos del volante. Sin embargo, mientras en España hablar por el móvil es una infracción grave que se sanciona con 200 euros de multa y la retirada de 3 puntos del carné, en Alemania no tiene esta consideración y la sanción es de 60 euros.

Mientras se conduce hay que llevar las manos en el volante, no manipulando un dispositivo móvil ni utilizando un cepillo de dientes. Pero es, incluso, más importante ir concentrado mentalmente en la actividad que se está realizando. En este apartado le resulta imposible a la DGT ejercer cualquier tipo de control. Un apartado extremadamente peligroso, pues mientras es relativamente fácil multar con 200 euros al que lleva el móvil pegado a la oreja, no se puede sancionar una conducta, a veces, muchísimo más peligrosa: hablar con un sistema manos libres. Una acción totalmente legal que puede distraer bastante más que sostener un móvil con la mano si se mantiene una conversación acalorada con el interlocutor de turno. Y es que si se mantiene una conversación de este tipo, con bronca incluida,  la distracción está asegurada. Ya no es una cuestión de llevar o no las manos en el volante.

Con respecto a quienes legislan en materia de tráfico y seguridad vial deberían estar informados de las últimas tecnologías. Porque luego es la DGT quien tiene que velar para que se cumplan ciertas normas y quien se lleva los palos; mejor dicho, los palos se suele llevar la sufrida guardia civil de tráfico. Está sancionado manipular el navegador mientras se conduce. Cuando este dispositivo va colocado en el parabrisas mediante algún tipo de sujeción es relativamente fácil comprobar si el conductor hace uso del mismo mientras conduce. Ahora bien, muchos automóviles montan una gran pantalla para el llamado sistema multimedia, que incluye un montón de funciones, sistema de audio, navegador, climatizador, teléfono, etc. Funciones que se manejan mediante una serie de botones o a través de la propia pantalla, si es táctil. Por mucho que se fije el agente de tráfico le resultará casi imposible verificar qué acción está llevando a cabo el conductor, si está manipulando el navegador, subiendo el volumen de la radio o bajando la temperatura del habitáculo. Porque no es sancionable  cambiar de emisora o manipular el climatizador.

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