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La cotización del agua: ¿El comienzo de la especulación o el establecimiento de garantías?

Desde el pasado 7 de diciembre, cotiza en el mercado de futuros de materias primas

Tras un imprevisible 2020 de pandemia mundial, restricciones, depresión y represión económica y social, y demás acontecimientos nunca antes vistos. Y siguiendo en esta línea, el cierre del año trajo una noticia, cuanto menos, sorprendente: el agua empezaba a cotizar en el mercado de valores.

Carlos Valverde, analista de mercados para Tickmill, comenta que "el estreno de estos futuros ha sido más bien discreto, negociando un escaso volumen de 11 contratos, aunque es de esperar que con la llegada del verano la negociación se anime”, lo que vaticina un porvenir al alza.

Hay muchas opiniones y especulaciones en torno a este hecho, ya que es la primera vez que un recurso esencial para la vida, que se considera un derecho humano fundamental, entra en el mercado de valores. Desde el pasado 7 de diciembre, cotiza en el mercado de futuros de materias primas: los compradores no adquieren el producto físico en el momento de la transacción, sino que adquieren un derecho sobre una cantidad de agua determinada a un precio fijo en el futuro.

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Las opiniones están divididas, aunque muchos auguran que “al ser un bien cada vez más escaso, su precio en el medio-largo plazo solo puede subir, como ya ocurrió con las tierras cultivables y otros alimentos básicos anteriormente”, como comenta Luis Flores, integrante de la plataforma Ecologistas en Acción y experto en mercados bursátiles.

Por el momento, todo se queda en suposiciones y predicciones por parte de los expertos, pero es interesante recopilar algunas de estas opiniones para entender un poco mejor el posible impacto que este hecho pueda traer.

Reflexiones a favor

Uno de los supuestos que los partidarios de esta medida, se basa en que habría una mayor inversión disponible para financiar infraestructuras y redes de suministros hidráulicos, además de la planificación eficiente de estos proyectos, ya que, en muchos casos, no se han realizado con lógica económica y se encuentran desaprovechados en muchos lugares del planeta.

Lo mencionado anteriormente va ligado a promover un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos, ya que se podrá comercializar con los excedentes. Es bien sabido que hay enormes cantidades de agua que se desperdician, sobre todo en las ciudades. Además, según la Agencia Internacional de la Energía, “El 34% de toda el agua en el mundo es agua sin contabilizar y, por tanto, se está perdiendo”.

Para la agricultura y, en algunos casos, para la ganadería, supone en cierto modo una forma de asegurarse un suministro a un precio fijo, antes de empezar las cosechas. De este modo, en los casos de sequías severas o reducción de los recursos hídricos por otros motivos, a los agricultores no les afectaría la subida en los precios del agua, gracias a los futuros que previamente adquirieron.

Razonamientos en contra

Algunos de los detractores de la medida temen que “si el agua pasa a ser gestionada dentro de una lógica de mercado, la búsqueda del beneficio económico a corto plazo será lo que se priorizará”, como afirma Daniel Boix Masafet, profesor e investigador en la Universidad de Gerona.

Afirmación que está estrechamente relacionada con un preocupante supuesto: la acumulación de los derechos sobre el agua en unas pocas manos, lo que podría llevar a una situación límite si éstos sólo buscan el beneficio económico. ¿Podría llegar a privatizarse el uso del agua?

Lo que está claro es que el agua siempre ha sido motivo de debate, controversia y disputas. Hay previsiones, respaldadas en años de investigación, que defienden que la escasez de agua será motivo de conflictos políticos y desplazamientos masivos de poblaciones.

Es temprano para romper una lanza en favor de unos u otros, ya que es necesario observar la evolución de estos futuros. Lo que es cierto, es que marcará un hito en la historia de los mercados bursátiles.

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