Un teléfono móvil.
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Negocio

La Gig Economy. La economía de los pequeños encargos

Una nueva forma de trabajar que aporta libertad a los trabajadores

Una de las situaciones que ha hecho evidente la pandemia del COVID-19 es la irrupción arrolladora de la gig economy o economía de los pequeños encargos (también se le conoce como “economía bajo demanda”). Todos, de una forma u otra, estamos en contacto con ella. Estos tiempos de crisis la han desvelado, poniéndola en primera fila. Surge en el año 2007 cuando la crisis de las hipotecas subprime (créditos con altas tasas de interés a prestatarios económicamente débiles), sacudió a la economía norteamericana generando dificultades en todo el mundo. La gig economy se refiere a una forma de trabajar que depende de las plataformas tecnológicas, ellas crean la mediación necesaria para que los usuarios puedan obtener múltiples servicios con beneficios evidentes en costo y esfuerzo personal. En España, por ejemplo, plataformas como finguru informan sobre la oferta de préstamos online para resolver problemas financieros, y responden perfectamente a esta idea de economía “bajo demanda”.

La tecnología digital logra la conectividad de los extremos de esta línea, usuarios y trabajadores, mediante teléfonos móviles con conexión a internet (también otros dispositivos, tablets, computadoras, etc.). Ello conlleva horarios de atención que se amplían y se abaratan, servicios sociales instantáneos que brindan comodidad a los interesados y oportunidades a los que requieren de trabajar con marcos de flexibilización amplios que no se ciñan a los límites laborales que normalmente se imponen.

El cambio económico generado por la arquitectura digital que proporcionan las plataformas ha alterado, y seguirá modificando, la noción de empleo y de trabajo. Como la economía de los “pequeños  encargos” se apoya en términos sumamente diferentes a los que acostumbrábamos a tener, puede rescindir de algunos de los requisitos que predominan en el sistema económico formal. La novedad de estas opciones de trabajo supone que muchas de las regulaciones laborales de los diferentes estados no prevean su particular naturaleza, lo que implica que las plataformas digitales pueden saltarse condiciones legales que imperan en los trabajos rutinarios. Esto, que en principio puede parecer negativo, otorga a los trabajadores libertad, les da el poder para negociar y pactar opciones que puedan ajustar, no tan solo por un salario conveniente sino, también, en función de la elasticidad de horarios que le permitan disponer de tiempo para otros proyectos individuales, sociales o, incluso, otras actividades laborales.

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Llegada de Sánchez a Dakar (Senegal)

Cuando requerimos de algún bien entramos seguramente en la gig economy, repartidores a domicilio, traslados basados en aplicaciones como UBER, trabajadores que vayan hasta tu hogar a resolver una labor o cualquier otro tipo de encomiendas, allí estamos ante trabajos vinculados por un espacio geográfico que resuelve las vicisitudes que se te puedan presentar. Pero, también  existe el trabajo a distancia donde la vinculación geográfica no es obstáculo; las tareas remotas de esta modalidad son amplisimas y pueden concretarse en tiempos diferentes. Las plataformas digitales abren ofertas de trabajo y aprendizajes a distancia que antes eran impensables, existe una amplia gama de saberes a disposición: educativos, sociales, financieros, psicológicos, musicales, etc. Todo en asesoría, formación y cualquier otro tipo de servicio o enseñanza se ha vertido, se satisface y se moldea por intermedio de este contexto en el que opera un novedoso modelo de economía, la de los “pequeños encargos”.

Puedes desconocer el término gig economy, lo que no puedes es prescindir de una estructura que se ha externalizado y popularizado de tal manera, que ya forma parte de tu vida.

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