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El charro, el gaucho y el llanero, herederos del vaquero español

El charro mexicano o mejicano, el gaucho argentino, uruguayo o chileno, y el llanero colombiano o venezolano; son tres tipos de vaqueros que aplicaron las enseñanzas de los primeros que llegaron a Nueva España en el siglo XVI y posteriormente a los Virreinatos de Nueva Granada, Perú y Rio de la Plata. Muchos eran aindiados, sin una gota de sangre española; otros sin embargo eran mestizos, descendientes de españoles y nativas; pero unos y otros aprendieron español. Quinientos años después, el noventa por ciento de los habitantes de Hispanoamérica lo sigue hablando.

En (México), los charros aprendieron de los charros salmantinos el trato con el ganado, bravo, manso o morucho (cruce de bravo y manso), llevado a América por los vaqueros españoles y los frailes que se establecieron en Nueva España a lo largo del siglo XVI y XVII; en los ranchos y haciendas existe desde el siglo XVIII, la figura del "caporal" que era el encargado de organizar el trabajo de campo. En las ganaderías bravas, el caporal era y es actualmente el “capataz” como se le denomina en las fincas de Andalucía, Salamanca y Extremadura.

Desde pequeño soy aficionado a los toros y a los caballos; mis tíos me introdujeron en el mundo del toro. Uno de ellos, Agustín, fue director del Sanatorio de Toreros de Madrid; era un gran cirujano. Me llevaban a las tientas en la finca de los ganaderos hermanos Huertas situada en Extremadura, nos echaban unas vaquillas a mí y a mis hermanos para que las toreásemos; también montábamos a caballo, afición que he mantenido hasta hace pocos años. Algunas veces nos acompañaba el gran torero Antonio Bienvenida, tristemente fallecido por la embestida de una vaca en una finca del Escorial el 7 de octubre de 1975.

Después de haberse jugado la vida en la plaza muchas tardes con toros de verdad, lo mató una vaquilla; era muy amigo de mi tío Agustín el cirujano. Me interesaba cada vez más por el arte del toreo y asistía a las Ventas frecuentemente con mis tíos. Años más tarde leí el Cossío, regalo de un hermano de mi mujer, procedente de la biblioteca de su padre que  era  médico y gran aficionado; con el que departía muchas tardes hablando de toros . Esta magnífica enciclopedia de la historia y la técnica del arte de torear la escribió el Académico José María de Cossío; es el mejor tratado de tauromaquia que se ha escrito.

Hablando de México: en la actualidad y desde hace mas de dos siglos se han creado cerca de trescientas ganaderías bravas en México procedentes de puntas de vacas españolas de Salzillo, Santa Coloma y Parlade. En 1526 llegaron a Nueva España los primeros ganados bravos y moruchos. Hernán Cortés fue el primer ganadero; llevo ganado al valle de Toluca. Entre 1700 y 1800 comenzaron a celebrarse corridas de toros a pie; hasta entonces se toreaba a caballo. Desde 1867 y hasta 1920, por orden del presidente Benito Juárez quedaron canceladas las corridas; estas se celebraban clandestinamente.

Hoy día, están canceladas las corridas de toros en cinco Estados de México y existe un gran debate entre los detractores de la fiesta y los que están a favor. Hasta 1867 se construyeron plazas de toros en los principales Estados como Hidalgo, Zacatecas, Aguascalientes, y en ciudades como Ciudad Juárez y Chihuahua. Pero no nos desviemos del origen de este artículo; aunque lo escrito acerca de los toros en México, tiene mucho que ver con el “charro” mexicano. El “caporal “.

 Volvamos a como era el charro en México y su indumentaria; este vestía: camisa blanca, pantalones ajustados, chaquetilla corta, botas de media caña de cuero o botines, polainas también de cuero y sombrero de ala ancha; la montura es  muy similar a la montura española o potrera ( silla de montar). Toda esta indumentaria es similar a la del charro salmantino;  A veces para el trabajo con las vacas  usaban mitazas  de cuero similares a los zahones que llevan los vaqueros en Andalucía y Salamanca . Un célebre charro fue Emiliano Zapata ;  participó en la revolución mexicana de 1910  como comandante del llamado Ejército Libertador del sur .

Otro charro célebre  fue el Coronel José Doroteo Arango , conocido por su seudónimo  como Francisco Villa o por su hipocorístico Pancho Villa ; icono popular de la Revolución Mexicana en el norte , en la zona de Chihuahua  y  Ciudad Juárez , cerca del Río Bravo en la frontera con los Estados Unidos . Un charro icónico fue Antonio Aguilar , recordado en el centenario de su nacimiento ; lo llamaban “ El Charro de México “ , con un gran talento natural como jinete para presentar las destrezas de la charrería mexicana .

Pasemos al “ gaucho “. Es la denominación utilizada para nombrar al habitante de los llanos y zonas adyacentes de Argentina, Uruguay , Paraguay , Perú y  Brasil ( zona sur ) . Los gauchos de Brasil aprendieron el oficio de los vaqueros portugueses; también había gauchos en el sur de Bolivia y en la zona austral de Chile . Es un hábil jinete, se ocupaba al igual que el charro en el trato del ganado; el gaucho podía ser aindiado o mestizo lo mismo que el charro . Se alimentaba preferentemente de carne y utilizaba el cuero de las más de doce millones de cabezas que ocupaban las infinitas llanuras de la Pampa Húmeda de Argentina, Uruguay y  sur de Brasil en el siglo XIX .

 

El gaucho es un icono nacional, que representa la libertad; aprendió el oficio de vaquero de los andaluces que llegaron a los Virreinatos del Rio de la Plata y del Perú. Los gauchos lucharon en las guerras de la independencia; en torno a su figura se formó la “literatura gauchesca” que denuncia la injusticia social al igual que lo hacía el charro mexicano. Como libro referente es” El gaucho Martín Fierro “(1872). Representa la libertad. Desde el siglo XVIII con el Virreinato de Juan José Vértiz, nació la figura del gaucho como hombre de a caballo que se ocupaba del trabajo en las haciendas.

Por Último tenemos al llanero; también hombre de a caballo, que recorría las infinitas llanuras del sur de Colombia y Venezuela; hacía las faenas de campo como el charro o el gaucho, luchó  en  las  guerras  de  independencia  de estos países .

Concluyo: el legado que dejó España en América, no solo pasa por la evangelización, la enseñanza del español y de las costumbres españolas; también, la creación de universidades, catedrales, ciudades y  otras tradiciones  originales, como  son:  la vestimenta , el trato con el ganado  y  el caballo;  fundamental para desempeñar estos menesteres . En los cuatro Virreinatos, los charros, los gauchos, y los llaneros , fueron los protagonistas que heredaron el oficio del vaquero  salmantino y  andaluz ; que aun y por suerte después  de  500  años  perdura  en  Hispanoamérica .

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