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Posmodernismo, civilización y libertad

Halcón volando en libertad.
photo_camera Halcón volando en libertad.

Una nueva cultura se extiende silente sobre las sociedades avanzadas impregnando todo de un inquietante aroma de miedo, frustración, culpa y vergüenza. Se siente el halito de ser disidente en la propia casa generando una espiral de silencio que condena al ostracismo. Estos movimientos han surgido en instituciones académicas, esgrimiendo las llamadas identity politics o políticas de identidad vinculadas al multiculturalismo y al posmodernismo.

Claramente es identificable la influencia de la Escuela de Frankfurt, nombre por el que es conocido el Instituto de Investigación Social creado en esa ciudad alemana en 1923. Su actividad científica tuvo como objeto resolver los diferentes problemas culturales y la degradación del socialismo. Cuando el régimen nacionalsocialista alcanzo el poder en Alemania fueron expulsados en 1933 encontrando refugio, en un primer momento, en la Universidad de Columbia de Nueva York (EE.UU.).

Como miembros más representativos: Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamín, Max Horkheimer, Erich Fromm, Jürgen Habermas... Su filosofía recibe el nombre de teoría crítica.

El interés sobre el individuo hizo que la Escuela se centrara en aspectos psicológicos y sociales como el autoritarismo, la intolerancia, las inhibiciones, el desencanto ante las promesas del racionalismo y el prejuicio social. Pretendieron que el hombre pueda asir su destino lejos de todo condicionamiento político y social.

Las revoluciones de California de 1964 y de Paris de 1968 son consecuencia de estos postulados. Protestas contra la tradición. Rupturas de un sistema que oprime, pero al que no ofrecen alternativas.

Inciden en el empleo de la propaganda como instrumento de persuasión de masas, aportación ésta de Marcuse y extraída de la publicidad comercial para promover el consumo.

Otra peculiaridad es el empeño en la destrucción de todo fundamento racional derivado de la Ilustración europea del s. XVIII y el bagaje cultural que la nutre.

Esta escuela alemana que ha fundamentado el posmodernismo extendió su influencia a varias universidades desarrollando distintas causas de pensamiento crítico. Entre 1980 y 1990 los docentes americanos, en nombre de distintos grupos étnicos, raciales y culturales, abrazaron los postulados posmodernistas desarrollando distintas iniciativas para concienciar de estas opresiones

Pero fue a finales del s. XX y en la actualidad cuando ha ido propagándose por ámbitos educativos adquiriendo una implantación relevante, ampliando su círculo a empresas, corporaciones y organismos públicos.

Woke constituye el objeto de la Guerra Cultural 2.0 que hoy se detecta en muchos países, según el prof. Boghossian de la Universidad Estatal de Portland.

Woke o cultura Woke, en español, despertar o cultura del despertar, fue identificada, en un primer momento, con la lucha antirracista para, posteriormente, aglutinar otras causas discriminatorias.

Se agregó al Oxford English Dictionary como adjetivo en 2017, entendiendo por tal estar «consciente» o «bien informado» en un sentido político o cultural. 

El diccionario Merriam-Webster la definió como «estar consciente y activamente atento a hechos y cuestiones importantes, especialmente materias de justicia racial y social». Su origen etimológico se encuentra en el inglés vernáculo afroamericano.

Sus activistas son ajenos a todo debate que no confirmen sus ideas, es entonces cuando se prohíbe, se frustra, se impide.

Críticos con la cultura Woke han cuestionado la existencia de estos perjuicios. Si en la cultura del honor existe una baja tolerancia a la ofensa y los hombres defienden su reputación incluso llegando a la violencia, en la cultura de la dignidad la persona tiene valor por sí misma independientemente de su reputación. Un desaire, una descortesía no resta valor alguno a su persona.

Pero en la cultura del victimismo, como nueva cultura moral, la sensibilidad a lo más leve es motivo bastante para convertirse en víctima. Lo más insignificante e intrascendente puede ser identificado como una agresión y generar reacciones desproporcionadas. A priori, resulta difícil trazar una línea que advierta de este peligro, porque el umbral de sensibilidad es distinto en cada persona.

Con sus quejas, legitima sus aspiraciones porque el estatus de víctima confiere una preeminencia moral ante la sociedad. Sobre un análisis más exhaustivo podría considerarse una modalidad de acoso psicológico: el acoso ascendente. No siempre el identificarse como víctima implica haberla sido en verdad, creo que es un matiz que debe ser objeto de mayor análisis, y en su caso, ser analizado por tribunales a través de las leyes dictadas para evitar discriminaciones, que las hay y publicadas también por organismos internacionales.

Campbell y Manning sostienen que las autoproclamadas víctimas consiguen presionar al «disidente» forzándole a adoptar decisiones o actitudes que violentan su libertad de pensamiento; su actividad docente o investigadora queda comprometida.

Aquí hallamos una deficiencia sistemática y que evidencia una cierta artificiosidad de este movimiento. Si la cultura woke reacciona frente a daños ocasionados contra minorías sociales, no puede entenderse cómo en defensa de sus fines culturales provoquen otros daños a otros.

Lo cierto es que no se exigen unas pruebas diagnósticas para evaluar el impacto emocional de tales contenidos. El daño viene determinado por el mensaje, el manual de estudio o, simplemente, por el perfil del profesor o directivo. Solo una sospecha es suficiente para excluir. La conjetura es causa bastante para iniciar una censura caprichosa...el prejuicio impera y, con ello, resurge un viejo sesgo social que quiso ser abolido tras el Renacimiento y la Ilustración, movimientos que reaccionaron contra toda subjetividad imperante.

En las sociedades humanas el estatus moral está conectado al estatus social y dado que el papel de víctima depende de las agresiones, se prosigue sin fin una carrera de denuncias continuas y persistentes.

Defiende esta cultura el revisionismo histórico o descolonización; la teoría critica de la raza; la teoría critica del género, la cultura de la muerte...

Si bien cada causa tiene su propia naturaleza, la concurrencia de varios factores de discriminación en una persona recibe el nombre de interseccionalidad. Se orienta de este modo el nivel de dificultad que ha debido sufrir el miembro de la minoría supuestamente discriminada.

Para Crenshaw la finalidad es reconocer que se está en deuda con estas personas, es un apriorismo sin justificación probatoria.

Como ejemplo, Shapiro expone que los hombres deben reconocer su masculinidad tóxica para evitar ser repudiados...

Es una ideología construida sobre el ataque, sobre una cierta subversión, que polariza el ambiente en donde se instala y atomiza la comunidad frustrando proyectos que requieren de colaboración y contribución de todos. No hay ganadores y solo pierde una sociedad en un mundo fuertemente jerarquizado por la economía internacional.

No se persigue, alega Greg Lukiannof, conservar el principio socrático de enseñar cómo pensar, origen del pensamiento crítico, sino, más bien, qué se debe pensar.

El hombre reduce su racionalidad y su libertad de elección, la relevancia de la persona queda seriamente comprometida, así como el progreso que toda civilización anhela en el bien común para todos.

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