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El revisionismo histórico o descolonización Woke

Descubrimiento de América.
photo_camera Descubrimiento de América.

Para la cultura Woke el revisionismo histórico o descolonización consiste en un esfuerzo continuo y profundo que persigue el desmantelamiento de la discriminación por raza o color. La descolonización significa desaprender, olvidar activamente el legado peligroso y dañino de la colonización, particularmente las ideas racistas de que las personas negras, indígenas y de color (BIPOC) son inferiores a los europeos caucásicos pues todo lo hecho por el hombre blanco es destructivo, vejatorio e infame.

Bock-Côté, sociólogo canadiense, denuncia el racismo de la cultura Woke porque considera a las sociedades occidentales y a sus estructuras sociales como entes pervertidos, precisamente por ser blancas y occidentales… sin mayor descripción y fundamento.

Presenciamos un racismo de geometría variable: implacable contra el blanco y compensatorio con las minorías raciales o étnicas de cuyo recorrido histórico olvidan sus episodios de esclavitud y sus otras sombras de crueldad. Pueblos de blancos oprobiosos y pueblos nativos oprimidos por una civilización occidental es un cliché publicitario, pero no es una realidad justificada, las generalizaciones, admitámoslo, siempre pecan por su imprecisión y por su exceso.

España no es un país racista, nunca lo ha sido y nunca lo fue. El Descubrimiento de América, por ejemplo, permite constatar una fusión de razas y de culturas protegidas por España. Prácticamente desde el principio, la Corona y la Iglesia se opusieron a la esclavización de los indígenas.

La reina Isabel Junto a los cardenales Cisneros y Talavera la prohibieron tajantemente, y solo se admitió para casos muy excepcionales, voluntad recogida en el testamento de la monarca en 1504.

Pero como suele ocurrir siempre y en todos los tiempos, la lejanía de los territorios, las burocracias y la voluntad codiciosa de algunos hombres burlaron las prohibiciones. Célebre fue el sermón de fr. Antonio de Montesinos, en la navidad de 1511 , en Santo Domingo, quien negó la absolución a los españoles que ejercitaran la esclavitud.

Estas tensiones políticas obligaron a Fernando II, regente de la corona española, al dictado de las Leyes de Burgos u Ordenanzas para el tratamiento de los indios, el 27 de diciembre de 1512. Fue una norma que procuró tratar con más justicia a los naturales americanos (RAH,2008) y ha sido considerada como antecedente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Cabe esgrimir con orgullo que España fue la única nación en el mundo en donde el encuentro con nuevas razas se convirtió en cuestión de Estado.

Una circunstancia que explica el escaso impacto del color de la piel en el reino de España es la vida del Inca Garcilaso de la Vega. Hijo del capitán Garcilaso, natural de Badajoz, casó con la hija de Huallpa Tupac, hijo legítimo de Tupac Inca Yupanqui y de la Coya Mama Ocllo, su legítima mujer, y hermana de Huayna Capac, último rey natural de aquel Imperio llamado Perú como escribe el propio Inca Garcilaso. La madre era una palla que seguía en rango a la coya y a la ñusta y antecedía a la aui. Las primeras se traducen como reinas, las segundas, como princesas.

Muchos más hechos han mostrado una voluntad sincera de concordia y hermandad que España siempre ofreció a otras gentes. Citar al catedrático Juan de Sessa, conocido como Juan Latino, de origen etíope, que en Granada alcanzó la cátedra de Gramática y Lengua Latina en 1556. Casó con una noble española en 1547.

Permíteme citar otro por su actualidad, en estos tiempos de pandemia, que servirá para descubrir la irrelevancia que para España tuvo la raza o el color de la persona.

Carlos IV en su decidida voluntad de proteger a todos los españoles frente a una enfermedad mortal, como era la viruela, envió desde La Coruña, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, 1803-1806, hacia América y Filipinas evitando una tragedia indudable ante un virus letal.

Nunca estos pueblos que se consideran agraviados por haber estado gobernados por España podrán demostrar haber recibido un acto de tanta generosidad como el realizado por el rey para evitarles la muerte. Y nunca podrán mostrar que ellos hayan hecho algo similar o cercanamente parecido para otros o para sí. No hablo del poder técnico, de la disposición de la ciencia, sino de la voluntad y ánimo de compartirla y salvar a todos. Esto realmente es lo triste y lo que constituye un agravio injustificado hacia España.

La nueva cultura identitaria pretende cambiar el pasado, amoldarlo a nuevos paradigmas ideológicos privándonos de su autenticidad.

El Diccionario de la Real Academia define la historia como disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos pasados.

Si se quiere borrar aquellos hechos o simplemente olvidarlos, vaciar la historia de todo lo real, entonces dejaría de ser historia para convertirse en ideología.

Para Ortega y Gasset, la historia no es solamente ciencia sistemática de la realidad radical. […] Sino que mucho más que la física es ciencia de causaciones y, como la física, no investiga sino eso. Todo lo que no es proceso de efectuación no tiene realidad histórica, como no lo tiene en física lo que no da lugar a establecer una función.

Su utilidad como ciencia es la de orientar convicciones y actos hacia un fin que se presume dirigido hacia la plenitud del hombre. La historia no es solamente cronología sino sucesión de hechos conectados que producen un resultado. La retrospectiva siempre ha ayudado a comprender los efectos presentes de las causas del pasado.

Cambiar los sucesos pasados a gusto de culturas del presente es una arrogancia ideológica que contamina y adultera la utilidad, el fin y el concepto mismo de historia, despojándola de referentes auténticos.

La evolución del pensamiento del hombre hacia ideas más justas y equitativas necesita de referentes reales que constaten ese avance. Su desaparición nos encamina a una existencia sin más conquistas ni más triunfos y muy posiblemente a un punto muerto sin más avance ni progreso humanista.

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