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Adrià Ballester: de un pequeño gesto a un movimiento global

Salió a la calle con un cartel y dos sillas para regalar conversaciones

The Free Conversations Movement.
photo_camera The Free Conversations Movement.

Adrià Ballester salió a la calle hace más de cuatro años porque detectó una falta de comunicación interpersonal en la sociedad y quiso poner su granito de arena para remediarlo.

Ya se hablaba de este pequeño proyecto en 2019 en los medios, pero Adrià nunca imaginó que daría la vuelta al mundo. Voluntarios afincados en Barcelona, Galicia, Taiwán o México han salido a las calles motivados por la iniciativa de Ballester, convirtiéndose en un movimiento internacional llamado The Free Conversations Movement. Esto ha tenido un crecimiento orgánico ya que el fundados no ha dedicado tiempo a expandirlo, sino que lo ha hecho de manera natural.

En Toronto hay una persona que coordina voluntarios para comenzar en Norteamérica, en Ecuador y en París han empezado también a movilizarse y en Hong Kong han tenido que pararlo pero estaban trabajando en ello. En México, Gaal tiene 70 años y aunque sólo ofrece sesiones de conversaciones los viernes, se ha planteado ampliar los días y los horarios debido a la alta demanda de asistentes. Es tan sencillo como coger dos sillas, poner un cartel escrito a mano y esperar.

Resulta ser Adrià quien, ahora, forma a los voluntarios de manera que puedan salir a la calle y no busquen un beneficio personal, sino social y ayudar a las personas que necesiten una conversación humana cara a cara: “Hubo un hombre que quiso serlo pero tenía un fuerte sentimiento religioso, muy marcado. Luego nos han contactado muchos otros que venían del mundo del coaching, pero nos dio la sensación, con los que hablamos al menos, de que buscaban un beneficio personal más que otra cosa”.

Ballester asegura no ser psicólogo y compaginar su trabajo con el de ser voluntario conversacional. La idea le surgió de un día muy gris en el que se encontró con un señor mayor en la calle y al comenzar a hablar, aprendió y se calmó, y aunque no volvió a ver a aquel hombre, le dio una idea que cambiaría su vida: “Nunca he vuelto a saber de él, pero esa conversación me enseñó lo importante que es hablar, aunque sea con un desconocido”.

Los seres humanos estamos hechos para vivir en sociedad y para conversar de tú a tú, y Adrià volvió a sacar lo humano que nos han quitado las nuevas tecnologías. Y a pesar de haber tenido algún que otro encontronazo con la seguridad, no se rindió y asegura haberlo convertido en una forma de activismo, ya que lo hace de manera altruista.

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