Política

Los terroristas querían asesinarle en su despacho

El día que el juez Garzón se ofreció como cebo para acabar con un ‘comando’ de ETA

El periodista José Yoldi (ex de El País) revela en el libro ‘Peor habría sido tener que trabajar’ los secretos de sus principales exclusivas como redactor de tribunales

Portada del libro de José Yoldi.
photo_cameraPortada del libro de José Yoldi.

El veterano periodista, José Yoldi, tiene nuevo libro. En él desvela, por primera vez, algunas de los secretos de las exclusivas que ha ido publicando a lo largo de toda su carrera en Europa Press y en El País.

Yoldi, que salió de El País en el último ERE, publica en la Colección Rotativa de Libros.com esta obra que ya está disponible. En ella hace un repaso a toda su trayectoria profesional en base a las experiencias y juicios importantes que vivió como redactor de tribunales.

Al lector le llamará la atención cómo llegó a conseguir algunas de sus grandes noticias:

-- Cómo accedió al sumario del 23-F, con el que la agencia Europa Press consiguió una de sus mejores exclusivas.

-- Por qué no hubo afectados por el aceite de colza en Chapinería.

-- Los privilegios a los que tiene acceso uno cuando es periodista.

Pero quizá una de los secretos mejor guardados, y que ahora por fin ve la luz, es la historia de cómo Baltasar Garzón se ofreció como cebo para dar caza a un ‘comando’ de ETA. El Confidencial Digital ofrece a continuación algunos extractos del capítulo ‘No retarás al poder en vano’ sobre el ex juez de la Audiencia Nacional:

-- “La llegada de Baltasar Garzón a la Audiencia Nacional en 1988 constituyó toda una revolución. No había transcurrido medio año desde su aterrizaje, cuando el magistrado ordenó el ingreso en prisión de los policías José Amedo y Michel Domínguez por su vinculación con los GAL. Era la primera vez que un juez español se enfrentaba a las tramas de la guerra sucia contra ETA que, precisamente, eran dirigidas desde el Ministerio del Interior.

-- El magistrado era hiperactivo y, aparte de las causas contra los GAL, revolucionó también la lucha contra la droga. En 1990 montó la denominada Operación Nécora contra el narcotráfico gallego. Era también la primera vez que se veía a un juez dirigiendo la investigación desde un helicóptero o a bordo del barco apresado. Los detenidos eran legión y de esa forma empezaron realmente los macroprocesos en la Audiencia Nacional, porque el de la colza había sido una excepción. La Nécora fue el primero de los de Garzón, pero luego hubo muchos otros, como, por ejemplo, la Operación Pitón, contra el clan de los Charlines.

-- Todas estas causas le generaron notables e importantes enemigos. Los narcos intentaron sin éxito ingresar 50 millones de pesetas en su cuenta corriente para demostrar que estaba comprado, y, sin que nadie supiera cómo había ocurrido, alguien colocó una piel de plátano en medio de su cama –su perro, un pastor alemán, fue encontrado drogado– mientras su domicilio estaba protegido por la Guardia Civil.

-- Aunque pueda parecer lo contrario, la mayor actividad de Garzón la realizó contra ETA y su entorno. El juez hizo más por acabar con la banda terrorista que muchos que llevan toda la vida presumiendo de ello. Fue el primero que –tomando como base los documentos del Proyecto Udaletxe incautado a los etarras– estableció que ETA no eran solo sus comandos, sino también todos los aparatos de financiación, mediático, internacional, de sostenimiento a los presos, de dinamización o las juventudes. Y se dedicó a desarticular todas las estructuras paralegales, alegales e ilegales de la organización terrorista. Cerró el diario Egin; asfixió económicamente a la organización al cortar todas sus fuentes de financiación, incluidas las subvenciones por promoción del euskera, y descabezó la cúpula de Batasuna tantas veces que ya parecía la labor de Sísifo.

-- Los etarras le pusieron en su punto de mira y un comando tenía previsto asesinarle desde un ático de la calle Génova desde el que se veía nítidamente su despacho en la Audiencia Nacional. La policía se percató de la operación y avisó a Garzón, que no puso ninguna pega a ser utilizado como cebo, aunque los etarras también se dieron cuenta de la vigilancia y no cayeron en la trampa.

-- Por aquellos días estuve en su despacho y le taché de inconsciente cuando me enteré de que se había prestado voluntariamente a hacer de blanco.

-- ¿Y si la policía falla? –le espeté–. ¿Lo sabe Yayo (su mujer)? Menos mal que por lo menos ya te han puesto cristales blindados…

-- El presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger, había prometido al conocer la amenaza que, después de servir de cebo, se pondrían cristales blindados en el despacho del juez y los ventanales ya no eran transparentes, como habían sido hasta ese momento, sino traslúcidos, por lo que yo interpreté que habían instalado los vidrios antibala.

-- Garzón no contestó, simplemente se giró un poco en el sillón y con la uña del dedo dio tres golpecitos en el cristal, clinc, clinc, clinc, y me miró. Eran los mismos cristales de siempre a los que habían pegado una lámina de vinilo autoadhesivo Aironfix que difuminaba la silueta. Ni blindaje ni nada por el estilo.

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