Descalabro de Iglesias, Sánchez salva los muebles y subidón de los nacionalistas

PNV y Bildu suman dos de cada tres votos y el BNG le da el sorpasso al PSOE y se come a Podemos. Casado sale debilitado y Vox irrumpe en el Parlamento Vasco

Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados.

Todo sigue (casi) igual en Galicia y el País Vasco. Las elecciones autonómicas de este domingo 12 de julio no provocarán cambios ni en la Xunta de Galicia ni en el Gobierno Vasco: Alberto Núñez Feijóo seguirá gobernando con mayoría absoluta, e Íñigo Urkullu continuará como lehendakari con el apoyo del PSE, su socio de la anterior legislatura, ahora sin necesitar el apoyo puntual de más partidos.

En la actual situación de crisis sanitaria, económica y social por la epidemia del coronavirus, los partidos gobernantes y sus líderes refuerzan su liderazgo. La gestión por ahora no les pasa factura, al contrario.

Más allá de la permanencia de los actuales presidentes autonómicos, estos comicios dejaron algunos datos con lecturas a nivel nacional.

Uno afecta al Gobierno de Pedro Sánchez: mientras que los socialistas se mantienen prácticamente en los mismos niveles de voto de hace cuatro años -no recuperan terreno, pero tampoco retroceden-, Podemos se deja casi la mitad de sufragios en el País Vasco y, lo que es más relevante, desaparece del Parlamento gallego cuatro años después de dar el ‘sorpasso’ al PSdG y quedar en segunda posición.

Podemos desaparece en Galicia

Podemos, y concretamente Pablo Iglesias, llegó a presumir en sus años de mayor representación en el Congreso de que había logrado conectar con buena parte del electorado en las comunidades autónomas con mayor sentimiento nacionalista, como Cataluña, País Vasco y Galicia.

De hecho, el partido morado y sus confluencias fueron los más votados en las dos primeras comunidades en las elecciones generales de 2015 y de 2016. Y consiguió adelantar al PSdG en las elecciones autonómicas de 2016 y quedar, con la coalición En Marea, como segundo partido por detrás del PP de Núñez Feijóo, adelantando así a los socialistas.

Cuatro años después, Podemos (que se presentó con IU y con Anova, pero con parte de las Mareas escindidas en Marea Galeguista) pasa de primer partido de la oposición a quedarse sin un solo diputado en el Parlamento de Galicia.

Los 273.523 votos, 19,07% y 14 escaños de hace cuatro años se convirtieron este domingo en 48.870 votos (un 82% menos), un 3,9%, y ningún diputado.

El nacionalismo gallego liderará la oposición

El espacio político de Podemos lo ha ocupado casi por completo el Bloque Nacionalista Galego. El BNG, que se había visto reducido a seis escaños (8,33% de voto), experimenta una auténtica resurrección: de 119.446 votos pasa a rozar los 300.000, consigue 19 escaños y sitúa al nacionalismo gallego (aunque también En Marea tenía cierto componente nacionalista por la presencia de Anova de Xosé Manuel Beiras) en el 23,75% de los sufragios, cerca del tope del BNG de Beiras en 1997.

El PSdG pierde 10.000 votos, mantiene sus 14 escaños, sube dos puntos porcentuales pero no recupera el liderazgo de la oposición a Feijóo. Vox y Cs fracasan de nuevo en su intento de entrar en el Parlamento de Galicia, con el partido de Abascal casi triplicando a los de Arrimadas.

Podemos se queda en la mitad en el País Vasco

El descalabro de Podemos y el avance del nacionalismo se dio, en otras magnitudes, también en el País Vasco. Allí Podemos se deja casi la mitad de los votos -de 157.334 a 70.696 sufragios-, pero con el crecimiento de la abstención maquilla el resultado en porcentaje (del 14,86% al 8,06%) y en diputados: pasa de once a seis escaños en el Parlamento de Vitoria.

La abstención en el País Vasco, con el coronavirus y la victoria asegurada del PNV, creció desde el 39% hasta el 47%, mientras que en Galicia bajó del 46% al 41%.

El PNV perdió votos (de 398.168 a 343.120), pero ganó porcentaje de votos (un 39,12%, frente al 37,60%) y escaños. Pasó de 28 a 31, lo que facilita reeditar la coalición de gobierno actual con el PSE, que también subió de 9 a 10 escaños: sumarán así 41 escaños, tres por encima de la mayoría absoluta de 38. Antes tenían 37, por lo que no necesitarán pactos puntuales en el Parlamento Vasco para sacar adelante sus proyectos.

PNV y EH Bildu suman ya el 66%

Con la presidencia de Íñigo Urkullu clara y la caída de Podemos, otro titular claro del 12-J en el País Vasco es el subidón del nacionalismo.

EH Bildu ya era segunda fuerza, pero ahora crece (es el único partido con representación que gana votos en un contexto de caída de la participación) con fuerza: del 21,26% al 27,74%, y de 18 a 21 escaños.

Con estos resultados, la suma del Partido Nacionalista Vasco y de la izquierda abertzale pasa del 58,86% de hace cuatro años al 66,86%: dos de cada tres votos fueron para opciones nacionalistas o independentistas. Suman ya 52 de los 75 escaños de la cámara autonómica, frente a los 46 que tenían hasta ahora, en caso de que el PNV se lance a alguna reforma del Estatuto en clave soberanista o impulse alguna otra iniciativa similar.

PP y Cs no suman e irrumpe Vox

La coalición del PP y Cs no consiguió frenar la progresiva decadencia de los populares: cosecharon 6 diputados, frente a los 9 que tuvieron en solitario en 2016.

La gran novedad la puso Vox, que si bien se ha quedado fuera del Parlamento de Galicia, sí entra por primera vez en el vasco: tendrá un escaño por Álava, la provincia de origen y donde se forjó como concejal su líder, Santiago Abascal.

El PSOE de Sánchez ni avanza ni retrocede

Los malos resultados obligaron a Pablo Iglesias a reconocer -en un mensaje en Twitter- que Podemos y sus aliados habían sufrido “una derrota sin paliativos”: “Perdemos buena parte de nuestra representación en el Parlamento Vasco y quedamos fuera del Parlamento de Galicia. Nos toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido”.

Menos análisis tuvieron los mensajes de Pedro Sánchez, que se limitó a felicitar a los ganadores y a los candidatos socialistas, Gonzalo Caballero e Idoia Mendia.

El descalabro de Podemos en sus primeras elecciones desde que participa en el Gobierno de España matiza el resultado del PSOE, que no avanza, ni consigue arrebatar la Xunta de Galicia al PP, pero no sufre ningún correctivo severo aún con la epidemia de coronavirus presente.

Los socialistas no consiguieron al menos recuperar el liderazgo de la oposición en Galicia, al verse claramente superados por el BNG. Pero al menos en el País Vasco ganan un diputado, suben de la cuarta a la tercera posición (adelantando a Podemos), y se consolidan como socios del PNV.

El PP, entre Casado y Feijóo

Peor fue este 12-J para el líder del principal partido de la oposición. Pablo Casado se enfrentaba en estas elecciones autonómicas a una situación compleja: impulsó a Carlos Iturgaiz en el País Vasco, apartando a Alfonso Alonso, pero al mismo tiempo la hegemonía de Alberto Núñez Feijóo, que gobierna con mayoría absoluta en Galicia desde 2009, supone una amenaza latente para su posición como presidente nacional del Partido Popular.

Dos presidentes de tendencia similar a Núñez Feijóo, el andaluz Juanma Moreno y el castellanoleonés Alfonso Fernández Mañueco, se apresuraron a destacar la victoria de Feijóo como el triunfo de “la centralidad” y “la moderación”.

Si bien casi señalar que la candidatura vasca de Iturgaiz era una coalición con Ciudadanos y en Galicia no hubo ese acuerdo, los resultados de estas elecciones autonómicos podrían provocar en el seno del PP lecturas para variar el rumbo actual de Pablo Casado hacia el centro, despegándose de la estrategia de oposición a Pedro Sánchez más cercana a Vox.

En todo caso, la posición interna de Pablo Casado queda debilitada, y la de Núñez Feijóo reforzada en el seno del Partido Popular.

Cs y Vox sólo entran en el Parlamento Vasco

No fueron buenos resultados para Vox ni Ciudadanos en Galicia, ya que quedaron fuera del parlamento autonómico. En el País Vasco los de Abascal consiguieron su primer escaño, y por su parte Cs logró dos de los seis que obtuvo la coalición con el PP, algo que por separado hubiera sido mucho más improbable para los de Inés Arrimadas.

La fórmula PP+Cs no consiguió frenar la caída en el País Vasco, pero al menos mantiene su presencia en el Parlamento Vasco con 6 diputados. Esta coalición precede la que en principio se negocia también para Cataluña entre Ciutadans y el PP.