Política

Lágrimas en la sede de Ciudadanos tras el anuncio de dimisión de Albert Rivera

Militantes del partido formaron un pasillo para recibir al líder, Lorena Roldán salió con un paquete de pañuelos, Marcos de Quinto bebía Coca-Cola...

Abrazos de consuelo en la sede de Ciudadanos.
photo_cameraAbrazos de consuelo en la sede de Ciudadanos.

Albert Rivera deja el liderazgo de Ciudadanos trece años después de ser elegido por los impulsores del partido catalán, en 2006. El desplome en las elecciones generales de este 10 de noviembre han llevado a Rivera a renunciar a su cargo, al haber quedado en diez diputados los 57 que consiguió en la anterior convocatoria electoral.

Este lunes 11 se ha conocido la decisión de Rivera de dimitir de su cargo de presidente nacional de Ciudadanos, algo que ha confirmado después en rueda de prensa. Los momentos previos a la comparecencia han sido también de consternación y tristeza en la sede madrileña del partido naranja, en la calle Alcalá.

La sala de prensa de la sede se ha ido llenando primero de periodistas, después de algunos militantes que pese a la magnitud de la derrota han querido acercarse. “No sé para qué he venido, porque para llorar...”, comentaba una militante.

Y es que las lágrimas se veían en las caras de militantes, trabajadores y dirigentes de Cs. Por ejemplo, la líder en Cataluña, Lorena Roldán, apareció con un paquete de pañuelo de papel en la mano, llorando visiblemente.

Bajaron otros dirigentes como Juan Carlos Girauta, Carlos Carrizosa, Edmundo Bal, el vicepresidente madrileño Ignacio Aguado, el ex presidente del PP y ahora consejero madrileño Ángel Garrido... también Marcos de Quinto, uno de los pocos que conserva su escaño, se dejó ver bebiendo una Coca-Cola; no hay que olvidar que antes de dar el salto a la política fue directivo de la multinacional estadounidense.

Uno de los más afectados era José Manuel Villegas, secretario general y uno de los hombres que durante todos estos años ha sido mano derecha de Rivera.

Además de los dirigentes, también hubo algunos militantes en la sede. Minutos antes de que saliera Rivera, formaron un pasillo por la puerta por la que saldría el dimitido presidente de Cs. Cuando apareció, le dedicaron un aplauso cerrado.

Muchos de ellos lloraban, otros se abrazaban con gestos de consuelo entre caras serias y llorosas, en una sala de prensa dominaba por un silencio sepulcral. Algunos ni siquiera se quedaron a escuchar a Rivera: envueltos en llanto, se marcharon llorando.

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