Política

Moncloa llamó la atención a Margarita Robles por incumplir la consigna de ‘proteger’ a Yolanda Díaz

Tiene ordenado a los ministros socialistas que eviten ‘machacar’ a la vicepresidenta porque es la única vía para seguir gobernando, ahora y después de las generales

La ministra de Defensa, Margarita Robles.
photo_camera La ministra de Defensa, Margarita Robles.

Margarita Robles ha sublevado a Moncloa. Se ha ‘atrevido’ a desafiar a Yolanda Díaz y sus críticas a la partida de 1.000 millones para gasto militar, planteándole que anuncie su oposición a la construcción de nuevas fragatas en astilleros gallegos. La bronca le ha valido a la ministra de Defensa una llamada de atención desde el entorno de Pedro Sánchez.

El envite de Robles mencionando El Ferrol, donde reside la vicepresidenta, no solo ha molestado a la propia Díaz, sino también al equipo de Pedro Sánchez en Moncloa, que se está dedicando a tender puentes con sus socios. 

Según ha podido confirmar Confidencial Digital por fuentes con acceso a La Moncloa, el núcleo duro del presidente, entre ellos el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, ha reprochado a la titular de Defensa no ‘proteger’ a la vicepresidenta, saltándose así la ‘instrucción’ de Sánchez de no atacarle y de evitar cualquier choque directo con los socios.

Robles, que no es militante socialista, se ha comportado en muchas ocasiones como un verso suelto dentro del Consejo de Ministros. En más de una ocasión no ha dudado en arremeter contra Podemos, antes contra Pablo Iglesias y ahora contra Ione Belarra, cada vez que el partido morado se ha desmarcado de la línea política marcada por el presidente.

El enfrentamiento cuerpo a cuerpo rompe también con las formas ‘amables’ de Yolanda Díaz y le acerca a los modos del ex líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, quien repetidas veces se enfrentó a “la ministra del PP”, como llaman los morados a Robles.

La única vía para gobernar

Según las fuentes consultadas por ECD, el presidente está dispuesto a que los miembros de la coalición dejen de pelearse en público, porque cree que eso decepciona a los votantes de izquierdas y les aleja de las urnas. “Nuestro mayor problema es la desmovilización”, zanjan en Presidencia. 

Aseguran también que Sánchez tiene en cuenta que “el espacio de Yolanda Díaz” es la única vía posible para seguir gobernando ahora, y lo mismo después de las elecciones generales previstas para diciembre de 2023.

En el entorno de Pedro Sánchez están obsesionados con tratar bien mediáticamente a Yolanda Díaz, por considerar, sin una vicepresidenta fuerte electoralmente, las opciones de que el PSOE repita en Moncloa más allá de 2023 son prácticamente nulas, como reflejan la mayoría de los sondeos de opinión, que sitúan al PP de Alberto Núñez Feijóo por encima de los socialistas en votos y escaños.

Los ministros han rebajado el tono

De hecho, destacan en Moncloa, el resto de miembros del Gobierno, de uno y otro bando, mantienen sus posiciones opuestas sobre el gasto militar pero han rebajado el tono.

 

Recuerdan que Yolanda Díaz ha sostenido que es hora de “serenidad y ánimo de llegar a acuerdos” sobre las futuras cuentas públicas, aunque reivindicó su derecho a reflexionar si hay que duplicar el gasto en Defensa para llegar a los 22.000 millones, cuando el presupuesto de su departamento está en 30.000 millones y asume políticas como los ERTE o las prestaciones por desempleo. La vicepresidenta pidió al ala socialista que acepte el debate “sin arrinconar a nadie”.

Por su parte, la ministra portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, consideró innegociable el incremento del gasto militar puesto que se trata de “un compromiso de país”.

Segunda gran bronca en un mes

Fuentes socialistas recuerdan que es la segunda bronca de Pedro Sánchez a la ministra de Defensa en poco más de un mes. La crisis del “caso Pegasus”, sobre escuchas a dirigentes independentistas catalanes, provocó una fuerte discusión cara a cara en La Moncloa entre el presidente del Gobierno y la ministra de Defensa.

Según relatan a Confidencial Digital fuentes con acceso a Presidencia, se escenificó un muy duro enfrentamiento verbal entre ambos, centrado en la responsabilidad del Centro Nacional de Inteligencia y en las medidas que se podía tomar contra la institución y contra su directora, Paz Esteban, a la que el presidente había decidido destituir.

Defensa en público

Apenas estallar el escándalo de las consultas, y antes de esa bronca en La Moncloa, la ministra de Defensa, de quien depende orgánicamente el CNI, protagonizó en el Congreso de los Diputados una firme defensa de la persona y profesionalidad de Paz Esteban y de su trabajo al frente del servicio de información.

Robles se resistió a la decisión de destituir a la directora, y así lo mantuvo personalmente con Sánchez, de forma ardorosa. Sin embargo, las fuentes consultadas insisten en que un presidente del Gobierno no puede permitir que un miembro del Gobierno le lleve la contraria, y le impuso el cese de Paz Esteban.

Controlar el CNI

Robles se aplicó a “gestionar” esa crisis de la forma más favorable para ella, de modo que, al final, el CNI siguiera bajo su control, no solamente administrativo sino también respecto a su actividad futura.

Para ello, activó la candidatura de Esperanza Casteleiro para dirigir el Centro, aunque eso le costaba prescindir de su mano derecha en el ministerio. 

Con ese nombramiento, volvía a apostar por una mujer, tranquilizaba al personal del servicio de inteligencia porque se trata de una persona “de dentro” y con larga trayectoria, y al mismo tiempo se garantizaba que colocaba en la cúpula a alguien que le es leal y le mantendrá informada de todo.

La conspiración de Félix Bolaños

Un trasfondo más de estos movimientos es la conspiración que había puesto en marcha Félix Bolaños.

Con la excusa de devolver el CNI a Presidencia del Gobierno, como había sucedido en ocasiones pasadas (por ejemplo, con Soraya Sáenz de Santamaría de vicepresidenta y ministra de Presidencia), lo que planeaba lograr era hacerse con el mando, puesto que orgánicamente el Centro se ubicaría en el Ministerio de Presidencia, que es que él dirige.

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