Política

La otra cara de la moción: incidente Sánchez-Becerril por ETA, las prendas republicanas de Podemos y Vox haciendo equipo

1) El presidente recurrió a la encíclica del Papa como argumento político. 2) Casado no dejó de interactuar con Montesinos. 3) Varios trabajadores del partido de Abascal ocuparon la bancada de invitados

Santiago Abascal presenta su moción de censura en el Congreso
photo_camera Santiago Abascal presenta su moción de censura en el Congreso

La primera moción de censura tras la que derribó a Mariano Rajoy de la Presidencia comenzó a debatirse este miércoles en el Congreso de los Diputados  y dejó un rastro de detalles y símbolos –ropa conjuntada para apoyar el republicanismo, mascarillas de apoyo a Vox en la tribuna de invitados- que ha sobrevolado durante los discursos del partido de Santiago Abascal y las réplicas de Pedro Sánchez. 

Estos fueron algunos de los momentos más significativos que se vivieron en la primera jornada de la moción:

-- La nota dramática fue la interrupción de Teresa Jiménez-Becerril, diputada del Partido Popular por Sevilla, al presidente del Gobierno. La diputada, hermana de un concejal del PP en Sevilla asesinado por ETA, protestó airadamente cuando Sánchez aseguró que el PSOE había derrotado a la banda terrorista.

“Eso no es verdad”, se pudo escuchar repetidas veces en el hemiciclo tras la aseveración del presidente. Muchos diputados se giraron para mirar a Jiménez-Becerril, que se encontraba en las últimas filas de la bancada del PP. El presidente interrumpió su discurso, sin mirar a la diputada, y Meritxell Batet, presidenta del Congreso, llamó al orden en dos ocasiones a Jiménez-Becerril y a la bancada de la derecha: tanto los diputados del PP como los de Vox aplaudieron la interrupción de la diputada popular. “La he aplaudido porque yo ahí no veo una rival, veo dignidad”, aseguró después Macarena Olona a ECD durante un receso del debate.

-- Minutos antes de las nueve de la mañana, Iván Espinosa de los Monteros se dispuso a cruzar el pasillo que conduce al hemiciclo del Congreso de los Diputados, acompañado por el diputado Manuel Mariscal y por un asesor. Desde la escalera, una asesora les advirtió: “No deben salir ante las cámaras de televisión sin el resto de la cúpula del partido”. Poco después llegó Javier Ortega Smith y otros seis integrantes del equipo de Vox. Ya estaban listos para proyectar una imagen de unidad ante los medios y dirigirse a sus asientos. 

-- Pese a la sensación de indiferencia generalizada ante una moción de censura condenada al fracaso, las formaciones de izquierda organizaron varios gestos simbólicos. Tres diputadas de Unidas Podemos, Martina Valverde, Rosa Medel y Antonia Jover, eligieron un atuendo que no parecía casual: la primera llevaba un vestido rojo; la segunda, un pañuelo amarillo; y la tercera, otro de tonos morados. Un mensaje no verbal de aires republicanos al estilo de los que emplea Arancha González Laya, ministra de Asuntos Exteriores, conocida por enviar mensajes a través de su vestimenta. 

-- Aina Vidal, de En Comú Podem, tuiteó a primera hora que se encontraba presente en el acto. “Fuck cancer”, concluía en su tuit la diputada que fue ovacionada en enero, en un insólito gesto de conciliación parlamentaria, por acudir a la última votación de investidura de Pedro Sánchez a pesar de su enfermedad.

-- El ambiente en el hemiciclo reflejó pasividad ante el discurso de Ignacio Garriga, el diputado de Vox que presentaba la moción. Pero hubo excepciones: en la bancada popular, Pablo Casado se mostraba nervioso. El líder de la oposición consultó regularmente a su portavoz, Cuca Gamarra, y su teléfono móvil. Apenas miró a Garriga o a Santiago Abascal durante sus intervenciones. Pablo Montesinos, su secretario de comunicación, apareció en varias ocasiones en el hemiciclo para hablar con él.

-- Los ministros del Gobierno de coalición mataron el tiempo de formas diferentes durante el primer discurso. Margarita Robles y José Manuel Rodríguez Uribes eligieron concentrarse en su móvil. Yolanda Díaz escribía en un bloc de notas y consultaba regularmente a Isabel Celaá y José Luis Ábalos acerca de los documentos en los que trabajaba. Manuel Castells es el ministro que más concentrado parecía en el discurso de Garriga: se inclinaba regularmente para hacer breves comentarios ante José Luis Escrivá.

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Mientras tanto, Pedro Sánchez prestaba atención al orador mientras ojeaba de vez en cuando un cuaderno con anotaciones sobre su propia intervención. A su lado, el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias enviaba frenéticamente mensajes por el móvil. Irene Montero charlaba animadamente con sus compañeros de asiento, Alberto Garzón y Pedro Duque, quien, a excepción de estas interacciones, se mantuvo hierático durante el resto del debate.

-- En los momentos previos a su intervención, Santiago Abascal escribía notas concentrado mientras, a su lado, Macarena Olona y Espinosa de los Monteros comentaban la intervención de Garriga. A medida que avanzaba el debate, algunos afiliados a Vox fueron apareciendo en la tribuna del público. Estos espectadores también portaban simbología propia. Su afiliación se identifica por las mascarillas que ahora acostumbran a llevar en el partido de la ultraderecha: verde corporativo con la rojigualda como logo.

-- El desinterés por el discurso de presentación de Garriga se palpaba entre los diputados. Inés Arrimadas abandonó el hemiciclo tras sólo quince minutos de intervención. Ana Oramas aguantó hasta el minuto 50 de un discurso que no superó la hora y media de duración. “Ha sido una intervención átona y decepcionante”, declaró a ECD la diputada de Coalición Canaria, molesta por lo que considera han sido dos intervenciones carentes de propuestas. “La gente está cansada”, ha rematado. 

-- Apenas diez minutos después de comenzar su exposición, el candidato a la presidencia del Gobierno reclamó a los diputados que se vistieran correctamente. “Esto no es una taberna, y mucho menos una herriko taberna”, expresó Abascal. Los enemigos de España, proclamó reiteradamente durante las dos horas de su discurso, son George Soros, el globalismo internacional, el bipartidismo de la Unión Europea o el Partido Comunista Chino, entre otros. “Nadie va a venir a salvarnos de ahí”, señaló con desprecio a Pablo Casado en un momento de su intervención, “ni de Europa: a España solo la pueden rescatar los españoles”.

-- En la mesa del Congreso, Gloria Elizo se abanicaba con un folio mientras aguardaba pacientemente a que acabara el discurso. Varios ministros optaron por abandonar temporalmente la sala. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, es quien más tiempo se ausentó del debate. María Jesús Montero y Fernando Grande-Marlaska despachan entre sus bancadas, sin prestar atención al candidato. Aitor Esteban (PNV) parecía hastiado de todo y no levanta la cabeza en prácticamente todo el debate. 

-- Los diputados no ocultaron su hastío. Desde las filas populares atendieron llamadas de teléfono, las bancadas se vaciaban con frecuencia y Pedro Sánchez volvía a consultar sus folios. Antes de subir a la tribuna, formó un corrillo con Pablo Echenique (UP), Agustín Zamarrón (PSOE) y Aitor Esteban. La ministra María Jesús Montero se acercó para darle ánimos efusivamente. Mientras, Yolanda Diaz habló unos minutos con Pablo Iglesias, que no se movió de su escaño en todo el receso.

-- En su intervención, el presidente hizo referencia a la encíclica del Papa Francisco, ‘Fratelli Tutti’, en relación con la acogida de migrantes a la que se refiere el Pontífice, quien se verá con Sánchez el próximo sábado. “Acoger, proteger, promover e integrar: son verbos completamente distintos a los que usted ha hecho referencia al hablar de inmigración”, ha espetado el presidente en su intervención. Sánchez ha tirado de ironía al señalar la petición de Abascal de mejorar el decoro en la cámara (“Vox no es fascismo, es estilismo”) y ha provocado el silencio de los diputados al preguntarle a Abascal el motivo de la moción: “Si ustedes no están interesados en ganar la moción, ¿qué hacemos aquí?”.

-- El brindis de los Tercios de Flandes: durante su discurso, Abascal atacó duramente a Pedro Sánchez por su gestión de la epidemia del coronavirus, a su juicio “la peor del mundo”. Lamentó que miles de personas, sobre todo mayores, murieran solos, sin asistencia de un sacerdote en casos que lo hubieran querido, y “sin la mano de un buen hijo para cerrarle los ojos”.

No fue una frase original de Abascal, sino un guiño literario del líder de Vox. Distintos dirigentes de Vox, sobre todo Javier Ortega Smith, suelen recitar en algunas ocasiones un poema que se suele denominar “el brindis de los Tercios de Flandes”. Con él celebraron los resultados electorales del 10 de noviembre de 2019.

Es en realidad un fragmento de la obra de teatro “En Flandes se ha puesto el sol”, escrita en 1910 por Eduardo Marquina. En un momento de la obra, un capitán de los Tercios españoles proclama: “¡Por España! / y el que quiera defenderla / honrado muera; / y el que traidor la abandone / no encuentre quien le perdone, / ni en tierra santa cobijo, / ni una cruz en sus despojos, / ni la mano de un buen hijo / para cerrarle los ojos”.

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