Política

Pedro Sánchez ha diseñado personalmente los equipos de los nuevos ministros sin dejarles elegir

Moncloa ha querido asegurar que los colaboradores de los nuevos titulares de las carteras sean personas de confianza y especialmente “comprometidas con el proyecto socialista”

Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez (Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo).
photo_camera Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez (Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo).

El pasado 12 de julio tomaron posesión de sus cargos los nuevos ministros que han entrado en el Gobierno tras la remodelación ordenada por Pedro Sánchez. Primero pasaron por La Zarzuela y luego estuvieron en sus respectivos departamentos. Al día siguiente empezaron a conocerse los nombramientos de nuevos altos cargos de la Administración.

Iván Redondo y Félix Bolaños estuvieron examinando en Moncloa a los candidatos a entrar a formar parte del Gobierno, aunque sin decirles con qué objeto hablaban con ellos, y, desde luego, sin desvelar que les iba a corresponder un ministerio y cuál iba a ser en concreto.

En el caso de Iván Redondo, se ocupó de ese cometido al principio, hasta que, cuando estaba a punto de finalizar el proceso, se produjo el desenlace de su salida del Gobierno. El proceso lo remató Félix Bolaños, el nuevo hombre fuerte en Moncloa.

El objeto de esas conversaciones con los candidatos era buscar currículum falseados, tesis copiadas, problemas con Hacienda, cuentas pendientes con la Justicia... Pedro Sánchez se propuso evitar polémicas que tuvieran que ver con el pasado de los integrantes de su recién nombrado “Gobierno de la recuperación”.

Currículums falseados

El ‘casting’ ha manejado, en primer lugar, los currículums de cada aspirante, para analizarlos con detalle y evitar así problemas como los que surgieron en el primer Gobierno de Sánchez, en 2018, con Màxim Huerta y Carmen Montón.

Se les reclamó a todos un ejercicio de “transparencia” a fondo. La mayoría de los citados eran miembros del PSOE, pero se han visto sometidos igualmente a unas “exhaustivas entrevistas personales”.

La idea del presidente es evitar que surgieran sorpresas con algún episodio polémico del pasado. Todo debía ser debidamente aclarado.

No sólo para elegir ministros

Según ha podido confirmar Confidencial Digital, los trabajos de selección continuaron las semanas siguientes, con el fin de designar a los futuros secretarios de Estado, directores generales, jefes de gabinete, lo mismo que a presidentes y directivos de organismos y de empresas públicas.

El núcleo duro de Pedro Sánchez decidió que, en la formación del Ejecutivo, no se dejara vía libre total a los ministros para formar sus equipos. Moncloa ha querido asegurarse de que los nuevos titulares de las carteras designaran a personas de confianza para los puestos de secretarios de Estado y otros cargos, a candidatos que estén especialmente “comprometidos con el proyecto socialista”.

 

Se citan situaciones pasadas que no gustaron, como el caso de Josep Borrell, que, tras ser nombrado ministro de Asuntos Exteriores, mantuvo como jefe de gabinete a Camilo Villarino, diplomático que había nombrado su antecesor, Alfonso Dastis, del PP.

Villarino fue designado después jefe de gabinete de la ex ministra Arancha González Laya y el juez que investiga la entrada en España del jefe del Frente Polisario, Brahim Gali, le ha citado como imputado y debe acudir a declarar este miércoles, 1 de septiembre.

Curiosamente, el nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares, decidió retirar la semana pasada la petición de plácet (visto bueno del país anfitrión) que se había propuesto para Camilo Villarino como nuevo embajador de España en Rusia. Ese movimiento ha sido desactivado.

Con esta estrategia de filtrar a los nuevos altos cargos, Presidencia del Gobierno trata también de garantizar una mayor coordinación entre ministerios, y desde los ministerios hacia Moncloa.

El caso Calviño

El sistema de supervisar los nombramientos para los segundos escalones ya se puso en marcha con el primer Gobierno que formó Pedro Sánchez, ayudado entonces por Iván Redondo.

Un ejemplo concreto es lo que ocurrió con Nadia Calviño. Pedro Sánchez le llamó y le dijo: “Quiero que estés en el Gobierno, pero tienes que decidirlo ahora, ya”. Calviño preguntó: “¿Podré elegir a mi equipo?”. La respuesta del presidente fue tajante: “Va a ser que no”.

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