Política

Pedro Sánchez es consciente de que, si la pandemia no ha podido con él, las consecuencias de la guerra pueden derribarle

El conflicto en Ucrania está provocando desabastecimiento de productos básicos, encarecimiento de los precios de la energía, fábricas paradas, falta de suministros…

photo_camera Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez está “altamente preocupado” por las consecuencias, para él y para su Gobierno de la guerra de Ucrania. Así lo reconocen personas de su máxima confianza en Moncloa, lo mismo que algunos de los ministros. Ha llegado a admitir que la pandemia de Covid no ha podido con él pero que los efectos del conflicto bélico sí pueden tumbarle.

Por lo pronto, Sánchez anunció el pasado lunes que el 29 de marzo aprobará un gran paquete de estímulos fiscales para ayudar a las familias y a las empresas más golpeadas por la subida de los costes de la energía.

En Moncloa se asume que hacerlo el día 29 significa dejar las empresas a su suerte durante dos semanas, por contraste con otros gobiernos europeos, que están aprobando ya medidas extraordinarias dirigidas a compensar las pérdidas provocadas por el encarecimiento de los combustibles.

El resultado es que cada vez más transportistas se han unido a los paros convocados por asociaciones minoritarias, hasta el punto de que ya hay un riesgo real de desabastecimiento en España.

Los efectos de la guerra pueden derribarle

En este escenario, fuentes con acceso a La Moncloa revelan a Confidencial Digital que Pedro Sánchez asume que las consecuencias de la guerra de Ucrania pueden llegar a derribarle a él y a su gabinete.

“La pandemia no ha podido con nosotros, pero ahora las consecuencias económicas de la guerra son completamente impredecibles. La guerra será larga y no sabemos muy bien hacia dónde vamos”, ha trasladado el presidente en los últimos días a personas de su máxima confianza.

Pese a ello, no ha variado por ahora su plan de no adelantar las generales.

Ha analizado en los últimos días con su equipo que la invasión de Rusia está provocando desabastecimiento de productos, el encarecimiento de los precios de la energía, fábricas paradas, falta de suministros básicos…

Se trata de una conjunción de circunstancias negativas que, admite en privado, amenazan la estabilidad de su Ejecutivo en los próximos meses. Sobre todo, añade, si Europa no vuelve a jugar un papel de liderazgo en esta crisis.

Giro de guion en menos de un mes

En su entorno de Moncloa reconocen que Pedro Sánchez era, hasta hace menos de un mes, un presidente convencido de que iba a dejar atrás una mala racha bastante larga.

Se han acumulado dos años de dura pandemia del Covid, una tormenta de nieve histórica (‘Filomena’), la erupción de un volcán en La Palma sin precedentes, una factura de la luz desorbitada, una reforma laboral que estuvo a punto de no salir…

 

Tras una dura primera mitad de la legislatura, Pedro Sánchez y sus ministros se preparaban para dar buenas noticias: llegada efectiva de los fondos europeos a la economía real, crecimiento del empleo, recuperación económica, el fin de la mascarilla en interiores… Pero el estallido de la guerra ha truncado todos los planes.

“Ni una broma”

Según fuentes de su máxima confianza, el presidente asume que vienen “tiempos difíciles”, y que será necesario medir bien las palabras porque “la población no puede más”.

Es consciente de que los acontecimientos no permiten “ni una broma” en este momento.

“Eso es lo que hay que evitar”, contestó el pasado lunes en una entrevista en la Sexta con Antonio García Ferreras, ante la pregunta de si estamos cerca de una tercera guerra mundial. “Es un momento definitorio para la Unión Europea”, afirmó.

Algunos analistas han destacado que Sánchez solo sonrío una vez durante los 40 minutos de la entrevista con Ferreras. Han resaltado también que tenía un gesto envejecido, demasiado cansado. “Pero es que no ve demasiados motivos para la esperanza”, admiten personas que han hablado con él.

Un estilo menos ‘bélico’

Moncloa ha decidido que el estilo de las comparecencias de Pedro Sánchez cambie estos últimos días, con el fin de que sea ‘menos bélico’. Y de hecho ahora se aprecia una evidente diferencia entre el tono de sus primeras intervenciones sobre los efectos de la guerra y el que ahora utiliza, mucho menos enérgico.

Fuentes de Moncloa reconocen a ECD que, en parte, abandonar el “lenguaje belicista” es también una cesión a Podemos. Los ministros morados habían trasladado al equipo del presidente que se encontrarían más cómodos dentro de un Gobierno que rebajase el tono de guerra e hiciese más llamamientos a la paz y a la vía diplomática.

La petición de la formación morada a Sánchez ha producido efecto, ya que se ha dado la orden también al Gobierno en su conjunto de rebajar el tono en las últimas comparecencias.

Cambio respecto a la pandemia

Hay que recordar que, en su día, Sánchez llegó a presentar la amenaza de la pandemia de Covid como un conflicto militar, y la gestión de la crisis del coronavirus como una “guerra”, incluyendo con ruedas de prensa protagonizadas por mandos del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pablo Iglesias, vicepresidente segundo entonces, criticó la presencia de “uniformados” en las comparecencias informativas del Gobierno sobre la crisis del coronavirus, con protagonismo diario de mandos de la Policía Nacional, de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas.

Y un motivo de discrepancia de Iglesias con el presidente fue precisamente el “lenguaje belicista” -así lo calificó- que estaba utilizando Sánchez en sus primeras ruedas de prensa en La Moncloa, cuando estalló con toda su crudeza la crisis del coronavirus. Eso ha cambiado ahora en las apariciones del presidente sobre el conflicto de Ucrania.

El líder de Podemos consideraba que recurría demasiado a conceptos como “guerra”, “combate”, “desafío”, “esta batalla la vamos a ganar”, y lo mismo en su voluntad de “movilizar” a los ciudadanos.

Criticaba que estaba “dramatizando” demasiado, que utilizaba un lenguaje “apocalíptico” que convenía rebajar, y así lo trasladó directamente al propio jefe del Ejecutivo y a sus asesores de máxima confianza.

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