Seguridad

Problemas para los vigilantes de atuneros españoles en el Índico: no se les paga lo acordado, tienen poca práctica con armas largas y ha habido amenazas a las tripulaciones

Han llegado incluso a amenazar con sus armas a la tripulación. Todo, según los vigilantes, como resultado del ambiente de estrés y tensión que se vive a bordo de los atuneros del Índico. Responsabilizan de la situación a las empresas de seguridad que les contrataron.

Esto es un polvorín” aseguran a El Confidencial Digital fuentes de la patronal de vigilantes marítimos desplegados en atuneros que faenan por las costas de Somalia. Denuncian que la situación laboral en la que se encuentran es “extrema”.

En primer lugar, destacan que las empresas de seguridad que les contrataron no les están pagando lo acordado en su momento. A los 5.100 euros que les dijeron que percibirían mensualmente se les han ido restando diversos complementos y retenciones hasta llegar a los actuales 3.306 euros al mes.

Las empresas les han transmitido que este recorte tiene una explicación “se han ido ajustando las tarifas con los armadores”. Sin embargo, los vigilantes dudan de esta versión y aseguran que los precios del servicio están cerrados “desde hace dos años”.

Preparación insuficiente

Según la quejas recogidas por ECD de los propios vigilantes, su preparación en el uso de armas de guerra largas –ametralladoras MG y fusiles HK- “ha sido insuficiente”. En el ‘Manual de actuación para los atuneros que faenan en el Índico’ se indica que los entrenamientos con armas largas “se harán una vez al mes con diez cartuchos para cada vigilante”.

Además, tal y como sugieren, este tipo de seguridad debería estar encargado a compañías militares privadas (PMC en sus siglas inglesas), ya que el negocio de los atuneros en el índico no puede tener a su cargo vigilantes “como si de un supermercado o una gasolinera se tratase”.

Estrés generalizado

“Estrés”. Así es como califican los vigilantes sus periodos de embarque en los atuneros del Índico. En algunas ocasiones ha llegado a tal punto que, como confiesan a ECD, se han dado episodios de enfrentamientos entre los miembros de seguridad y la tripulación del grupo. Incluso amenazas con las armas montadas. Ante estos sucesos, “las empresas no han hecho nada” denuncian.

Aseguran que están “sobreexplotados” y que cuando vuelven a España apenas tienen un día y medio antes de reincorporarse a sus puestos de trabajo anteriores. Su estancia en los barcos tampoco resulta cómoda, ya que indican que los habitáculos donde duermen no se encuentran en condiciones óptimas “ni de higiene ni de espacio”. Denuncian que están “hacinados” entre tripulaciones que superan la capacidad permitida para el barco.

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