Seguridad

Dos años de cárcel para dos yihadistas españoles que se entrenaron con armas y aprendieron a fabricar explosivos en una cueva en Melilla

Juraron lealtad al califa del Estado Islámico y fueron detenidos por la Guardia Civil justo antes de empezar a atentar

Melilla (Foto: JJ Merelo).
photo_camera Melilla (Foto: JJ Merelo).

No sólo publicaban mensajes en redes sociales apoyando a grupos yihadistas. No se limitaban a traducir al español vídeos de propaganda del autodenominado Estado Islámico. Se preparaban para pasar a la acción, para cometer atentados con armas y explosivos.

Así lo establece la sentencia de la Audiencia Nacional que condena a penas de cárcel a cuatro hombres, todos ellos nacidos en España, que fueron detenidos y encarcelados en febrero de 2015 por la Guardia Civil. Entonces, se informó de que estos presuntos yihadistas actuaban en el mundo virtual, organizando grupos de proselitismo yihadista y fomentando el traslado a las zonas de Irak y Siria que controlaba el Daesh.

Sin embargo, la sentencia de la Audiencia Nacional revela que se había detectado algo más preocupante, que suponía una amenaza grave contra la seguridad en España.

Dos años y seis meses de cárcel

En la sentencia de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal que ha consultado Confidencial Digital se condena a un hombre de 28 años, nacido en Melilla y residente en esa ciudad en el momento de su detención, “como autor responsable de un delito de captación y adoctrinamiento terrorista […] 576.3, a la pena de dos años y seis meses de prisión, con inhabilitación absoluta por tiempo de 9 años de conformidad con el art. 579 del Código Penal entonces vigente y a la pena de multa de 9 meses a razón de tres euros de cuota diaria”.

A otros tres acusados, nacidos en Melilla, en la provincia de Gerona y en Marruecos, y residentes en Melilla y en Cataluña en 2015, les condena “como autores responsables, cada uno, de enaltecimiento del terrorismo previsto y penado en el art. 578 del Código Penal vigente en la fecha de los hechos, a la pena para cada uno de dos años de prisión con inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena”.

Propaganda de Daesh en castellano

Gran parte de la sentencia describe movimientos de estos cuatro condenados en las redes sociales. A través de perfiles y grupos de Facebook y de grupos de WhatsApp difundían mensajes radicales: vídeos del Estado Islámico, imágenes propagandísticas de ese grupo terroristas, discursos de predicadores salafistas...

Llegaron a fomentar y organizar el traslado de mujeres al autodenominado “califato” del Estado Islámico.

Del principal condenado, la sentencia señala que “debido al grado de difusión y a la eficacia de sus acciones, el aparato de propaganda yihadista administrado” por él “llegó a constituirse en uno de los puntos de difusión más relevantes para la comunidad hispanohablante, de los contenidos distribuidos a través de los ‘canales oficiales’ de propaganda de la organización terrorista Estado Islámico tal y como ‘Al-Hayat Media Center’, vanagloriándose de que era la única persona que traducía videos yihadistas al español”.

Servicio de Información de la Guardia Civil

Ciertamente, el origen de este caso está en las investigaciones que realizaba el Servicio de Información de la Guardia Civil (la unidad que persigue el terrorismo) “sobre elementos radicales que pudieran estar utilizando las redes sociales e Internet con la finalidad de divulgar contenidos yihadistas con el propósito de captar y adoctrinar a nuevos adeptos”.

 

En el año 2014, los guardias civiles del Servicio de Información detectaron una comunidad en Facebook “de claro contenido yihadista radical”, que se autodefinía como “la única página en lengua castellana donde se puede estar informado de noticias, fotos y vídeos sobre los muyahidines en todo el mundo”.

La Guardia Civil identificó a su administrador, el ahora condenado a dos años y medio de cárcel, como un joven de Melilla, nacido en 1993 en la ciudad autónoma. Acudía asiduamente a una mezquita de Melilla cuyo presidente “llegó a ser el líder de la mayor célula de captación” en esa ciudad española del norte de África, por lo que fue condenado a cuatro años de cárcel por integración en organización terrorista.

El imán ya ejercía una gran influencia en este joven, y en otros a través de un grupo de WhatsApp que usaba para adoctrinarles. Cuando fue detenido, se organizaron en Melilla manifestaciones de protesta contra el arresto. A partir de ahí, considera la Guardia Civil, el joven melillense fue avanzando en su proceso de radicalización yihadista.

Alentaba a mujeres a viajar al “califato”

La sentencia recoge un gran número de ejemplos de propaganda yihadista que difundió, de mensajes favorables al terrorismo que intercambió con su novia menor de edad, a la que también fue radicalizando.

Incluso este joven utilizó los perfiles de su novia para hacerse pasar por ella, y aparentando ser una mujer, organizó grupos de WhatsApp en los que propagaba entre las mujeres mensajes que proclamaban las bondades de vivir en el “califato”.

La propaganda tuvo efecto: varias de esas mujeres “llegaron a tomar la determinación de viajar a Turquía, con la intención manifiesta de pasar a Siria a través de la frontera con aquel país, una vez contactadas por reclutadores del Daesh que se situaban en estas zonas fronterizas para facilitar la entrada en territorio controlado por la organización terrorista”.

Un marroquí entra en Melilla

Pero la actividad de este joven de Melilla no se limitó a alentar las adhesiones al Estado Islámico a través de Internet. La sentencia recoge, en un apartado propio, su “actividad en el ámbito operativo”.

Este joven “manifestó en numerosas ocasiones su deseo de hacer la yihad y trasladarse a una zona de conflicto, haciendo participe de este deseo a su hermano”, que también ha sido condenado en este proceso, “quien compartía su deseo de incorporarse a las filas del Daesh”.

Los dos hermanos entraron en contacto, a principios de 2015, con un hombre “acusado en Marruecos por asociación ilícita para preparar y perpetrar actos de terrorismo en el marco de un proyecto colectivo para atentar contra el orden público a través de la intimidación, el terror y la violencia”.

Este sospechoso de yihadismo “logró introducirse ilegalmente en territorio español”, en Melilla.

Reuniones en una cueva

Ambos hermanos auxiliaron a ese terrorista huido de Marruecos “y a otros sujetos que se habían introducido ilegalmente en territorio español buscándoles un cobijo en un lugar apartado” de Melilla “con el propósito de eludir a las autoridades”.

Ese lugar alejado del núcleo urbano de Melilla ya había sido punto de reunión de individuos islamistas en numerosas ocasiones, destaca la Audiencia Nacional, ya que allí se celebraban reuniones de una célula de captación, radicalización y envío de combatientes a zona de conflicto desarticulada el 30 de mayo de 2014. Allí se detuvo al líder de la mezquita antes mencionada, junto a un terrorista retornado desde Mali.

Los dos jóvenes hermanos de Melilla visitaban a ese marroquí y a otros cuatro individuos en el escondite que les habían buscado a las afueras de la ciudad. Allí “comenzaron a celebrar reuniones en la cueva en la que se ocultaban para debatir sobre la Yihad y su legitimidad a favor del Estado Islámico”.

En esas reuniones veían material propagandístico del Daesh: vídeos de operaciones ejecutadas por los terroristas del Estado Islámico, vídeos de decapitación de presos...

Juraron lealtad al “califa” del Daesh

Los dos hermanos “les mantenían informados de que varios grupos yihadistas habían jurado su lealtad al Estado Islámico, y que ellos habían fundado, al estilo de los Soldados del Califato (Yund El Jilafa) en Argelia y del grupo del Estado Islámico entre Libia y Egipto, un grupo leal y seguidor a la misma organización”.

Su objetivo era ejecutar labores yihadistas, presumiblemente en Melilla y en Marruecos, “una vez se hubieran determinados los objetivos, dentro del marco difusión de la Yihad a favor del Estado Islámico”.

En ese encuentro, todos mostraron su lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi, el autoproclamado “califa” del Estado Islámico que dominaba zonas de Siria e Irak.

Incluso dieron un nombre a su nuevo grupo yihadista, y acordaron financiarse “mediante la comisión de ilícitos penales como hurtos o robos”.

Entrenamiento de combate

La sentencia de la Audiencia Nacional describe que ese grupo, reunido en un lugar apartado de Melilla, planeó entrar en acción. “Una vez fundado el grupo y durante dos meses realizaron entrenamientos en la playa”, señala, y en esos entrenamientos “se familiarizaron con técnicas de combate, y lo compaginaban con formación teórica y práctica diaria dentro de la cueva bajo la supervisión” del joven melillense condenado a mayor pena.

Los miembros de la célula “se instruían en la fabricación de armas convencionales con plomo, pistolas convencionales y paso a paso a través de la visualización de vídeos del portal de Youtube iban adiestrándose en la fabricación de explosivos”.

Fabricaron pistolas con plomo

Destaca la sentencia que “la formación no se limitaba al plano teórico”: el cabecilla y su hermano “consiguieron las materias primas y las herramientas necesarias para la fabricación de dichas armas”.

Revela que “una vez aprendieron a fabricar pistolas convencionales con plomo, los procesados consiguieron cartuchos con el objeto de realizar prácticas de tiro, iniciándose en las mismas llegándose a plantear pasar a la acción” en Melilla y en Marruecos.

Ese propósito se frustró por la detención de ambos en febrero de 2015.

Búsqueda de un Kalashnikov

En conexión con estos detenidos en Melilla había dos jóvenes en Cataluña. Uno de ellos residía en Sant Feliú de Gixols, en la provincia de Gerona.

Este joven “comenzó un proceso de auto capacitación para lo cual acudía con frecuencia a la biblioteca pública […] y una vez allí se conectaba a través de los ordenadores públicos a Internet, con el objetivo de conseguir la impunidad que otorgaba el anonimato”. Incluso usaba programas de hackeo para utilizar wifis ajenas y otras modalidades de ocultación de IP.

La Guardia Civil detectó que en esos ordenadores hizo búsquedas de información por medio de diferentes portales web para la adquisición de un fusil de asalto Kalashnikov AK-47 en el mercado negro belga.

Cómo fabricar explosivos caseros

También visitó la web de una armería de Girona, y la página de la empresa de explosivos Maxam. La sentencia asegura que visionó “información sobre artefactos explosivos improvisados y desactivación de explosivos, municiones y pirotecnia”.

Fue un paso más allá, y se puso a ver vídeos en Youtube sobre fabricación de artefactos caseros improvisados.

Por ejemplo, accedió a un vídeo del grupo terrorista palestino Hamas sobre ello. En las imágenes, “miembros de la organización terrorista mostraban el material necesario para fabricar explosivos y su posterior uso en misiles caseros. Mientras avanza el vídeo aparecían subtítulos en inglés donde se explicaba el proceso y el material necesario, como, por ejemplo, nitrato de potasio. Además, se podía ver como preparaban la cabeza del misil con TNT y metralla, junto a una demostración de uso del mismo”.

También alertó a la Guardia Civil que “dentro de su proceso de autocapacitación llegó a manifestar su deseo de hacer la yihad y trasladarse a las zonas de conflicto armado”.

En una conversación intervenida con una chica, describió un vídeo muy violento en el que un grupo de yihadistas asesinaba a una guarnición de soldados iraquíes, y explicó que llevaba desde los 17 años viendo vídeos yihadistas.

Incluso llegó a confesarle a la chica su voluntad de ir a luchar como muyahidín a un país en conflicto, diciendo literalmente que algún día lo vería con un 4x4 y con la pistola disparando, porque le “molaría estar ahí”.

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