Seguridad

La Guardia Civil alerta del aumento de la violencia entre los inmigrantes que saltan la valla de Ceuta

Una nueva entrada de migrantes ilegales se salda con siete agentes heridos por quemaduras de ácido, puñetazos y pedradas. Los agentes reclaman más medios a Interior

Algunos de los inmigrantes que entraron por el paso fronterizo de Ceuta.
photo_cameraAlgunos de los inmigrantes que entraron por el paso fronterizo de Ceuta.

Cien inmigrantes han aprovechado la hora del rezo colectivo de la Fiesta del Sacrificio de Ceuta para saltar la valla y colarse en la ciudad. Esta entrada se ha producido en la zona conocida como Finca Berrocal.

Para evitar que los agentes de la Guardia Civil que custodian el perímetro pudiesen actuar, los asaltantes han usado tanto cal viva como armas para cortar la valla como bolas con heces. Han resultado heridos siete de los agentes.

Unas técnicas que ya se habían visto en el anterior gran salto de julio, cuando unos seiscientos subsaharianos consiguieron entrar en la ciudad autónoma y causaron más de una decena de heridos entre los agentes.  En esta ocasión no han conseguido acceder a territorio español todos los que lo intentaron.

Los heridos han sido atendidos en centros hospitalarios de Ceuta y su estado aún se desconoce oficialmente. Sin embargo, las principales asociaciones de Guardias Civiles ya han emitido sus valoraciones sobre este nuevo incidente.

La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ha exigido más medios de protección para los guardias civiles ante “los métodos cada vez más violentos” a los que recurren los inmigrantes.

“Al igual que sucediese en la madrugada del 26 de julio, los inmigrantes han vuelto a emplear en el asalto métodos violentos y lesivos contra los agentes, como bolas con heces, cal vida o algún tipo de ácido que han arrojado contra sus rostros, además golpes y pedradas, provocándoles lesiones de diversa consideración” aseguran.

Desde el colectivo se habla de prácticas “cada vez más agresivas”, ya que cuentan con el uso de “objetos punzantes” artesanos y hasta lanzallamas caseros. Los agentes en cambio “cuentan con un número y unos medios muy escasos para defenderse de estos ataques. Por ello, entre los trabajadores aumenta cada día la sensación de abandono institucional, rabia e impotencia”.

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