Seguridad

La Guardia Civil repone con 48.000 unidades los botes de humo y gas lacrimógeno de los antidisturbios

Defiende que sirven para “evitar la utilización de otros medios más lesivos”. Se dispararon en el asalto a la valla de Melilla en el que murieron al menos 23 inmigrantes ilegales y dos gendarmes marroquíes

Los GRS de la Guardia Civil dispersan a centenares de porteadoras marroquíes que intentan cruzar en avalancha la frontera del Tarajal (Ceuta) con la mercancía a la espalda o adherida a cuerpo (Foto: Javier Sakona / Europa Press).
photo_camera Los GRS de la Guardia Civil dispersan a centenares de porteadoras marroquíes que intentan cruzar en avalancha la frontera del Tarajal (Ceuta) con la mercancía a la espalda o adherida a cuerpo (Foto: Javier Sakona / Europa Press).

Las unidades de la Guardia Civil que intervienen en manifestaciones, disturbios y altercados graves van a reponer sus reservas de artificios con humo o con gas lacrimógeno que lanzan para dispersar a grupos de personas.

Confidencial Digital ha comprobado que la Dirección General ha puesto en marcha una licitación pública para adquirir un mínimo de 48.000 artificios lacrimógenos y fumígenos. El presupuesto asciende a 1,44 millones de euros.

La idea de la Dirección General es incorporar al menos 36.000 artificios lacrimógenos de lanzamiento por disparo de proyección, es decir, botes con gas lacrimógeno que se lanzan con armas largas que llevan incorporadas unas bocachas que permiten disparar pelotas de goma o este tipo de botes.

Se requiere que emitan “un gas lacrimógeno de acción instantánea con efectos temporales”, y se conciben “para uso disuasorio en actuaciones policiales de control de masas”. Este gas irrita los ojos y sirve para intentar dispersar de un lugar a manifestantes violentos.

La Dirección General de la Guardia Civil establece como requisito, para las empresas interesadas en vender este material, que “los efectos del gas no generarán en el adversario lesiones irreversibles ni serán letales en recintos cerrados o lugares abiertos”.

La compra de botes de gas lacrimógeno será mayor que la de artificios fumígenos, es decir, botes que se lanzan de igual manera y que emiten “humo denso” como efecto disuasorio ante las masas: en este caso, “los efectos del humo no generarán en el adversario lesiones irreversibles ni serán letales en recintos cerrados o lugares abiertos”.

GRS y otras unidades

Para justificar la compra, la Dirección General indica que “es necesario dotar a los componentes de la Guardia Civil del material auxiliar suficiente para conseguir la operatividad y eficacia en el Servicio, garantizando así la protección de los derechos y libertades y la seguridad ciudadana”.

De esta forma se cumplen varios objetivos: mantener el orden público, garantizar la seguridad de los ciudadanos y proteger el libre ejercicio de sus derechos. La compra de este tipo de material para la Guardia Civil está contemplada en el programa de gasto de seguridad ciudadana.

La Guardia Civil cuenta con varias unidades que utilizan botes de humo y de gas lacrimógeno: los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), sus unidades antidisturbios, repartidas en varios puntos de España y que han sido enviados como refuerzo en ocasiones a Cataluña; las Unidades de Seguridad Ciudadana de Comandancia (USECIC); y las Secciones de Intervención Rápida (SIR), también en cada comandancia.

Todas estas unidades se encargan, entre otros cometidos, del mantenimiento del orden público en concentraciones de masas, así como de la intervención en manifestaciones, reuniones... “siendo necesario a tal fin dotar a las distintas unidades del cuerpo que intervienen en esos actos del material antidisturbios eficaz, como son estos artificios lacrimógenos y fumígenos”, explica la Guardia Civil.

Evitan “medios más lesivos”

Otro motivo para justificar esta adquisición es que esas decenas de miles de artificios lacrimógenos y fumígenos “son necesarios para reponer aquellos que pasan a estado de inutilidad por caducidad a los cinco años, y los consumidos en las actuaciones de orden público o manifestaciones que durante los años indicados se lleven a cabo por los Grupos Rurales de Seguridad [sic], USECIC,s y las SIR de las Comandancias”.

 

Por último, la Guardia Civil aporta un argumento destacado: “Los artificios lacrimógenos y fumígenos que se pretenden adquirir son idóneos para ser utilizados en el lanzamiento de medios antidisturbios en grandes concentraciones de masas, y evitar, de este modo, la utilización de otros medios más lesivos”.

No cita esos “otros medios más lesivos”, pero podrían ser las pelotas de goma o caucho que también utilizan los antidisturbios de la Guardia Civil, así como los de la Policía Nacional.

Muertos en la valla de Melilla

Los botes de humo y de gas lacrimógeno, como las pelotas de goma, suelen ser utilizados en altercados y disturbios que se desbordan y en los que no se suficiente con las cargas de los agentes con las defensas (las porras).

Uno de los últimos casos en los que se ha señalado que la Guardia Civil disparó botes de humo y de gas lacrimógeno fue el asalto masivo, de cerca de 2.000 personas, a la valla que separa Melilla de Marruecos el pasado mes de junio.

Ese asalto acabó en tragedia. La Gendarmería marroquí, en su lado, y la Guardia Civil desde el territorio español intervinieron para tratar de repeler el asalto. Murieron, según fuentes oficiales de Marruecos, 23 inmigrantes ilegales y dos gendarmes marroquíes, si bien ONG denunciaron posteriormente que habría habido 37 muertos, e incluso 72, entre los subsaharianos que intentaron llegar por la fuerza a territorio español.

El diputado de EH Bildu Jon Iñarritu visitó la zona del vallado en torno al paso fronterizo del Barrio Chino de Melilla y denunció que había encontrado pelotas de goma, cartuchos de fogueo y de proyección, y también botes de gas.

Pelotas de goma

Los grupos de izquierdas trataban de introducir en la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana la prohibición del uso de pelotas de goma como material antidisturbios, pero el PSOE no termina de aceptar esa idea, que obligaría a cambiar el modelo policial de intervención en disturbios.

Mientras se ponía en cuestión la utilización de las pelotas de goma, tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional han seguido comprando este material, en cantidades importantes, para reponer sus stock de elementos para hacer frente a disturbios callejeros y otras situaciones que obliguen a dispersar concentraciones de personas.

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