Seguridad

Mossos d’Esquadra explican el protocolo para disparar proyectiles de foam

Antidisturbios de la policía autonómica de Cataluña detallan el procedimiento que se sigue antes de utilizar este medio de dispersión

Antidisturbios de los Mossos d'Esquadra (Foto: Glòria Sánchez / Europa Press).
photo_camera Antidisturbios de los Mossos d'Esquadra (Foto: Glòria Sánchez / Europa Press).

La violencia callejera desatada por grupos de radicales, sobre todo jóvenes, en varios puntos de España a raíz de la detención e ingreso en prisión del rapero Pablo Hasél ha vuelto a reabrir el debate en Cataluña sobre la actuación de los Mossos d’Esquadra.

En una de las intervenciones de los antidisturbios de la policía de la Generalitat, una joven denunció haber sufrido el impacto de un proyectil de foam. La joven ha perdido el ojo por el impacto, lo que ha provocado denuncias de organizaciones que monitorizan las actuaciones policiales, así como de partidos políticos de izquierda.

Las negociaciones entre Esquerra Republicana de Catalunya, Junts y la Candidatura d’Unitat Popular para investir al nuevo presidente del Govern de la Generalitat también influyen en la polémica, y amenazan con restringir los medios materiales que utilizan los Mossos para intervenir en altercados violentos.

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Para conocer con detalle cómo actúan los Mossos en este tipo de situaciones, Confidencial Digital ha consultado con fuentes internas del cuerpo, incluidos miembros de las unidades que tienen funciones de control del orden público (antidisturbios), como son la Brigada Móvil (Brimo) y las Áreas Regionales de Recursos Operativos (ARRO).

Estos policías lamentan que se proyecte la idea de que los Mossos cargan o disparan proyectiles de foam -una especie de espuma, con un plástico en la parte trasera- sin mediar aviso y de forma desproporcionada.

“Cuando hay altercados siempre se avisa primero”: a través de altavoces de los furgones, los agentes conminan a los violentos a que paren de destrozar el mobiliario urbano, o de que dejen de lanzar objetos, ya que de persistir en su actitud, tendrán que realizar una carga: es decir, se lanzarán hacia ellos para dispersarlos con las defensas (las porras) y los escudos.

Los escopeteros

En ese momento también se preparan los “escopeteros”, los agentes de cada ‘escamot’ de Brimo o Arro que en vez de cargar con la defensa, va equipado con un lanzador de proyectiles de foam. También en otras ocasiones llevan escopetas con las que antes de ser retiradas lanzaban pelotas de goma, y que ahora sólo sirven para disparar salvas: es decir, simplemente se escucha una detonación, como disuasión.

Si el resto de antidisturbios llegan al “cuerpo a cuerpo”, los escopeteros se encargan de dispersar desde la distancia grandes masas, y sobre todo, de dispersar a aquellos violentos que suponen una amenaza mayor.

Por ejemplo, si un grupo de antidisturbios se enfrenta a un grupo de radicales que están lanzándoles objetos (botellas, adoquines, piedras, tornillos, tuercas, incluyo cohetes y petardos), los escopeteros apuntan hacia ellos, para neutralizar esa amenaza. Se entiende que esas personas deben ser o bien detenidas, o bien dispersadas.

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“Los lanzadores o escopeteros trabajan en parejas, toman posiciones, se preparan y apuntan a quien está tirando objetos”, explica un mosso con experiencia en unidades antidisturbios.

Apuntan al tronco o las piernas

La chica que ha perdido el ojo, según su testimonio por un proyectil de foam, se encontraba junto a una amiga que en una entrevista en la Cadena SER reconoció que estaba lanzando botellas a los mossos.

Los antidisturbios consultados por ECD aseguran que los escopeteros apuntan, y así lo entrenan una y otra vez, siempre a la parte baja del cuerpo, precisamente para evitar daños en la cabeza o en la cara. A diferencia de las pelotas de goma, que se disparan y rebotan en el suelo, los proyectiles de foam se disparan para impactar en una persona.

“El problema es que si apuntas al cuerpo o a las piernas, y en ese momento se agachan para protegerse o para coger una piedra o una botella, donde antes estaban sus piernas, está la cabeza y recibe el impacto”, explican las fuentes consultadas.

“Cada vez tenemos menos medios”

Que se vuelva a poner en cuestión los medios antidisturbios de los Mossos, ahora los proyectiles de foam, preocupa a los agentes. Señalan que todas las unidades antidisturbios de todos los cuerpos policiales de cualquier país cuentan con algún tipo de medio que se lanza para dispersar a los violentos a distancia.

Ponen el caso de Francia, donde es muy habitual que los policías disparen botes de gas pimienta, que obliga a los manifestantes violentos a dispersarse por la irritación que provoca en las vías respiratorias.

En Cataluña también se originó una fuerte polémica cuando se informó que los Mossos habían adquirido gas pimienta, aún si haber llegado a utilizarse nunca. La Policía Nacional sí lo ha usado en algunos disturbios violentos.

“Necesitamos algo que disperse a 80 personas que están a cierta distancia tirándonos de todo”, resume un mosso antidisturbios.

La reflexión de fondo que hacen agentes de la policía autonómica de Cataluña es que mientras los agentes cada vez tienen menos medios disponibles para intervenir frente a los disturbios, “los violentos van mejorando su material”: ya lanzan petardos, el siguiente paso que temen es que puedan añadir clavos a esos petardos, o que se generalicen los cócteles molotov contra vehículos y agentes.

También les preocupa las imágenes que se han visto, por ejemplo en Lérida y Madrid, de una turba que trata de rodear y linchar a un agente que queda aislado de sus compañeros. “Estamos entrenados para actuar bajo estrés, llevamos protecciones... pero si te rodean 25 personas con palos, puedes recurrir a la defensa extensible, o la taser [pistola eléctrica] en algunos casos, o al arma corta. ¿Qué sacas? Pues depende de la situación, si temes por tu vida igual sacas el arma corta”, razona un mosso. El temor es que la retirada de otros medios para actuar a distancia deje a los agentes a merced de un “cuerpo a cuerpo” que puede convertirse en una situación de altísimo riesgo.

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