Seguridad

‘Operación autobús’: 36 horas de negociación a la desesperada con los talibanes por sacar a los últimos españoles de Afganistán

ECD reconstruye cómo se ejecutó el despliegue final para rescatar a sesenta personas: agentes de inteligencia, colaboradores de la embajada y otro personal

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photo_camera Avión de repatriación con documento que se utilizó de salvoconducto para el autobús

Cuando los americanos informaron a sus socios de que el viernes 27 de agosto tenían que terminar las operaciones de evacuación en Kabul saltaron todas las alarmas. Estados Unidos quería el uso exclusivo del espacio aéreo para evacuar a los suyos hasta el 31 de ese mes y España, como el resto de países, contaba todavía con una lista de cientos de peticiones de repatriación (y sumando) por resolver. Confidencial Digital, con el relato de numerosas fuentes que estuvieron en el terreno, ha reconstruido cómo fue la ‘Operación autobús’: 36 horas de negociación para sacar a las últimas 60 personas antes de abandonar Afganistán. 

Sin agua, ni aire, ni ventanas y con los talibán pegando tiros al aire. “De película” recuerdan aquella escena los afganos que pudieron llegar a España como Hasib, Ahsan y Basir que pasaron dos días enteros con sus familias sentados en un vehículo, tal y como contó ECD. No muy lejos de ellos, las autoridades españolas estaban enfrascadas en unas negociaciones frenéticas para tratar de introducirlos en el aeropuerto antes de que todos los países abandonaran definitivamente Kabul.WhatsApp Image 2021-08-30 at 12.45.44

La ‘operación autobús’ se remonta al momento en el que Estados Unidos propone a los países aliados un plan de repatriación alternativo al de las puertas de Abbey Gate y East Gate, que estaban colapsadas y sumidas en el caos. Ante la presión del tiempo, ofrecen la opción de habilitar un nuevo corredor humanitario por la puerta principal del aeropuerto Internacional Hamid Karzai, línea de batalla entre los últimos soldados americanos y los talibanes.

En las negociaciones del último minuto entre ambos, en Doha (Qatar), acordaron que cada país fletara autobuses para trasladar al mayor número de personas posible, como publicó 'El Confidencial'. Los talibanes se comprometieron a garantizar un paso seguro, a respetar el anonimato de los pasajeros y a no pedir una retribución económica a cambio, según fuentes que conocieron el operativo.

Contratar los autobuses y llamar a los colaboradores 

Cuando Hasib, Ahsan y Basir junto sus familias y un centenar de personas recibieron una llamada telefónica de un diplomático español sintieron que había llegado su salvación. Basir, un trabajador del Consejo de Seguridad del expresidente de Afganistán, recuerda con emoción esta llamada para ofrecerle la oportunidad de sacar a sus familias en un plan confidencial del Gobierno España. Él llevaba días escondido en un piso diferente al de su familia y los talibanes habían ido a buscarlo a su casa, donde su padre había mentido diciendo que el joven ya había abandonado el país. 

Lo cierto es que lo había intentado. En un primer momento, acudió a Abbey Gate, pero después de horas él y su familia tuvieron que darse la vuelta: “era imposible. Tienes que pasar por un canal lleno de un agua sucia y si tienes suerte, entonces te salvas”. Con su madre en silla de ruedas y su sobrina de un año, no consiguió entrar al aeropuerto. Por eso, la opción del autobús fue una auténtica bendición. Lo mismo le ocurrió a Ahsan. Con su madre mayor de edad, ir al aeropuerto y esperar entre 24 y 48 horas entre la multitud no era una opción.  

Así, un diplomático español comenzó a contactar, uno por uno, a aquellas personas que España necesitaba evacuar, recuerda Hasib absolutamente agradecido por esa llamada. El autobús se completó con los colaboradores más sensibles: personal inteligencia, antiguos trabajadores de la embajada, personas cercanas a Defensa… Además de este diplomático, las fuentes consultadas explican que fue clave para la organización del operativo un intérprete que renunció a subirse en un avión por ayudar en las últimas evacuaciones desde el aeropuerto. 

Las indicaciones eran claras: agua, comida, teléfonos cargados y no más de 10 kilos de equipaje. En cualquier momento iban a recibir otra llamada con el lugar exacto de la recogida, un mensaje con la matrícula del automóvil y un documento oficial que debían enseñar si les paraban los talibanes.  Documento de la embajada de España en Kabul

En teoría, la ‘operación bus’ duraría un par de horas hasta alcanzar a los militares españoles que esperaban dentro del aeropuerto, y el operativo se repetiría en los siguientes días para tratar de sacar al mayor número de personas posible. Pero todo se complicó. 

 

La odisea de las 36 horas

“La idea era que íbamos a entrar en el aeropuerto en una hora o dos máximo. Pero cuando llegamos al punto, los talibanes no nos dejaban”, explica Basir. Lo que iba a durar un par de horas, acabó en más de dos días de agonía. 

Inicialmente, los dos autobuses de 50 plazas -100 personas en total- pasaron todos los ‘check points’ hasta llegar a la entrada acordada entre los talibanes y los americanos, a la hora acordada para la entrada de España. El primer contratiempo llegó en el último control, donde el chófer del bus se enteró de que había 12 horas de cola por el retraso. Es decir, los vehículos de otros países que tenían asignadas horas anteriores todavía no habían ingresado en el recinto. WhatsApp Image 2021-08-25 at 10.37.12

A lo largo del resto del día y como un goteo incesante, los autobuses de todos los territorios fueron entrando, mientras la espera en el interior del español empezó a ser eterna. “Era muy duro. Debíamos cerrar la puerta porque la gente se subía, pero cuando cerrábamos no había oxígeno dentro. Teníamos niños llorando”, cuenta Hasib, un diseñador gráfico que era el encargado del desarrollo de los DNI afganos en el Ejecutivo. Según su relato, los talibanes no paraban de disparar y la gente intentaba colarse en los autobuses, incluso ofreciendo dinero.

“No había baños. Tuvimos que apañarlo para poder ir fuera. Había una clínica cerca donde dejaban que las mujeres usaran el servicio”, explica. Su esposa, sentada en el asiento de al lado, cargó una bebé de un año en brazos durante 36 horas. “Realmente no dormí en esos dos días”. 

De 2 autobuses a uno

La entrada por esa puerta, según cuentan las fuentes presentes, se asemejaba a un frente de guerra: militares americanos totalmente armados frente a los nuevos dueños de la ciudad, los talibanes. Las comunicaciones pasaban a través de un par de enlaces en el autobús con el Gobierno español y estos a su vez con el Ejército de Estados Unidos, quienes hablaban directamente con los radicales. También en esa entrada del aeropuerto, los militares españoles pasaron las 36 horas esperando la llegada del autobús.  

En medio del operativo, el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, salió en rueda de prensa para decir que no permitirían más evacuaciones de afganos. El autobús no solo no avanzaba, sino que después de este anuncio les obligaron a retroceder unos kilómetros. Tras 24 horas, los talibanes ya no dejaban bajar del vehículo a los pasajeros, ni a estirar las piernas. “Los talibanes disparaban. Había mucha gente y empezaron a disparar para que todos retrocedieran”, explica Basir.

La gente empezó a darse por vencida. “En uno de los autobuses la mayoría de la gente se había ido. Era muy difícil para ellos tenían mujeres, bebés, niños… llevábamos dos noches, casi treinta y pico horas esperando”, relata Basir. A la pregunta de si ellos pensaron en abandonar, responden: “claro que lo pensamos… pero estábamos hablando con una persona dentro del aeropuerto que nos decía ‘sed pacientes’, ‘no os vayáis’, ‘estamos negociando con los americanos’, ‘no voy a ir a España sin vosotros chicos’”, contestan. 

Lo que en un inicio eran dos autobuses se redujo a uno en el que solamente quedaron 60 personas. Los talibanes, entonces, pidieron la lista de las personas que querían entrar, saltándose una de las condiciones pactadas. Según las fuentes en el autobús, empezaron entonces a llamar uno a uno a todos los pasajeros para comprobar su identidad. 

Los talibanes piden dinero 

La negociación parecía no terminar nunca cuando los diplomáticos españoles empiezan a recibir llamadas desde el interior del vehículo. Ahsan reconoce haber llamado al negociante español para relatarle que los talibanes estaban pidiendo dinero por acceder al aeropuerto. Le rogó confidencialidad porque su vida corría peligro y se vivieron momentos de mucha tensión, según su relato. “El Gobierno español puso mucha presión a los americanos para que hicieran este negocio con ellos (sic)”, expone también Basir. 

Según él, los americanos pagaban en algunos casos para dejar pasar a su gente, algo que el Ejecutivo español no tuvo nunca sobre la mesa. “Los americanos pagan a los talibanes para que dejaran pasar. El Gobierno español no paga. No es como que no somos valiosos para ellos, sino que si ellos pagan entonces todos los países tienen que pagar (sic)”, relata.  

Después de 36 interminables horas y, sin una razón aparente, finalmente el grupo radical permitió que el único autobús español que quedaba accediera al aeropuerto. “Todo el mundo sonreía y decía gracias a dios, estamos dentro”, recuerda Hasib. Este fue el único autobús que entró en la terminal y los últimos colaboradores españoles de los 2.200 que aterrizaron en la base Torrejón antes de que el país afgano se cerrara por completo.

Solo unas horas más tarde y a unos pocos kilómetros se produjo un atentado que terminó con la vida de 150 personas que trataban de alcanzar también un destino seguro. Todas las fuentes que participan en este relato han querido mostrar su profundo agradecimiento a quienes participaron muy de cerca en este operativo, a los militares españoles y a los GEOS que se encargaron de que, finalmente, los 60 colaboradores alcanzaran territorio español. 

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