Seguridad

‘Operación Escribano’: Confidentes del CNI en la cárcel desvelaron la trama de captación yihadista

Presos comunes advirtieron a funcionarios de prisiones que la red se estaba carteando utilizando a reclusos no fichados

Jamal Zougam, condenado como autor material del 11-M, es uno de los detenidos en la 'Operación Escribano'.
photo_cameraJamal Zougam, condenado como autor material del 11-M, es uno de los detenidos en la 'Operación Escribano'.

Fue la nutrida red de ‘topos’ que el Centro Nacional de Inteligencia tiene en las cárceles la que dio la que hace meses dio la voz de alarma: un grupo de presos musulmanes se están carteando utilizando a otros reclusos como correos.  

Hasta el momento el Servicio de Información de la Guardia Civil ha arrestado a 25 reclusos. Entre ellos Jamal Zougam, el único autor material de los atentados del 11-M que cumple una condena de 42.922 años de cárcel, y Abderraman Tahiri, que planificó en 2004 atentar con un camión bomba contra la Audiencia Nacional.

Los investigadores detectaron que los integrantes de esta red, que estaban distribuidos en 17 centros penitenciarios, ya operaban en forma de grupo de radicalización y reclutamiento de yihadistas.

 Entre sus principales objetivos se encontraban presos por delitos comunes -principalmente por tráfico de drogas o pequeños robos-  de confesión musulmana y también conversos.

La red de confidentes del CNI en cárceles

Según aseguran fuentes próximas a esta ‘Operación Escribano’, el CNI tiene en las cárceles una extensa red de funcionarios de prisiones -entre 3 y 6 por cárcel-  formados ex profeso por los servicios de inteligencia para que recopilen información obtenida de presos comunes sobre otros reclusos sospechosos de terrorismo. Y fue el trabajo de estas redes la que detectó este complot de captación yihadista.

Tal y como relatan estas voces, algunos reclusos revelaron que internos musulmanes estaban “pidiendo favores” a presos comunes. Les utilizaban como correos para que enviasen cartas a reclusos en otras cárceles, que estos entregarían a sus verdaderos destinatarios. Un mecanismo con el que la célula trataba de burlar el control a las comunicaciones que se aplica a todos los sospechosos de yihadismo desde hace años por orden de Interior.

La Guardia Civil diseña y ejecuta la operación

El CNI dispone de un grupo de trabajo especial que recopila la información procedente de todos sus informantes en cárceles, la analiza, valora y la pone en conocimiento del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), donde Instituciones Penitenciaras, Policía Nacional y Guardia Civil están representados.

A partir de ese momento, son los agentes del Servicio de Información de la Guardia Civil quienes diseñan el operativo y asumen los trabajos de investigación a los reclusos yihadistas señalados por los confidentes, así como a aquellos presos que han aceptado hacer de correo.

En esas labores, el SIGC les intervienen cartas escritas en árabe que viajan de prisión en prisión y se investiga de cerca a los sospechosos, hasta que se determina la existencia de una red de captación. La mayor de cuantas se han detectado en cárceles españolas.

Un fichero de potenciales yihadistas

Los denominados Grupos de Seguimiento y Control, creados en 2007 por el ministro de Defensa José Antonio Alonso mediante una Instrucción Reservada, están distribuidos por prácticamente todas las cárceles españoles  y su misión es seguir muy de cerca y de forma discreta toda la actividad carcelaria de aquellos presos considerados de interés especial por Interior.

En los informes resultantes de la información recogida por los funcionarios de figuran datos de los reclusos como sus cambios físicos, lo que comen, sus ingresos y qué productos compran en los economatos, sus amistades y enemistades, hábitos de lectura, a que se dedican en los patios, las visitas que reciben o cuáles son sus prácticas religiosas.

Esta información es recogida y actualizada cada cierto tiempo en la ficha que el interno tiene abierta en un archivo denominado Fichero de Internos de Especial Seguimiento. En el caso de los yihadistas, sus datos figuran en el denominado ‘FIES número 3’, correspondiente a delitos de terrorismo y banda armada. En palabras de miembros de la seguridad del Estado, estos ficheros son una de las herramientas más eficaces en su lucha contra el terrorismo.

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