Seguridad

Las cuatro ocasiones en que la Guardia Civil pudo detener a ‘Josu Ternera’ y no le dejaron

Fue localizado en el norte de Italia, en una clínica en Düsseldorf, en Gales... “Nos quedamos con las ganas de atraparlo”

Josu Ternera.
photo_cameraJosu Ternera.

La biografía de José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias ‘Josu Ternera’, está marcada por su carrera criminal dentro de ETA, a la que se incorporó en la adolescencia y en la que alcanzó la cúpula en los años 80, participando en negociaciones con distintos gobiernos de España y dirigiendo su aparato político.

Los últimos 16 años, hasta su detención en Sallanches (Alpes franceses), los pasó huido de la justicia española. De diputado en el Parlamento Vasco pasó a ser uno de los dirigentes clave de ETA en la clandestinidad.

Pese a las sucesivas ‘caídas’ de los máximos responsables de los aparatos de la banda -Mikel Albisu ‘Mikel Antza’, Franciso Javier López Peña ‘Thierry’, Mikel Garikoitz Aspiazu ‘Txeroki’, Mikel Karrera ‘Ata’, David Pla, Iratxe Sorzábal...-, Urrutikoetxea consiguió escapar a los servicios de información de España y de Francia, que durante las dos primeras décadas de este siglo XXI desarticularon una y otra vez las cúpulas y los comandos de ETA, hasta ponerla contra las cuerdas.

Al anunciar la detención, en el marco de la ‘Operación Infancia robada’, el Ministerio del Interior definió a Urrutikoetxea como “el militante de la organización terrorista ETA más buscado por los servicios policiales tanto españoles como franceses”.

Ciertamente, llevaba década y media en los carteles de terroristas más buscados. Las Fuerzas de Seguridad, especialmente la Guardia Civil, siguió su pista durante años por distintos puntos de Europa. Sin embargo, pese a tenerlo localizado, o bien consiguió escapar, o nunca llegó la orden (política) de detenerlo.

Italia, Alemania, Reino Unido...

Fuentes consultadas por Confidencial Digital desgranan las ocasiones, en estos años, en los que el Servicio de Información de la Guardia Civil tuvo localizado a ‘Josu Ternera’ y, pese a ello, no llegó a ser detenido. ¿El motivo? Unas veces, porque el dirigente etarra consiguió escapar en el último momento (lo que provocó sospechas de que recibía soplos); otras, porque no llegó la orden del Ministerio del Interior de detenerlo, o más bien, de solicitar al país en cuestión su detención.

“Supimos que se trató de un cáncer en un pueblo al norte de Italia, próximo a Milán. También le tuvimos localizado en Gales, en Escocia y en una clínica de Düsseldorf donde se recuperó de su enfermedad”, explican fuentes de la lucha antiterrorista.

En 2009 y 2010, tanto el semanario Época como el diario El Mundo publicaron que los servicios de información españoles tenían constancia de la presencia de ‘Josu Ternera’ en el norte de Italia, cerca de Milán. Entonces incluso se constató (y Época publicó fotografías) de que junto a él estabs su hijo, Egoitz Urrutikoetxea, a quien también se situaba como un dirigente relevante de ETA. Se informó de que llevaba tiempo allí residiendo, al parecer con pasaporte portugués.

En esos mismos años, después de la negociación fallida con el Gobierno de Zapatero (en la que tuvo un papel muy destacado), se difundió la noticia de que José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea sufría cáncer; incluso algunas noticias apuntaban que era un cáncer “terminal”. De esa enfermedad, según detectaron los servicios de información, el dirigente de ETA se trató en una clínica alemana, concretamente en Düsseldorf, como antes se ha apuntado.

Incluso en 2017 La Razón informó que este terrorista se encontraba ingresado en una clínica (sin indicar en qué país) por ese “cáncer terminal”, con documentación falsa.

A esas localizaciones se añaden las de Gales y Escocia, según las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas. E incluso el espía (y en su día infiltrado en ETA) Mikel Lejarza, ‘El Lobo’, asegura que en un momento dado detectó al etarra en Alemania y avisó de ello a los servicios de inteligencia.

No hubo orden de detenerlo

En todas estas ocasiones en que los servicios de información (de la Guardia Civil, pero también en algún caso el CNI y la Comisaría General de Información de la Policía Nacional) consiguieron dar con el rastro de ‘Josu Ternera’, remitieron informes a la Dirección General y al Ministerio del Interior.

Sin embargo, los avisos no provocaron la orden de actuar y detener a este etarra, clave en esos momentos en la estructura de ETA y con varias causas pendientes con la justicia española, incluidos los once asesinatos terroristas en la casa cuartel de Zaragoza.

“Nos quedamos con las ganas de detenerlo”, lamentan las fuentes citadas sobre la pasividad de diferentes gobiernos de España en capturar a quien, en teoría, era prácticamente el hombre más buscado por las Fuerzas de Seguridad.

En los años anteriores y posteriores a la negociación de ETA con el Gobierno de Zapatero, ‘Josu Ternera’ fue presentado como el líder histórico que estaría tratando de “bajar la persiana” y de conseguir un acuerdo con el que conseguir que la banda terrorista dejara de matar.

Fue uno de los interlocutores de Jesús Eguiguren, cuando éste como enviado de Zapatero contactó con Batasuna, y después con ETA, en reuniones en Oslo (Noruega) y Ginebra (Suiza) en las que estuvo cara a cara con ‘Josu Ternera’. Después de unieron más enviados del Gobierno de España, y también otros etarras, como Francisco Javier López Peña, ‘Thierry’. Las conversaciones se rompieron, pero Eguiguren hasta el día de hoy sostiene que ‘Ternera’ trabajó realmente a favor del fin del terrorismo.

De huida en huida, con sospechas incluidas

Si en las ocasiones citadas anteriormente los agentes de Información de la Guardia Civil tuvieron localizado a ‘Josu Ternera’ pero no llegaron a actuar, más llamativos son los distintos operativos policiales que sí se han realizado en estos años en los que ha estado huido: fueron varios, todos (obviamente) frustrados hasta la detención en ‘Operación Infancia robada’.

En mayo de 2011, agentes de la Direction Générale de la Sécurité intérieure (la misma que lo capturó este 16 de mayo de 2019), en colaboración con el CNI español, irrumpieron en una vivienda en Saint Gervais, un pueblo a los pies del Mont Blanc. Pese a la intensa vigilancia, cuando entraron en la casa, José Antonio Urrutikoetxea y su hijo Egoitz habían huido.

En esa ocasión se sospechó de una llamada teléfonica recibida en esa casa, procedente de un país africano, ya que podría haber sido un soplo (sin saber en principio de quién) el que le hubiera avisado de la inminente operación policial para detenerlo.

Según El Mundo, en octubre de ese mismo año 2011 este dirigente histórica de ETA volvió a escabullirse.

La siguiente operación frustrada fue en 2013. El 16 de julio de aquel año, las fuerzas de seguridad francesas entraron a las seis de la mañana en una casa rural de Durban-sur-Arize, un pueblo francés a sólo cien kilómetros del leridano Valle de Arán. El día anterior habían conseguido fotografiar a José Antonio Urrutikoetxea junto a su mujer, Agnes Cerlo, y una niña de meses, hija de la pareja. Sin embargo, al entrar en la casa, el etarra de nuevo había huido.

En esa ocasión, los servicios antiterroristas de Francia llegaron a la conclusión de que Durban-sur-Arize había sido la base más estable de ‘Josu Ternera’ en los últimos años. Eso sí, su presencia había sido discontinua, con ausencias frecuentes y una muy relevante: entre finales de 2011 y principios de 2013 estuvo en Noruega, concretamente en Oslo, donde se desplazó un “triunvirato” dirigente de ETA, con ‘Josu Ternera’, David Pla e Iratxe Sorzábal que esperaba negociar allí con emisarios del Gobierno de España tras el “cese definitivo de la actividad armada” anunciado por ETA en octubre de 2011.

De esos años se sabe que ‘Josu Ternera’ recibió visitas de sus familiares, incluida su pareja Agnes Cerlo. Sin embargo, Noruega terminó expulsando de su país a los tres etarras. Pla y Sorzábal terminaron siendo detenidos en Francia tiempo después, pero ‘Josu Ternera’ consiguió seguir libre.

Cabe destacar que las informaciones que miembros de la lucha antiterrorista han hecho llegar a distintos medios de comunicación a lo largo de los años variaban en la importancia de Urrutikoetxea en el organigrama de ETA. Pasaba de ser una pieza clave en el aparato político a estar, supuestamente, “marginado” y apartado. Después volvía a ser uno de los miembros del “Zuba”, apócope de “Zuzendaritza Batzordea”, es decir, el Comité Ejecutivo (en vasco) o cúpula de ETA, formado por un número menguante de miembros en estos años de declive de la banda, y que tomaba las decisiones estratégicas de la organización terrorista de forma colegiada.

Francia no dejó de vigilar a su entorno

Que la persecución a este dirigente de ETA ha sido constante, y que ha tenido suerte o chivatazos para escapar, los demuestran más episodios como estos. El Correo informó que en la primavera de 2016 los pinchazos telefónicos de la policía francesa detectaron una llamada de un tal Carlos Alberto, que en español avisó al francés Philippe Lassalle, colaborador de ETA, de que las fuerzas de seguridad le seguían la pista a ‘Josu Ternera’. No llegó a haber detención.

También se especuló con que pudiera haber sido detenido cuando fue arrestado en París su hijo Egoitz, al difundirse el apellido.

Esta presión sobre los familiares del dirigente etarra llevó también a que en octubre de 2016 la Policía Judicial francesa entrara en la casa de Agnès Cerlo en Anglet, para realizar un registro de documentación y material informático, incluido su teléfono móvil.

Por último, en 2017 Cerlo denunció ante los juzgados de Bayona que había encontrado en los bajos de su coche una “chicharra”, es decir, un dispositivo de geolocalización. De nuevo, se entendió que las fuerzas policiales francesas no cejaban en su empeño de encontrar y detener a José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias ‘Josu Ternera’, al que los tribunales galos ya habían condenado en rebeldía por asociación de malhechores.

Por todos estos casos en los que el trabajo de las fuerzas de seguridad de España y Francia resultó frustrado, miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil confesaban, antes de la detención en Sallanches este 16 de mayo: “Es un caso inexplicable. Le hemos podido detener varias veces y no lo hemos hecho. Esto sólo lo puede explicar el Gobierno”.

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