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¿Cómo puedo volver al puesto de trabajo y sin embargo estar tranquilo?

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Conforme van pasando los días y las semanas las modificaciones provocadas por el proceso de desescalada se van haciendo más patentes. La mayoría de las provincias españolas se encuentran ya en la fase 3, mientras que aún quedan otras que se mantienen en la fase 2.

Estos cambios han provocado, entre otras cosas, la ‘vuelta al trabajo’ de muchos ciudadanos. Nos referimos, claro, al regreso al puesto de trabajo físico tras varios meses teletrabajando o sin poder ejercer sus labores profesionales con motivo de la pandemia.

Uno de los aspectos que más preocupa es si esta vuelta a oficinas, comercios y negocios de toda índole se puede llevar a cabo con todas las garantías sanitarias necesarias.

Resulta evidente que cada persona ha de asegurarse de cumplir con las normas de seguridad a nivel individual. No obstante, el tratamiento de los espacios interiores también resulta esencial para evitar contagios que puedan derivar en un rebrote del virus.

Para conocer qué componentes nocivos están presentes en el interior de edificios y oficinas, y el daño que pueden ocasionar a la salud, en Confidencial Digital nos hemos hecho eco de un estudio de la compañía Bio Air Society acerca de esta cuestión.

Un documento publicado recientemente por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid afirma que la OMS estima que la población de las ciudades pasa cerca del 90% del tiempo en lugares cerrados con ambiente viciado, asegurando que los niveles de contaminación llegan a ser mucho mayores que en concentraciones en el exterior.

Tal y como recoge el estudio de Bio Air Society, en el interior de los edificios existen tres tipos de contaminantes perjudiciales para la salud.

Contaminantes físicos

En los ambientes interiores la capacidad reguladora de la temperatura viene dada por los sistemas de calefacción y climatización, y en algunos casos extremos puede resultar dañino para la salud.

Por otra parte, existe el problema de los campos electromagnéticos, puesto que parte de la población tiene una percepción negativa sobre sus posibles efectos nocivos, lo cual termina por derivar en molestias como dolor de cabeza, insomnio, etc.

Dentro de los edificios, aunque también en exteriores y sobre todo si resides en una gran ciudad, se padece mucho ruido. Esto es algo que puede provocar alteraciones del sueño y estrés, que además suele vincularse a otras complicaciones a nivel digestivo y a un aumento del riesgo cardiovascular.

Contaminantes biológicos

Respecto a los contaminantes biológicos, este estudio resalta la importancia de la diversidad de los microorganismos ambientales. Virus y bacterias que representan un peligro, sobre todo para personas con sistemas inmunes debilitados.

También se hace referencia al peligro que pueden suponer los hongos, cuya principal vía de transmisión es por inhalación de aerosoles que contengan los contengan.

Contaminantes químicos

La última categoría que establece Bio Air Society en su estudio es la de los contaminantes químicos, destacando algunos como el monóxido de carbono, el dióxido de azufre o las partículas PM10 y PM2.5.

Algunos de estos componentes que se señalan pueden provocar la irritación de ojos, nariz y garganta, u ocasionar problemas en las vías respiratorias y en la tráquea.

También hace referencia a los Compuestos Volátiles Orgánicos (COVs), que en relación al grado y período de exposición al mismo, pueden tener efectos como molestias olfativas, vómitos o dolor de cabeza.

Por último, destaca que los olores también se consideran contaminantes químicos, pues pueden causar nauseas, dolores de cabeza y algunas reacciones aparentemente neurotóxicas como la pérdida de memoria y problemas con la concentración.

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