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¿Nos vamos a volver locos con el confinamiento?

Confinamiento
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Hace ya más de mes y medio que el Gobierno de España decretó el estado de Alarma para tratar de frenar los contagios masivos de coronavirus, concretamente el pasado 14 de marzo. Desde entonces los ciudadanos hemos vivido confinados en nuestras casas sin poder salir, salvo casos estrictamente necesarios como hacer la compra, ir a la farmacia, o aquellos profesionales que han tenido que seguir con sus obligaciones laborales.

A la espera de conocer si esta situación se va a prolongar otros 15 días más, vamos viendo cómo, poco a poco, se van permitiendo las salidas de los hogares a la población.

Tras varios anuncios un tanto contradictorios, el Ejecutivo decretó que, desde el pasado 27 de abril, los niños de hasta 14 años pudieran salir a dar un paseo acompañados por uno de sus progenitores. Además, hoy sábado ya se permite la práctica de deporte de manera individual y los paseos.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, anunció el pasado jueves que a partir de las 00.00 horas del 2 de mayo se permiten las actividades físicas sin contacto y los paseos diarios de adultos mayores de 14 años. Ambas, habrá que realizarlas en las franjas horarias que se han estipulado para ello: entre las 6 y las 10 o entre las 20 y las 23 horas.

Estas restricciones horarias afectan también a las salidas de los niños, a los que se les permitirá salir solamente entre las 12 y las 19 horas. Durante toda esta semana lo han podido hacer a lo largo de todo el día. Y se reserva a los mayores de 70 años y a las personas dependientes que necesitan asistente la franja matutina de 10 a 12 y la vespertina de 7 a 8, exclusivamente para ellos.

A pesar de estas nuevas medidas, el confinamiento va a seguir vigente, al menos, una semana más. En Confidencial Digital hemos querido arrojar algo de luz sobre las consecuencias que puede tener sobre la salud mental de las personas el estar tanto tiempo metidos en casa. Para ello nos hemos puesto en contacto con dos expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que tratan de ilustrarnos acerca de este fenómeno.

José Ramón Ubieto, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC afirma que “el aspecto de la vida en mayúsculas es una variable que ahora, junto con la salud y la economía, resulta fundamental”, añadiendo la variable de la salud mental a la ecuación de las motivaciones para ir disminuyendo el confinamiento.

“Ya estamos empezando a sufrir las consecuencias de lo que es el confinamiento y todo el mundo, desde la señora de sesenta años hasta el niño de ocho, siente frustración, ganas de salir, ansia por ver a su familia… Eso también afecta a la salud; a la física, pero también a la mental”, advierte este psicólogo.

Por otra parte, Mireia Cabero, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, reconoce que “el estado natural de las personas es la libertad, y esta es la situación a la que todos queremos regresar. Somos seres sociales, de acción, de vida exterior”. Al mismo tiempo, somos conscientes de que estamos confinados por el riesgo vital que sufrimos, por lo que “es natural vivir con frustración el aumento del tiempo de confinamiento; recibimos los mensajes de ‘aún no lo estamos consiguiendo’ y ‘aún no regresaré a mi normalidad’”, afirma la profesora de la UOC

Debido a ese motivo, ante la duda de si es mejor prolongar el confinamiento o interrumpirlo aun sabiendo que deberá imponerse de nuevo en caso de un rebrote, la respuesta no es simple. En cualquier caso, según Ubieto, deben tenerse en cuenta las tres variables fundamentales. “El criterio epidemiológico único y exclusivo no sirve, y el económico tampoco, porque la economía necesita a las personas, y las necesita con salud”, señala. Además, añade que también sería un error dejar de lado ahora todos los aspectos relacionados con el bienestar mental, “especialmente para aquellas familias que viven el encierro de una manera precaria. Hay personas viviendo con otras en una sola habitación, muchas sufriendo por no poder ver a familiares vulnerables dependientes o enfermos, y además hay personas que necesitan salir porque la tensión intrafamiliar y los conflictos que van agudizándose en el día a día son un problema cada vez mayor”, asegura. 

Relajamiento progresivo

En opinión de José Ramón Ubieto, dada la situación actual, las medidas dirigidas a un relajamiento del confinamiento que incluyan propuestas progresivas que puedan consolidarse son la opción que más probablemente se acaben adoptando. Se trataría de una solución intermedia que evitaría los problemas causados por una apertura antes de tiempo. “Generar expectativas seguidas de frustración es una alternancia muy negativa, porque creer que has salido del túnel y de repente tener que volverte a encerrar es muy frustrante”, reconoce este psicólogo.

Comparte su opinión la psicóloga Mireia Cabero, fundadora del movimiento Cultura Emocional Pública, un proyecto que se lleva a cabo en la incubadora Hubbik de la UOC. Cabero señala que “iniciar ahora un desconfinamiento para activarlo de nuevo aumentaría la impotencia, la desesperanza e incluso el enfado hacia las instituciones que han impulsado el desconfinamiento parcial”.

¿Por qué entonces siguen poniéndose fechas, incluso aunque sepamos que no son definitivas? Una revisión de estudios publicada en The Lancet ofrece una respuesta. Según esta investigación, para las personas confinadas cada anuncio de aumento del tiempo de cuarentena provoca frustración o desmoralización, pero no poner ningún límite en el calendario a esa cuarentena tiene efectos aún más perjudiciales.

Y es que, como explica Mireia Cabero, poner una fecha límite, aunque sepamos que no tiene por qué ser definitiva, nos ayuda “porque el cerebro se relaciona mejor con estados no deseados que tienen fecha de caducidad que ante la incertidumbre sin límite. Aumenta su capacidad de llenar este tiempo limitado de intenciones y esfuerzos”, señala.

Mientras tanto, encarar de la mejor manera posible el confinamiento requiere algunas acciones, entre las que Cabero destaca algunas, como por ejemplo:

-Ser conscientes de cómo nos está afectando el confinamiento interiormente (cómo nos sentimos, qué pensamientos y sensaciones nos produce, qué actitudes y comportamientos nos genera, cómo está nuestro cuerpo…).

-Dar sentido a lo que está sucediendo como sociedad e individualmente.

-Aceptar lo que nos está ocurriendo para dejar de luchar contra las circunstancias y generarnos circunstancias que nos sean favorables aceptando el reto vital ante el que estamos.

-Decidir para qué queremos que nos sirva este tiempo de vida y a qué queremos dedicar este periodo de «parada obligatoria». Aunque estemos más parados, la vida sigue corriendo y depende de nosotros lo que hacemos con ella.

-Disponernos a vivir con sentido y voluntad esta nueva «normalidad», que tiene fecha de caducidad aunque aún no la conozcamos.

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