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¿Es verdad que las elecciones se ganan en el centro?

Papeles para unas elecciones en España
photo_cameraPapeles para unas elecciones en España

“Las elecciones se ganan en el centro”: este mantra, repetido desde hace años por algunos sociólogos, politólogos y expertos en encuestas electorales, choca con otra idea igualmente extendida, la de que los votantes de cada partido reclaman siempre una “vuelta a los orígenes ideológicos”, siempre escorándose y polarizándose hacia los extremos del espectro político.

En la tensión entre esas dos tendencias se mueven los grandes partidos: el PSOE, entre extenderse al centro o recortarle espacio a Podemos en la izquierda; el propio Podemos, apostar por la protesta y la radicalidad o mostrarse más dialogante, más realista, más socialdemócrata incluso; el Partido Popular, que duda entre frenar la sangría a Vox por la derecha o Ciudadanos por el centro; y Cs, con un Albert Rivera que se mueve entre las apelaciones formales al centro y la disputa por liderar todo el espacio a la derecha del PSOE.

Todos, obviamente, tratan de ensanchar su base de votantes creciendo en ambos sentidos, y por eso lanzan (sobre todo, en campaña) mensajes a un lado y a otro en un equilibrio que unos mantienen mejor que otros.

Quien parece que ha caído ahora en la importancia de disputar el caladero de votos del centro es el Partido Popular. Tras la debacle del 28 de abril, cuando pasó de 137 escaños a 66, dirigentes regionales del PP forzaron a Pablo Casado a dar un volantazo, alejarse de Vox (que ahora sí es “ultraderecha”) y diseñar una estrategia para las elecciones autonómicas, municipales y europeas con un lema muy revelador: “Centrados en tu futuro”.

La imagen del PSOE

Las encuestas postelectorales, como la publicada por El Mundo días después del 28-A, indicaron que las dos fuentes de las que llegaron los dos millones de votos que sumó el PSOE fueron Podemos y la abstención, que sumaron un millón cada una. Las transferencias en el lado más centrista entre los socialistas y Ciudadanos fueron escasas, y prácticamente equivalentes en ambas direcciones entre ambos partidos.

Pero, por ejemplo, llama la atención en ese estudio sociológico que unos 348.000 votantes habrían pasado de votar al PP en 2016 a hacerlo por el PSOE en 2019, cuando la emergencia de Vox y las alertas por su carácter de “ultraderecha” condicionó notablemente el comportamiento electoral, sobre todo en el lado del centro a la izquierda del eje ideológico.

Además de sus apelaciones al voto útil de la izquierda para “frenar a las tres derechas”, como Pedro Sánchez denomina a PP, Cs y Vox, el PSOE consiguió en esta campaña mostrarse como un partido moderado, de gestión, social, y al menos hacia su electoral tradicional opacar las polémicas que han acompañado los meses de Gobierno socialista desde la moción de censura a Mariano Rajoy, e incluso la falta de medidas tangibles -no pudo aprobar unos Presupuestos Generales del Estado- tomadas en este tiempo.

La campaña de Sánchez fue más bien de perfil bajo, de tratar de explotar la competición en el centro derecha y la derecha que llevó al PP y a Ciudadanos a escorar su perfil al extremo para competir con Vox.

Adiós a propuestas polémicas

Aunque sí hubo guiños claros del PSOE hacia el sector más templado o cnetrista del electorado. Lo hizo no sumando propuestas, sino descartando de su programa electoral -en realidad, una lista de 110 medidas- algunas propuestas que el propio Pedro Sánchez llevaba unos años reivindicando, y con las que incluso había hecho campaña en su empeño por recuperar la secretaría general del Partido Socialista.

Por ejemplo, ‘se cayeron’ del documento electoral del PSOE medidas laicistas, como acabar con la asignatura de Religión en los colegios públicos, denunciar el Concordato con la Santa Sede y recuperar bienes públicos inmatriculados por la Iglesia; desapareció la promesa de derogar la reforma laboral aprobada por el PP, y la de dar marcha atrás a la modificación del artículo 135 de la Constitución introducida en 2011 para reforzar la obligación de la contención del déficit público; ni rastro quedó del impuesto a la banca o a los coches diésel; tampoco se hizo mención a publicar la lista de beneficiados por la amnistía fiscal de Montoro; y pasó sin una palabra sobre la reforma federal de la Constitución, mucho menos por la “España plurinacional” que abanderó en su día Sánchez.

Algunas de estas ideas fueron en su momento propuestas rompedoras de Sánchez, bien para frenar la fuga de votos a Podemos, bien para aparecer ante la militancia del PSOE en las primarias como el candidato más genuinamente de izquierdas. Sin embargo, fueron desterradas del programa y de los mensajes de los socialistas en estas elecciones generales que han supuesto la primera victoria electoral de Pedro Sánchez.

¿Quién decanta la victoria?

Como con la tensión polarización-centro citada al comienzo, otras dicotomías que provocan debates es cómo se ganan las elecciones: por errores del Gobierno o por aciertos de la alternativa de la oposición, por ejemplo; pero también, si la balanza la decantan los votantes de centro que suelen variar de partido, o si por el contrario es más decisiva la movilización de una parte de los abstencionistas, muchos de ellos más bien de izquierdas o incluso anarquistas o ácratas, que en determinadas circunstancias deciden acudir a las urnas.

En esta ocasión la participación fue claramente superior, del 75% frente al 66% de hace tres años, pero debido a distintos motivos, por ejemplo en Cataluña.

Pero del análisis no puede quedar fuera una conclusión que sirve para todos los cambios del partido gobernante desde la muerte de Franco. Y es que, en general, gana y gobierna en España la formación política que consigue aparecer ante el conjunto de los electores como el más moderado y centrado, alejado de extremismos.

Fue el caso de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, cuando triunfó en 1977 gracias al carisma del presidente designado por el rey antes de las primeras elecciones y también por su postura templada en estos primeros compases de Transición del franquismo a la democracia.

También ocurrió con el PSOE de Felipe González, que tras renunciar al marxismo y alinearse con la socialdemocracia de otros países europeos, supo aprovechar el derrumbe de UCD para alcanzar el poder con esa histórica mayoría absoluta de 1982; también, en ese caso, tras haberse revestido con una imagen de moderación que dio tranquilidad a muchos votantes que tenían cierto miedo hacia el socialismo.

José María Aznar también consiguió llegar a La Moncloa en 1996 tras reunificar al centroderecha y darle un rumbo centrado, lejos ya de herencias franquistas. Y en 2011, Mariano Rajoy llegó a la Presidencia del Gobierno en la ola de la crisis económica que minó a José Luis Rodríguez Zapatero, pero también tras dar un volantazo en 2008 hacia el centro y con un estilo más moderado y menos agresivo.

La victoria del PSOE en estas elecciones del 28 de abril de 2019 parece abonar de nuevo ese lema de que las elecciones, si no totalmente al menos en gran medida, se ganan en el centro.

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