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¿Es de verdad Marruecos un país ‘amigo’ de España?

Bandera de Marruecos.
photo_camera Bandera de Marruecos.

El pasado mayo, Marruecos lanzó una ola de migrantes sobre Ceuta; y se reabría en la opinión pública el debate sobre si de verdad el reino alauí es un país amigo para España.

“En relaciones internacionales no hay amigos, sino intereses,”, responde rápidamente a la pregunta Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano especializado en el mundo árabe y el Mediterráneo, pero añade que  “hay afinidades y relaciones de confianza que pueden facilitar la consecución de los intereses”.

En el caso de las relaciones hispano marroquíes hay muchos intereses recíprocos. No sólo España sale beneficiada de tener un socio al sur del Estrecho porque puede invertir en un país en desarrollo, controlar los flujos migratorios y poner cerco al tráfico de estupefacientes y al radicalismo islámico; también Marruecos gana con la buena vecindad española. 

Así lo piensa Amirah Fernández, quien explica que “la cooperación a veces se presenta que es por un interés por parte de España en temas como la lucha contra terrorismo y la inmigración irregular”. Sin embargo, esta confluencia también da sus frutos a Marruecos, ya que el país se ve amenazado por el radicalismo y muchos potenciales terroristas proceden de la diáspora magrebí en Europa.

Otro de los intereses por parte de Marruecos es la economía. Javier Otazu, periodista de la agencia EFE que ha vivido 16 años en el país norte africano y es autor del libro Los tres jaques del rey de Marruecos, señala que España es un socio más estratégico para Marruecos  “por la diferencia de peso económico y la pertenencia de España a la UE”.

“Hay que añadir un elemento al que no se da publicidad, pero en Marruecos lo saben”, desvela Amirah Fernández; y explica que “los sucesivos gobiernos españoles han actuado como defensores del país magrebí en muchos foros internacionales”.

Aliados contra el bloque socialista

Esta reciprocidad de intereses lleva 40 años fraguándose. En los años 80, durante el gobierno de Felipe González, ambos países acabaron en el mismo bando de la Guerra Fría; a pesar de las tensas relaciones anteriores, marcadas por la rivalidad, que dieron lugar a la guerra del Sidi Ifni y a la Marcha Verde. Los vínculos se ampliaron tanto que se llegó a vender armamento. La corbeta Clase Descubierta de diseño español, Teniente Coronel Errahmani, fue el buque insignia de la armada marroquí durante 20 años.

Tras el 11-S,  a pesar de incidentes como el de la Isla Perejil, unas amenazas compartidas y el gran peso económico de España como primer socio comercial marroquí “crearon un colchón de intereses comunes”. Sin embargo, el panorama “ha cambiado tras los Acuerdos de Abraham que han envalentonado a Marruecos”, explica Jesús Pérez Triana, analista de inteligencia.

El acuerdo de paz entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel normalizó las relaciones entre el país hebreo y las monarquías de la Península Arábiga. Marruecos reconoció al Estado judío para “acercarse a la alianza entre Arabia Saudí, Emiratos e Israel” lo que “le permitía cerrar el expediente del Sáhara Occidental y concentrarse en Ceuta y Melilla”, apunta Pérez.

Donald Trump, para animar a Marruecos a normalizar relaciones con Israel, reconoció la soberanía del país alauí sobre el Sáhara Occidental. Pero, como señala el investigador del Real Instituto Elcano, “la euforia con el paso de las semanas y los meses dio lugar a la decepción porque otros países democráticos no dieran los mismos pasos; y la decepción se tornó en frustración”.

Otazu piensa que el reconocimiento estadounidense tuvo que ver “tangencialmente” con la crisis de Ceuta porque “Marruecos, al sentir el apoyo de EEUU, comenzó a exigir que España y otros países de la UE secundaran ese reconocimiento, y al no lograrlo (si no más bien lo contrario), lanzó esa operación contra España para obligar a cambiar de postura sobre el Sáhara”.

En el Majzén, la oligarquía cercana al monarca marroquí, pensaban que si España, antigua potencia colonial, reconocía su soberanía sobre el territorio en disputa, otros países se sumarían, analiza Haizam Amirah.

Amenazas híbridas

Para presionar, Marruecos recurrió a inundar Ceuta de migrantes; lo que es una “estrategia en la zona gris”, explica Pérez. El experto dilucida que este tipo de agresión  “lo emplean potencias que cuestionan el status quo y parten de una situación de inferioridad. Estas, en vez de optar por una confrontación directa, usan acciones que están siempre por debajo de casus belli”. Estas estratagemas no son algo nuevo por parte del país magrebí; las bandas del Ejército de Liberación en la guerra de Sidi Ifni o la Marcha Verde son dos ejemplos de su empleo en el pasado. 

También en los últimos años “Marruecos ha utilizado los tráficos ilegales de personas y drogas y ha conseguido que la UE le financie”, explica Pérez.

Estas estrategias tratan de “presionar para obtener pequeñas ventajas” explica el analista de inteligencia; y añade que “quien sufre una de estas acciones se queda desconcertado” porque si ante una oleada de migrantes moviliza al Ejército queda como el agresor.

Sin embargo, en esta ocasión a Marruecos no le ha salido bien la jugada. El analista de inteligencia explica que “el uso de  los flujos irregulares de personas después de la experiencia europea de 2015 cambia por completo”.

La situación de Ceuta y Melilla era ajena para cualquier europeo, pero si hablas de flujos migratorios irregulares el asunto cambia. Pérez revela que la mañana de la crisis en Ceuta los teléfonos del Ministerio de Exteriores estuvieron sonando con llamadas de apoyo de las distintas cancillerías europeas. Polonia ofreció su gendarmería a España y Francia, país que no respaldó al expresidente Aznar en la crisis de Perejil, no secundó al país magrebí en esta ocasión. 

No sólo Marruecos fue derrotado en el plano diplomático, también perdió el relato. La imagen de un legionario cogiendo en brazos un bebé que cruzaba la frontera con su madre y la de una cooperante consolando a un migrante subsahariano dieron la vuelta al globo.

 “La prensa internacional fijó la imagen en el imaginario colectivo de que Marruecos es un país no democrático que utiliza a sus ciudadanos como arma diplomática” explica el analista de inteligencia, y amplía que “en el otro lado estaba España que ya no era la España franquista del torero y el tricornio, si no un país sensible que acoge”.

“Es importante cómo los conflictos son entendidos, más en la era de las redes sociales”, recalca Pérez, y explica que “hemos ido hacia una simplificación de los discursos”, donde lo más importante es la foto, el video o el meme. El experto señala la diplomacia y la comunicación como escenarios clave para contrarrestar las estrategias en la zona gris.

Economía, nacionalismo y reyes

Con todo, hay una amenaza para Ceuta y Melilla. Diversos partidos marroquíes y la monarquía emplean la retórica del Gran Marruecos, que reclama las plazas de soberanía española en África, como válvula de escape de las presiones internas, recuerda Amirah Fernández.

El investigador del Instituto ElCano explica que “Marruecos está haciendo proyectos para aislar económicamente a las ciudades autónomas”. El puerto de aguas profundas de Nador, colindante con Melilla trata de ahogar el tráfico marítimo de la ciudad española. Para contrarrestarlo, el investigador cree que España debería trazar un plan económico para Ceuta y Melilla y darlas a conocer entre los peninsulares, que en muchos casos desconocen la realidad de estas localidades que podrían ser dos importantes focos turísticos.

Es necesaria una reconversión de su sector productivo. Durante décadas las ciudades autónomas vivieron del comercio atípico con las zonas marroquíes colindantes, por lo que los cierres fronterizos del país alauí tensionan especialmente su modelo económico, a ojos del analista del Real Instituto ElCano.

No sólo los Acuerdos de Abraham y el Sáhara han sido culpables de agriar las relaciones hispano marroquíes. Las afinidades entre la Casa de Borbón y la Dinastía Alauí “eran grandes en época de Juan Carlos I y mucho menor ahora” explica Otazu. 

También, la turbulenta vecindad entre Marruecos y Argelia repercute en España. El periodista de EFE reconoce que “un vecindario inestable es foco potencial de mayores problemas” y pone el ejemplo de una posible interrupción del suministro de gas argelino vía Marruecos. Mas hay otras consecuencias de las malas relaciones como “la nula cooperación antiterrorista y migratoria entre los dos países magrebíes redunda contra la eficacia de los servicios de seguridad a la hora de combatir ambos fenómenos”. 

Aviones y fragatas

Pérez subraya, al respecto de la vecindad entre los dos países del norte del África, que una compra de material bélico argelina en 2006 provocó una carrera armamentística en la región que trastocó el poder militar en el Estrecho y afectó a la capacidad de disuasión de las Fuerzas Armadas españolas.

“Argelia firmó un acuerdo con Putin en el que el Kremlin decidió condonar la deuda contraída con la URSS”, explica el experto, y añade que gracias a ello el país “pudo hacer una compra multimillonaria por tierra, mar y aire” que se financió con concesiones energéticas al país eslavo.

La llegada de material ruso moderno como aviones de combate Su-30MKa alarmó a Marruecos que  se vio en peligro y dijo que “no podía tener unas fuerzas aéreas de segunda, y dio el salto comprando los F-16 bloque 50”.

“Hace dos años Marruecos decidió aumentar un 29% su presupuesto militar y hay declaraciones de responsables institucionales que decían que su objetivo era convertir a Marruecos en la potencia militar hegemónica en el Magreb”, resume Pérez.

El analista de inteligencia recalca que “una cosa son las capacidades de las fuerzas armadas y otras las intenciones”, que en el caso marroquí tienen que ver con Argelia. Sin embargo, España se ve inquieta ante esta escalada porque “la percepción que teníamos de que estábamos un escalón tecnológico por encima se ha diluido”.

“El principal objetivo de las Fuerzas Armadas es generar disuasión”, explica Pérez, y señala que, “cuando se cierra la brecha de capacidades, el país que está creciendo tiene tendencia a ser más agresivo”.

El experto pone el ejemplo de que  si Marruecos dice que su zona  económica exclusiva entra en la de España; cuando el país ibérico tenía 17 buques, los desplegaba allí. Ahora con una armada desmantelada y teniendo el Estado norteafricano 7 fragatas, se hace más complicado "meter cuerpo".

Por ello Pérez reclama que España repiense sus Fuerzas Armadas porque “la defensa del país es marítima: todas las potenciales de conflicto están en el Eje Baleares-Estrecho-Canarias”.  Ello debe llevar a preguntarse si necesitamos unas Fuerzas Armadas totalmente equilibradas o “hay que empezar a comprender que las hipótesis de conflicto están más allá de la Península”.

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