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¿Son peligrosas las apuestas?

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Hace unas semanas tuvo lugar en Madrid la 37ª edición de la Feria Internacional del Juego. Un macroevento donde publicitarios, casa de apuestas, empresas de juegos de azar y representantes de la industria recreativa se juntaron para dar a conocer sus servicios.

Su celebración se desarrolló en plena precampaña electoral para las elecciones generales del 28 de abril, donde algunos partidos han hecho de este sector una causa política que llevar en sus programas electorales. La ludopatía o el aumento de jugadores entre las capas más jóvenes y con menos recursos de la sociedad sirven de argumento para una regulación más restrictiva.

No obstante, se trata de un negocio que mueve millones de euros al año y que incide de forma directa e indirecta sobre la economía local, con sus consecuencias negativas y positivas.

Un bote de 700 millones de euros

En el año 2018, el negocio del juego movió en nuestro país 700 millones de euros, un 26% más que el ejercicio anterior, según un estudio realizado por el comparador Acierto.com. El sector incide de manera directa en la creación de 81.000 puestos de trabajo, aunque no son los únicos beneficiados.

De forma indirecta , también , se generan a través del juego otros 160.000 empleos repartidos entre los sectores de la hostelería, del turismo y de los servicios en general.

No obstante, es necesario realizar una distinción entre los dos modelos de negocio que empujan el mundo del juego: el físico y el online.

De los 700 millones de euros mencionados anteriormente, más de 200 fueron generados por el juego online, experimentando un crecimiento de un 360% en apenas seis años. Incide indudablemente sobre el dinero aportado a las arcas públicas a través de impuestos, pero en detrimento de la economía local.

El resto de sectores no relacionados con la industria recreativa, pero que en cierta medida se nutren de ella, ven disminuidos sus beneficios al desaparecer esa necesidad de trasladarse hasta un local de apuestas o un casino. Desde casa solo se consume lo que se apuesta.

Perfil del jugador

La desaparición de esta barrera física ha hecho más accesible- como en casi todos los sectores- el acceso al juego. Una pantalla de ordenador o el propio teléfono móvil se convierten en casas de apuestas portátiles.

Este hecho ha disparado el número de usuarios activos en nuestro país- que no puntuales- cifrándolos en más de un millón y medio de personas. De todas ellas, 8 de cada 10 son hombres de ingresos medios con edades comprendidas entre los 26 y los 35 años. Las mujeres, por su parte, invierten la mitad.

Los jugadores suelen centrarse preferiblemente en las apuestas deportivas, seguidas del bingo, el casino, los concursos y el póquer. Las casas de apuestas han visto en el mundo del deporte, siempre muy anclado a este negocio, una oportunidad perfecta para crecer, como lo han hecho en los últimos cinco años, a costa, eso sí, de los más jóvenes.

Las apuestas deportivas se ceban con los jóvenes

Solo en Madrid, con datos del 2018, se cifra en 18.000 personas las adictas al juego, es decir, ludópatas. Y es entre los jóvenes donde el problema se hace más preocupante, con una edad comprendida entre los 18 y 30 años y una doble dependencia: la de las apuestas deportivas y el juego online.

Su mejor manejo de las herramientas digitales o su carácter-más sensible a ser influenciado- vertebran algunas de las razones por las que ha crecido esta adicción.

No es de extrañar, por tanto, que algunos partidos se hayan tomado muy en serio este problema. Unidas Podemos lleva en su programa electoral toda una declaración de intenciones para atajarlo de una manera implacable.

Aboga por medidas como la de no permitir que los locales de juego abran antes de las 22:00; proceder a un cierre parcial de algunos de estos establecimientos sustituyéndolos por centros de ocio para jóvenes; una mayor carga impositiva sobre el sector y que se engloben todas estas propuestas dentro de una estrategia estatal para prevenir la ludopatía.

Aparte, en su programa electoral puede comprobarse la intención de prohibir todo tipo de publicidad que fomente esta actividad. Un punto que se trata de la única mención que, por ejemplo, hacen el PP y el PSOE en sus respectivos contratos electorales. Aún así, solo apuntan a una "regulación de la publicidad del juego y campañas de prevención de la ludopatía", sin hacer referencia expresa a la forma en la que esto se haría y sin añadir ninguna otra medida.

La publicidad en el centro del problema

El debate en torno a la publicidad de la que han hecho mención los partidos políticos viene dada por una intensa polémica en la red social Twitter, la cual contagió a cierta parte de la opinión pública, debido a la participación de varios rostros conocidos del mundo del entretenimiento nacional en spots comerciales de casas de apuestas. Carlos Sobera, José Coronado o Roberto Álamo son algunos de los involucrados en estas campañas publicitarias.

Y es que, según el mismo estudio de la comparadora Acierto.com, la inversión en publicidad y marketing en este sector superó los 300 millones de euros. Una caña de enorme poder para pescar nuevos clientes, fidelizarlos y darse a conocer.

No basta únicamente con anunciarse para hacer más atractivas las apuestas. La empresas abogan por otros métodos, también englobados en la parte de marketing, que son los impulsores reales de captación y , sobre todo, fidelización de nuevos jugadores.

Por ejemplo, los casinos se centran en la retención de sus clientes- para que no migren al negocio online- a través de una táctica muy recurrente en el sector, que es la de los bonus sin depósito. El jugador puede apostar en varios juegos diferentes sin necesidad de aportar su propio dinero, muy eficaz entre los iniciados para que pierdan esa percepción de riesgo tan determinante que empuja a continuar apostando.

Dentro del juego online, son varias las maneras; devolver parte del dinero perdido a los usuarios, puntos de fidelidad, ofertas para jugar más barato e incluso profesionales en redes sociales que comparten sus apuestas de una manera casi profesional para y ofrecer así consejos a otros jugadores que percibirán una falsa sensación de seguridad para decantarse por apostar.

Juego seguro

En España, la regulación del juego está supeditada a la Ley 13/2011 del 27 de mayo, y a través, también, de la Dirección General de Ordenación del Juego. Se trata, más que de una legislación que limita el sector, de ofrecer mecanismos legales por el cual las empresas estén obligadas a cumplir una serie de requisitos de seguridad para ofrecer sus servicios.

En el mercado online, por ejemplo, los delitos de hackeo y filtración de datos han aumentado en un 60%, por lo que es necesario, tanto para jugadores como para la industria del juego, ofrecer y conocer las vías por las que esta actividad ha de discurrir sin generar situaciones que pongan al descubierto la privacidad de todos los implicados.

En las URL de aquellas web que prestan estos servicios ha de aparecer, por ejemplo, escrita así: httpS. Esa última “s” significa que la página garantiza la encriptación de los datos financieros de los jugadores.

Se puede jugar de forma segura si por seguridad se entiende que nadie robará los datos ni el dinero de los usuarios y porque se permite jugar con sencillez y sin preocupación. Pero lo que no es seguro es ganar. La banca nunca pierde, aunque cifras estratosféricas expuestas en grandes carteles de neón mantengan la ilusión de que ese premio es posible y que se deba hacer algo por lograrlo.

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