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El Papa pidió a los jesuitas humildad para saberse vasijas de barro

"Mirando a Cristo crucificado, sentimos esa sensación tan humana y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura". El Papa Francisco ha celebrado la festividad de San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, con una Misa con los jesuitas en Roma. Su primera celebración como Papa de la festividad del santo navarro ha sido en la iglesia del Gesú, donde están las reliquias de San Ignacio y de otros santos jesuitas como San Francisco Javier.

A las ocho de la mañana ha comenzado la Santa Misa. Ha sido una Misa privada solo para jesuitas, amigos y colaboradores. A la entrada de la iglesia el Papa ha sido recibido por cientos de personas que han esperado hasta el final de la Eucaristía para saludarle. Con el Papa Francisco han concelebrado el Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Luis Ladaria; el Padre general de la Compañía de Jesús, el P. Adolfo Nicolás y más de doscientos jesuitas.

En la homilía el Papa argentino propuso tres puntos para reflexionar. Empezó por poner en el centro a Cristo y a la Iglesia. El segundo punto, vinculado al tercero ha sido "dejarse conquistar por Cristo" y el último ha sido consecuencia de los dos primeros: ser humilde ante Él y ante los hermanos.

Francisco ha recordado que el lema de la Compañía "Iesus Hominum Salvator" debe mantenerles en la centralidad de Cristo para cada uno. La Compañía es "de Jesús" porque San Ignacio quería mantener clara la principal referencia para los jesuitas. "Yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia" señaló el Papa "son dos fuegos que no pueden separarse". El pontífice insistió en que no puede hacer caminos paralelos o aislados aunque sí caminos de búsqueda creativos pero siempre en comunión con la Iglesia. Repitió de nuevo la frase que tanto usa en sus discursos "ir a las periferias" para referirse a salir de uno mismo y a buscar a las ovejas descarriadas pero insistiendo en la fidelidad a la Iglesia.

El Papa hizo continuas referencias a la amplia historia de los jesuitas de todos los tiempos para extraer enseñanzas para los cristianos del presente. Para explicar la centralidad en Jesús recurrió a la Primera Semana del libro de los Ejercicios Espirituales que San Ignacio escribió inspirado por el Espíritu Santo. "Mirando a Cristo crucificado, sentimos esa sensación tan humana y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura" Todo ello para llegar a vivir la humildad. "La humildad que nos lleva a ponernos a nosotros mismos no a nuestro servicio personal o al servicio de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuadas, insuficientes, pero con un inmenso tesoro que llevamos y comunicamos".

Por último se refirió a dos grandes jesuitas: san Francisco Javier y el padre Arrupe, un jesuita del siglo XX que vivió la bomba atómica de Hiroshima. Ha contado cómo en el atardecer de su existencia, cuando un jesuita termina su vida recuerda dos imágenes: la de san Francisco Javier mirando a China y la del padre Arrupe en su última conversación en el campo de refugiados. Estas dos imágenes, ha dicho el Papa, ayudarán a pedir la gracia de que "nuestro atardecer sea como el de ellos".

Francisco pidió a la Virgen, a San Ignacio y a todos los santos jesuitas su intercesión y su ayuda para vivir siempre con humildad a mayor gloria de Dios.

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