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El clan de los 'Emilios' se sienta otra vez en el banquillo doce años después de ser condenados

Sus integrantes fueron condenados en 2010 a penas de hasta 5 años de cárcel por delitos de salud pública

MADRID, 25 (EUROPA PRESS)

Un total de 19 miembros del clan de 'Los Emilios', uno de los más activos en la venta de droga en la Cañada Real, se sienta este miércoles otra vez en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Madrid doce años después de ser condenados por delitos de salud pública.

La Fiscalía de Madrid solicita penas de hasta 7 años de prisión. En septiembre de 2010, ya se les condenó a hasta 5 años de cárcel tras alcanzar un acuerdo con el fiscal.

Este clan ocupaba una corrala de 14 viviendas del sector VI de la Cañada, tres de las cuales eran destinadas en exclusiva al despacho diario de heroína, cocaína o mezcla, en monodosis o en grandes cantidades.

Según el escrito de acusación, entre los meses de julio y noviembre de 2013 la policía pudo constar que en una determinada parcela del poblado de Valdeminmgómez en la Cañada Real había un trasiego continuo de personas "con aspecto de toxicómanos" y ajenas a los aparentes moradores de las viviendas "las cuales permanecían a escasos minutos en dicho lugar".

Esta circunstancia fue la que levantó sospechas de que allí pudiera estar desarrollándose la venta de drogas por los integrantes de una familia conocida con el apodo de 'Los Emilios', razón por la que se establecieron vigilancias específicas.

GRUPO DE TRECE PERSONAS ENCARGADAS DE LA VENTA DE DROGA

A raíz de estas vigilancias se constató la existencia de un grupo formado por trece personas que se encargaban de la venta de drogas a personas consumidoras en una finca en forma de recinto físicamente cerrado con sólo dos entradas posibles con acceso controlado y unas diez dependencias habitables.

 

Los acusados se dividían las tareas. Unos asumieron turnos rotatorios de vigilancia y control de acceso de personas ajenas al interior del recinto, mientras que otros realizaban las transacciones de las sustancias por dinero con los consumidores que allí acudían.

Al tratarse de una edificación con sólo dos puntos de acceso vigilado, así como con diversas dependencias con puertas blindadas y ventanas con rejas y escaso uso de conversaciones telefónicas para transmitirse información entre los implicados, la Policía introdujo un agente encubierto simulando ser drogodependiente que se presentó en siete ocasiones en la parcela para adquirir unos ocho gramos de cocaína que resultó ser lidocaína y cafeína.

Al ser "continua" la entrada y salida de personas de dichas parcelas, la Policía solicitó la entrada y registro que autorizó el Juzgado de Instrucción nº 26 de Madrid "al objeto de proceder a la intervención de la sustancia estupefaciente que pudiera haber dispuesta para su venta en el lugar, los efectos e instrumentos para su manipulación y venta, dinero procedente de la venta de droga, armas, sustancias de adulteración, efectos obtenidos a cambio de droga y demás efectos".

Durante el registro la Policía se incautó de droga, dinero en metálico, básculas de precisión, así como dos pistolas, una Browning y otra Smith Wesson, una escopeta de repetición y diversa munición.

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