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David DeMaría, cantautor: “El éxito es una cortina de humo”

Veinte años después de llegar a los escenarios, David DeMaría presenta una caja de sus canciones-sorpresa de siempre, pero más eternas. 20 años, 10 discos, más de un millón de copias. Sin padrinos. Con valores. Un maratoniano en las pistas del pop español

Vive. Ama. Trabaja. La música de DeMaría es una parrilla de talento y perseverancia.
photo_cameraVive. Ama. Trabaja. La música de DeMaría es una parrilla de talento y perseverancia.

DeMaría es carne hecha a la parrilla jerezana, carrera de fondo sanluqueña, poesía romántica cocida a miel y vinagre. El David sin padrinos contra el Goliat de la industria musical, donde el único do-re-mi son los euros y la histeria de la fama. Entre asfalto y albero. Entre The Beatles y El último de la fila. Hijo del flamenco, hijo de su tiempo, hijo de las olas. Dos décadas después de subir Despeñaperros, el cantautor con pancartas de corazones acaba de parir un 20 años con sus canciones renovadas para siempre. Piensa que el éxito es caprichoso, manipulado y una cortina de humo. Confirma que la prensa rosa “destruye”. Denuncia que la radio fórmula es una ramera meneándose en las ondas. Poesía, sí. Pero no al gusto de los que tienen la sartén por el mango y cuecen a fuego lento a las personas. Maduro como un vino hecho padre, DeMaría marida escenario, agallas y pasión. Y ha vuelto en plan rockero para sonarnos a todos.

Huele a Feria en el ambiente y entramos en el real de la Warner Music. En Madrid no se estira el azahar, pero entre vinilos de oro y grana del pop nacional aparece un torero con dos décadas sobre las plazas, lidiando con la música. David DeMaría ha estado esa mañana con Carlos Herrera y aterriza en la discográfica como un niño maduro con su disco nuevo.

El que pudo ser bombero con formación de electricista ha dado a luz sin epidurales su décimo álbum. Los dolores de parto de una carrera de fondo sin padrino se han quedado en el quirófano. 20 años ya está en la calle, y es un F5 pasional sobre sus canciones fetén, con sus cirugías melódicas, sus transfusiones de madurez, sus tonalidades sin botox, sus armonías del siglo y sus esencias de perdurabilidad.

Desde que apareció el toro en la Maestranza del cantautor del sur, David ha cogido el bicho por los cuernos. Portagayolas. Pases. Estocadas por la espalda. Sangre inocente. Entereza constante. Perseverancia consciente. Y en la meta volante de los 20 años, el que se crió en Jerez entre academias de baile y guitarras entra con la espalda curtida y la frente alta.

Después de demasiados años sometido al rejoneo de una “prensa” malcriada, entramos en el burladero sin más armas que el afán de conocer al David Jiménez que viste el traje de luces DeMaría.

En caseta, sin rebujito. Jerez, a un lado. España, circundante. Y allá a lo lejos, donde navega aquel barco de papel, entre mares de Cádiz que saben a sal gorda, pescamos esta conversación-hit.

20 años. ¿Mantenerse en el escenario 20 años sin ser un producto de discográfica es un milagro o un desafío?

Me gusta responder esa pregunta en la sede de mi discográfica… Valoro mucho que mis principios como músico y como autor no los hayan distorsionado ni el mercado, ni la industria. El escenario es capaz de salvarte y también de asfixiarte, pero echando la vista atrás me alegro mucho de haber sido fiel a mis valores, y que estas canciones, 20 años después, se puedan seguir tocando a guitarra y a piano.

Dos décadas en una montaña rusa. Subidas y bajadas. Subidones y bajones. Al final, ¿el trabajo le hace libre, aunque el éxito sea tan caprichoso?

A mí me hacen libre la composición, el escenario, y el directo. Percibo particularmente la verdadera libertad cuando doy un acorde sobre las tablas y noto que se para el tiempo. El éxito es caprichoso y está manipulado, en la mayoría de los casos. No hay una canción mala: hay una canción que suena poco. Por muy malo que sea un tema, si lo repites constantemente en las radios, lo acabamos cantando todos. El éxito es una cortina de humo.

20 velas sobre sus discos con sus cruces y sus rayas. El que tira la toalla cuando sufre, ¿está preparado para estar en las tarimas del pop español?

A mí, el escenario me ha servido de tabla de salvación en momentos de sufrimiento, porque no hay nada que me apetezca más que tener un proyecto por delante: un concierto, una gira, una canción por terminar, un encargo, como el de la película de Bernarda Alba, que me ha llevado muchos meses escribirlo… Uno de mis discos lo titulo La fuerza de la voluntad, porque creo que lo que nos diferencia a los que perduramos después de dos décadas ha sido la perseverancia, no el querer ser artistas por cojones. Es muy distinto. Para mí, la clave de la constancia es ser muy consciente de las virtudes, del talento y de las carencias, y ser fiel a ese huertecito de mis canciones, mis poesías y mis conciertos que nadie va a venir a arruinármelo.

10 discos. Más de un millón de copias vendidas. ¿La fama o la vida?

La vida siempre, y más en una época en la que las nuevas generaciones se están criando pensando que la vida es un Instagram: que lo importante es sacar el morro, levantar el culo, ponerse guapa, o guapo, y mostrar abdominales… Para mí, eso no es la vida. Todo el mundo es capaz de hacerse su propia prensa del corazón en su Facebook. La gente tiene a mano sentirse el principal protagonista de su viaje… Pero cuidado, que esa no es la realidad, y luego muchas personas acaban pegándosela.

David Jiménez iba para bombero, hizo una FP de Electricidad, y la música le llevó a esta parte. Hay cantantes que viven el sueño americano. Lo suyo es más bien una historia de 20 años con sus 20 años de noches sudando: sin pedigrí, sin padrinos…

Cuando vinieron por primera vez a Jerez a hablar con el bombero –mi padre- y con mi madre, María Josefa, yo era menor de edad. Tenía 17 años. No tenía ni idea de lo que eran un contrato editorial, un contrato discográfico, un contrato de producción musical… Fueron tan honestos y tan sinceros, que mi madre sólo repetía: "¡Ustedes cuidarme a mi hijo!"… Es verdad que no he tenido padrinos. Tuve una vena creativa, una pequeña mina como músico, una manera especial de interpretar y de componer canciones, y de eso, por el camino, se han aprovechado muchos… ¡Bendita ignorancia distraída, cuando te hace feliz! He sido feliz también en esa época de mi vida en la que era consciente, pero quería ser ignorante. Ahora entiendo que podía haber tenido mejores consejeros.

Mientras caminaba, habrá visto que otros iban más rápido porque tenían un apellido, un buen mecenas, o un físico espectacular…

Y por la política con la que funciona el sistema… ¿Por qué David DeMaría no está en un programa de televisión, llevando 20 años de carrera? No es porque sea mejor, ni peor; ni porque esté más o menos de moda, sino por los acuerdos que una determinada compañía de discos tiene con una determinada productora de televisión… Sin esos tejemanejes, a veces no pintas nada, o te cuesta el triple llegar a los medios de masas. O entras a eso, o protagonizas un éxito tal que los demás deben agachar la cabeza y llamarte. En la vida de un cantante hay mucho de politiqueo, pero el arte de la música y de la composición es capaz de romper todas las barreras estipuladas. El arte y el deporte son dos áreas de las que puede salir gente que impacte desde cualquier rincón del mundo.

Creo más en el talento natural, en la belleza de las cosas, en las emociones que un artista desparrama, que en todo lo que hay detrás. Yo he vivido también esa parte de luces, en la que yo mismo pensaba que estaba hasta en la sopa, sobre todo después del éxito de Barcos de papel. Sin buscarlo, tuve muy buenos apadrinamientos en esa época. Lo que me ha ido ocurriendo en mi vida profesional no ha sido planificado ni manipulado. Ha sido por curro. Nunca he sido ni muy astuto, ni muy ambicioso, ni muy listo en esos derroteros. Conozco a otros que lo son, y que con menos talento suenan el triple.

¿Es fácil volverse loco cuando dejas tu vida y tu trabajo en manos de una discográfica sin alma?

Sí… Por eso, al final muchos músicos acabamos siendo personas introvertidas, indecisas, con bastantes miedos, porque te sientes constantemente juzgado por tu obra, y en ocasiones te tratan como un producto, cuando tú eres una persona que hace canciones.

La industria es muy carnívora. Si los números cuadran y tú formas partes de esos presupuestos al alza, estás en el mundillo. Si te quedas atrás, sobras. Es muy fácil volverse loco. Yo he tenido que hacer el ejercicio de pararme en más de una ocasión, porque estaba en danza todos los días y nadie se acordaba de mi yo-persona nada más que cuando hablaba con mi familia. El éxito de Barcos de papelme dio mucho, pero me metió es una espiral extraña y confusa, de la que he aprendido. Me curé del ritmo vertiginoso e inhumano en las orillas de Cádiz. Si aquel momento me hubiera pillado con la madurez de hoy, lo habría sabido gestionar mejor. Pero el éxito llega cuando no se espera, o cuando no estás preparado. ¡Ahora es cuando me encantaría que llegara, porque sabría afrontarlo y digerirlo mucho mejor!

David DeMaria

Precisamente ahora que se ha convertido en un cantautor y compositor maduro, ¿es difícil sobrevivir en un mundo tan volátil como el de las listas, las fotos, las revistas, el corazón desbocado y el exhibicionismo de una prensa acostumbrada a tratar a sus artistas a veces como ídolos, otra veces como muñecos?

La dificultad de vivir en ese mundo forma parte de la vida en el mundo artístico. Por eso he decidido en mi carrera que lo que me gusta es el laboratorio musical, la creación, la producción, la composición… Ayudar a gente joven con talento a desarrollar sus carreras. Exponerme en otros ámbitos me da auténtico vértigo; pero, claro, ser políticamente correcto como artista de estudio no mola tanto como pintarte el pelo de azul o acostarte con quien sea…

¿Cuántas veces tiene uno que decir “no me llores más preciosa mía”, para que nadie le meta más rejones por la espalda a un artista sobre el tapete?

En estos 20 años de vida profesional en el ámbito de la música he descubierto que la gente que más he querido es la que después más daño me ha hecho. Las personas a las que más he protegido son las que más me han traicionado. Por suerte, en mi vida familiar todo ha sido muy diferente. Las luces de neón y el escenario a veces contaminan y distorsionan más a los que están a tu alrededor. Yo me siento a salvo en el escenario. Al bajar es cuando percibo el peligro…

La enseñanza de estos 20 años que se ha tatuado dentro para que no se le olvide cuando esté en lo alto de la montaña rusa.

Dedicarte a la música solo si hay una verdadera vocación. Yo he elegido un camino de largo recorrido. Cuando empecé, era consciente de que me preparaba para una maratón, no para un esprint de 100 metros. Hoy las tendencias son muy cortoplacistas con la cultura del single-basura. Compones la canción, la machacan en las radios, y fuera. Reconozco que gracias a esa cultura existe la industria musical y la radio fórmula, pero en esto pasa como en la alimentación: no te puedes pasar todo el día comiendo en el McDonalds, porque tu cuerpo peta. A mi sensibilidad le pasa eso con la música actual. Noto que se ha olvidado apreciar la belleza tranquila, reposar la contemplación, disfrutar de las cosas que de verdad merecen la pena. En la música de hoy todo es bigmac.

La consigna que quiere que su hijo aprenda desde el principio, para cuando rompa el cascarón y viva la calle.

Saber respetar. Inculcar eso en nuestros hijos me parece prioritario, y a mí me ayuda mucho todo eso a lo que el sistema da la espalda, como la educación cultural. La música es la Cenicienta en las planificaciones presupuestarias de los gobiernos… Estamos por debajo del cine. Ellos sí se han quejado mucho, y algo han ganado en sus batallas, de las cuales me siento cómplice. A mi hijo, lo que le llama la atención es ver un avión volando, un pájaro en el cielo, un tren en marcha, o una canción. Esa es la educación que está teniendo mi hijo, para que el día de mañana sea una buena persona, con todos los medios posibles que mis padres no pudieron ofrecerme.

La máxima que sus padres le enseñaron y que ahora reconoce sin vergüenza.

Mis padres siempre han sido muy amigos míos. Quizás el consejo más habitual ha sido "¡David, no te metas!". Una frase muy de mi padre, que me invitaba a reposar las decisiones. Siempre me han animado a que la pasión que derrocho en un escenario no debe ser la misma en todos los aspectos de mi vida.

Señor poeta de Jerez:

¿Usted es más manzanilla o moscatel?

Se van a mosquear mis amigos de Sanlúcar… Soy más palo cortado.

¿Torre de la Muralla o Capilla de los Desamparados?

Playita del Castillo.

¿Toro de lidia o caballo andaluz?

Ambos. Para mí están hermanados.

¿José Mercé o Camarón de la Isla?

¡Los dos! Juntos habrían sido Los Pecos del flamenco…

Entre The Beatles y El último de la fila, ¿dónde está su asiento?

En esas guitarras eléctricas misteriosas, pero en una voz que te lleve a encarnar lo que has escuchado desde pequeño: Caracol, Antonio Molina, Valderrama, la copla, el flamenco… El éxito de El último de la fila es que agrupaba muy bien todos esos elementos. Yo me he criado en lo más flamenco del barrio más añejo de Jerez, entre peñas y academias de baile y de guitarra, y me llegaban los acordes de Pink Floyd. Y en TrianaAlameda o Javier Ruibal encontraba esa fusión. Esos son mis verdaderos referentes. Con este nuevo disco quiero mostrar que me hecho mayor, y que he sacado la parte más Miguel Ríos de mi vida. Es mi trabajo más rockero.

¿20 años es un disco-thermomix o una caja de sorpresas?

Compararlo con una thermomix sería demasiado frívolo. Pienso que es más una caja de sorpresas artesanas. Hemos cambiado estructuras, melodías, armonías, tonalidades… Me ha costado mucho a lo largo de mi vida reconocerme en mis primeras canciones, por mi voz de pitufín, los textos, las composiciones para una época… En 20 años hemos apostado por unificar un concepto sónico, para que dentro de dos décadas apetezca volver a oír estas canciones. Por eso es un disco tan orgánico.

Cantautor sin pancarta. ¿El amor es la revolución total?

Todos los cantautores hablamos de lo mismo, de distinta manera. Igual ahora empiezan a triunfar cantautores con lo que está pasando en Cataluña, pero yo nací en una época en la que la democracia estaba estable… Si soy compositor de mis canciones, ¿por qué no voy a ser un cantautor? En España siempre se ha relacionado al cantautor con las reivindicaciones políticas, y no hay mayor política que el amor, que es el misterio de la convivencia.

¿Sobra miel en sus letras, o eso es lo que piensan los que han dejado de ser románticos para ser sencillamente epicúreos?

El gran peligro al que se enfrenta el ser humano es que nos gane la ambición hasta convertirnos en epicúreos. Debajo de la miel siempre hay vinagre… Aunque sea un cantautor melódico a quien se le pueda considerar baladista, si profundizas en mis temas, si estás en un concierto en directo, descubrirás algo avinagrado que también se engancha a la garganta. Tanta miel es peligrosa y puede empalagar. Ojalá este disco sirva para que muchas personas que se han cruzado en estos años con una canción de David DeMaría se den cuenta de que detrás de mis temas había algo más. Son el disco y la gira precisos para ese descubrimiento.

¿Usted es “de ellas”? ¿Nota en sus carnes el machismo de gustar masivamente al público femenino, un hombre que canta al amor, o es pura ley de vida?

Lo noto constantemente desde que me dedico a la música, y eso que empecé con un grupo… Yo siempre me he sentido el vocalista de una banda… Sueño con dar ese pasito y que se caigan los perfiles estipulados que tenemos, porque estoy seguro de que llegaré a mucho más público. Un primer plano, una portadita o un videoclip, desgraciadamente, condicionan mucho tu carrera. Hay mucho machismo es ese aspecto. Mido 1,71, soy flaco, canijo, no valgo nada, pero ese primer planito de niño guapito que toca canciones románticas te jode la vida. A mí me la ha jodido. Sin embargo, sé que hay muchos hombres que me escuchan a solas y que, incluso, se echan sus lágrimas con mis canciones. Ahora, con las redes sociales, le puedo decir que recibo más mensajes privados de chavales que de chavalas, y eso quiere decir que algo estoy consiguiendo. Soy de una época en la que mis primas escuchaban Hombres G, y me enseñaban que a los tíos no nos podía gustar… ¡Pues, coño, a mí me gustaba Hombres G!

Dos Premios Ondas. Muchos caminos de ida y vuelta. ¿Qué queda detrás del telón?

Un marinero en medio de Castilla, que se vino con una guitarra y al que le costó muchísimo convencer para tener un hueco en el pop nacional, y que, cuando lo consiguió, empezó de nuevo a notar que le querían colocar de Despeñaperros para abajo. He vuelto peleando con un 20 años de carrera, más resabiado, sí, pero con la misma ilusión de siempre, y con las únicas armas de mi emoción y mis canciones.

Sus 20 años musicales conviven en el escenario con su paternidad y sus cosas de casa ordenadas y tranquilas. ¿Es usted el cantante más provida y más profamilia de la España pop?

No me considero el más en nada, pero los que somos pasionales, sensibles y transparentes mostramos los que llevamos dentro. Después de estirar la adolescencia hasta los 40 años como un chicle, ahora hablo de lo que tengo dentro: mi hijo. Pero no por querer ser "pro" nada. Aun así, puedo servir de consejero para gente más joven, o incluso mayor que yo, que no haya dado ese paso todavía, que tenga dudas, o que se vea todavía con 15 años... Ser padre a mí me ha cambiado la vida.

¿Casarse por la Iglesia es de valientes?

En este caso es cumplir el capricho de la princesa. Disney y Hollywood han acaparado mucho las ilusiones del género femenino, el mismo género que lucha por igualdades de las que me siento aliado. Yo me hubiera casado en una playa, en una isla, o esta noche en un garito jugando a los dardos, porque creo más en la convivencia, en la complicidad y en el amor auténtico: en la empresa de una pareja.

¿Tiene el “para siempre” en la cabeza?

En el amor puro y verdadero que siento, sí. La sociedad viene muy distorsionada con ese “para siempre”, porque nos aburrimos, y nos arrepentimos, o nos rendimos, y dejamos que el orgullo pueda más que la decisión y el compromiso. Yo creo en el compromiso, y no creo en abandonar tan rápido las cosas y tirar la toalla cuando hay un problema o una ráfaga de frío.

¿Las canciones al amor perfecto, idílico y casi imposible han hecho que sea más difícil querer con defectos?

Prefiero una banda sonora que una mentira en una red social. Los que difunden su felicidad permanente en las redes sociales ocultan los problemas reales. La música tiene el poder de llevarte a paisajes imaginativos de una manera más natural y más emotiva. Es más, te hace pensar en lo que de verdad importa, y te ayuda a relativizar problemas que no son tan gordos. La música a veces te acerca los imposibles, porque es verdadera motivación.

¿La radio fórmula española ha muerto, o se ha prostituido?

No está muerta, porque, por suerte, la música siempre va a estar viva… La radio fórmula vendió su alma al diablo de los números, del negocio y de la industria. Prostituta siempre fue.

Cuando usted habla así de claro, ¿las radios le hacen más vacío, o más caso?

Llevo 20 años siendo muy honesto y he vivido de todo. De todas formas, las radios a veces van a un rollo que no entienden ni sus propios profesionales. A mí me han dejado de poner temas porque había una guitarra española, y soy español, y he nacido en Andalucía. Otras veces me han quitado canciones porque sonaban muy eléctricas… Yo ando un poco desconcertado con los parámetros de nuestra radio fórmula.

¿Las televisiones y radios públicas son justas con los cantantes españoles?

No son justas, en general, con la cultura. Tenemos muy poco espacio. Yo me he criado en un país de grandes escritores, de toreros, de pintores, y 42 años después estoy en un país de futbolistas. Los informativos casi están monopolizados ya por el fútbol. Las televisiones públicas, que pagamos entre todos, nos toman el pelo marginando la cultura. No entiendo cómo en Radio Nacional de España no hay una radio fórmula de música española. Por ejemplo: yo en Radio 3 no puedo mostrar mi disco, y sin embargo ponen grupos que no voy a volver a escuchar en mi vida. La parrilla musical española está muy mal repartida. Los arcaicos funcionarios que trabajan en las emisoras públicas deberían dejar paso a gente joven y menos rarita.

¿Y en Canal Sur le tratan bien?

Sí. También porque me lo he ganado a pulso. Siempre he estado para lo que me han pedido, y no he cobrado un duro en mi vida. Presenté incluso un programa, pero me pagaba la productora.

David DeMaria

Dígame un verso para gente suya, como…

Pastora Soler: Pastora es como un amor platónico y mi mejor prima-confidente. Como artista, me sigue enamorando solo con abrir su boca, porque tiene una de las voces más prodigiosas que conozco. Ella es tan natural que no me sale una poesía, sino decirle esto.

Vanesa Martín: La maestra de la transmisión, casi sin proponérselo. Fluye de ella de una manera tan auténtica que se ha convertido en honoris causa de la comunicación natural de las cosas. Es capaz de escribir un libro y volver locos a los lectores, y cantar una canción y erizarte la piel.

Malú: La fuerza, la pasión, el cantar con los ovarios. ¡Y la astucia!

Sergio Dalma: Es un caballero con una de las mejores voces que tenemos en este país. Ha sabido superar generación tras generación y seguir gustándole a mi madre como cuando salió Bailar pegados.

Manuel García: Un referente personal, también en su manera de enfocar la vida. Me gusta que siempre se haya interesado por los animales, por la naturaleza, por la pintura, más que por la política y otras historias. He dejado de seguir a muchos artistas a los que admiraba, porque leo sus tuits y se han vuelto más políticos que artistas. Manolo se ha mantenido siempre al margen de lo que no es nuestro mundo. Es mi banda sonora desde mi niñez.

Manuel Carrasco: Ciudadano de la Atlántida, como yo. Nos unen muchas cosas. Podemos estar mucho tiempo sin vernos, pero con una mirada sabemos los dos perfectamente en qué estado nos encontramos. Lo considero un hermano artístico y de alma: un paso más allá de la amistad.

¿Usted haría un-Marta-Sánchez con el himno de Andalucía?

Ya hicimos una versión pop Vanesa Martín, Pastora Soler y yo, pero con la letra de Blas Infante. Martita es muy ingenua, y me gusta, porque no quiere madurar. Como cantante es de las mejores voces pop de este país, pero tiene ese puntito de rebelde de sus causas. Es un espíritu libre, que, además, no ha hecho nada malo.

Participó usted en la banda sonora de Ocho apellidos vascos. ¿Usted ve España más en clave humor-unión como Dani Rovira, o como tensión-huida como Puigdemont?

La veo mucho más como Dani Rovira. Lo que ha pasado con esa película demuestra que vivimos en un país maravilloso, en el que, si nos tomáramos todo con el humor y la sátira de Ocho apellidos vascos, nos llevaríamos de lujo. Reírnos de las cosas nos ayuda a convivir.

¿Qué es un artista que ve los problemas sociales, pero mira para otro lado, para no pisar ninguna mina que mine su carrera?

Cuando eso le ocurre a un artista, significa que el personaje se ha comido a la persona.

20 años dan para algún consejo de amigo. Para Amaia y Alfred:

Si fracasan en Eurovisión, ¿qué?

Es el arma de doble filo de los concursos televisivos… Me encanta que la juventud con talento tenga una plataforma visual, pero cuidado con las vidas de estas personas tras el ciclón. Hay quien después de tres meses de híper popularidad se queda muy tocado. Me gustaría que pensásemos en eso. A Amaia y a Alfred, en concreto, les invito a disfrutar su momento y tomarse esta experiencia como un paso adelante en sus carreras. La vida continúa. Hay cosas más importantes que el éxito de una noche de mayo.

¿Qué no les debe faltar en el escenario?

Temple y ganas de disfrutar.

¿Le gusta el tema?

No lo he oído suficientemente, pero me parece que han ido buscando un tema parecido al que ganó el año pasado de Portugal. No sé. Somos un país con tanta riqueza creativa y artística que no tenemos por qué fijarnos en nadie… Debemos ser nosotros mismos.

Del Chiquilicuatre hasta Tu Canción, hemos dado un cambio…

Algo sí…

Se confirma que usted es de los que disfruta con Quién maneja mi barca

¡Sí! Me parece que fue la propuesta más honesta de nuestro país. Mostramos en Eurovisión, por una vez, lo que también es España.

¿Quién maneja la barca de su operación triunfo?

Mi rubia: la guitarra. Ella y la inspiración constante son las mejores compañeras en mi trabajo. Sin la composición como forma de estar ya no sabría vivir.

¿Cuál es su puerto?

Volver a casa de mi madre a comerme un puchero.

¿La prensa rosa mata?

¡Destruye! ¡Es un cáncer!

¿No le indigna que le pregunten cosas como “cuándo le va a traer un hermanito a su hijo Leo”? ¿No le entran ganan de responder con un “y a usted qué carajo le importa”?

(Risas) Sobre todo cuando has venido a hablar de tu disco… Soy una persona muy extrovertida, y cuando me siento a gusto, igual en estos años, he dado esas confianzas. Nunca me he disfrazado de nada. Ser normal a veces lleva a ciertos periodistas a pasarse de la raya.

¿Qué es el reggaetón en una caseta de la Feria de Abril?

Un momento de desconexión, de bailar y disfrutar entre amigos. Pero que se quede ahí: lo que no puede ser es encontrarse el reggaetón a las 9 de la mañana en un informativo, en una radio, en una radio fórmula, o en una gasolinera. Cada estilo de música tiene su momento. Todo, sin extremismos, puede ser interesante. Ojo con acaparar la educación musical de las nuevas generaciones con verdadera mierda –con perdón- para sus intelectos y sus sensibilidades.

¿Qué son las mujeres en las canciones del verano? ¿Faltan referentes que pongan el machismo musical en su sitio?

Estamos nadando contracorriente, justo cuando más se lucha por ciertas igualdades. He escuchado algunas de esas canciones, precisamente, en manifestaciones feministas. Que miren bien los dj el repertorio que pinchan en las próximas concentraciones a favor de la igualdad de la mujer, porque las letras de muchas canciones son contraproducentes.

¿Qué camiseta viste DeMaría?

La verdiblanca: ¡Andalucía y Betis!

¿Qué gol está deseando meter por la escuadra?

El gol por la escuadra que me falta es que no queden butacas libres en mis conciertos. Cuesta mucho vender tickets, cuando hay otros artistas que están sonando constantemente en radios y televisiones.

¿Qué defenderá a muerte para que no entre nunca más en su potería?

Siendo papá, todo lo que rodee a mi hijo lo voy a defender a muerte con cabeza, con pasión, y con temple.

REBOBINANDO

Pongamos que esta conversación con David DeMaría es un retal de Feria.

Tela de lunares. Rayas rojas, blancas, verdes. Farolillos. Cajones. Gambas, buñuelos, catavinos, taconeo, mantones, niñas guapas a la grupa y bertinesosbornes seducidos por el selfie.

Un hombre vestido de corto, sin armaduras, abre sus pensamientos en canal. En raciones generosas de sentido común. Con sus toques serios de manzanilla y sus gases y sus pompas del rebujito que exponen los problemas, relativizan el pasado, dr aprende y se disfruta el presente con ganas de futuro.

Todos son nombres propios de amigos, que se disfrutan. Y equis discretas de enemigos que no se citan, porque no tienen vela en esta fiesta de las 20 primaveras.

Casa. Caseta. Familias. Papá, mamá, las berzas. Mujer e hijo, asideros. Música de fondo. La tierra del albero y del trabajo, y el cielo de un hogar en estéreo bajo puerta grande.

El polvo y el calor no se olvidan. Ni las calles del Infierno. Pero hoy el fuego inextinguible es la patria de los que utilizan a las personas monetizando su vida como ventrílocuos asesinos del talento.

David DeMaría está con sus 20 años como un Joselito El Gallo y un Antonio Bienvenida, con aires de Domecq de barrio, sin ganadería, pero con poso.

En un universo de peinetas y volantes, de sombreros de ala ancha y claveles reventones, el jerezano ilustre se pone el mundo por montera y sale a comerse el ruedo. Sin pelos en la lengua. Sin rabo entre las piernas. Sin mirar por el retrovisor de lo que hay que decir. Sin dejarse guiar por los hilos de esas marionetas que no bailan, porque no pueden.

Suenan las palmas. Brillan las guitarras de verdad.

Se apagan las luces de la Feria sevillana. Se enciende otra vez un andaluz con luz propia. Y mientras clava sus pupilas verdiblancas en mi pupila encantada de conocer a la persona que viste, le digo: la poesía es usted y su trabajo bien hecho y bien sentío, caballero.

Suerte asonante y consonante.

No vemos en las listas de números uno de la honestidad con duende.

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