LA OTRA CARA DEL COVID-19

Ciencia española: la única salida al coronavirus para “una sociedad escéptica” que solo se cree ya la evidencia probada

El biotecnólogo Lluis Montoliu, experto en Genética, ha reorientado toda su experiencia científica para poner al coronavirus en el centro de su ‘microscopio’. Teletrabaja en un contexto científico de unidad, solidaridad y la impresión de que la población –“crítica y escéptica”- ha convertido a la ciencia en su única esperanza contra la pandemia

Lluis Montoliu es investigador del Departamento de Biología Molecular y Celular del Centro Nacional de Biotecnología.

¿Le pillo bien?

-En casa, como todos. 

Lluis Montoliu es biotecnólogo, reputado genetista, valorado divulgador científico. Entre otras cosas. Cuando no hay pandemias mundiales, suele trabajar en la sede del Departamento de Biología Molecular y Celular del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CNB-CSIC). Campus de Cantoblanco. Calle Darwin. Pero estos días teletrabaja desde casa, saltándose como puede los problemas de conexión de la sierra norte de Madrid para conectarse con toda la ciencia que bulle en este contexto de pura intensidad. Vemos la actividad asistencial contra el coronavirus. Damos y escuchamos el aplauso a los profesionales sanitarios de cada jornada. Y esta otra ciencia que late fuerte, como a contrarreloj, está más viva que nunca, aunque quede reservada en un aparte del guion. El margen de los que también lo dan todo sin webcam. 

Con mucha mili científica a sus espaldas, Lluis está boquiabierto con muchas cosas que ha acelerado el coronavirus, porque todos avanzamos a veces a base de patadas. La ciencia también.

Contexto previo. Objetivamente, invertir en ciencia siempre se ha visto con escrúpulos en unos presupuestos generales donde casi todos son necesidades acuciantes, ojos a corto plazo y pan de mañana que se pierde entre los agujeros negros. Pues bien, desde que explotó la crisis de 2008, destaca Lluis, apostar por el futuro científico era una odisea en el espacio por el que navegaban los discursos elocuentes y las partidas bajo mínimos con una indisimulada naturalidad. Tribunas con fuegos artificiales. Capítulos presupuestarios de racionamiento. Desde aquel crack, “España hizo lo contrario que decidieron otros países. En lugar de aprovechar la situación para invertir más en ciencia y salir de la crisis con nuevas aportaciones, nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías, hicimos un recorte del que nos estábamos recuperando cuando nos asaltó el coronavirus”. 

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Vivaldi contra Wagner

Siempre faltarán equipos, recursos humanos y dinero para la investigación científica, pero en la elíptica primavera de 2020, todo eso se nota más. Y sin embargo, la profesionalidad y la calidad de la ciencia española ha hecho que en cuestión de días se haya montado una orquesta unida y multidisciplinar que quiere poner sobre el Wagner del coronavirus una sinfonía primaveral de Vivaldi que dirija su destierro.  

Me cuenta Lluis que, de repente, los equipos de distintas especialidades, incluso de distintos centros y diferentes titularidades, se han convertido en una piña en ignición. “La gente se está volcando. Lo que estamos viviendo en estos días en el ámbito científico es algo maravilloso que te reconcilie con la humanidad”. 

“La gente se está volcando. Lo que estamos viviendo en estos días en el ámbito científico es algo maravilloso que te reconcilie con la humanidad”

Ante un enemigo común contra el que luchan en primera línea los profesionales sanitarios, Lluis y centenares de científicos están en la retaguardia lanzando dardos en busca del blanco para liquidar la pandemia con una vacuna, un antiviral, un tratamiento un bazuca eficaz y seguro para acabar con “este virus prodigioso” que ha desconcertado al mundo entero. 

Al parecer, “cualquier correo electrónico que llega pidiendo ayuda, apoyo o voluntarios entre la comunidad científica, se encuentra con muchas personas dispuestas. Ahora estamos centrados en hacer cuantas más propuestas de investigación mejor, para llegar a la meta por todos los caminos posibles”.

Insisto. Lluis no es virólogo, sino genetista. Y rema en la misma dirección, desde su barca, con nuevos acompañantes, buscando conexiones de conocimiento que aceleren la buena nueva. En su sede habitual de trabajo convive, sí, con el equipo de virólogos del CNB-CSIC –“uno de los mejores de todo el mundo”- cuyo líder, Luis Enjuanes, también avanza desde casa. Y así están muchos de los investigadores que llevan años poniendo la ciencia española en el podio mundial y que han convertido la lucha contra el covid-19 en una sinfonía: instrumentos variados y voces diferentes. Objetivo: una melodía antiviral épica. 

“Yo no soy virólogo y no voy a aprender en una semana a trabajar con virus, pero, ¿qué puedo hacer? ¿Cómo pueden servir mis investigaciones previas?”. Y así están, como en un equipo con portero, defensas, mediocentros, laterales y delanteros, los virólogos, genetistas, médicos, biólogos, farmacéuticos, informáticos, matemáticos… Se han abierto las conexiones entre disciplinas más que nunca. Se han abierto las colaboraciones entre centros más que nunca. Y, según Montoliu, hay una esperanza con evidencia basada en el prestigio: 

-Seguramente España tenga mucho que decir en la receta contra el coronavirus.

¿A nivel mundial?

-A nivel mundial. Por lo que conozco, la tecnología de Enjuanes y su equipo es propia, cuentan con unos niveles de bioseguridad avanzado, y creo que serán protagonistas en la respuesta de España. Llevan más de 30 años de experiencia investigando diferentes coronavirus. Dicho esto: en estos momentos de máxima solidaridad, la habitual competitividad entre científicos ha quedado relegada. Entre todos estamos tratando de encontrar el final cuanto antes, venga de donde venga. Lo único importante es que se consiga, se verifique, y que demos con una buena vacuna que haya pasado por todas las etapas previas antes de su uso humano, para no ir tan rápido que dejemos de cumplir los protocolos de seguridad y acabemos haciendo más mal del que ya tenemos entre manos. 

“La habitual competitividad entre científicos ha quedado relegada. Entre todos estamos tratando de encontrar el final cuanto antes, venga de donde venga”

Dice Lluis que el coronavirus “nos ha puesto a todos en la tesitura de discriminar lo relevante de lo secundario”, también en los laboratorios caseros de nuestros científicos. Y ahí están todos, dándole que te pego.

¿Con horarios de teletrabajo?

-Yo soy científico desde que me despierto hasta que me acuesto. Incluso a veces, también en sueños… Me considero un investigador a tiempo completo. No puedo dejar de pensar en proyectos e ideas.

Claro. Un potencial así, activo durante las 24 horas de un confinamiento en ebullición, también se merece el aplauso de las 20.00… Pasar de la investigación en enfermedades raras y las nuevas terapias génicas a luchar contra un virus para otros podía ser un cambio de tercio o una rotura de cintura. Para Lluis, por lo que se ve, es mecanismo natural de quien investiga poniendo en la pipeta una dosis a medias entre la pasión por la ciencia y una responsabilidad social con luces largas. 

Una ‘thermomix’ de experiencia

Más de 30 millones de euros se reparten estos días entre proyectos científicos públicos. Más ideas. Más puntos de vista. Más mediterráneos. Innovación a todo gas. Antenas parabólicas extendidas para dar con todas las teclas. Y si fracasan las que están encima de la mesa, “pues es otra manera de avanzar. Así funciona el método científico. Nuestro estado normal en la ciencia es el fiasco: muy pocos experimentos salen, pero eso nos dice por dónde no debemos continuar. Cambiamos la hipótesis, elegimos otro camino y seguimos. Parados no nos vamos a quedar”. 

La ciencia española es una thermomix de experiencias diferentes unidas en la misma masa sólida, pero líquida. Cada cual desde su casa: con el ordenador en modo-protón y los materiales necesarios compartidos en red para que el virus no dé al stop de las mentes brillantes que, mientras nosotros estamos en casa, salvan el presente y el futuro con contundencia.  

¿Mucha presión para llegar cuanto antes al destino?

Mucha. Pero la ciencia tiene sus tiempos…

Lluis está boquiabierto ante lo que ve estos días: la ciencia -muchas veces cenicienta maltratada, postergada, mirada de reojillo, como si fuese alta costura en un país de clases medias- en todos los balcones y grupos de Whatsapp. “De repente se han empezado a manejar términos científicos por todos lados. No solo en los medios de comunicación, sino en las videollamadas familiares: carga viral, anticuerpos, pruebas rápidas, PCR, porcentaje de infectados, proyecciones, modelos matemáticos… Nos hemos dado cuenta de que la ciencia -incluyo, lógicamente a la Medicina-, que siempre ha estado aquí entre nosotros y frecuentemente ha sido ninguneada, es la que nos sacará de este embrollo mundial”.

“Nos hemos dado cuenta de que la ciencia, que siempre ha estado entre nosotros y que frecuentemente ha sido ninguneada, es la que nos sacará de este embrollo mundial”

Lluis está asombrado, porque nota en la calle un antes y un después latente en estos días de confinamiento: “La sociedad ya no se cree a nada ni a nadie. Solo espera en la evidencia científica”. 

Lluis está ilusionado, porque, “aunque siempre hay pícaros y gente que trata de infoxicar con bulos, en esta época lo tienen más difícil que nunca. Hemos logrado sembrar en la sociedad un espíritu crítico escéptico. La gente desconfía de los mensajes que parten de personas sin autoridad, sin credibilidad y sin prestigio. Ahora nos preguntamos más: ¿quién me está contando esto? Ya no nos creemos tan fácilmente que los ajos nos curen de todos los males, ni que este virus vaya solo contra los pobres, o contra los ricos, porque sabemos que no entiende ni de clases ni de fronteras. Ante una amenaza global, la ciencia se ha convertido en un agarradero sólido que ofrece soluciones y esperanza. 

Nunca más un fuego fatuo

Lluis espera que esta ciencia en prime time no sea un fuego fatuo ni una carroza que se convierta en calzaba: “Tenemos que prepáranos para mantener este apoyo a la ciencia y a los investigadores cuando pase la pandemia. Saldremos a la calle y volveremos a abrazarnos, y corremos el riesgo de pensar que entonces ya no será tan acuciante ni tan urgente contar con un tratamiento o una vacuna. Cuidado: estos días hemos aprendido que los sistemas de salud deben estar preparados para afrontar crisis como estas. La ciencia, igual”. 

Cuando Lluis Montoliu tenía 9 o 10 años, el matarife Mariano le abrió al mundo de la Biología mientras preparaba los corderos de venta en carnicería y despertaba en el niño su curiosidad por la Anatomía. Ya en el instituto, escuchó por primera vez la palabra “genética” y se le metió aquello hasta los genes de su médula espinal. Sin degollamientos políticamente incorrectos en esta ola intensa del siglo XXI, el investigador espera que el coronavirus y sus cargas mediáticas promuevan muchas vocaciones científicas entre los jóvenes españoles. Entre otras cosas, él se dedica a jalearlas cuando puede en los centros escolares por los que pasa. 

Como reflexionando en voz alta, desde lo alto de la sierra de un Madrid que hiperventila soluciones para ya, Lluis considera que “hemos imaginado coches que se conducen solos, y grandes áreas de crecimiento de la inteligencia artificial… De pronto, un simple virus nos ha puesto a todos cabeza abajo. Puede ser una cura de humildad que deberíamos admitir como sociedad, porque no lo sabemos todo. En Biología todavía hay muchas preguntas sin respuestas. Hay infinidad de cosas que no sabemos y que estamos en condiciones de responder, pero se necesitan medios, tiempo, manos y horizontes. No olvidemos que cada año mueren 500.000 personas en todo el mundo por culpa de la malaria y, después de siglos, todavía no tenemos más que un prototipo de vacuna”. 

“De pronto, un simple virus nos ha puesto a todos cabeza abajo. Puede ser una cura de humildad que deberíamos admitir como sociedad, porque no lo sabemos todo”

Desconectamos. En el cuarto de trabajo casero de Lluis Montoliu posa inerta una pila de libros.

¿Lecturas de confinamiento?

-Se quedarán sin leer. No me da la vida. En la ciencia siempre vamos mal de tiempo…

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