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El confinamiento destapa casos de alcoholismo que antes no se detectaban por el “efecto bar”

Alcohólicos Anónimos pronostica un incremento de casos porque los afectados han tomado conciencia de cuánto necesitan beber mientras han estado encerrados en casa

Después de más de dos meses, el confinamiento va a dejar secuelas de muchos tipos, una vez termine el proceso de desescalada. Las sociedades de alcoholismo anuncian un repunte de peticiones de ayuda porque el hecho de haber estado en casa aislados ha destapado adicciones no identificadas.

La ausencia del “efecto bar”, es decir, el acudir con frecuencia a locales sociales a beber, ha provocado que muchas personas se hayan dado cuenta ahora de que su consumo de alcohol es mayor del que creían. 

“Personas que antes tenían un consumo excesivo alternado, es muy posible que hayan descubierto en este confinamiento un problema de alcohol”, explica Luis María Villota, presidente de la Junta de Alcohólicos Anónimos.

Llamadas telefónicas

En esta asociación, con 600 grupos en toda España y más de 9.000 personas colaborando, han mantenido el teléfono operativo para recibir llamadas de ayuda durante toda la pandemia, aunque reconocen que no han sido tan frecuentes por el momento. 

En la Asociación Libre de Alcohol de Jaén, sin embargo, sí han recibido bastante más llamadas de lo habitual: “Unas 30 llamadas de orientación, bastante por encima de la media”, explica el terapeuta y fundador Luis Miguel Márquez.

En esta asociación tienen 80 personas en tratamiento, pero esperan que el volumen de gente más fuerte llegue ahora. “Cuando las personas salgan de nuevo a la calle, cuando termine el confinamiento, va a producirse un repunte bastante grande”, explica. 

Ir al bar

Para las personas que solían ir al bar prácticamente todos los días, tomar una cerveza como un hábito social, estos meses han servido para caer en la cuenta de que su consumo es bastante elevado y que, quizás sin ese consumo, sus rutinas se trastocan.

En este proceso de encierro ha costado mantener a raya las adicciones, pero la mejor ayuda ha sido el apoyo mutuo. “Me decían que el verdadero aislamiento y la verdadera soledad es el alcoholismo. El confinamiento solo es una dificultad. Ahí ves que la gente ha tenido tiempo para reflexionar”, explica Luis Miguel Márquez. 

Organizar terapias durante el confinamiento 

Cuando se declaró el estado de alarma, todo fue muy rápido para estas asociaciones, que tuvieron que reaccionar con los medios que tenían.

En la de Jaén, por ejemplo, han organizado terapias mediante videoconferencia los miércoles y los sábados, por grupos. Y no han perdido el contacto a través del Whatsapp, a través del cual las psicólogas se relacionan diariamente con frases motivadoras y vídeos de relajamiento.

Usando tabletas

En Alcohólicos Anónimos, cada grupo de trabajo puso sus propias normas. “Surgió algo muy bonito por parte de los miembros más experimentados en el uso de tabletas, de móviles… porque les fueron enseñando a las personas para poder conectarse”, explica Luis María Villota. 

La mayoría manifestaron su deseo de mantener el contacto. “Hubo grupos que utilizaron cámaras, otros grupos lo hacían con mensajes de voz… algunos más pequeños, otros más amplios. Pero nadie graba, para preservar el principio de anonimato de alcohólicos anónimos”, explica Villota. 

Uno de los grupos de Vizcaya, por ejemplo, al que pertenece Lucía, decidió utilizar la vía de Whatsapp, y todos los días de siete a ocho de la tarde se conectan todos para enviar sus notas de voz. “Hay un moderador, y cada día preparamos un tema y nos escuchamos los unos a los otros. Exclusivamente hablamos de alcohol para ayudarnos a pasar las últimas 24 horas”, dice. 

Los que más peligran: las nuevas incorporaciones

En el grupo de Lucía ha habido algunos miembros con la tentación de comprar alcohol en el supermercado, pero en líneas generales lo han llevado bien. “Ya venimos de una guerra bastante profunda que es el alcoholismo. Entonces he aprendido a aceptar aquellas cosas que no se pueden cambiar”. 

Cada uno tiene una forma de beber, explica, y las tentaciones son diferentes. Por eso el grupo sirve para pasar cada día, literalmente día a día, sin alcohol. 

“Mi mayor preocupación era estar pendiente de los compañeros que llevan poco tiempo”, explica Amador, que pertenece a un grupo en Asturias. “En este periodo hubo una compañera que tuvo una recaída. Llevaba solo unos meses. A ella el confinamiento no le viene bien: tenía a los críos en casa y las relaciones personales suelen ser complicadas”. Pero en principio solo fue un episodio porque a partir de ahí todos se volcaron con ella: “Hablar, sugerirle cosas… está deseando volver al local del grupo” 

Las terapias online no son la solución a largo plazo 

Los “contactos tecnológicos”, como los llaman en alcohólicos anónimos, no se consideran igual que las reuniones presenciales. “El poder ver los gestos, tener a alguien en la silla de al lado, ver las emociones que se generan… eso es algo que no se puede hacer con la tecnología”, explica Villota. 

Además, en casa se incrementan algunas dificultades de intimidad. “Un hombre me decía que los primeros días hablar al teléfono le costaba porque tenía pensamientos de, si me está escuchando mi mujer o mis hijos, que estarán pensando”. Por eso, ninguna de las asociaciones valora esto a largo plazo. Sí como una herramienta para determinadas ayudas, pero no como única solución. 

Dar el paso cuesta, y mucho

Lo cierto es que, aunque ahora esperen la incorporación de más alcohólicos, algunos expertos vaticinan que la mayor parte de las consecuencias se verán a largo plazo.

“Desde que detectas el problema hasta que pides ayuda, pasan años”, explica el presidente de la Junta De Alcohólicos Anónimos. La media petición de ayuda en su asociación es de cuatro años después de que se reconoce el alcoholismo.  

“No te puedes imaginar la cantidad de gente que llama con todo tipo de preguntas y consultas diciendo. Esto es para un amigo. Pasa mucho”, dice Luis María Villota. 

“Cuando llaman a la asociación, ya están al límite. Han tocado fondo”, relata el fundador de la Asociación Libre de Alcohol de Jaén. “No es que por el confinamiento se hayan hecho adictos. La adicción viene de antes, pero la fueron controlando. Hasta que han alterado sus las rutinas”. 

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