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LA OTRA CARA DEL COVID-19

El coronavirus consagra la telemedicina como vía de escape a la saturación crónica de la sanidad española

La eclosión de la asistencia digital altruista a través de las redes sociales ante la crisis del covid-19 está sirviendo para comprobar que la consulta on-line puede ayudar a desaturar un sistema sanitario que ya estaba bajo mínimos antes de la pandemia.

Ilustración de Mónica Lalanda (@mlalanda) inspirada en la foto de Charles C. Ebbets.
photo_cameraIlustración de Mónica Lalanda (@mlalanda) inspirada en la foto de Charles C. Ebbets.

Atención Primaria. Atención Especializada. ¿Puede ser la Telemedicina el tercer nivel asistencial en nuestro Sistema Nacional de Salud? La experiencia de las consultas digitales disparadas en plena crisis del coronavirus aporta ya evidencia cuantitativa y cualitativa de que la necesidad ha provocado una virtud. Además de la conciencia social de todas las personas que viven confinadas en sus casas, el ofrecimiento altruista de muchos profesionales sanitarios para atender dudas en las redes sociales se ha convertido en un agente clave en la descompresión de los hospitales y centros de salud. Aunque la telemedicina era ya una realidad en marcha, la pandemia ha hecho que la sanidad 2.0 se ponga en primera línea en un sistema con dificultades ya antes de esta prueba de fuego.

Sí: la Medicina es ver, tocar, oír, preguntar, responder, diagnosticar, seguir, mirar…, pero hay un gran porcentaje de actos médicos reconvertidos en burocracia o en una sociedad que ha olvidado auto cuidarse y lleva demasiado tiempo usando la sanidad ante un dolor coyuntural, un resfriado común o una simple herida capaz de curarse en cualquier botiquín doméstico. Las campañas de la gripe común son un ejemplo de cómo tiramos de hospitales y centros de salud más de la cuenta. Pero la crisis del coronavirus ha cortado de raíz cualquier inquietud lícita, pero muy leve, o cualquier demanda de asistencia frívola.

Mónica Lalanda lidera una iniciativa sanitaria de alta demanda social en estos días. Más de 300 profesionales sanitarios de diferentes especialidades se han ofrecido al mar de las redes sociales a contestar preguntas de la población y la respuesta está siendo “apabullante”. Ante un sistema sanitario volcado casi exclusivamente a atender el coronavirus, muchas personas contactan con estos facultativos y “gran parte de las consultas son por miedo, dudas sobre el covid, gente con síntomas leves -tanto mayores como bastante jóvenes-, y muchas personas con ansiedad”.

Esta herramienta congrega a profesionales en ejercicio que, cuando cuelgan la bata y se quitan la mascarilla, utilizan su tiempo libre para seguir tranquilizando a la población ofreciendo altruistamente información que el sistema sanitario ahora mismo no puede ofrecer. También integra a profesionales jubilados “que están en primera línea de prevención, pero que se sienten frustrados ante la necesidad de manos y quieren ofrecer su experiencia para ayudar” ante la pandemia.

De los mails recibidos hasta ahora en esta plataforma, Lalanda substrae algunas conclusiones iniciales que pueden servir para repensar el Sistema Nacional de Salud cuando pase esta vorágine de urgencia. “Antes del coronavirus ya veíamos algunas deficiencias de lo que algunos políticos consideran como el mejor sistema sanitario del mundo, entre otras cosas, porque la sanidad española lleva años cogida por los hombros del fuerte compromiso de sus profesionales. De todas formas, no es momento de demandas laborales. Lo que ahora vemos de manera más evidente es que la práctica del autocuidado que vivían nuestros abuelos se ha perdido. Acudimos a la sanidad ante cualquier nimiedad. Eso, además, en una sociedad fuertemente medicalizada y médico-dependiente de lo que nosotros tenemos parte de la culpa”.

Antes del coronavirus ya éramos conscientes de que estábamos generando una sociedad muy medicalizada y muy médico-dependiente. Ahora, aprender esa enseñanza es fundamental para el futuro del sistema sanitario.

Dice Lalanda que muchas de las consultas que les llegan “demuestran que demasiadas personas se sienten como en el aire sin poder disponer de sus profesionales sanitarios continuamente, aunque sea por un dolor de estómago, o por una herida menor. Nos hemos acostumbrado a vivir con el centro sanitario a mano para todo, y eso es insostenible”.

Hasta ahora, esta iniciativa sanitaria está siendo una buena respuesta al colapso de los teléfonos de información pública puestos a disposición de los ciudadanos ante esta crisis de salud pública: ¿sirve o no sirve el ibuprofeno? ¿Qué hago si me han suspendido un tratamiento de una patología crónica? ¿Recomendaciones para una mujer embarazada en este contexto de alarma? Según Lalanda, “las redes sociales son un absoluto regalo para manejar esta pandemia”, porque “las cosas van a ir a peor. Esto solo está empezando”.

Las RRSS: “un regalo absoluto”

Lo dice una doctora que participó en la elaboración de este Manual de estilo para médicos y residentes sobre Ética y Redes Sociales desarrollado al amparo de la Organización Médica Colegial. En aquel texto, ella misma apostaba por la defensa de que “al paciente hay que verle y tocarle”, pero en este contexto sanitario que hiperventila por días “hemos visto que las redes sociales también son un lugar oportuno para mejorar la consulta real, sobre todo, para hacer frente al tiempo del que carecemos. Desde hace años venimos avisando de que el sistema sanitario se podía caer, porque funcionaba al límite. Ante esa situación de colapso, las redes son una alternativa que ayuda a muchas personas. Si sabemos respetar bien la confidencialidad de cada paciente, seremos eficientes y éticamente irreprochables”.

En el caso del covid-19, las personas mayores son la población con más riesgo. Muchos de ellos no están en las redes sociales…

-De las consultas que nos llegan, muchas son de hijos que preguntan por sus padres, aunque no estén con ellos, para trasladarles nuestras recomendaciones. De todas formas, la brecha digital es menor de lo que parece. En Twitter he recibido bastantes mensajes directos de personas mayores. Llegamos con normalidad hasta la población de menos de 85 años.

Lalanda dedica cada día “doble jornada” a esta iniciativa: a ordenar el listado de profesionales disponibles, a responder, a derivar a especialistas más oportunos para cada caso. No es la única croupier que redirige consultas en este tablero donde han plantado sus dudas miles de personas. Mientras organiza la asistencia alternativa y se pone la bata digital, piensa en voz alta que “todos tenemos que aprender muchas enseñanza de esta crisis”, entre otras cosas, “el valor de la telemedicina, la necesidad de que todos tomemos las riendas de nuestra salud, la importancia de aislar de burocracia a la Atención Primaria, el papel de los profesionales jubilados que quieren seguir colaborando de alguna manera, el maltrato laboral de los que ejercen en el ámbito sanitario, el desgaste abusivo de las guardias… Esperamos que la Administración y los políticos tomen nota, porque si no, en vez de salir reforzados, los sistemas de salud saldrán en coma de esta urgencia nacional”.

Cuando pase el covid-19, esta plataforma de asistencia altruista alternativa echará el cierre. Y también se frenará la labor generosa de cientos de profesionales sanitarios que están tendiendo una mano desde las redes sociales. Sin embargo, todas las evidencias que entre todos están poniendo sobre la mesa deberán someterse a un cribado político. O eso, o UCI para un sistema sanitario que se sostiene con la vocación de grandes profesionales y que desembocó en el coronavirus con respiración artificial. Un botón: los propios médicos de primaria están pidiendo a la sociedad mascarillas, guantes, gel hidroalcohólico y batas desechables en las redes sociales, mientras se pedalea sobre una crisis donde cada segundo cuenta desde la tribuna del Congreso de los Diputados.

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