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La ruleta de la fortuna ciega de David Casinos

David Casinos se quedó ciego a los 24 años por culpa de la diabetes. Vendió cupones durante 12 años y hoy es una referencia mundial en lanzamiento de peso y de disco. Cinco juegos paralímpicos y el Olimpo de varios oros mundiales. Con esfuerzo y optimismo ha conseguido ver más allá de lo que ven unos ojos sanos. Su vida no es una taza de Mr. Wonderfull. Ha sido oscura y dura, pero se ha bebido los posos de un tirón y ahora enseña a mirar

David Casinos y Farala miran al futuro sin ver los obstáculos. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)
photo_cameraDavid Casinos y Farala miran al futuro sin ver los obstáculos. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

El lunes el mundo celebra el Día Internacional de la Discapacidad. Más de mil millones de personas conforman la minoría más amplia, y más de cien millones son niños. Están por todas partes. Están muy cerca. Y en España, después de ver Campeones, la mayoría están en un pedestal sin paternalismos, pero con admiración por su talento.

Más de 284.000 de personas sufren alguna discapacidad visual en un mundo hecho para ver. De ellos, 39 millones son ciegos. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, en España las cifras son similares a las del resto de Europa: 980.000 personas con discapacidad visual y 70.000 ciegos. Y la alerta de que estas cifras crecerán con el paso de los años está encima de la mesa, entre otras cosas, por el envejecimiento de la población y la prevalencia de la diabetes.Uno entre 70.000

David Casinos es uno de esos 70.000 invidentes. Uno más, pero no uno cualquiera. Porque es atleta, porque ha estado en los juegos paralímpicos de Sidney, Atenas, Pekín, Londres y Río de Janeiro; porque tiene cinco medallas olímpicas, porque se ha llevado los oros a puñados en los campeonatos del mundo de atletismo en lanzamiento de peso y de disco, y porque su vida está en ebullición de retos en 3D.

David nació en Valencia en 1972 y veía todo el azul y todo el naranja de esas tierras. Era un chico talentoso con dos pasiones fuertes: la mecánica y el deporte. Cursó una FP de Automoción y compaginaba sus estudios con el lanzamiento de martillo. Pero en 1998 su “compañera dulce” -la diabetes- le dejó ciego para siempre. Casi sin avisar. Y su vida registró un fundido en negro “que me volvió loco. No me hacía a la idea de que nunca más podría abrir una ventana y ver la luz”.

En la ruleta de la vida, a Casinos le tocó perder la visión cuando estaba en el momento más boyante, con un trabajo en Ford, con miles de proyectos y con cientos de ilusiones. Después del shock, su familia le ayudó a sacar el espíritu deportivo de su ADN y entre esfuerzos, avances, alguna derrota, y muchas ganas de comerse el mundo, David Casinos, invidente, empezó a ser el de las fotos de hoy, el de los podio, las medallas, y las sesiones para enseñar a ver el mundo real a los que vemos sin mirar.

Deporte- pértiga y trampolín

Con el atletismo en vena arrancó una carrera de fondo que le sacó de la pena: “Me quedaba mucha vida por delante como para pasármela llorando por las esquinas”.Sus mayores éxitos deportivos se concentran entre 1999 y 2004, con sus récords mundiales y europeos, y sus pértigas de autoestima. Después se convirtió en el campeón paralímpico de peso y disco: oro en Sidney 2000, oro en Atenas 2004 , oro en Pekín 2008 y oro en Londres 2012. En 2013 recibió de manos del Rey Felipe VI el Premio Nacional del Deporte en la categoría Olimpia “por el fomento de la actividad de otros se haya destacado especialmente en la difusión y mejora de la actividad deportiva entre personas con discapacidad”.David Casinos_2

Con el atletismo en vena arrancó una carrera de fondo que le sacó de la pena: “Me quedaba mucha vida por delante como para pasármela llorando por las esquinas”

Entre medias hubo ganas de mandar el bastón al ostracismo. Y se fue olvidando del rostro de su madre. Pero aquellos embates no hacían callo en su optimismo: “Esto es lo que tengo y con esto tengo que seguir. Al final, la actitud es lo único que diferencia nuestras capacidades en esta vida”.

Entre medias hubo esa sensación de peligro de salir a la calle sin ver, mientras “mi madre me vigilaba desde cerca sin que yo lo supiera durante dos años. Esas cosas solo las hace una madre”. Pero la vulnerabilidad no le encerró en un armario.

Entre medias hubo una sana obsesión de ser autónomo. De servirse un vaso de agua, de vestirse, de aprender a pensar sin ver. Lo físico y lo psíquico, a veces en la línea de salida, a veces en la línea de meta.

“Esto es lo que tengo y con esto tengo que seguir. Al final, la actitud es lo único que diferencia nuestras capacidades en esta vida”.

Volver a empezar y reaprenderDesde que la retinopatía diabética le borró la mirada, el discóbolo español empezó de nuevo para reaprender a vivir: aseo, cocina, casa, calle. Entre bastones, bastonazos, escuela adaptada, achuchones de mamá y vengas-que-puedes, recuperó el sueño de ser independiente. Vendió cupones de la ONCE durante 12 años, “y eso que al principio me daba vergüenza, porque me parecía como pedir limosna”, e incluso en 2006 dio un Gordo.

Pedalea Casinos en cuesta y con ganas. Aprender a planchar, a hacer la cama, a conocer las monedas al tacto, aceptando su realidad y convirtiendo la ceguera en una fuente de posibilidades con trabajo, porque “da igual que te apoyen médicos y psicólogos, hay esfuerzos con solo pueden ser tuyos. Sobre todo el de crecer de dentro hacia afuera, convirtiendo lo importante en los pilares para estar seguro y ser feliz”.

El lanzador de martillo expulsa la desesperanza a distancias de Guinness. “Para poder creer no hay que ver, hay que hacer”. Y pim, pam, caída, levantada, triunfo, derrota, pim, pam.

Ya hecho un icono del atletismo, el abanderado de España en Pekín 2008  vive de los hechos y se ha alimentado de su imaginación: “Tengo la suerte de poder imaginarme el color del pelo de mi mujer, o la cara de mis hijos, o paisajes espectaculares mientras monto en un velódromo. Un campo, una flor, unos ojos. Es un juego tremendo”.David Casinos_3

“Da igual que te apoyen médicos y psicólogos, hay esfuerzos con solo pueden ser tuyos. Sobre todo el de crecer de dentro hacia afuera, convirtiendo lo importante en los pilares para estar seguro y ser feliz”.

Un mundo de igualesAcepta, asume y digiere. Nada hay que le separe de un atleta sin discapacidad, salvo algunos obstáculos que se encuentra antes de llegar a la pista de entrenamiento: coge el metro, sortea una valla, se choca con una rama sin cortar, se enfrenta a un coche mal aparcado, y se empotra con un peatón que va mirando el móvil, “porque mis accidentes más habituales son por culpa de gente que ve”. Lo demás: las mismas instalaciones, las mismas medallas, los mismos apretones de manos de políticos, “eso sí, salimos menos en los medios. Normalmente, los periodistas preferís publicar nuestras historias de superación antes que nuestros éxitos deportivos”.

David está en el podio. Imparte sesiones de coaching en empresas. Sonríe a las cámaras, interactúa por teléfono y camina hacia adelante con paso firme y decidido. “Yo soy David, con ceguera. Con ganas de vivir, de luchar y de trabajar. Con la ilusión de aprovechar ese diálogo interior que se abre dentro de mí durante 24 horas. Otros invidentes han preferido quedarse en el lado oscuro hasta convertirse en personas estáticas y muy introvertidas. A mí la ceguera no me impide llevar una vida normal. Me he casado, he sido padre dos veces… La cara hostil de esta discapacidad –soy invidente, no quiero que me ayudes, no toques a mi perro, yo tengo preferencia…- nos limita mucho. Yo me creo de verdad un mundo igual para todos”.

David ve con la experiencia, pero, sobre todo, con el oído, siempre que no haya ventisca. Cuando oye “mira, un chico ciego”, se para, saluda y se presenta, “por aquello de educar rompiendo tabúes y barreras. Mañana ese joven será el jefe de una empresa, y entenderá mejor lo que le aporta contratar a personas ciegas. Las personas con discapacidad podemos hacer un montón de cosas”.David Casinos_4

“Yo soy David, con ceguera. Con ganas de vivir, de luchar y de trabajar. Con la ilusión de aprovechar ese diálogo interior que se abre dentro de mí durante 24 horas.

Barreras, pero no diques

En el capítulo de barreras perennes y caducas, Casinos destaca que “la gente ha dejado de vernos con condescendencia, aunque eso también depende de nosotros. En mi caso, el sentido del humor forma parte de mis días, y eso ayuda a que nada me separe de las demás personas”. La barrera permanente que subraya es que “la ley de contratación de personas con discapacidad no se cumple”.

Casinos lanza discos de platino y sabiduría con la modestia de un señor campechano, pegado a su perra Farala, una pastora alemana preciosa. Gracias a la tecnología va dando alas su mundo interior con audiolibros y periódicos, y va al teatro, y al cine. “No voy a renunciar a nada por no ver o por verlo todo en negro brillante. La pena es que me siguen cobrando las entradas como si viera, y lo mismo me pasa con la luz…”.

Ha perdido el miedo a hablar en público, se hace selfies, vídeos, se interesa por su marca personal y tiene un canal de YouTube. “Quiero disfrutar de lo que tengo en mis manos”.

“La gente ha dejado de vernos con condescendencia, aunque eso también depende de nosotros. En mi caso, el sentido del humor forma parte de mis días, y eso ayuda a que nada me separe de las demás personas”

Se le ve contento

Nunca le ha dicho a su hija Cayetana que es invidente. Quiere que lo descubra ella. Seguramente ya lo sepa, pero lo importante es que ella no ha experimentado ningún cambio. “Los invidentes podemos inspirar a otras personas, especialmente a los más jóvenes. Si yo, que soy ciego, he podido cambiar un pañal, hacer la compra, o disfrutar del buen cine, tú, que lo tienes más fácil, no puedes quedarte esperando”.

David y su mujer se conocieron a oscuras y acaban de dar a luz a Jordan. Los ojos que no ven están conectados a un corazón que sí siente.

La lotería de David fue saber desde el momento en el que se quedó sin vista a dónde quería mirar y a dónde quería ir. “Eso no lo tiene claro mucha gente en la vida, aunque pueda ver. Hay personas que ni creen, ni ven. Yo pude intuir desde el principio que mi vida sería más épica, más interesante, y que valdría la pena. Gracias a otros que me sirvieron de inspiración, tengo una vida fantástica”.

La suerte de David no es la de un casino, sino la de un deportista profesional. Y ahora, lo importante es compartirla mientras suena de fondo un We are the champions.

La lotería de David fue que entre hundirse o luchar, decidió hace ahora 20 años que llegaría a la Luna, sin que el día a día de esta jungla de asfalto le impidiera apreciar como cada día sale el Sol, “¡Y si no, lo saco yo!”.

David Casinos_5Hasta una Spartan Race cabe en una vida sin ver… muros…

La lotería de David fue saber desde el momento en el que se quedó sin vista a dónde quería mirar y a dónde quería ir. “Eso no lo tiene claro mucha gente en la vida, aunque pueda ver

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