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“Los españoles nos reímos mucho de uno mismo siempre que uno mismo sea otro”

Goyo Jiménez llena las salas con su nuevo espectáculo Aiguantulivinamérica 2. Mike y Susan vuelven a las tablas, pero renovados. Además, estrena programa cultural en La 2 –Código final- y se confirma como la risa sociológica con más eco entre los Carlos de Onda Cero

Goyo Jiménez hace ademán de un ‘danimateo’ con la bandera de barras y estrellas en Callao. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)
photo_cameraGoyo Jiménez hace ademán de un ‘danimateo’ con la bandera de barras y estrellas en Callao. Foto: Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

Es el otro calvo de la lotería de la risa. Un premio Goyo al humorismo ilustrado para este experto en asuntos americanos. Trump y su mundo como ingredientes para la reflexión made in Spain. Derecho como el Tío de la Vara. En la cárcel entendió que su universo era apresar a los ciudadanos libres con sentido del humor. Vive de la España cainita, aflojando el paquete de angustia que nos genera tomarnos tan en serio. El apasionado de la divulgación científica que puso en Órbita Laika a Pedro Duque tiene un amigo ministro. Ahora hace de Jordi Hurtado en Código Final. Da culto a la improvisación mil veces pensada. Cultureta ajeno a los cultismos. Cómico para el vulgo, y valga la redundancia. Le encantaría vivir en el universo de Faemino y Cansado, y ama a José Mota. Ni campanadas, ni Goyas: “No tengo necesidad de que me crucifiquen”. Hace humor por caridad fina, y cuenta con el Guinness de ser cómico durante más de 30 años sin rastros de cinismo.

 

Tarde de domingo, de suelos de Madrid llenos de hojas ahogadas. Calles con esqueletos incipientes de la Navidad más comercial. Propagandas de blackfridays cantando bajo la lluvia. Día de mesa camilla, día de castañas calientes, o día de pasar la tarde con Goyo Jiménez. Una de tres.

En Callao posa un nuevo superhéroe que no es de Marvel. Es de Melilla, pero criado en Albacete. Y sin embargo es nuestro yankee más universal. Se sabe los tópicos de América del Norte como la lista de los reyes godos. Como si fuera una máquina de hacer palomitas, esculpe magia verbal con los granos de maíz de la pasta humana.  Con la naturalidad de un castellanomanchego que nunca ha pisado Hollywood, el Capitán Planeta del humorismo español da muestras de que se conoce el paño humano como si fuera un sociólogo de postín con título de verdad.

Primero, tomamos unas fotos, mientras hace un danimateo con la bandera de barras. Posa riéndose de sí mismo en tres dimensiones. Después, metemos sus 192 centímetros de envergadura en el patio de butacas cuando el salón está sin almas, y en menos de 30 minutos que canta un gallo despeluchamos el sentido común de este spiderman de la comedia. Contrastamos sus respuestas tras dos horas y media de espectáculo que son una epopeya nacional. Y, después, pegamos la oreja en el metro, y la gente ha disfrutado, que se nota.

En su juventud, a Goyo le picó un payaso radioactivo y por eso, dice él, “tengo esta gracia atómica”. Bien. Analicemos su caso por partes.

Más de 30 años haciendo el humor y no la guerra. Otros se habrían cansado de reír. Usted parece como nuevo… 

Mi primera actuación cobrada de humor fue a los 14 años, y tengo 48… No me he cansado, pero es que tampoco sé hacer otra cosa.

La censura de lo políticamente correcto está al acecho. ¿Ser cómico y andar con pies de plomo es una paradoja?

Los pies de plomo, para ver dónde pisas, y también un traje entero de plomo, de amianto y de titanio, porque la censura te llega por todas partes. Ahora tenemos que aguantar todo tipo de disparos, pero va en el oficio. Evidentemente, estoy en contra de cualquier limitación de la libertad de expresión, pero es cierto que vuelve a ser divertido hacer esto. Se supone que estamos para hacer humor sabiendo que nada es gratuito, y eso nos obliga a ser más inteligentes en nuestro trabajo. La situación actual nos obliga a que nuestro humor sea más ingenioso, y eso también nos puede venir bien. Todo lo que no te mata, te hace más fuerte.

¿Cuál es su sentencia del Caso Dani Mateo?

No soy juez. Decía Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

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¿Nos estamos volviendo muy delicaditos todos? 

Sí, nos hemos vuelto muy delicaditos. Propongo a Inditex que, para la próxima temporada, saque abrigos de burbuja de plástico de los que protegen los paquetes…

¿Cuáles son las líneas rojas en sus guiones?

Las líneas rojas tendrá que decirlas la izquierda… Creo que con mi público tengo una convención que me permite llegar a donde quiera. Lo que hago es pasar de quienes no son mi público, así de sencillo. También es cierto que uno debe saber dónde está hablando: no es lo mismo actuar en un teatro ante la gente que quiere verte, que hacerlo en un medio público dirigiéndote a todo el mundo. Eso hay que asumirlo, sin quejarse después.

¿Los humoristas sois los periodistas sociales más objetivos?

¡Qué va! Nosotros somos gente que hace bromas porque nos es inevitable no hacerlas, porque nos saldrían hernias. No hay que suponernos más ingenio. La única certeza que respetamos es mirar a la vida con la objetividad de saber que nada vale la pena, porque al final te mueres, y tanto esfuerzo, tanta hipoteca, tanto estatus social, tantos cargos y tantos honores no sirven para nada. 

Usted, con 17 años montó su propia compañía de teatro. Hoy con 17 años se emprende cero. Después de tanta mili, ¿cuándo intuyó que lo suyo no era ser un abogado más, sino un triste menos?

Trabajando en la cárcel. Estuve un año trabajando en la prisión de La Torrecica, en Albacete, y descubrí que lo mío, en vez de trabajar con la gente que estaba presa, era apresar en mi sentido del humor a la gente que estaba libre. En general, pronto me di cuenta de que ni el Derecho ni los esquemas habituales iban conmigo. Nada de todo aquello me hacía feliz.

Lleva usted años haciendo las Américas del Norte, ahora con Aiguantulivinamérica 2. ¿Con Trump también duyuguantuliv allí?

Los americanos nos llevan tanta ventaja y son tan buenos y tan empáticos con el resto del mundo, que han decidido no seguir tan por delante y van a esperarnos. Para eso, han metido un freno que se llama Donald Trump. Han consensuado su disposición a hacer las cosas igual de mal que en el resto del mundo. Estamos viviendo una época en la que hemos decidido complicarnos la vida y comportarnos de forma boba, y en eso América no podía ser menos. 

¿Se siente a gusto en un mundo de bandos: izquierda-derecha, Madrid-Barça; Sevilla-Betis; Rosalía-Beyoncé…?

Nunca me he sentido a gusto en un mundo que sea escoger o esto o lo otro. Al final somos todos muy taoístas y tendemos a eso. Estamos creados para el yin y el yang, pero yo disiento. El binomio Tattaglia-Corleone responde más al mundo en el que estamos. Ante comportamientos mafiosos, cuantas más opciones tengamos, más democracia y más libertad. La libertad absoluta es absurda, pero tener una pléyade de opciones nos da alas.

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¿Por qué los españoles no podemos ser Abel?

Debe de ser que dentro de la península el papel de Abel lo tienen los portugueses... A los españoles nos luce esto de matar para adentro. Hay una paradoja ordinaria que lo refleja bien: la de esos que gritan muchísimo en sus casas con amenazas terribles -¡Te voy a matar, desgraciao!- y luego, cuando salen al portal, te saludan con una educación pasmosa. Somos ese tipo de país. Por fuera mantenemos las formas. Para adentro somos Caín. Quizás es que nos falta paciencia, aunque tampoco soy sociólogo. Llevo viviendo desde hace mucho tiempo de este carácter nuestro, y tampoco me voy a quejar. Lo que a vosotros os molesta, a mí me genera una industria excelente.

¿Sabemos sacarle partido al humor o somos más cabezacanastos de lo que aparentamos en Instagram?

Los españoles nos reímos mucho de uno mismo, siempre que uno mismo sea otro. No sabemos sacarle al humor esa interesante reflexión sobre uno mismo desde un punto de vista relajado, que es para lo que debe servir para no tomarnos a nosotros mismos tan en serio. No quiero generalizar, porque hay gente con un espíritu crítico bastante provechoso, pero preferimos reírnos de otros. El humor surge en el ser humano como alivio al miedo. Tengo un espectador que padece ELA que ha venido once veces a verme. Hablo con él con frecuencia. Es un tío maravilloso, y me gustaría tener algún día su grandeza de ánimo y su fortaleza intelectual. Basta con tener una cierta edad y un cierto contacto con la miseria, la enfermedad o el dolor, para entender que hay que relajarse un poquito, que esto tiene fecha de caducidad. 

América se la conoce en canal. ¿Cómo ve España sin filtros?

Le digo la verdad: nunca he ido a América… Cuando quería, no tenía. Y ahora que tengo, me da mucho miedo... Quiero ir en una especie de viaje iniciático para comprobar si es verdad todo lo que digo, y preparar con eso una película o un documental para la ocasión.

En España, precisamente, el problema es la falta de filtros en todos los sentidos. A lo mejor tenemos que empezar a asumir las frustraciones y filtrar un poco.

Políticamente, ¿qué le hace gracia?

¡Nada! ¡Cada vez menos! La política se está convirtiendo en algo al nivel del peor entretenimiento. Últimamente prefiero ver programas del corazón, que me resultan más agradables y eso que no me han gustado nunca. Los veo como una panacea, comparados con los programas de política, la prensa política, las columnas políticas, las tertulias políticas. ¡Estoy harto de que todo el mundo intente colarnos a sus voceros y a sus community managers; que todo se centre en los likes y los dislikes de cada frase redonda que se dice; que se copien gestos que se han hecho en Canadá y someter todo a las tendencias superficiales! ¡Esta política de diseño me da mucha pereza! Como persona que se dedica al mundo del espectáculo, nuestra política me parece un show burdo y de muy baja calidad.

¿El periodismo está para reírse?

El periodismo está para llorar, lamentablemente. Tenemos un problema, porque sin periodismo no hay contrapoder, y hay tan poco negocio en el periodismo que no se sostiene un oficio digno e independiente. Sin un periodismo digno nos vamos a cagar todos.

Como licenciado en Derecho, ¿esta Justicia, este Consejo General del Poder Judicial, este tejemaneje, este concubinato de poderes en directo, es un chiste, un meme, una ironía democrática…?

A veces no somos realmente conscientes de la necesidad de tener una justicia y un periodismo independientes. No sé hasta qué punto es grave la situación de la justicia española, pero la imagen empieza a ser muy preocupante. No tiene sentido anunciar el nombre del presidente del CGPJ antes de que se hayan reunido sus componentes para nombrarlo… Este mercadeo es absurdo. En Estados Unidos, estas cosas no pasan. Allí se elige a los miembros del Supremo con la tranquilidad de que hay una independencia en los juristas. A lo mejor deberíamos empezar a plantearnos el voto directo para elegir a nuestro Fiscal, y a los jueces y demás. Dejar la justicia en manos de la política ya es lo que nos faltaba…

Dígame si consiente o disiente:

José Mota hace el mejor Informe Semanal de fin de año del periodismo español.

Sin dudarlo.

Faemino y Cansado son otro mundo.

Otro mundo en el que me encantaría vivir, pero no puedo, aunque lo he visitado muchas veces.

Dani Rovira es el mejor amigo de un cómico.

Es un gran tipo. 

Matías Prats debe cambiar de registro…

Matías Prats está en esa edad en la que está por encima del bien y del mal, y puede hacer lo que le venga en gana.

    ¿Nos hemos olvidado muy pronto de Gila?

    Demasiado pronto.

    ¿El zasca es un género, un degenero, o un disparo tuitero?

    Es una degeneración que ya cansa.

    ¿Qué risa le da más miedo?

    La mueca del hambre, sobre todo cuando la ves en la cara de un crío.

    ¿La felicidad es una utopía?

    Es un invento del poder para que estemos apalancados buscándola, en vez de encontrar la tranquilidad, la paz y el sosiego. Cuando te das cuenta del truco, es demasiado tarde, ya eres mayor, y entonces nadie te hace caso. 

Si le ofrecieran presentar unos Goya, ¿a qué director le pediría un papelito?

A nadie. Nunca iría a presentar unos Premios Goya, pero no por los Goya, ni porque tenga nada en contra del mundo del cine, sino porque, tal y como está el patio, no tengo ninguna necesidad de que me crucifiquen.

¿Podría ser usted, por ejemplo, un Bruce Willis, un Hugh Jackman, un Stathan, o en realidad se muere por hacer un largo con Javier Fesser?

Podría ser cualquiera de ellos. Tendría el mismo aspecto que ellos si les hubiera caído un barril de ácido por encima. Yo podía hacer de tío duro perfectamente; ya ve la voz que tengo. 

¿Cuántas noches duerme en su casa?

Cada vez menos de las que quiero: dos o tres de media a la semana.

¿Se puede ser libre siendo nómada?

No queda más remedio… De hecho, creo que dejamos de ser libres cuando nos dio por plantar la tienda, con lo felices que eran los neandertales. ¡Esos sí que vivieron bien!

¿En las décadas que lleva haciendo bromas, ve que perdemos una cierta ingenuidad? ¿Qué tiene eso de bueno y qué tiene de malo? 

Perdemos la ingenuidad de desconocer el mal, y empezamos a ganar la de desconocer la verdad. Hemos pasado, de no enterarnos de la maldad que nos acompaña en este mundo y estar a salvo, a enterarnos de todo, pero sin saber la verdad que hay detrás. Esto nos ha hecho dudar de cualquier cosa, lo cual impide que tengamos héroes, heroínas y referentes claros. No nos fiamos ni de nuestra sombra. Nos hemos vuelto unos jodidos desconfiados.

Es usted un acreditado amante de la ciencia: ¿sobreviven los más fuertes o los más veletas?

El darwinismo nunca ha dicho que sobreviva el más fuerte, sino los que se adaptan antes, lo más rápidos. Ser el más rápido tiene sus ventajas, y creo que, como sociedad, deberíamos adoptar ese modelo y entender que los cambios se tienen que producir con cabeza, con prestancia y rapidez. Eso es lo que nos enseña la ciencia. Pero, vamos, que si nos queremos empeñar en seguir manteniendo los principios y las soluciones del siglo XIX, pues venga…

¿La divulgación científica cala, o se ve como un asunto de frikis?

Lo que me asusta es que a la divulgación científica le pase lo mismo que sufrió el teatro institucionalizado: que solo le interese a los que viven de él… Divulgar es hablar al vulgo, a la gente, y debe tener como objetivo enseñar al pueblo lo necesario, imprescindible y trascendental que son la ciencia, la investigación, la innovación y la tecnología para el avance de una sociedad. Y ya está. No se trata de convertir a la gente en científicos, sino en personas concienciadas sobre la ciencia, para que no se les engañe con estupideces. No tiene sentido que en el siglo XXI haya personas que crean que la tierra es plana o que no hay que vacunar a los niños. Basta con que entendamos que el razonamiento intelectual y científico es el que funciona aquí, en China y, probablemente, en el planeta más lejano de Alpha Centauri. La creencia es otra cosa. 

Dígame en serio qué pensó el día que Pedro Sánchez eligió a su compañero en Órbita Laika -Pedro Duque- como ministro del ramo.

Conociéndole, pensé que iba a ser bueno para la ciencia española. Al margen de sus conocimientos sobrados y de lo que representa, sin entrar en política, es un señor, y tiene una carrera que ya quisiera cualquiera. Además, es una buena persona. Me alegré por él y por nosotros.

¿La épica de volver a llegar a la Luna la hemos perdido por la epopeya de sobrevivir a tanta velocidad?

A mí me gustaría que nos atacasen unos alienígenas, a ver si entramos en la épica de superarnos. Parece que no tenemos causas. Una de las ventajas de llegar a la Luna es que la humanidad se preocupó por avanzar y mejorar, y por centrar los esfuerzos en saber cómo funciona el universo y qué hacemos aquí… Todo lo que tenemos y hacemos está muy bien, ¿pero para qué? Hay un momento en la vida en el que te paras y piensas: todo el sufrimiento, todo el esfuerzo, toda la angustia de la humanidad, ¿son para algo? Con intentar responder a esa pregunta a lo mejor vale la pena todo. 

¿Hacer reír a los demás es su manera de ganarse el cielo?

Yo tampoco le daba tanta importancia, aunque últimamente empiezo a valorarlo más, porque hay personas que me dicen que les he ayudado mucho. He hecho humor por todo: por destacar sobre los demás, por llamar la atención, por caer bien, por ser simpático, por instinto, porque me gusta… Y ahora lo estoy haciendo porque me atrae ver a la gente pasarlo bien. Hacer reír me hace sentirme bien, y en estos tiempos que corren, con tanta gente angustiada, nerviosa o frustrada, con que alguien te venga y te diga que lo que has hecho les ayuda a estar mejor, me doy con un canto en los dientes.

Ha vuelto a los concursos de la tele con Código final. ¿Es usted el relevo natural de Jordi Hurtado?

Jordi Hurtado nos va a sobrevivir a todos, como se sabe… Yo estaba presentando Órbita Laika en ese mismo plató con el equipo de Sant Cugat del Vallès, con los que me encanta trabajar. Con la gente de producción de TVE en Barcelona y los profesionales de La 2 siempre he estado muy a gusto. Me propusieron este proyecto, y otro para TVE que no pude hacer por problemas de fechas. Código final me apeteció, porque era un concurso de cultura general, que es muy difícil de encontrar ahora mismo. Otros concursos me habrían apetecido bastante menos. Yo soy muy de probar, y me lo estoy pasando muy bien, porque soy concursómano, como se refleja en el programa. 

¿Cuándo dará usted las campanadas?

Me gusta estar fuera en Nochevieja… Cualquier cosa que me apetezca, estoy dispuesto a considerarla. De momento, solo esas.

¿Cómo ha conseguido no convertirse en un cínico?

¿Quién le ha dicho que no lo soy?

Se nota.

Tengo ilusiones, me gusta hacer bien mi trabajo. Soy de una generación pre millennial, que valora el trabajo bien hecho, los detalles de la gente, la educación. Valoro tanto la habilidad y el talento de los demás que no puedo ser cínico; además, es una actitud a la que no le veo ningún sentido.

Casarse a su edad es una prueba de que el cinismo no llama a su puerta…

Si conociera a mi mujer, entendería que es para enamorarse para siempre… Todo el mundo puede decidir ser lo que quiere ser, siempre que sea coherente y constante. He tenido la enorme fortuna de que me ha ido muy bien en todo lo que hacía, aunque en ocasiones las he pasado canutas. Pero la combinación de suerte, amistad, gente que te ayuda y te apoya ha sido muy buena. ¿De qué me voy a quejar? Que sea cínica una persona sin suerte, lo puedo entender, pero a mí me ha ido estupendamente. Si estuviera quejándome, en vez de intentar echar un cable a quien pueda, sería un gilipollas y un primermundista. 

REBOBINANDO

Goyo Jiménez susurra, grita, pone voces, mueve las caderas, se motiva, no lo dice, lo hace, se ríe, disfruta, curra fuerte, crea, interactúa, se entrega y suda. Mucho. Por eso lleva una muñequera negra en su derecha de esas que ya solo usan los rafanadal

En un alarde goyesco de estirar el chicle, sacamos petróleo:

Sudar sin miedo y secarse sin complejos en directo. Conocimiento propio, darse la importancia justa, normalizar la estrella sobre el tablao.

Sudar a chorro cada cuatro gestos. Actuar sin temor a darse del todo. Avanzar en el escenario –y en la vida- combinando las potencias para ofrecer el cien por cien de su capacidad de hacer reír con cabeza. A veces con una lengua muy negra, pero por una buena causa, porque toca más conciencias de las que se imagina cualquier cómico del montón.

Muñequera negra sin lutos. Práctica y eficaz. Sin tabúes de glamoures culturetas que hastían al hombre de barrio que viste Jiménez. 

Muñequera negra sudada hecha a mano: un monumento al trabajo bien hecho de hacer reír. Aunque le limpien la lengua con lejía las madres impolutas de porcelana, las filigranas del humor ilustrado suenan, y dejan poso, y son más útiles que muchos mítines, muchas clases y mucho sermón. Porque Goyo filochistea sobre la vida cotidiana sin moralizar a las masas, pero abriendo interrogantes que enseñan, por ósmosis, a mirar a los demás con menos arrogancia, con más apertura, sin trampa y sin cartón.

Muñequera negra empapada por ese líquido transparente que segregan las glándulas sudoríparas de la piel de los mamíferos. Abriendo en el público los poros que nos diferencian de verdad de los demás animales.

Goyo versus Sócrates: sólo sé que sin reírme de mí mismo no sé nada.

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