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Familiexit: cada 5 minutos se rompe una pareja y más del 17% de los hogares españoles sufre ya esa fractura social

Entre enero y marzo de este año 29.886 parejas heterosexuales se han roto en España. 34 nulidades, 28.091 divorcios -la mayoría, consensuados- y 1.361 separaciones. Casi un 18,4% del total de nuevos matrimonios registrados en 2018. Son muchas rupturas, pero son menos que hace una década. En concreto, un 6,4% menos que en 2009, donde nulidades, divorcios y separaciones sumaron 31.582 maletas en la puerta, hijos desconcertados y más de un portazo. En los últimos cinco años, la mayoría de las disoluciones se producen en el primer trimestre del año. La familia política, las infidelidades, las dificultades para reconducir la convivencia, y el acceso a la pornografía y a las redes de contactos son las causas más referidas ante los abogados para romper el compromiso en un ambiente social lleno de mitos falsos sobre el paso del “sí quiero” al “no quiero verte más”. 3.238.291 parejas se han fracturado desde 1981 en más del 17% de los hogares españoles

El viaje del “sí quiero” al “tienes la maleta en la puerta” es un trayecto cada vez más habitual y más rápido. Foto: Eduardo Rodríguez Recio
photo_cameraEl viaje del “sí quiero” al “tienes la maleta en la puerta” es un trayecto cada vez más habitual y más rápido. Foto: Eduardo Rodríguez Recio

José Luis tiene 38 años. Es de Madrid, pero ejerce en el sur. De momento se ha casado tres veces y se ha divorciado otras tres, aunque del último queda finiquitar los papeles. Un micrófono discreto registra: “Anhelo un momento de estabilidad, pero cada vez tengo menos esperanzas de que llegue. He pensando suicidarme, pero no soy tan valiente/cobarde”.

Lo de menos es que no se llama José Luis. Lo de más es que admite que lleva once años conectado compulsivamente a las redes de contacto. A Tinder, a Badoo, al chat de Terra, a Lovoo, a Pof… “Salté al terreno de los encuentros, y a partir de ahí he tenido múltiples contactos a ciegas, y muchos de ellos culminaron en relaciones sexuales con mujeres”. Desde los 27 años hasta ahora se ha convertido en un adicto consciente que busca ayuda en la terapia psicológica y en un psiquiatra, porque esas pasiones a un click le han saqueado a él y a su casa tres veces en muy poco tiempo.

“Mi primer divorcio fue el mismo año de mi boda, por frustración en la relación de pareja. El segundo, a los tres meses de casarme, por infidelidad. El tercero, al año de emparejarme de nuevo, por infidelidad. Con la mujer de la que me divorcio esta vez he tenido dos hijos: uno de tres años y una que aún no ha soplado la primera vela. Casi no me conoce. Me han diagnosticado adición a redes de contactos y trastorno ciclotímico de personalidad. Sigo haciéndome cargo de mis hijos y les veo con frecuencia, pero viven en otra casa. Estoy aprendiendo que personas como yo es mejor que estén solas para no hacer daño a los demás”. 

Ahora mismo José Luis tiene una relación de pareja con la mujer con la que le fue infiel a su última esposa. Y sí, tiene la sensación “de que todo volverá a repetirse, y por eso me planteo vivir una vida que se centre exclusivamente en mi trabajo, mis hijos, y no destrozar ninguna vida más”.

Suspiro. Le duele a José Luis. Les duele a sus mujeres, que han sufrido en sus carnes y en sus almas la desenfrenada vida paralela del hombre de sus casas. Él es muy consciente y seguramente ahí esté la luz al final de su calvario. Por eso saca esta sentencia desde lo más profundo de su pecho: “Entrar en una red de contactos es como entrar en una casa de apuestas. Entras pensando en gastar unos euros, y acabas con la cartera vacía. En una red de éstas entras pensando en tener una aventura y terminas perdiendo a toda tu familia”.

“Entrar en una red de contactos es como entrar en una casa de apuestas. Entras pensando en gastar unos euros, y acabas con la cartera vacía. En una red de éstas entras pensando en tener una aventura y terminas perdiendo a toda tu familia”

Rocío y una rutina terminal

111.838 parejas se rompieron en España en 2018 sumando divorcios, separaciones y nulidades. Entre todas las vivencias que están detrás de esta cifra registrada en juzgados de Violencia contra la Mujer, de Primera Instancia y de Primera instancia e Instrucción, la historia de José Luis seguramente sea un caso extremo. Quizás lo que me cuenta Rocío sea el pan roto de cada día: “Tras cuatro años de novios y ocho casados, el pasado mes de junio tomé la dura decisión de separarme, aunque no tuviera soporte familiar en la ciudad en la que vivo”. La rutina continua, la escasa vida en pareja y las recurrentes faltas de cariño son los motivos que le llevaron a zanjar la relación de mutuo acuerdo. “La separación está siendo cordial. Desde el primer momento le dejé bien claro que lo principal eran los niños, y ellos están bien”.

Han pasado pocos meses desde que se pusieron las cartas boca arriba “después de haber cedido mucho para evitar conflictos”, pero Rocío ya ha aprendido unas cuentas cosas: “Me he dado cuenta de lo importante que es no perder la relación de pareja, aunque haya niños; lo importante que es cuidar al que está al lado y cuidarse. La maternidad es muy bonita, pero es dura, y requiere que previamente se hayan construido unos pilares de pareja muy fuertes. También he aprendido que es fundamental fomentar los intereses comunes, cuantos más, mejor, porque los niños crecen y la pareja sigue. Si no hay nada en común, al final no queda nada para compartir”.

Rocío no vive esta situación como un fracaso, “pero sí como una lección de vida. Nos hemos acostumbrado a entrar en un ciclo social externo que condiciona nuestras biografías. Cuando somos novios, que cuándo nos casamos. Cuando nos casamos, que cuándo llegan los niños, y cuándo te separas, que cómo vas a rehacer tu vida. Lo de hacer lo que a una le da la gana lo dejamos ya para otro día…”.

Para no encontrarse más piedras en el camino, Rocío ha renunciado a la casa familiar. Ha ido a una psicóloga. Ha hablado con sus hijos. Y “como la relación con mi ex es cordial, y ya no nos gritamos, ni estamos en guerra, ellos están tranquilos y se están adaptando bien al cambio”.

Cuando somos novios, que cuándo nos casamos. Cuando nos casamos, que cuándo llegan los niños, y cuándo te separas, que cómo vas a rehacer tu vida. Lo de hacer lo que a una le da la gana lo dejamos ya para otro día…”

-¿Podrías haber aguantado más?

-Podría haber aguantado, pero eso, a la larga, significa vivir una doble vida, porque, al final, somos humanos y buscamos cariño. Cuando el cariño no te lo encuentras en casa, o lo buscas, o te lo encuentras sin buscar. Eso de aguantar cuando la pareja va mal hasta que los niños sean mayores es un error. Si la ruptura se realiza como adultos, con cabeza y educación, los niños se adaptan al cambio antes que los padres.RUP_anillos_rosa

Pedro y un divorcio “cordial”

Pedro vive en Cataluña y tiene 43 años. En su divorcio no hubo terceras personas implicadas. Come, cena y va al cine con su ex y el hijo común, y mantiene el trato y el cariño a sus ex suegros. “No tengo ni tiempo, ni dinero, ni ningún motivo para tener una mala relación con la madre de mi hijo. La vida es mucho más sencilla de lo que la hacemos muchas veces”.

Pedro cuenta que se casaron por lo civil, “sobre todo por el tema del papeleo al tener nuestro hijo. Fue un puro trámite”, y se divorciaron en 2014 “supongo que, como la mayor parte de los divorciados: por la monotonía, porque somos muy diferentes, por que habíamos vivido muchos años de relación, y por la rutina”. El día de la ruptura legal su hijo tenía cuatro años, y entre los dos “intentamos explicárselo de la manera menos dolorosa y traumática posible para él y para nosotros. Sin rodeos y sin hacer ninguna película de lo que había sucedido. Le contamos la verdad, que no fue fácil. Como nuestra relación es muy buena, él no se siente incómodo”.

Para Pedro, el divorcio “no ha sido ni un fracaso, ni una liberación. Ha sido, más bien, una etapa más, con sus buenos y malos momentos”. Ha aprendido lo fundamental que es “que cada uno tenga su espacio y sus momentos”. Actualmente no tiene pareja, “que es algo más complicado cuando hay niños de por medio, salvo que la otra persona esté en las mismas. Estoy en un momento de mi vida en que prefiero no asumir ningún compromiso con otra persona, disfrutar de los míos, y conocerme un poco mejor, que ya es hora con la edad que tengo…”.

“Intentamos explicárselo de la manera menos dolorosa y traumática posible para él y para nosotros. Sin rodeos y sin hacer ninguna película de lo que había sucedido. Le contamos la verdad, que no fue fácil. Como nuestra relación es muy buena, él no se siente incómodo”

-Antes de llegar al divorcio, ¿intentasteis poner remedio a la situación para no romper?

-No decides divorciarte de un día para otro. Siempre intentas arreglar las cosas, pero llega un momento en que la mejor solución, sobre todo, si quieres a la otra persona, es romper la relación.rup2_Thomas Hawk

Javier y un naufragio de sinceridad

Javier tiene 45 años. Está divorciado. Es de los pocos padres -la tasa ronda el 4%- con custodia completa de los hijos, que, en este caso, son tres. Trabajaba fuera de España y su ex le dijo: o vuelves, o te quedas con los niños. Y se quedó con los tres. Ella los ve en Navidad y un mes de verano, y siempre que quiere, también durante el curso escolar. Los dos mantienen un trato cordial, pero muy lejano.

-¿Qué ocurrió?

-Me pasaba mucho tiempo fuera de casa trabajando en el extranjero, en sitios un poco críticos. Empecé a tener relaciones por internet, nunca nada físico, pero sí profundas. Me di cuenta de por dónde estaba cayendo, le conté todo, le pedí empezar de nuevo, y me dijo que no.

-¿Por qué no?

-No sé por qué no quiso seguir. Me ha costado varios meses dejar de preguntármelo todas las mañanas.

Javier admite que “yo choqué el barco y ella optó por saltar por la borda cuando aún no nos estábamos hundiendo”. De todo este trance ha aprendido a ser más sincero “para bien y desde el principio, si alguna vez tengo otra relación”.

En la historia de Javier hay un tema subjetivo interesante. Él se mueve en zonas hostiles del planeta. Entre ébolas, refugiados y ofensivas del ISIS. Recuerda que, cuando llamaba a casa desde aquellos epicentros del mapa que huelen a pólvora y a tensión, “ella me contaba que se había roto la lavadora, y a mí me parecía una estupidez. Y, claro, debí respetar que ese era universo en el que se movía”. Han pasado unos años, y Javier sigue sacando petróleo. Para las mujeres o maridos que pasan mucho tiempo trabajando lejos recomienda “una conexión total, que se dejen cuidar, algo que quizás yo no hice”. Su divorcio le llevó a un cambio drástico: de estar poco en casa e implicarse poco, a ser padre soltero con custodia completa. “Como digo a mis amigos, el ISIS da menos miedo que criarlos en exclusiva”. Ve a sus hijos “un poco perdidos. Una es más pragmática, pero otro es más sentimental, y me sigue preguntando qué narices ha pasado”.

Ha aprendido que “eso de que yo trabajo mucho en casa bastantes veces es una trola. Yo lo decía convencido, pero ahora sé que no era cierto. He desarrollado un test: cuando un amigo me dice que ayuda mucho en su casa y cuida a sus hijos al 50%, le pregunto si sabe qué día tienen deporte los niños en el cole y cuántos chándales tienen… Yo nunca lo supe, ni lo pregunté, hasta este año”.

Me pasaba mucho tiempo fuera de casa trabajando en el extranjero, en sitios un poco críticos. Empecé a tener relaciones por internet, nunca nada físico, pero sí profundas. Me di cuenta de por dónde estaba cayendo, le conté todo, le pedí empezar de nuevo, y me dijo que no.

Mireia y un “sí quiero” que era “no puedo”Mireia vive en Castilla-La Mancha y me cuenta que “el mismo día de la boda me hubiera hecho un novia-a-la-fuga”. Dos meses antes del enlace oficial se dio cuenta “de que me estaba metiendo en un jardín del que no iba a salir fácilmente, pero la vorágine ya estaba en marcha y era lo que se esperaba de mí”. El día en que se vistió de blanco él llegó tarde a la ceremonia y ella no se acuerda de nada, “porque lo pasé fatal”. Y hubo campanas, y convite, y baile como si aquella fuera una jornada de fiesta normal. Y ella creía “en esa idea absurda de que las cosas iban a cambiar pasando por el altar en esta situación”.

Pasaron los años. Pasaron dos hijos. Cuando la mayor tenía ocho y el pequeño, cinco, Mireia decidió que había llegado el momento de darle al reset.

-¿El detonante final?

-Hicimos un viaje a un parque de atracciones con los niños y unos amigos. En ese contexto, mi hija me hizo una pregunta inocente: “¿Mamá, por qué papá y tú no os dais la mano ni os dais besos, como los padres de mis amigas?”. Definitivamente, en ese momento se me cayó la venda. Llevábamos un año pensando en la posibilidad de separarnos. Aunque él lo negaba, después de esa pregunta me di cuenta de que iba a ser cada vez más difícil disimular.

Mireia y su ex se separaron de mutuo acuerdo hace 19 años: “A partir de ahora papá no vivirá en casa, pero seguirá siendo vuestro padre. Le veréis todo lo que queráis -le dijo a sus hijos-. Lo cierto es que él solo se llevó a los niños un fin de semana. ¡Solo uno! Siempre me reprocho no haber sido más exigente con el pacto, porque mis hijos no se merecían eso. Ahora le ven lo que pueden, aunque cada vez menos. Es así de triste. De todas formas, ellos han crecido felices. Yo vengo de una familia numerosa, y eso arropa mucho. Se han criado rodeado de abuelos, tías y primos. Para ellos, su abuelo ha sido como un padre. O más”.

Entre Mireia y su ex la separación fue cordial, “pero no cabía la amistad entre nosotros. Cuando la desconfianza crece entre dos personas, es difícil. En los últimos años él dejó de cumplir sus responsabilidades en el mantenimiento de los niños y ni lo he recurrido judicialmente. En esas circunstancias es raro que algo bueno prospere. Diría que todo ha ido a peor. Hoy, nuestra relación es inexistente. Ni siquiera hablamos por Whatsapp”.

Sostiene Mireia que, al principio, “por recomendaciones familiares”, me informé del trámite para la nulidad. Llegué a entrevistarse con un sacerdote, y aquello fue “una especie de aquelarre conmigo misma. Se abrió el desagüe por el que salió toda la mierda que llevaba dentro. Lloré muchísimo, pero descubrí y confirmé que, efectivamente, mi boda y todo lo que rodeó a aquel acto social, estuvo llena de irregularidades que podrían invalidar mi matrimonio. Entraba en las circunstancias de un código canónico muy popular al que se acoge mucha gente para anular su unión”. Corrían los primeros días del nuevo siglo y, entonces, los trámites para cursar la nulidad “me abrumaron tanto que desistí”.

Mi hija me hizo una pregunta inocente: “¿Mamá, por qué papá y tú no os dais la mano ni os dais besos, como los padres de mis amigas?”. Definitivamente, en ese momento se me cayó la venda.

 

Menos matrimonios y menos rupturas que en 2009

El Servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial publicó el 12 de junio los datos de disoluciones matrimoniales del primer trimestre de este año. En total: 29.886 parejas heterosexuales se han roto en España entre enero y marzo. 34 nulidades, 28.091 divorcios -la mayoría, consensuados- y 1.361 separaciones. Casi un 18,4% del total de nuevos matrimonios registrados en 2018. Son muchas rupturas, pero son menos que hace una década. Con respecto a las cifras del mismo periodo de 2018, suben un 1,2%, pero si miramos diez años atrás, la tasa de rupturas se reduce un 6,4%. En 2009 las nulidades, los divorcios y las separaciones sumaron 31.582.

Para entender esas cifras en su justa dimensión es necesario tener en cuenta la reducción del número de matrimonios registrados en la última década. Los últimos datos publicados el pasado mes de junio por el Instituto Nacional de Estadística hacen referencia a 2018. Ese año se casaron en España 158.704 parejas heterosexuales y 4.726 homosexuales (2,8%). En 2009, el número de matrimonios heterosexuales ascendía a 174.062, un 8,8% más.

Con respecto a las cifras del mismo periodo de 2018, suben un 1,2%, pero si miramos diez años atrás, la tasa de rupturas se reduce un 6,4%. En 2009 las nulidades, los divorcios y las separaciones sumaron 31.582.

Entre los tópicos sobre estos datos, circulan cifras patrocinadas por intereses curiosos que dicen que septiembre y enero son los meses donde más parejas se rompen. Dicen los que lideran esas corrientes que después de una intensa convivencia, en verano, o en Navidad, saltan las chispas y se arma el incendio. Por ejemplo, hay noticias como ésta colgadas en la red que hacen referencia a un estudio de la Agencia de Viajes Felices Vacaciones. La información destaca que un alto porcentaje de rupturas se produce porque muchas parejas no elijen juntas el destino del verano… En cualquier caso, los datos ofrecidos por el Servicio de Estadísticas del Consejo General del Poder Judicial apuntan hacia otra dirección: en los últimos cinco años, la mayoría de las disoluciones se han registrado entre enero y junio, aunque es difícil saber cuándo se tomó la decisión.

Según este informe del Instituto de Política Familiar, “la tasa de nupcialidad se ha desplomado en los últimos 40 años en España, pasando del 7,18 en 1976 al 3,68 en 2017, y llegaría a 2,8 sino fuera por la aportación de los matrimonios internacionales” que residen en el país. España, Italia, Portugal y Eslovenia están a la cola en porcentaje de compromisos matrimoniales en Europa. Por comunidades autónomas, Castilla y León (3,16), Aragón (3,26) y Extremadura (3,28) son las regiones donde menos matrimonios se producen en relación a su población. Otra característica de la evolución de la nupcialidad es que los matrimonios civiles superan a los eclesiásticos en todas las autonomías. Por ejemplo: en Cataluña, Baleares y País Vasco, 7 de cada 8 parejas se casan exclusivamente por lo civil.

Esos datos conviven con 288 rupturas familiares al día. 5 cada minuto. Desde 1981, en España existen 3.238.291 parejas rotas. De ellas, más de dos millones se han despegado con el hacha del divorcio. Dos de cada tres disoluciones se producen en Andalucía, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana. En resumen: En España se producen 6 rupturas por cada 10 nuevos matrimonios y la división se ha convertido en uno de los principales problemas de las familias en todo el país, aunque todavía no despunte en el CIS.

Desde 1981, en España existen 3.238.291 parejas rotas. De ellas, más de dos millones se han despegado con el hacha del divorcio. Dos de cada tres disoluciones se producen en Andalucía, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana.

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Más demandas de nulidades desde 2016

Tras la historia de Mireia y las cifras destacadas, abrimos el melón de las nulidades de la mano de una experta en la materia: María Álvarez de las Asturias, fundadora del Instituto Coincidir. En dos meses sacará un libro exclusivo sobre nulidad con la editorial Digital Reasons. Aunque los datos del Consejo General del Poder Judicial registran menos nulidades que hace diez años, ella destaca que “se ha doblado el número de las demandas recibidas” desde 2016, después de que el Papa Francisco publicara el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus introduciendo reformas en los procesos canónicos de nulidad de matrimonio. En concreto, aquella carta apostólica vinculante suprime el doble tribunal y la necesidad de obtener dos sentencias conformes, “salvo que una de las partes o el defensor del vínculo apelen la sentencia”. Además, se impulsan los procesos gratuitos, “aunque se paguen los gastos de abogado, procurador y del perito, si participa”, e incluso se ofrece la posibilidad de elegir un abogado pagado por el tribunal. El impulso del Papa trata de acelerar también las causas “para que no tarden más de un año desde la presentación de la demanda”.

Álvarez de las Asturias reseña que las demandas de nulidad “siguen siendo un porcentaje muy pequeño con respecto a los matrimonios canónicos que se celebran. Me parece positivo que las personas que tienen una inquietud sobre la posible nulidad de su matrimonio acudan al tribunal, sin que se perciba como un paso caro y/o largo, porque lo importante es que puedan conocer la verdad de su situación personal”. La mayoría de los que demandan una nulidad “son personas que quieren contraer nuevo matrimonio, aunque en los últimos años acude también gente movida por problemas de conciencia: mi matrimonio se ha roto, y quería saber si esto realmente era un matrimonio. Veo a personas que han vivido con mucho sufrimiento y que se plantean si eso que han vivido puede ser realmente un matrimonio”.

Pero las directrices de Francisco no han abierto frívolamente la veda, según Álvarez de las Asturias. “Los procesos son serios. Intervienen tres jueces y un defensor del vínculo, además de los abogados de las partes. Lo que consta desde el principio es que el matrimonio se celebró y los contrayentes dijeron que sí, que lo hacían libremente. Por tanto, la nulidad hay que demostrarla con pruebas suficientes. En la duda prevalece siempre la validez del matrimonio”.

Me parece positivo que las personas que tienen una inquietud sobre la posible nulidad de su matrimonio acudan al tribunal, sin que se perciba como un paso caro y/o largo, porque lo importante es que puedan conocer la verdad de su situación personal”

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16 años de abogado de familiaFelipe Mateo Bueno lleva 16 años dedicado al Derecho de Familia y a la rama de Violencia de Género del Derecho Penal. Tiene su despacho en Zaragoza, la capital de la región de España donde más disoluciones se han producido en lo que va de año. ¿Por qué? Un misterio. Por ponerle cara: el pasado noviembre ganó en el Tribunal Supremo el caso en virtud del cual la convivencia con una nueva pareja en la vivienda familiar es causa de extinción de la atribución del uso de la vivienda.

Con conocimiento de causa, Mateo Bueno certifica que “en los últimos años hay más rupturas de mutuo acuerdo que contenciosas. Muchas veces se opta por el mutuo acuerdo porque es la forma más rápida y económica, pero un divorcio no termina el día en que se dicta sentencia. Un divorcio empieza una vez que se dicta sentencia, y es entonces cuando se ve si los padres gestionan bien o mal los efectos de su ruptura entre sus hijos, si tienen”. Aunque él pone el foco en los padres, escucha y acumula jurisprudencia de sobra para saber que “la mayoría de los niños de padres divorciados sueñan/desean que sus padres vuelvan a estar juntos. He conocido casos excepcionales en los que deseaban el divorcio de sus padres y ha sido una liberación para ellos, y suele ser en familias en las que la relación está muy deteriorada y la convivencia para ellos era un infierno”.

De su experiencia, destaca que “en la mayor parte de las rupturas de mutuo acuerdo la principal preocupación para los padres y madres son los efectos de esa decisión en sus hijos. En las disoluciones contenciosas suelen primar otros intereses, sobre todo de índole económica. En muchos casos, a eso hay que añadir una actuación por despecho, o por venganza, motivada con el ánimo de hacer el máximo daño posible a la ex pareja. Lo que suele marcar la diferencia entre una ruptura más o menos civilizada es el entorno familiar, el círculo de amistades y los abogados que se hacen cargo de cada defensa”.

Lo que suele marcar la diferencia entre una ruptura más o menos civilizada es el entorno familiar, el círculo de amistades y los abogados que se hacen cargo de cada defensa”.

El perfil medio de los que zanjan su enlace, según Mateo Bueno, es el de “parejas heterosexuales de entre 30 y 45 años con hijos”, y las infidelidades no son el motivo número uno: “Las dos principales causas por las que se rompen muchas parejas son la familia y el nacimiento de un hijo”. Y el abogado maño se explica: “Es curioso ver cómo muchas parejas no saben algo tan simple como poner a su familia en su sitio. Parece que mucha gente no ha sido capaz de romper el cordón umbilical. Al final, esas interferencias familiares acaban con la relación. De los 16 años que llevo como abogado de familia hay un dato que siempre me ha llamado la atención: el 80% de las rupturas se producen en los cinco años siguientes al nacimiento de un hijo”.

A Felipe le llegan al despacho unos cuantos dramas en carne y hueso. Lo leemos casi cada día en Twitter. Mujeres que no pueden más. Hombres que lloran. Mujeres que odian. Hombres que van a la yugular. En medio, niños dolidos que “necesitan amor, cariño, dedicación, que los padres les expliquen que juntos o separados los van a seguir queriendo igual y, sobre todo, que la ruptura no es por su culpa, porque, curiosamente, muchos de los niños se sienten culpables de la disolución”.

“Las dos principales causas por las que se rompen muchas parejas son la familia y el nacimiento de un hijo”

-¿Cómo suelen llevar los niños el baile de la custodia compartida?

-Los niños viven tanto la custodia compartida como la custodia exclusiva como la vivan sus progenitores. Si los padres lo llevan con normalidad, ellos lo llevarán bien. Si para los padres es una tragedia, ellos lo asumirán como una tragedia. Si cuando el niño va con el padre la madre le dice “no puedo vivir sin ti” o “lo paso muy mal cuando no estás conmigo”, para el niño, estar con su padre es un drama. Igual que si es el padre el que le dice al chaval “tu madre es mala” o “tu madre no te quiere”. Si ambos padres motivan y estimulan al menor para que se relacionen libre y sanamente con el otro progenitor o, al menos, no obstaculizan el cumplimiento del régimen de visitas, no tiene que haber problemas.

Entre las experiencias acumuladas en tres lustros largos de expedientes de rupturas familiares, Mateo Bueno ha visto también una peculiaridad más: “Los menores suelen aceptar bien que mamá rehaga su vida, pero no imitan esa actitud si es el padre el que encuentra otra pareja”. En cualquier caso, su consejo es que, si las vidas siguen después de un punto y aparte, “las nuevas relaciones no impliquen al menor hasta que esa relación esté asentada. No es positivo para un niño ver que su padre o su madre cambia de pareja cada poco tiempo”.

Si ambos padres motivan y estimulan al menor para que se relacionen libre y sanamente con el otro progenitor o, al menos, no obstaculizan el cumplimiento del régimen de visitas, no tiene que haber problemas.

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El extintor de la mediación familiar

Si busca usted en Google “mediación familiar” se encontrará con cerca de 905.000 resultados. Nacho Tornel se dedica a esta tarea “después de haber estado trabajando en la Comisión Europea en Bruselas, Naciones Unidas en Nueva York y en el Fondo Social Europeo”. Desde su experiencia personal y profesional, recomienda sobre todo comunicación, compromiso, respeto y afectividad en su propuesta para reenfocar relaciones de pareja.

Para quienes piensan que su problema es exclusivo, Tornel suele decir “que todas las parejas experimentamos diferencias, tenemos discusiones, que normalmente se zanjan en una conversación mientras paseamos al perro, preparamos la cena o hablamos un rato en el sofá. Cuando la pareja no consigue resolver por sí misma esas diferencias, cuando se suceden las discusiones sin cerrar –porque termina levantándose uno de los dos del sofá, o incluso con un portazo o un mal comentario–, entonces ha llegado el momento de buscar ayuda externa”. Su recomendación es que esa ayuda no se busque “entre algún amigo o miembro de la familia que, normalmente, estará más cerca de uno que del otro, aunque hay excepciones, claro. La ayuda debe venir de alguien que sea totalmente neutral y que pueda aportar objetividad a la situación”.

Además de los temas abiertos no hablados, los quemes latentes que no se apagan conversando, otras señales para acudir a la mediación familiar serían “el sufrimiento y el dolor profundo que suponen no estar en paz con tu pareja, la permanencia de fondo de un sentimiento de distancia hacia el otro, o ver que las discusiones por cualquier tontería, que deberían resolverse en poco tiempo, se prolongan y se agudizan”.

Cuando la pareja no consigue resolver por sí misma esas diferencias, cuando se suceden las discusiones sin cerrar –porque termina levantándose uno de los dos del sofá, o incluso con un portazo o un mal comentario–, entonces ha llegado el momento de buscar ayuda externa”

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Estas son las historias reales, los datos oficiales, los consejos profesionales y las posibles soluciones. La plaga de las casas -mujeres, hombres y niños- que se rompen es contagiosa. Foto. Reflexión. Y a por las perdices. Que cada casa aguante su vela. Si es posible, encendida. La crisis demográfica que padece España es un problema grave, pero quizás sus bomberos deban dejarlo en un segundo plano, porque el fuego que desuela las familias -por hache o por be- está descontrolado.

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