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LA OTRA CARA DEL COVID-19

Lengua de signos para quienes ‘ven’ la alarma del coronavirus sin escuchar los matices

Marcos Lechet, fundador de #QueremosOír, pide al Gobierno y a las televisiones que se informe sobre el covid-19 pensando también en el más de un millón de españoles con discapacidad auditiva

Imagine que está viendo la televisión estos días en mute y solo lee los titulares: “Más de 8.700 infectados y 297 fallecidos. Estado de alarma. Calles vacías. Sigan las indicaciones de las que hemos hablado antes…”. Marcos Lechet es sordo y cuando ve esos destacados en televisión sin oír toda la información no sabe si no salir de casa o no salir nunca más de su habitación…

Lechet tiene 45 años y vive en Telde (Las Palmas de Gran Canaria). Se quedó sordo a los cinco años. Hoy tiene un implante coclear que le permite escuchar cuando le hablan lento, y en estos días de crisis del coronavirus todo el mundo habla muy rápido y la mayoría de las televisiones que cuentan los pormenores de la pandemia no están teniendo tiempo de incorporar a sus canales la lengua de signos.

“Es necesario que toda la sociedad reciba la misma información, sin sesgos. Con las nuevas tecnologías se dispone de más fuentes informativas, pero las televisiones deberían hacer ese esfuerzo verdaderamente inclusivo. No olvidemos -reclama Lechet- que muchas personas mayores sordas no saben o no leen bien y pocas van a buscar los detalles en Internet. La presencia de un intérprete de lengua de signos en todas las televisiones y ruedas de prensa es importante”.

¿Una persona con discapacidad auditiva se expone más a los bulos?

-Por supuesto. La información nos llega sesgada, porque no contamos con toda la información veraz. Los bulos corren como la pólvora y cada vez son más grandes y más catastrofistas.

¿Las comparecencias de Fernando Simón y de las autoridades deben contar con un narrador en lengua de signos?

-Al tratarse de comparecencias de gran interés general, sería lo lógico Si no, el colectivo de personas sordas se queda solo con parte de la información, siguiendo los titulares que las televisiones colocan en la parte inferior de la pantalla, pero no con la información completa, que es vital para todo el mundo, especialmente en estos casos en los que lo que se comunica está escrito previamente, con lo que se podría pasar esos textos a un intérprete de lengua de signos o a un sistema de subtitulado”.

“Las comparecencias de Fernando Simón deben incluir un intérprete en lengua de signos, porque si no el colectivo de personas sordas se queda solo con la información que destacan las televisiones”

Al problema informativo se une otro obstáculo más: un mundo que va con mascarillas rompe la posibilidad de leer los labios de cualquier interlocutor…

Según las estadísticas, en España “hay más de un millón de personas sordas mayores de 6 años, con lo que la cifra se queda corta si se suman a todos esos niños y niñas ajenos a los números oficiales, pero que también cuentan”. Por ellos, Marcos reivindica “que se cumplan las leyes vigentes desde 2007, porque los poderes públicos siguen sin facilitar las medidas para que los medios de comunicación sean accesibles para las personas con discapacidad auditiva sustrayéndonos el derecho a la información veraz y discriminándonos ilegalmente. De qué mis sirve un intérprete en una reposición de un programa sobre animales de un domingo por la mañana de hace doce años si luego, en el informativo del mediodía, no tengo manera de enterarme de lo que pasa en España y de las medidas tomadas contra el coronavirus. Algunas cadenas parece que han cumplido con tener unas horas de subtitulado o accesibles al día, y eso es pretender engañarnos a todos”.

“Al problema informativo se une otro obstáculo más: un mundo que va con mascarillas rompe la posibilidad de leer los labios de cualquier interlocutor”

Desde hace siete años, Marcos trabaja concienciando a la sociedad “por el derecho a oír con dignidad”. Es el fundador de la plataforma ciudadana #QueremosOír y, entre otras cosas, ha sido recibido por los últimos presidentes del Gobierno, que han escuchado sus demandas en primera persona. Pero de la foto oficial al hecho sigue habiendo un trecho sonoro: “Todavía hay mucho camino por recorrer en los derechos de las personas con discapacidad auditiva. Recibir información oficial veraz es uno, pero también necesitamos que cambien las pautas de nuestro acceso a la educación, a la cultura, y al empleo”.

Una discapacidad para tener en cuenta

Marcos es una persona extrovertida, sobre todo gracias a los implantes cocleares “que me dan mucha seguridad”. No está solo, porque “tengo una esposa oyente maravillosa y un hijo, también oyente, que es mi vida”, además de otros familiares muy cercanos. Como muchas otras personas, trata que su sordera no le limite, “aunque a veces he sentido la discriminación, entiendo que por ignorancia sobre esta discapacidad en parte nuestra sociedad, que ha mejorado en empatía hacia nosotros en los últimos 20 años”.

Actualmente está sin empleo. Trabajaba “muy a gusto” en el sector hotelero, pero la crisis del turismo ha arrasado con su confort. “Reconozco que me afectó bastante -destaca-, no solo por el tema económico, sino porque, por primera vez en mi vida laboral, perdí uno de los pocos empleos donde habían tenido en cuenta mi discapacidad. Somos personas sordas, pero tan capaces como cualquiera. Nuestra sordera no afecta al rendimiento. No queremos que nos traten como discapacitados, pero sí que tengan en cuenta nuestra discapacidad”.

A pesar del desempleo y las dificultades, Marcos tiene ilusiones. Sueña, por ejemplo, “con que todas las personas que necesiten prótesis auditivas, implantes cocleares, audífonos, etc., puedan acceder a ellos sin que el coste inicial y su mantenimiento sean un muro”, y “con intérpretes de lengua de signos en colegios, universidades, museos, hospitales…”. Aunque su sueño perentorio es “el cumplimiento de la legislación por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas o con discapacidad auditiva”. Sin esa sensibilidad política y social, una pandemia como la del coronavirus puede convertirse en una pesadilla agrandada por las circunstancias para un alto porcentaje que ve, pero no escucha, porque no puede.

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