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La Otra Cara del Covid-19

Peligros-Madrid: la ruta de un confinamiento al volante para envíos sin el sello de la pandemia

Desde que se decretó el primer estado de alarma, José Carlos ha recorrido unas 35 veces Granada-Madrid y Madrid-Granada saliendo desde Peligros. Unos 18.535 kilómetros N-IV para arriba y para abajo repartiendo unos 67.500 paquetes. Sus destinatarios no habrán notado diferencias en el servicio a pesar de la pandemia, porque los conductores anónimos como él están manteniendo la mensajería sobre ruedas

José Carlos, en su furgoneta de reparto, antes de salir con destino a Madrid: su viaje de cuatro horas de cada día
photo_cameraJosé Carlos, en su furgoneta de reparto, antes de salir con destino a Madrid: su viaje de cuatro horas de cada día

Cada jornada de este largo confinamiento, José Carlos se sube a su furgoneta de reparto a las 20.00 horas en su casa de Peligros (Granada). Enfila la N-IV y aparca en Madrid sobre las 24.00. Descarga. Carga. Se sube al volante a las 03.00 y llega a casa sobre las 07.00. Así, 45 días, más o menos: 18.535 kilómetros en su contador y cerca de 67.500 paquetes que después llaman al timbre de nuestros domicilios como si la pandemia no fuera el contexto real.

En una fiat scudo de 19 metros cúbicos entran en origen 500 envíos de unos 1.000 kilos, y se vuelve de Madrid con el doble de carga. Como si esta crisis de salud pública fuera una nueva Navidad. Dentro de los paquetes, a rachas, “primero muchas cosas de pintura, después, utensilios de deporte, canastas, patines…”. Proceden de tiendas on-line y de emisarios particulares.

Con 49 años llenos de experiencia en la conducción, José Carlos desfila a unos 100 kilómetros de media por la carretera de Andalucía durante cuatro horas de ida y cuatro horas de vuelta, “y tengo compañeros que van con más prisa, porque sus circunstancias laborales y familiares no le dejan otra”. Muchos menos tráfico, evidente. Libertad de movimiento para su furgoneta rotulada. Nunca le han pedido los papeles. Asfalto al vacío. Ciudades desiertas. La vida sigue rodando fuera mientras estamos en casa.

En estos 45 días de alerta, “todo muy normal”. En ruta tiene tiempo para pensar “en la que se nos ha venido encima”. Seguro: “Carezco de ese tipo de miedo que mucha gente siente estos días”. Eso sí, extremando las medidas de higiene para que el servicio esté libre de virus, y para llegar a casa sin exportar el mal que inunda los telediarios. “Mi mujer es una persona de riesgo, así que estos días he aprendido a extremar la precaución. Después de cada servicio, me desvisto en la planta baja de mi casa, dejo la ropa usada, me pego una buena ducha, y, agotado, a conciliar lo que se pueda hasta el día siguiente”.

Sin cenar. Sin dormir. Sin pararse a estirar las piernas. Eso sí, “a veces nos han ofrecido café gratis en alguna estación de Cepsa”. Pero, para José Carlos, “todo normal”. España con las tiendas cerradas, su furgoneta con las compras sobre ruedas. Mientras muchos duermen, él conduce por usted, porque la mensajería es una primera necesidad en días de confinamiento.

Nota la misma camaradería entre conductores, aunque ahora ni se bajan a charlar, ni se aprietan las manos, “porque guardamos las distancias”. Con guantes y mascarillas, N-IV para arriba, N-IV para abajo. Sin atrezo humano. Permanecen los paisajes, pero ahora no tienen alma.

José Carlos se entretiene con los deportes tísicos de la radio, a veces Cope, a veces Onda Cero, a veces La SER. Sintoniza donde ruede algún balón, aunque sea enlatado en un país sin alineaciones, sin marcadores, con la Liga congelada por las circunstancias.

            ¿Alguna historia divertida de estos días?

            -No, la verdad.

            ¿Alguna historia especial de estas jornadas?

            -Tampoco. Todo está siendo muy normalito.

Carretera sin manta. Asfaltos con grillos. Soledad. Pim, pam, pum, descarga, camino de vuelta, amaneceres con sueño, desinfección casera, paquetes en las casas de sus destinatarios, mañanas de descanso. Un rey mago de Peligros descolocado en el calendario sin más carbón que el que ya arde en medio del drama.

Cerca de 500 empresas de mensajería cosen España sin sellos de pandemia. En el rótulo que pinta la furgoneta de José Carlos pone “Tipsa”. Unos 2.500 profesionales bajo paraguas conectando 8.147 municipios pertrechados ahora por la máxima inmovilidad. Las ruedas de sus vehículos suman más de 460.000 kilómetros cada día: más metraje que de Peligros a la Luna. Los paquetes que viajan en sus bodegas cada jornada darían la vuelta a la tierra puestos unos al lado del otro, y más en estos momentos en los que las compras digitales han crecido un 33,5% en España. Incluso algunos de sus furgonetas de reparto llevan más de 300.000 EPI recaudados en las campañas solidarias de sus clientes.

José Carlos se monta cada día en su furgoneta con sensación de afortunado: una familia, una casa, un empleo. A él el coronavirus no le ha afectado para nada. Probablemente, ni siquiera haya sentido la asfixia del confinamiento, aunque escuchar la radio tantas horas siempre deja sus muecas. Sabe perfectamente lo que está pasado. Sabe perfectamente qué significa un paquete puntual en casa en estos días de incertidumbres. Sabe perfectamente que estar bajo techo es la mejor vacuna hasta que llegue el medicamento en paquetes de esperanza.

Y también sabe que el otro día pasó por Jaén con su furgoneta “y vi demasiada gente por la calle. Se nota más movimiento y más libertad, pero, en fin, quizás de esto llegue una recaída en un mes, como dice la radio que está pasando en Italia. El drama humano lo hemos vivido todos. El drama económico estamos a tiempo de minimizarlo lo que se pueda”.

            ¿Cree que cambiaremos cuando pase todo esto?

            -Yo creo que será todo lo mismo.

            ¿La sociedad reconoce su trabajo, sus kilómetros, su puesta en ruta día a día caiga quien caiga?

            -La sociedad no reconoce nada. Muchos salen a aplaudir a las 20.00 sin saber por qué. A veces nos desborda la hipocresía.

Colgamos. Acelera. La España muda encerrada habla por los codos en el lenguaje del clic. José Carlos es el puente entre el ratón del ok y el timbre. Desde Peligros a Madrid y viceversa, rueda en road movie a cámara lenta. Una especie de remake con coronavirus de Carretera asfaltada en dos direcciones con estractos de El día de la marmota. Ventana. Retrovisor. Cinturón. Lateral. Matrícula. Luces cortas. Luces largas.

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