Vivir

“Ni la industria, ni la fama, ni los medios, ni el dinero. Seguimos tocando porque la gente nos ha hecho permanentes”

Álvaro Urquijo, Ramón Arroyo y Jesús Redondo son las almas de Los Secretos y de Mi paraíso, el nuevo álbum del grupo más transversal de la historia reciente de España. Más de 40 años después, el estilo propio ha hecho que sus canciones sean cantos populares transgeneracionales en modo pop-rock

Jesús, Álvaro y Ramón. Un teclado y dos guitarras. Mucha música y mucha mili. Los Secretos. Foto: Álvaro García Fuentes @alvarogafu
photo_cameraJesús, Álvaro y Ramón. Un teclado y dos guitarras. Mucha música y mucha mili. Los Secretos. Foto: Álvaro García Fuentes @alvarogafu
Voz, guitarra, teclado. Alma, corazón y vida. Más de 40 años haciendo bolos, con semipleno de derrumbes por el camino. 20 años después de la muerte de Enrique Urquijo, Los Secretos siguen en la tarima y tres generaciones de españoles tararean sus canciones como himnos populares de las casas, de las fiestas, de las ciudades, de los estadios. Maduros como músicos macizos. Humanos como personas curtidas por el dolor, las cuestas arriba y los caminos empedrados de callos de un sistema acostumbrado a gestionar cantantes de usar y tirar. Con la tralla serena en sus micros vuelven al ruedo con Mi paraíso, “una carta de restaurante temático de Los Secretos” donde suenan todas sus esencias y toda su paleta de melodías. Supervivientes. Agradecidos. Privilegiados sin privilegios de clase. El pueblo oyente les hizo grandes cuando no ser un éxito era un fracaso y cuando ser famoso era una droga demasiado fácil. Vieron venir La Movida, y la vieron fenecer por el retrovisor entre plumas, carcajadas y neón. Apostaron por la discreción, por la marca propia, por la alta fidelidad y por la onda media. Y de aquellas apuestas en un casino lleno de ruletas rusas, se llevaron el premio gordo de seguir hoy muy vivos, a pesar de los pesares.

Suben uno a uno. Se nota que son músicos, pero no llaman la atención. Estamos en el cuartel de la Warner Music, donde nos ofrecen 20 minutos de charla a metralla sacada con un grupo que tiene cuatro décadas y pico de vida intensa. Ni Bolt.

No hay ni poses, ni focos, ni aire de estrellas. Son reales y son como ese que sube al metro, aquella que compra en el chino, o aquellos que toman café espumoso un lunes desperezando la conversación que permite el cuerpo. Son artistas, sí. Pero no tienen el perfil de estrellitas de diseño prácticamente intocables.

En un sofá de esos vintage de cuero marrón. En una sala prefabricada para estas cuestiones mediáticas. Álvaro Urquijo mueve el balón como capitán. Ramón Arroyo asiente y matiza. Jesús Redondo aporta realismo y humor. Urquijo responde y parece que su hermano Enrique está también aquí dentro, porque no puede abandonar la banda sonora de su vida.

La cosa es que charlamos muy rápido viajando de Tos a Los Secretos. Preguntas, y más preguntas. Hasta que el reloj del dircom dice ¡basta! y no hay tiempo para prórrogas, ni para una última cuestión de consolación. Se para la música y se acaba la conversación. Pero después escuchas la grabación y sabes que has aprovechado el tiempo, aunque te quede la penilla de no haber podido mirar mucho a los ojos y a las manos de estos hombres con mono de músicos.

Y cuando encendí el tocadiscos al terminar, cuando ya en casa puse volumen a estas voces cascadas, esta era la canción que compusimos juntos:

Próxima parada: Mi paraíso. Están ustedes en el cielo después de más de 40 años. En este mundo raro, de cultura de usar y tirar, esto es de museo…

Álvaro Urquijo: Sí, un poco, sí. Aunque nosotros hemos hecho siempre lo que queríamos, con mucha libertad y bastante coherencia. Nos hemos desgastado menos que otros artistas, porque nunca hemos avanzado en paralelo a ninguna moda. No hemos tenido que reinventarnos, ni borrar nuestro pasado para justificar el presente, como quizá les pase a otros. Nosotros hemos ido perfeccionando un estilo en el que nos sentimos muy cómodos, cada uno tiene claro su papel, y los sonidos y canciones reposan con nuestra propia identidad.

¿El ruido exterior no os ha afectado nunca?

Álvaro Urquijo: Nunca nos hemos enterado de lo que estaba pasando fuera. Nosotros hemos ido navegando tranquilamente en un barco hasta dar la vuelta al mundo disfrutando del paisaje, pero sin hacer mucho caso a los elementos pasajeros del trayecto. Hemos avanzado en línea recta siendo autosuficientes, pudiendo elegir a nuestro productor, los instrumentos que tocar, los arreglos que hacer, los coros y las voces, qué canciones incluíamos… Ese es nuestro paraíso: una zona de confort en la que disfrutamos de nuestro trabajo siendo coherentes con lo que somos y lo que hemos sido.

Jesús Redondo: Como dirían los futbolistas, dependemos de nosotros mismos…

¿Desde Tos hasta Mi paraíso qué es lo permanente?

Álvaro Urquijo: Todos los artistas mantienen una esencia desde el principio. Nosotros nacimos siendo Tos con esas esencias, que después hemos ido desarrollando con el paso del tiempo. Encontramos muy pronto el sonido, vimos qué tipo de canciones sabíamos y queríamos hacer… Desde la primera maqueta indicábamos por dónde pretendíamos ir. Por esa línea hemos continuado después. Hemos aprendido, hemos corregido cosas, hemos añadido matices y nos hemos reforzado. En los comienzos no estaba Ramón, por ejemplo, y ahora lleva treinta tantos años con nosotros. Jesús también se incorporó y conseguimos a un teclista estupendo en el reino de las guitarras. Siempre hemos sumado para mejorar, con la filosofía de intentar quedar especialmente dignos, por dos motivos: porque mi padre no estaba de acuerdo con que fuéramos músicos, y teníamos que hacerlo muy bien para que no nos reprochara nada; y porque, cuando perdíamos a un ser querido, o a gente muy importante en el grupo, poníamos un esfuerzo extra para no defraudar su memoria y compensar su ausencia. Así, casi sin darnos cuenta, hemos llegado hasta aquí.

Han muerto y han resucitado. Unas cuantas veces.

Álvaro Urquijo: Más que haber muerto, hemos estado muy cercanos a la desaparición y, sí, hemos vuelto varias veces.

Siguen vivos después de pasar muchas calles del olvido: del olvido del marketing, de los medios, del éxito fulgurante…

Álvaro Urquijo: La vida ha demostrado muchas veces que el verdadero éxito está relacionado con el trabajo bien hecho. No sé si la peculiaridad de haber vivido al margen de todo nos ha beneficiado, en cualquier caso, lo hemos buscado nosotros mismos. Lo que quizá vimos como un defecto en los años 80-90 -que perseguíamos poco el éxito, que estábamos poco en los ambientes donde se suponía que había que estar, que mi hermano Enrique y yo no aparecíamos en las fotos ni en los festivales, sino más bien huyendo…- es parte de nuestra manera de ser, estar y aparecer.Los Secretos_2

Fuera del radar.

Álvaro Urquijo: Fuera del radar. No haber estado entre los números 1 que la gente tanto anhelaba, y ajenos a esa competencia falsa -porque después todos nos llevamos muy bien-, a la hora de sacar un disco. Parece que después de la tormenta de mercado, ahora que todo ha bajado y se venden pocas copias, somos pocos los que hemos aguantado el paso del tiempo. Debe haber artistas de todo tipo, unos muy identificables, y otros muy modernos, que estén siempre a la última y vayan pegando saltos de un sitio a otro, algo muy respetable, pero nosotros nos miramos más como el buque que ha ido rompiendo hielos contra viento y marea, a paso lento, sin llegar a las crestas de la ola en ningún ámbito -ni en ventas, ni en listas…-, pero nuestras canciones, con el tiempo, han sido muy populares, y no por campañas artificiales de la industria.

Algún ejemplo gráfico de cómo pegaron en directo y cómo siguen pegando ahora.

Álvaro Urquijo: Pero a tu lado vendió de salida 14.000 copias, cuando Los Rodríguez estaban vendiendo 300.000 y Calamaro, en solitario, 500.000. Cuando Mecano colocaba un millón y Alejandro Sanz, tres millones… Aquel disco fue un fracaso, pero hoy, una canción de ese disco tiene 20 millones de visitas en You Tube, mucha gente se la sabe, y cuando la cantas, el eco del público es general. Ese fenómeno se lo agradecemos a la gente y es la prueba de que las personas a las que tocas, a las que les gustas, esas que vuelven constantemente a escucharte, son quienes han tirado siempre de nosotros hasta hacernos duraderos. 

¿Lo vuestro, más que números 1, es un gran premio especial del público?

Álvaro Urquijo: Ni la industria, ni la fama, ni los medios, ni el dinero. Seguimos tocando porque la gente nos ha hecho permanentes.

Empezaron a escondidas, y de ahí Los Secretos. Se consideran un fondo de armario, y de ahí nunca de moda, nunca pasados de moda.  Ese punto entre no ser éxito, pero tampoco fracaso, que no es en absoluto mediocridad, ¿cómo se llama?

Álvaro Urquijo: Se llama personalidad, trabajo, coherencia, y lealtad con el público y con nosotros mismos.

¿Cómo se sigue tirando a contracorriente sin que la ironía lo infecto todo?

Álvaro Urquijo: Esa ironía de estar de vuelta siempre afecta, otra cosa es que se te dé bien convertirla en canciones y que nos gusten.

Ramón Arroyo: ¡Es que nosotros no estamos de vuelta! Hemos conseguido que el amor a la música trascienda esas dificultades de la vida y de nuestro trabajo. Tocamos porque nos gusta, y eso se nota. No nos hemos dejado invadir por la ironía, porque ni nada ni nadie ha conseguido despegarnos lo más mínimo de la pasión de nuestras vidas. La ironía la dejamos en el camerino.

Álvaro Urquijo: Los tres reinicios de la banda por culpa de accidentes y tragedias nos han quitado los egos y las tonterías, nos han pegado a la piel el mono de trabajo, y nos han impulsado a dedicarnos en exclusiva a lo que nos gusta y pensamos que hacemos bien, con humildad. Nos faltó un brazo, después una pierna, y nosotros nos hemos esforzado más para seguir hacia adelante. Esas resurrecciones nos han hecho entrar y salir de la actualidad, pero nuestra música sigue sonando en las casas, en los coches, en los corazones, y en la vida de las gentes. El secreto de nuestra longevidad es que hemos hecho canciones atemporales sin caer en los condicionantes de cada época. La diferencia, con el paso del tiempo, está en la calidad de la interpretación, y en el paso de la voz de niño a voz de hombre, y poco más.

Jesús Redondo: En vez de habernos quemado con todas las cosas que nos han pasado, cuando eres consciente del tiempo que llevas en esto, solo tienes ojos para ver que eres un privilegiado. Es muy difícil mantener una carrera así. No es fácil sobrevivir en un país tan pequeñín dando vueltas de un sitio para otro durante tantos años.

¿Qué hace falta para parir tantas canciones distintas sin pisarse?

Álvaro Urquijo: Para hacer canciones no hace falta ser superdotado. Se requiere ser normal, tener un gusto normal, mucha práctica, un oficio encarnado y mucha imaginación. Hemos intentado que esas sensaciones personales o sociales del ambiente externo no se entrometieran en nuestros temas, entre otras cosas, porque ese tono lo saben aprovechar mucho mejor otros. Las canciones son algo serio. No me gusta utilizar la política, ni el sarcasmo, ni dar lecciones a nadie. Nos gustan las canciones puente con letras que suman con humanismo y verdad, con ganas, con ilusión por alegrar con melodías la vida de las personas.Los Secretos_3

Sobre el vidrio mojado de muertes que no se secan... En noviembre, 20 años de la muerte de Enrique. En diciembre, 40 años del accidente de Canito. ¿Cómo sale vida de tanto entierro?

Álvaro Urquijo: Despúes de una tragedia así se te ofrecen dos opciones: deprimirte, mandarlo todo a la porra, abandonar lo cosechado, o salir reforzado y endurecido. Cuando yo era un crío de nueve o diez años murió mi abuelo queridísimo, el que nos cantaba las rancheras y nos dejó esa huella para siempre; después mi tío, y mi abuela, y mi otra abuela, y otros tíos, y Pedro Antonio Díaz, cantante y compositor del grupo; y Canito, compositor y cantante; y mi hermano Enrique, líder, cantante y compositor… ¡Por favor! Han sido hachazos muy gordos que forman parte de la vida. La fuerza para reponerte te hace ser más humilde, te olvidas de los galones y vuelves a empezar de cero.

Y a ese luto hay que añadir otros golpes en torno al escenario que podrían haber matado al grupo.

Álvaro Urquijo: A todo eso hay que sumar que Universal no nos renovó contrato en 1983 y nos echó a la calle; después, tras la muerte de Pedro, nos pasamos tres años sin banda y acabamos encontrando a Ramón y a Jesús y renacimos definitivamente. Todo ha sido un banco de pruebas. Si nos hubiéramos dejado vencer por las adversidades estaríamos al fondo del olvido y trabajando en otra cosa. El plus de esfuerzo nos ha dado buenos resultados. Nunca hemos ido detrás de la fama, ni del dinero, ni del imperio de lo comercial, y así nos ha ido…

Si nacieran hoy, ¿qué experiencia tendrían más en cuenta?

Álvaro Urquijo: Contar con un buen abogado desde el principio. Hemos estado sujetos a contratos leoninos con mucha letra pequeña en los que le dábamos el 50% de todo a señores que no conocemos de nada y que no tienen nada que ver con la música. En eso fuimos muy pardillos.

¿Podemos decir que entre Cambio de planes y Continuará anda la banda desde el arranque?

Álvaro Urquijo: Ese es el trayecto: cintura, pelea contra la adversidad, coraje, trabajo y pasión para seguir siempre yendo con nuestra música a todas las partes posibles.

¿La historia de Los Secretos sería un buen modelo para analizar en una escuela de negocios?

Jesús Redondo: Si es por la identidad con los principios, sí, pero si se quieren forrar, mejor que hagan el caso sobre otros grupos…

¿Qué tipo de banda forman ustedes fuera de micro?

Ramón Arroyo: Después de tanto tiempo nos conocemos muy bien. Nos respetamos. 

Álvaro Urquijo: Estamos hermanados. Tenemos tanta complicidad que no hace falta decirnos nada cuando tocamos juntos. Además, nos aguantamos pacientemente nuestros momentos de enfado o de estrés, y nos compensamos, nos pedimos perdón… Para la historia de Los Secretos eso es más importante de lo que puede parecer: si hay luchas de ego, la desunión está a la vuelta de la esquina. Como no ha habido mucho dinero de por medio, no hemos tenido muchas peleas por ese tema.

Muchos días de aquí para allá durante décadas. ¿Vivir sobre ruedas cansa?

Álvaro Urquijo: A mí me encanta tocar, pero todo lo que tiene que ver con los viajes lo llevo muy mal. El show, el pre show y el post show, perfecto, pero los trayectos se me hacen eternos. Además, pasas mucho tiempo lejos de la familia, y pasan los años, ves crecer a tu hija a trompicones… En mi caso es que, más allá de las actuaciones, me están liando constantemente para eventos y colaboraciones, y no sé decir que no… También es mi manera de se agradecido a esos compañeros y a ese público maravilloso que siempre nos ha echado una mano cuando lo hemos necesitado.

Ramón Arroyo: A nosotros nos pagan por viajar en furgoneta, por probar sonido, por ensayar, por ir de aquí para allá… Tocar nos gusta, y de eso se han aprovechado de nosotros durante toda la vida. La furgoneta antes era guay, pero ahora es como un patíbulo…

Jesús Redondo: Hay veces que me despierto y no sé dónde estoy, ni a dónde voy, ni de dónde vengo, ni si he tocado… Y no es por las copas… Me conozco perfectamente los paisajes, las carreteras y hasta las señales de tráfico de muchos sitios.

Ustedes vieron venir La Movida y la vieron pasar. No eran los más modernos, pero son los más permanentes. ¿Los extremos siempre tienen fecha de caducidad?

Álvaro Urquijo: Nosotros no nacimos para ser extremos. Nosotros nacimos para estar en el punto medio. Éramos la clase media baja de La Movida… Pero hay extremos que siguen vivos. Son pocos, pero algunos hay que siguen en los extremos, porque aquello era auténtica personalidad.

1983. Entran ustedes en Un, dos, tres, con Olé-Olé y grupos de techno-pop que vestían trajes con hombreras y tal. Cuando les toca actuar, Ibáñez Serrador suelta: “A ver, ¿por qué no se han vestido todavía estos chicos?”. ¿No se entendía un grupo sin estridencias?

Álvaro Urquijo: Me acuerdo que le dijimos: “No, no, si no tenemos más ropa, hemos venido así”. Nunca hemos sido de disfraz, la verdad.

Nunca les invitaron a La bola de cristal. Mucho open mind y después también había censuras culturales…

Álvaro Urquijo: Efectivamente. Pero visto con perspectiva, mejor. La verdad es que entonces no entendíamos que nos dejaran en todas las cunetas que exponían las nuevas caras de la música española. Nos dolió. Pero pronto nos dimos cuenta que nuestra trayectoria tenía esencias de discreción, y en esas estamos.

Ha muerto Chicho. Ha muerto la Lolo Rico y su bola de cristal. Y ustedes vuelven constantemente a nuestros oídos.

Álvaro Urquijo: Somos unos privilegiados. Conectamos con la gente, y la gente es la que te mantiene. Las estructuras tienen su tiempo, los públicos son los que no te olvidan.

250.000 discos vendidos de Grandes éxitos. Tras las crisis financieras y la transformación digital, ¿qué tipo de deporte olímpico es tener un grupo como el vuestro?

Álvaro Urquijo: El deporte olímpico del amor al deporte. A nosotros nos han dado palos todas las crisis, pero los palos azuzan al burro a seguir dando vueltas a la noria para sacar cosas más profundas. El sector ha cambiado muchísimo, pero la música siempre será música.

Libertad y 2019. Los que hablan de opresión en esta España nuestra, ¿andan por el bulevar de la objetividad rota?

Álvaro Urquijo: Somos un país libre y es de bien nacidos ser agradecidos.

Libertad y contradicciones. Por qué nos tragamos las letras machistas de la música latina.

Álvaro Urquijo: Y tú me lo preguntas…

“La música debería ser gratis”. Tienen que pagarla los millonarios de Google, Apple, Spotify, opina. ¿Pasará?

Álvaro Urquijo: Ya veremos…

¿Cómo explican Mi paraíso a gente de generaciones tan distintas que siguen sus pasos?

Ramón Arroyo: Es un disco de temas originales después de uno de versiones. Tocaban canciones nuevas, que suenan a Los Secretos, claro, lo contrario sería malo… Hemos contado otra vez con Nigel Walker como productor. El disco trae temas variados con estilos que nos gustan.

Álvaro Urquijo: Mi paraíso es como una carta en un restaurante temático de Los Secretos. Ahí están las guitarras de la primera época, rancheras, canciones más fronterizas, los temas de Jesús, con más acordes, en los que el teclado tiene más protagonismo… 

Ramón Arroyo: De todas formas, cuando acabas un disco no tienes ninguna perspectiva. Lo hemos escuchado tantas veces antes de sacarlo, que ahora necesitamos escuchar las respuestas del público.

¿Qué ilusiones han puesto en Mi paraíso?

Álvaro Urquijo: Nos ha sido muy fácil trabajar, y el resultado nos gusta mucho. Sabiendo que no hay una competición para vender mucho, lo que queremos es ampliar nuestro repertorio con temas que casen bien con lo que ha madurado ya antes.

¿Qué esperan encontrar en la puerta de atrás del paraíso? 

Álvaro Urquijo: Cuando empezamos con Los Secretos en el mundo había un espíritu de libertad, de respeto y ahora veo un mundo demasiado sensacionalista donde el ego de los políticos, la chulería de los tuiteros, el odio de los haters hace que cunda la mala leche. Y los medios de comunicación, con todos mis respetos, ahondan en ese sensacionalismo exacerbado. Esa vorágine no contribuye ni al avance cultural de un país, ni al avance cívico, ni a afrontar los problemas verdaderamente importantes del planeta. El medioambiente es un tema capital que está fuera de las prioridades de las agendas políticas de cualquier país. No digo más. Me gustaría dejar un mundo sano para el futuro de mi hija, y no sé si voy a poder lograrlo por muchos paneles solares que tenga en mi casa.

Ramón Arroyo: Seguir disfrutando de lo que nos gusta mientras nos aguante el cuerpo. No tengo en mente ninguna meta difícil, porque esas aspiraciones tan altas pueden provocar frustraciones. Sin proponernos perdurar, lo hemos conseguido. En la puerta de atrás del paraíso esperamos tener salud para seguir adelante con nuestra música.

Jesús Redondo: Mejor no voy a pensar en nada, vaya a ser que la cague… Hasta ahora nos ha ido muy bien.

REBOBINANDO

La historia de Los Secretos es una balada de esas que componían los hermanos Urquijo con los sonidos rápidos inspirados en el pop anglosajón de Pedro Antonio Díaz.

Una mezcla entre Déjame, de 1988:

Déjame, no juegues más conmigo, / esta vez, en serio te lo digo / tuviste una oportunidad, / y la dejaste escapar.

Déjame, no vuelvas a mi lado, / una vez, estuve equivocado, / pero ahora todo eso pasó, / no queda nada de ese amor.

Y Pero a tu lado, de 1995:

He muerto y he resucitado / Con mis cenizas un árbol he plantado / Su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado

He roto todos mis poemas / Los de tristezas y de penas / y lo he pensado y hoy sin dudarlo vuelvo a tu lado.

Ayúdame y te habré ayudado / Que hoy he soñado en otra vida / En otro mundo, pero a tu lado.

Transita la historia de un mito por el bulevar de los sueños rotos, con ojos perdidos de gata, entre amigos de la mala suerte en este mundo raro, a veces solos, pero con la ilusión palpitante de volver a ser un niño, entre sueños y paraísos, entre amores, chicas buenas, y deseos de que no vuelvas nunca más. 

Señores del metal: no vendan a Los Secretos en 20 minutos de contrarreloj. Ellos son un grupo hondo para entrevistas con calma. No les metan en la vorágine de las pautas comerciales a gente que lleva en su ADN ir por libre y sin corsés. Olvidad esa manía de vendernos artistas cuando venden libros, películas o discos. No somos un anuncio a las afueras. Dejadnos disfrutar de la sabiduría de quienes son sabios en ese mundo de disco, campaña y fotocol. Ni todos en play, ni todos en stop. Dadle al pause también fuera del plató. Gracias.Los Secretos_4

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