Vivir

10 muertos cada día desde el 2000

Webs y páginas de Facebook inducen al suicidio y existen en Spotify listas de canciones para suicidarse

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, 3.539 personas se suicidaron oficialmente en 2018. Desde hace una década es la primera causa de muerte no natural en España y, sin embargo, los familiares supervivientes llevan años pidiendo un Plan de Prevención del Suicidio que no llega. Las 55 muertes por violencia de género de 2019 cuentan con un Ministerio de Igualdad especialmente dedicado a luchar contra una realidad preocupante, pero que afecta a un 98,5% menos de personas. Cecilia, Carlos, José Manuel y María son familiares de un suicida. Junto a otros supervivientes comprometidos pelean por visibilizar una realidad escondida. La desproporción de este silencio político y social demuestra que, a pesar de las cifras, el suicidio no es una prioridad de las administraciones públicas, que fracasan en su obligación de prevenir un problema grave de salud pública que destroza 18.000 vida colaterales cada año

↑ Urge un Plan Nacional de Prevención del Suicidio en un país con 65.778 fallecidos entre 2000 y 2018.
photo_camera↑ Urge un Plan Nacional de Prevención del Suicidio en un país con 65.778 fallecidos entre 2000 y 2018.

2009. Barcelona. Miquel cenó ayer en casa y hoy ha quedado a comer a las 14.00. Un día normal. Un chico joven de 19 años de esos que han inundado una temporada más los primeros de carrera en la Universidad. Buenas notas. Sano. Ha quedado con su novia en la estación de tren. Y fruto de una discusión que ni siquiera era una ruptura, en aquella casa de vías que vienen y van se acaba para siempre su prometedora juventud. Once años después Cecília, su madre, recuerda cada paso previo, cada gesto.

2015. Madrid. Ariadna es una chica joven, guapa e inteligente que se enfrenta a segundo de bachillerato con los cinco sentidos. Parece que su futuro se orientará en breve a las Relaciones Internacionales. Se le complica un poco el curso con una repentina depresión. Psicólogos y médicos con naturalidad. Prozac. Esta tarde de finales de enero no sabe si visitar a su abuela o estar con su mejor amiga. Sus padres se van a tomar un café con amigos. Cuando vuelven a casa se la encuentran muerta. Un punto final abrupto. Fin de la frase. Fin del párrafo. Fin del capítulo. Fin del libro. Cinco años después, José Carlos Soto, su padre, solo vive para sacar al suicidio del armario, porque todo huele a moho de pasividad social y hablar claro es más importante de lo que parece.

2017. Baleares. El hermano de María Morell tiene 28 años. Ha cambiado de trabajo, transita una ruptura familiar, y entre su carácter perfeccionista y la dureza de la suma de las circunstancias adversas “no lo supo gestionar”, y acabó con su vida. Nada hacía presagiar este desenlace. Fue uno de los 103 suicidados aquel año en aquellas islas.

José Manuel Dolader también ha vivido un suicidio cerca. Un miembro de su familia persiguió la muerte atropellado por un tren. Y Blanca. Y Román. Cada año 18.000 personas sufren un suicidio muy cercano. Porque cada día, 10 personas acaban con sus vidas para siempre. Sin vuelta atrás. Sin alternativas. Hundiendo a sus seres queridos en un pozo sin fondo de ¿y-si? y porqués, de dudas, de culpas, de injusta crueldad.

Datos sin eco

Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), 3. 539 personas se suicidaron en 2018: 140 menos que en 2017. Los tristes casos de violencia de género fueron 55 en 2019, y 1.098 personas encontraron la muerte en accidentes de tráfico el año pasado. Entre los 3.539 suicidios y los 55 crímenes machistas hay una misma realidad dolorosa, un escalón significativo en las cifras - un 98,5% más de suicidios que de muertes machistas-, y dos mundos inversamente proporcionales en la acción política, la conciencia social y las medidas de prevención. La violencia de género cuenta con el arma política del Ministerio de Igualdad, el ariete de una opinión pública cómplice, y leyes y observatorios respaldados por mayoría. La pelea contra los accidentes en carretera cuenta con el desempeño y el prestigio de la Dirección General de Tráfico. Hay dos varas de medir tres situaciones preocupantes y la más grave es la única sin respaldo, como pone sobre la mesa Cecília Borràs, presidenta y fundadora de Después del Suicidio, una asociación de familiares supervivientes donde muchas personas luchan por sobrevivir con el respaldo mutuo.

Entre los 3.539 suicidios y los 55 crímenes machistas hay una misma realidad dolorosa, un escalón significativo en las cifras - un 98,5% más de suicidios que de muertes machistas-, y dos mundos inversamente proporcionales en la acción política, la conciencia social y las medidas de prevención

Se sabe que de todas las personas que se suicidan, el 75% son hombres, “entre otras cosas, porque a los hombres nos cuesta más pedir ayuda”, señala Soto. La edad media del suicidio en España está entre los 30 y los 59 años en hombres y mujeres.

Se sabe también que un 10% de los casos no tienen que ver con enfermedades mentales, con particular protagonismo de la depresión, aunque la mayoría de los familiares consultados no se creen esa cifra establecida y apuestan por un porcentaje mayor. Entre ese supuesto 10% de personas que se matan sin síntomas de patología hay de todo: “las crisis amorosas -parejas rotas o fracasos amorosos- son la causa de muchos suicidios, y el estrés laboral, el agobio económico, un desahucio, la vergüenza ante situaciones determinadas con una cierta proyección pública… Teniendo en cuenta que el suicidio es multifactorial, nos sorprenderíamos si conociéramos la causa última por la que mucha gente decide acabar con su vida. Y nos sorprendería, porque son razones que se nos pueden presentar a todos y que nos hacen más vulnerables de lo que podemos pensar ante esta realidad ineludible”, destaca Borràs.

Para evitar que tanta gente vea el puente, las vías, el balcón o la sobredosis como única luz al final del túnel, la presidenta de Después del Suicidio pide la colaboración de la opinión pública: “Un suicidio no es un acto libre. Es importante que la persona que se lo piensa sepa el enorme dolor que deja a las personas que se quedan aquí”.

Cecília perdió a Miquel. José Carlos se quedó sin la cercanía de Ariadna y ha estado dos años en stop vital. Los dos desaparecidos eran hijos únicos. Han pasado unos años, pero ellos siguen trabajando por ellos y por muchas personas que sufren el barranco de vacío social y político al que se encaminan los supervivientes cuando el suicidio llama a la puerta de sus casas. Los dos han estado con las dos últimas ministras de Sanidad. Los dos han escuchado el compromiso de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio. Los dos siguen esperando, remando a fuerza de brazos para seguir adelante ofreciendo un servicio gracias al que sacan la cabeza del agua de la tristeza muchas personas en schok.

Los datos del INE ponen de manifiesto que en siete comunidades autónomas han ascendido los casos de suicidios. Sin embargo, en Murcia y Navarra, donde se desarrollan planes de Salud Mental con atención particular al suicidio, las tasas se han reducido un 29% y un 20%, respectivamente.

Conociendo los datos y verificando la parálisis institucional, ¿los gobiernos no quieren hacer nada o no saben cómo afrontar el problema?

Borràs: “Quiero creer que no saben cómo… Hablamos de la primera causa de muerte no natural en el país desde hace mucho tiempo, una realidad prevenible sobre la que no se está haciendo nada. El presupuesto contra el suicidio en España es cero, y me da una vergüenza terrible”.

Hablamos de la primera causa de muerte no natural en el país desde hace mucho tiempo, una realidad prevenible sobre la que no se está haciendo nada. El presupuesto contra el suicidio en España es cero, y me da una vergüenza terrible”

Una política del siglo XXI en Seat 127

Faltan recursos, faltan acciones, faltan datos. Y sobran nebulosas. Algunas evidencias las van constatando los propios supervivientes. Por ejemplo: José Manuel Dolader, periodista y líder en la comunicación social del suicidio, entre otras ocupaciones, comprueba que “cuando se habla del suicidio, más gente que se lo está pensando pide ayuda”. José Carlos destaca también que falta información. Él mismo trata de ir a colegios e institutos para hablar a los estudiantes, “y muchas veces sufro el veto de la Administración, que tiene miedo a que se hable de la realidad como herramienta básica para la prevención”.

Desde que padres como José Carlos y Cecília y otros muchos decidieran dar la batalla pública, el tratamiento de los medios de comunicación ha cambiado. Se aborda el suicidio, y con más tacto, “más en reportajes que en noticias”, señala Borràs. “Estamos observando una mayor responsabilidad y apertura en algunos medios para hablar sin problemas, más en clave positiva, pero con realismo. El problema que vemos es que todavía hay medios, sobre todo locales, que afrontan los suicidios anónimos como una noticia, contando con pelos y señales el cómo. Eso es lo que genera comportamientos imitadores, y eso es lo que hemos de evitar a toda costa. Es lo realmente peligroso. Esconder la verdad sobre el suicidio solo nos ha traído a un mar negro de desinformación, dudas, y falta de recursos para que los que nos quedamos aquí sigamos adelante con la cabeza alta”. Morell añade: “no me gusta nada en enfoque mediático de que el suicidio es una epidemia”.

Cecília nota los déficits de formación e información, pero ve que mejora “la preparación de los profesionales sanitarios frente al suicidio, sobre todo en Atención Primaria”, la responsabilidad social de los medios de comunicación, la implicación de los docentes… “La pena es que la sociedad va en coche eléctrico mientras la Administración sigue en un Seat 127. Estamos llegando tarde. En el caso de la juventud, no somos conscientes de cómo afecta el secretismo y el déficit de información. ¡El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes de España! La adolescencia es una etapa que debemos saber vigilar mejor, porque la subjetividad con la que se observan los problemas en esa época de la vida puede provocar dramas muy serios. Los jóvenes son un colectivo especialmente vulnerable, y más en este caldo de cultivo de las redes sociales, que todavía no estamos siendo capaces de calibrar”.

La pena es que la sociedad va en coche eléctrico mientras la Administración sigue en un Seat 127. Estamos llegando tarde. En el caso de la juventud, no somos conscientes de cómo afecta el secretismo y el déficit de información

“Hasta ahora, el suicidio entre los jóvenes se ve como un fracaso. La nueva realidad tecnológica y social de un mundo tan cambiante empieza a ofrecer síntomas de que esa percepción está cambiando. En Estados Unidos ya hay corrientes que hablan de la libertad personal de la gente, y es importante saber que un suicida no es libre, porque si tuviera alternativas seguramente no seguiría adelante con el plan de su propia muerte. No equivoquemos conceptos, porque si los equivocamos en la opinión pública, eso puede tener consecuencias devastadoras sobre la población juvenil”, acota Borràs.

Es más: hay webs que inducen al suicidio, y páginas de Facebook, e incluso en Spotify hay listas de canciones para suicidarse que se ofrecen sin censuras al público. En España el suicidio no es un delito, pero sí se castiga su facilitación o instigación por parte de terceros. El artículo 143 del Código Penal dice: “El que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años”.

Más datos que se constatan a pie de asociación, de familias que sufren, de personas que necesitan hablarse y soltar lo que llevan dentro: además de entre los jóvenes, el suicidio está muy presente en personas que pertenecen a colectivos profesionales “que tienen fácil acceso medios letales que puedan acabar con la vida, como armas y drogas. Los profesionales de la seguridad y de la salud son los más habituales en esta triste clasificación de muertes traumáticas”, según Borràs.

Síntomas físicos y psíquicos de un desenlace fatal

Ni Miquel ni Ariadna ofrecieron síntomas graves antes del desenlace final. O sí. Pero a sus padres les faltaban recursos para saberlo. Tanto Cecília como José Carlos coinciden en que hay manifestaciones físicas y psíquicas que demuestran que puede haber una intención latente y que una persona necesita ayuda. Entre los factores físicos, los dos subrayan los trastornos del sueño, los cambios abruptos de peso y de humor, las autolesiones, “así como otras muestras evidentes que nos pueden dar pistas: una persona que regala cosas que estima mucho, despedidas especialmente afectuosas sin contexto, un interés particular por dejar todos los papeles en regla…”.

Entre las alarmas psíquicas, Borràs, psicóloga de profesión, alerta de que “expresiones como ‘estoy cansado de vivir’, ‘no puedo más’, ‘no encuentro ninguna salida’, ‘no le veo sentido a seguir aquí’ en muchos casos pueden ser señales de que alguien quiere hablar. En muchos casos no es oportuno derivar esas conversaciones con un ‘venga, ánimo, que salimos de esta’, ‘tampoco es para tanto’, ‘no digas tonterías’. Lo mejor es afrontar ese diálogo hasta el fondo para rescatar al que sufre, porque es posible que sufra por encima de la realidad, no encuentre una solución y esté decidiendo huir por la vía radical de su propia muerte”. 

La web del National Institute of Mental Health añade, también “hablar de tener un sentimiento grande de culpa o vergüenza, sentir un dolor insoportable sea físico o emociona, pensar que se es una carga para los demás, consumir alcohol o drogas con más frecuencia, actuar ansioso o agitado, apartarse de los familiares y amigos, mostrar rabia o hablar de buscar venganza, practicar conductas de riesgo, como conducir imprudentemente; y pensar a menudo en la muerte”. 

El shock de un suicidio bajo techo

Los supervivientes piden también estadísticas más reales.

¿3.539 suicidios registrados en un año os parecen pocos?

Juan Carlos Soto: No, pero hay más. Estamos seguros. Muchos accidentes de tráfico donde no se observan ni frenadas, ni problemas mecánicos, ni dificultades objetivas sobre la carretera; ahogamientos de personas que saben nadar perfectamente, accidentes laborales dudosos y crímenes de violencia de género donde un abuelo mata a su mujer y después se suicida en lo que todo apunta un suicidio mutuo consentido… Pero es difícil contabilizar los suicidios. Hay que saber que solo entre un 15-25% de los suicidas dejan una nota aclaratoria.

Ariadna dejó una carta “que es lo que nos ha salvado a su madre y a mí”, destaca José Carlos. La han leído muchas veces en estos cinco años en los que palpan su ausencia. En un momento dado de esa despedida epistolar, la joven copia un párrafo de un texto de Boris Pasternak, escritor ruso, Premio Novel de Literatura, autor de Doctor Zhivago. Dice así: “Quien llega a la determinación del suicidio se pone sobre sí mismo una cruz, vuelve la espalda al pasado, se declara a sí mismo fracasado, anula los recuerdos. Los recuerdos no pueden alcanzarlo, salvarlo, socorrerlo. La continuidad de la existencia interior se hace trizas y la personalidad se acaba. Acaso uno se mate, no por fidelidad a la decisión tomada, sino porque es insoportable esta angustia que no se sabe a quién pertenece, este sufrimiento que no tiene quién lo sufra, esta espera vacía, que no llena la vida que continúa”.

José Carlos está en el sofá de su casa. Tiene el pelo blanco y cara de haber sufrido mucho. Editor, buscando las correcciones de la vida, lanzado a ayudar a otras personas para que crucen este mar oscuro de la mano de la experiencia.

¿Cómo vive un padre el suicidio de su única hija?

-Han pasado cinco años y sigo tocado. Me costó dos años volver a leer, una de mis pasiones. Desde el principio me di cuenta de que necesitaba hablar, y todavía me cuesta hablar de otra cosa. Me sirvió mucho conocer a otras personas que habían pasado por lo mismo. Y me ha ayudado también contar con la profesionalidad de la asistencia sanitaria que hemos necesitado. Cuando pasas por algo así, en seguida notas el silencio incómodo de las personas más cercanas, que no saben cómo mantener una conversación ante estas circunstancias. Si nos cuesta dar el pésame por una muerte normal, en el caso del suicidio es muchísimo más dificultoso. Yo, al menos, he preferido que me traten con normalidad, sin tratar de evitar la realidad, sin esconder con elipsis el nombre de mi hija. Y poco a poco, avanzamos.

Y dentro de una pareja, ¿cómo se sufre al unísono y cómo se sale del bucle de la mano?

-Dentro de una pareja es muy importante saber que cada uno tiene su ritmo, su carácter, sus circunstancias. No se puede pretender hacer juntos el mismo trayecto, porque eso puede provocar tensiones innecesarias que se suman a una situación complicada. El respeto del camino personal de cada uno es esencial para crecer, cada cual a su velocidad.

María Morell es psicóloga y presidenta-fundadora de Familiares y Amigos Supervivientes por Suicidio de las Islas Baleares, una asociación que puso en marcha hace dos años, cuando necesitó agarrarse a otras personas para superar el dolor de un suicidio familiar y comprobar que no había agrupaciones de este estilo. A diferencia de José Carlos o Cecília, ella ha experimentado un duelo diferente con su hermano: “Por una parte pierdes al referente más cercano con el que has compartido tu infancia, tu juventud, tus juegos, con quien has crecido conjuntamente; y por otra, pierdes a tus padres, que ya nunca serán los mismos. Por eso pasamos el duelo más en silencio, con la intención de no añadir carga de dolor a lo que sufren los padres, lo cual hace que sea más difícil gestionar la situación”.s6

“La culpa es solo del suicida”

Rafael Santandreu es psicólogo y sus libros son todos best sellers de aire fresco: El arte de no amargarse la vida, Nada es tan terrible, Las gafas de la felicidad o Ser feliz en Alaska. Lo que constata en su consulta es que muchos de los pacientes que acuden con una depresión fuerte tienen ideas suicidas en algún estadio de la enfermedad. No hay diferencias de edades, ni de clases sociales, ni de profesiones. “Incluso algunos niños me han planteado esa posibilidad”. Lo que ve a pie de diván es que “algunas depresiones llevan a pensar todo en clave especialmente negativa, y en ese contexto se genera la idea del suicidio como única salida al sufrimiento, hasta el punto de que se convierte en una obsesión”.

Su experiencia avala que “el motivo más habitual que lleva a esta situación son los fracasos amorosos, lo cual es sangrante, porque un desamor puede fastidiar, pero incrementar su valor más de la cuenta es irracional. La mayoría de los desencadenantes de un suicidio están al orden del día de todos nosotros y suelen ser tonterías aumentadas de manera patológica por un exceso de subjetividad”. Su opinión es que “la digestión difícil de un problema se convierte en un problema grave si el diálogo interior que tenemos todos nos convence de la imposibilidad de ser felices. Nuestro estado emocional depende de nuestro diálogo interior. ¡Por muy grave que sea un problema, nunca estaremos en un campo de concentración nazi! ¡Siempre hay salidas! ¡Siempre hay personas que nos quieren por las que merece la pena seguir adelante!”.

El motivo más habitual que lleva a esta situación son los fracasos amorosos, lo cual es sangrante, porque un desamor puede fastidiar, pero incrementar su valor más de la cuenta es irracional

Santandreu cree que “agrandar la dimensión de las dificultades que todos nos encontramos en esta vida es habitual en la adolescencia. Llama la atención que las tasas más altas de suicidios se dan en países ricos. En zonas pobres, donde sobrevivir es el reto, son casi inexistentes. Cualquier adversidad no es el fin de mundo. Debemos aprender a superar la terribilitis: esa alucinación que nos lleva a tener la sensación de que lo que ha sucedido es el fin del mundo. Porque es mentira”.

El psicólogo y escritor considera que lo más importante en el abordaje del suicidio es ayudar a los familiares y personas cercanas al fallecido a “desterrar por completo cualquier experiencia de culpa. Es clave que sepan que el único responsable de un suicidio es el propio suicida, que actúa en contra de la opinión de la mayoría de la humanidad y de todas las personas que le quieren. El suicida sabe que todos reprueban su conducta, y aún así decide seguir adelante”.

¿Qué consejos suele dar a las personas que atraviesan ese duelo?

Vive intensamente. La vida pasa muy rápido. Una muerte no es un adiós, sino un hasta luego. Mientras sigues aquí, haz algo hermoso con tu vida, por ti, y si es posible, por los demás. Hay personas que no se recuperan jamás de un suicidio cercano, todo depende del sistema de valores y de la apertura mental. Si eliminamos de la sociedad el tabú a hablar de la muerte y repensamos el absolutismo imperante que nos obliga a todos a ser felices todo el rato, avanzaremos en digerir un drama en su justa medida.

Borràs acota la tesis de Santandreu señalando que “en el momento de una crisis vital, la percepción del problema se vive irresoluble, indefinido y, por lo tanto, es insoportable. La persona que se suicida no quiere morir. En realidad, desea que su vida cambie para dejar sufrir esa desesperanza, y ello no les hace ser ni valientes, ni cobardes, ni culpables...Nadie que está bien o es feliz en su vida se plantea el suicidio”.

Un teléfono que comunica vida

En febrero de 2018 José Manuel Dolader puso en marcha el Teléfono contra el suicidio: 911 385 385, un servicio gratuito que funciona los 365 días del año y que está atendido por quince profesionales de la salud mental. En dos años se han recibido más de 2.300 llamadas de personas con ideas suicidas o de familiares que piden ayuda para intervenir contra la irrupción de esa tendencia en un ser querido. Más de 3.000 personas se han beneficiado ya de esta iniciativa pionera.

Todo es anónimo. El que llama y el que atiende, que se llama “escucha”, porque se dedica a abrir los oídos, a entender lo que pasa, a dialogar, y a buscar agarraderos a la vida para intentar que el posible suicida le dé al stop, recapacite y vuelva a empezar. A algunos les ayudan a hacer balance de las personas cercanas por quien todo merece la pena. Una madre. Unos hijos. O un perro. A otros les derivan a profesionales sanitarios del sistema público expertos que puedan animarlos con consejos y pastillas, cuando sea necesario. El servicio recibe inputs de todo el país, especialmente de Canarias, Andalucía y Valencia.

Aproximadamente, un 60% de las llamadas son de mujeres. Como explica Morell, “al hombre le cuesta más hablar, lo cual es una construcción cultural que hace sufrir: parece que el hombre no puede llorar, ni mostrar su vulnerabilidad, y ese silencio, esa actitud para digerir los problemas a solas, tiene sus consecuencias”. 

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Los datos mortuorios más recientes son los de 2018. Ese año, en España se registraron 427.721 defunciones. Las enfermedades del sistema circulatorio (28,3%), los tumores (y las patologías relacionadas con el aparato respiratorio son las primeras causas de muerte natural. El suicidio se llevó a la tumba a 3.539 personas. Las caídas accidentales (3.143 muertes) y el ahogamiento, sumersión y sofocación (3.090) les siguen en ese triste podio del infortunio.

Otro dato concluyente que avalan en masa: todas las personas que han superado un suicidio están muy contentos con haber fracasado.

Suenan las llamadas de la calle. Auxilios con la mirada. SOS con la actitud. Gritos sordos. Llantos manifiestos. Gente que sufre. Personas con nombres y apellidos, cercanas. Un compañero de trabajo. Una prima. Un hijo. Una vecina. Un agobio económico que hace de soga. Una ruptura sentimental que hace nos entierra. Un imprevisto. Una ola de estrés. Una enfermedad mental que nos funde en negro. Suenan las llamadas de la calle pidiendo ayuda. Ojo. Entre que los políticos no atienden y que la sociedad va con los auriculares puestos sin mirar a nadie, la prevención es un reto transversal imperante. Entre 2000 y 2018 se han suicidado 65.778 españoles. Estas cifras no hay sociedad que las aguante.s0

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