La España Profunda

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Encantado de ver a Pablo Iglesias en la tribuna

De verdad, pienso que es muy positivo lo que vimos este miércoles en el Congreso de los Diputados: el líder de Podemos, Pablo Iglesias, subido a la tribuna de oradores explicando qué quiere para España el partido que se considera heredero del 15-M.

Me explico.

No me gustaron las lecciones de democracia de alguien que rinde homenaje a unas víctimas del terror y a otras no. No me gustó su discurso mitinero, radical, de megáfono y pancarta. Estuvo fuera de lugar esa representación plagada de clichés: oligarquías, globalización, Sí se puede, fuego y azufre contra las viejas maquinarias partidistas…

Habló de respeto y nuevo estilo, acordes a la nueva política que piden los ciudadanos (ellos no abuchean desde el escaño), pero sacó el ventilador de la historia de forma ruin y sectaria: siete ministros del franquismo fundaron lo que hoy es el Partido Popular; cuídese, señor Sánchez, de los consejos del socialista de la cal viva.

Utilizó un discurso populista y demagógico: ellos sí se acordarán de los que más sufren, ellos sí estarán cerca de las mujeres con hijos que viven en precario, de los desahuciados, de los ancianos y de los pobres que pasan hambre… Van a terminar con las deudas perpetuas que condenan a la gente, a facilitar el derecho a la vivienda para todos, un sueldo universal… pero no explican cómo van a pagar todas estas facturas. Lo de siempre.

Fue una intervención altanera y pedante. Se colocaron la medalla de los revolucionarios, otro clásico, pero su amigo Tsipras también empezó con las mismas frases grandilocuentes y terminó por capitular ante la troika para poder vivir en este mundo. Por si todo esto fuera poco, pecó de incongruente: ¿Sigue queriendo ser vicepresidente del Gobierno de un partido donde campan los de la cal viva? Parece que sí.

Sin embargo, insisto: es muy positivo que Pablo Iglesias tenga su momento parlamentario. De hecho, es estupendo que los que hasta hace poco se manifestaban detrás de unas vallas en las puertas del Congreso hasta acosar a los diputados ya estén dentro. Hasta ahora vociferaban contra la casta utilizando un discurso victimista: se sentían expulsados del sistema. Por eso quemaban contenedores, organizaban escraches y realizaban pintadas de protesta. Era la única manera que tenían –denunciaban- de hacerse oír.

Bueno, pues ya todo eso terminó.

Saquen el megáfono si quieren y repartan estopa a gusto de sus bases. Es legítimo. Después, los españoles decidirán, también democráticamente, en las manos de quienes desean dejar el futuro de sus hijos.

Pero nunca más podrán argumentar que no se les escucha, que se han quedado en el parlamento sin plaza donde acampar.

Domesticar a la fiera (sea del signo que sea) creo que es muy positivo para España.

Más en twitter: @javierfumero

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