La España Profunda

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España, tenemos un problema: el cortoplacismo

No descubro nada nuevo si digo que llevamos años asistiendo a una peligrosa deriva: el tránsito de la política hacia el cortoplacismo. No es una buena noticia porque el servicio público, la promoción y búsqueda del bien común desde el Estado, exige la mayoría de las veces, precisamente lo contrario: pensar a largo plazo, magnanimidad.

Así lo hicieron, por ejemplo, los estadistas que guiaron a la sociedad española de una dictadura a la transición. Pensaron en grande, renunciaron a intereses personales, sacrificaron objetivos a corto invirtiendo en resultados a largo plazo… Esto es, precisamente, lo que se está volviendo cada vez más difícil. Y no es bueno.

Un ejemplo. Ver al PSOE levantarse de la mesa del llamado Pacto Educativo es sangrante. Esta plataforma lleva 15 meses intentando consensuar transversalmente las bases de un acuerdo que logre sacar de la refriega ideológica algo tan importante para los españoles como la formación.

PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos habían logrado avanzar en puntos cruciales pero faltan temas espinosos por abordar, es evidente. Ahora, Pedro Sánchez ha ordenado –de forma absolutamente extemporánea- retirarse de las negociaciones argumentando, no se lo pierdan, que la propuesta de financiación realizada hace dos semanas por el PP (una aportación de 5.000 millones extras para la educación no universitaria hasta 2015) es insuficiente.

¿Y esto es tan grave que justifique una ruptura? Se puede no estar de acuerdo con esa cifra y dar la batalla sin ceder, faltaría más, pero ¿explica esta decisión que se rompa la baraja? Es tan evidente la respuesta que, de forma unánime, se ha pensado en que el Grupo Socialista busca un rédito electoral. No le compensa esta foto (cortoplacismo, puro y duro) y hace saltar por los aires las negociaciones.

¿Ven lo que les digo? Pero lo alarmante es que esto va a empeorar. Me explico.

El multipartidismo ha venido para quedarse. Se acabaron las fuerzas hegemónicas, que representaban a grandes masas de población. Esta multiplicación de actores políticos, bajo siglas y personas que se diferencian en poco del resto, amenaza con gripar la democracia. Aquí no se va a poder gobernar.

Los datos de esta primera legislatura con PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos enfrentados son tremendos:

-- El Congreso dio luz verde en 2017 a una sola Ley orgánica (sobre discapacitados en los jurados). En 2015 se aprobaron 16. Y también fueron 16 en 2007.
-- En 2017 se aprobaron 12 Leyes, por las 49 de 2015, las 36 de 2014 y las 27 de 2013. En 2007 se aprobaron 56.
-- La actual legislatura ha tramitado 17 Proyectos de Ley. Entre 2011 y 2016 fueron 163, 147 en el periodo 2008-2011, 152 en 2004-2008, y 175 entre 2000 y 2004.

Y mientras tanto, hay 8 pactos paralizados, ocho subcomisiones abiertas en el Congreso para lograr grandes acuerdos pendientes: Reforma electoral, Justicia, Autónomos, Fuerzas Armadas, Financiación de partidos, Educación, Cambio Climático y Estatuto del Artista.

Todo esto, tras pasar un año de bloqueo parlamentario, con repetición de elecciones generales incluidas. Esto es a lo que nos enfrentamos: bloqueo, fragmentación parlamentaria y parálisis.

¿El remedio? Yo lo tengo claro: hoy, más que nunca, necesitamos políticos capaces de tejer acuerdos, lograr consensos y buscar puntos de unión. Nos jugamos mucho.

Más en twitter: @javierfumero

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