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Vértigo y pavor en el PP a un debate que no deje prisioneros

Estaba titulada esta columna desde hace algunas horas cuando apareció en televisión Fernando Martínez Maíllo y utilizó textualmente este mismo término: “vértigo”.

El coordinador general del PP admitió abiertamente, antes de despedir la conexión con Antonio García Ferreras, que en el PP se vive una extraña sensación de vértigo por el debate a cara de perro que se acaba de abrir por la sucesión de Mariano Rajoy.

Por otro lado, alguien ha asegurado que el ex presidente del partido está “muy preocupado” por la situación a la que se ha llegado y los riesgos que corre la formación. Hay siete candidatos en liza por hacerse con las riendas del Partido Popular y algunos aspirantes mantienen un duro enfrentamiento de años con algún rival.

En el entorno de Pablo Casado, por ejemplo, se habla de ‘fuego amigo’ al mencionar la curiosa coincidencia entre el anuncio de su candidatura y la difusión de una pregunta sobre su aforamiento por los estudios del ex vicesecretario ‘popular’. La jueza que lleva este caso fue asesora del ex ministro Rafael Catalá, próximo a María Dolores de Cospedal.

Desde el entorno de Cospedal se habla con inquina de los seis años que Soraya Sáenz de Santamaría ha estado liderando el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) desde su despacho en La Moncloa. ¿Qué informes sobre rivales guarda la ex vicepresidenta? ¿La renuncia de Feijóo obedece a un dossier fabricado con ayuda de La Casa sobre el pasado del líder gallego?

A mi todo este ambiente de zozobra, conspiración, ansiedad y miedo me provoca cierta perplejidad. Demuestra lo duro que puede resultar para un partido poco acostumbrado al debate el paso a la edad adulta. No es malo confrontar ideas. Es muy sano discrepar. Sano e higiénico.

Repensar las cosas viene muy bien. Escuchar a quienes no cavilan como uno, enriquece. Reformular estrategias cada cierto tiempo es la base de cualquier compañía sana. Renovar equipos aporta valor y evita anquilosarse.

No se trata de cambiar por cambiar. La redefinición de objetivos y medios no es un fin, es un medio. Pero algo útil y muy conveniente. Por eso, algunos pensamos que lo que ha pasado en el Partido Popular desde la época de José María Aznar no es lógico ni bueno.

Ojo: tampoco es un modelo el camino que ha seguido algún partido político de este país que, de tan aficionado como es a la discusión, ha dado lugar a auténticos esperpentos. Pienso en el triste espectáculo que dio el PSOE hace año y medio cuando abordó desde la histeria aquel comité federal donde se dirimió el choque de trenes entre Susana Díaz y Pedro Sánchez.

Pero hasta llegar ahí, el PP tiene mucho margen que recorrer. Sin miedos ni angustias. Con valentía. Aunque no queden prisioneros.

Más en twitter: @javierfumero

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