Se alquila útero para bebé. Razón: mi cuenta corriente

PP y Ciudadanos han decidido abrir un debate para decidir si incluyen en sus programas políticos la defensa de la maternidad subrogada. Lo que primero sorprende es el uso del lenguaje. Porque esta expresión –“maternidad subrogada”- no es inocente.

Todo lo contrario.

Estamos hablando del pago a una mujer por la cesión temporal de su vientre para la concepción de un bebé que después no será suyo. Ella lo ha nutrido, le ha dado la sangre, las células, el calor…, pero estaba de paso en la vida de esa criatura. Era simplemente un útero de alquiler.

Pero estas expresiones que acabo de utilizar se obvian. ¿Por qué? Porque el concepto de arriendo y contrato remite a términos abominables cuando estamos tratando de seres humanos: “objeto” y “comercio”. Un horror.

Por eso se insiste tanto: No, no es un arrendamiento es una “gestación para otros”. Qué bonito… Y qué retrógrado es el que se opone a ese gesto generoso y magnánimo. Ojalá haya, de hecho, más personas así, tan favorables a la felicidad y el amor.

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Como sucede en casos similares, los argumentos de quienes fomentan estas prácticas buscan oscurecer los principios éticos con razonamientos emotivos. El que se opone es un insensible egoísta, inquisidor, cavernícola e intransigente. Se opone, por ofuscación, a la dicha de los demás.

Para otro día dejamos el fondo del asunto. Nadie defiende, frente al business, los derechos de los más débiles de esta ecuación: la madre que se ve obligada a mendigar con su útero y, por supuesto, el bebé.

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