La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Ayuso, deja de marearnos

Isabel Díaz Ayuso
photo_camera Isabel Díaz Ayuso

Lo digo tranquilamente: Ayuso lleva semanas gestionando esta crisis de forma errática. Si he criticado a Pedro Sánchez en este foro por sus múltiples errores durante la primera ola, por su mutis por el foro, por su excesiva preocupación por el marketing y por esa impresión general de que está más preocupado por seguir en La Moncloa que por mejorar la vida de los españoles, hoy quiero detenerme en la figura de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Isabel Díaz Ayuso decidió al inicio de la pandemia contraponer su ejecutoria con la respuesta del Gobierno de España a esta situación extraordinaria. Entiendo que nadie la obligó a ello sino que lo hizo plenamente convencida de que valía la pena y que era lo mejor para los madrileños.

Pues bien. Pasados ocho meses mi opinión es que el balance no es bueno. Todo lo contrario. 

Instrumentalizar la pandemia para mantenerse en La Moncloa es obsceno. Pero utilizar la crisis sanitaria para ganar puntos como alternativa de la derecha a la alianza entre PSOE y Podemos, también. Y esas son las dos impresiones principales que van calando en la ciudadanía.

Que los españoles hayamos sacado la impresión de que eso es lo que está detrás del comportamiento de Díaz Ayuso es responsabilidad de la presidenta, de sus golpes de timón, de sus extrañas decisiones, de sus amagos y también de sus omisiones.

Si los españoles hemos tomado nota del inexistente comité de expertos que presuntamente guiaba en su día a día al presidente, al ministro Salvador Illa y al bueno de Fernando Simón, también echamos de menos un poco más de claridad y rigor en la presidenta de Madrid. No parece basarse tanto en criterios sanitarios como en ese deseo de singularizarse

La gota que ha colmado el vaso es esta decisión reciente de cerrar la Comunidad de Madrid únicamente durante los dos puentes. No se entiende. Habla de “actuaciones quirúrgicas” pero suena a ocurrencia, a improvisación, es muy confuso.

Basta circular por Madrid para comprobar que muy pocos se aclaran sobre lo que está permitido y lo que no. ¿Toque de queda? ¿Cierre por zonas sanitarias? ¿Cuarentena perimetral? ¿Reuniones de convivientes sí o no? ¿Rige todavía el máximo de seis invitados? ¿Qué significa que las restricciones decaen ante una “causa de fuerza mayor”? ¿Ahí no cabe todo: desde ayudar a un anciano, a pasear al perro, ir al trabajo, hacer deporte o comprar en el súper?

Por si esto fuera poco, después está el tono. Esa reacción ante las cámaras de Telemadrid (“Eso no se le pregunta a una presidenta”) estuvo absolutamente fuera de lugar. Es de una torpeza considerable y la presenta como alguien que parece situarse por encima del bien y del mal.

 

La guinda del pastel ha sido el desplante a los presidentes de las dos Castillas, con los que Ayuso pactó este miércoles una cosa (cierre conjunto hasta el día 9 de noviembre)… para desmarcarse al día siguiente y adoptar, cómo no, esa pose de rebeldía y originalidad en el minuto de telediario que le será concedido. Basta.

Más en twitter: @javierfumero

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